lunes, 1 de julio de 2013

Mientras en tu oficina respiras, de Carlos Bousoño

Ya sea cruel o bucólica, cuando la imaginación del lector y del escritor comienza a funcionar es jodidamente imposible detenerla. Inmerso en un papel imagina mundos extraños, historias ajenas, hechos asombrosos y no tan formidables. En este poema de Las monedas contra la losa Bousoño imagina macabro que imagina un hombre mientras escribe. También puede significar lo dificultoso de escribir, pues... bueno, mejor será que lo averigüéis vosotros mismos.






Mientras en tu oficina respiras



Mientras en tu oficina respiras, bostezas, te abandonas, o dictas en clase una lección
ante extraños alumnos que fijamente te contemplan, con sueño aún en la temprana hora;
mientras hablas, mientras gesticulas en el café,
o inmóvil te concentras en la meditación
de tu escritorio, o echado en el hondo diván
repasas lentamente recuerdos de tu vida; mientras
      quieto te abismas en la visión de la llanura interminable,
      o mientras escribes una lenta palabra te recreas en su dulce sonido,
      en su amorosa realidad,

caes, estás cayendo hacia atrás por una quebrada del monte,
estás rodando entre piedras y cardos por la abrupta pendiente
hacia un barranco en el que corre un río,
rápido como el viento un río corre,
estás herido en la boca, en las manos, el pecho,
sangras por un oído, te despeñas por el farallón
cabeza abajo,
con las piernas en abierto compás,
hacia el fondo, ya con los huesos rotos,
crispadas mano y boca, hacia el abismo, abajo,
súbitamente próximo,
escribes la palabra lentamente, te concentras, murmuras, en el café discutes, muy despacio sonríes,
       adelantas una noble razón,
aduces un adorno, un tejido, un recamado oro,
hablando en la tarima de tu clase diserta,

donde todos están cabeza abajo.

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