lunes, 5 de agosto de 2013

Fragmento de La Broma Infinita, de David Foster Wallace

Fragmento de La Broma Infinita, de David F. Wallace



"En las marquesinas de las salas de arte y ensayo, en los pósters y anuncios se obligó a poner: "LA BROMA: Se recomienda muy seriamente que NO suelte nada de dinero para ver esta película", que por supuesto los habitués del arte y ensayo pensaron que era una broma antipublicitaria inteligentemente irónica, así que soltaban su dinero a cambio de pequeños papelitos y entraban con sus chalecos de lana y tweeds y vestidos sin mangas y se hinchaban de café expreso en el bar del teatro y encontraban asientos y se sentaban y hacían esos ajustes precine de posturas y piernas y miraban en derredor con una especie de intensidad distraída y veían las cámaras Bolex H32 de triple objetivo -una sostenida por un tipo viejo y encorvado, la otra, complejamente montada sobre la inmensa cabezota de un chico extrañamente inclinado hacia delante con lo que parecía un pincho metálico que le salía del tórax-, las grandes cámaras al lado del letrero de SALIDA con luces rojas a ambos lados de la pantalla, pensaban los espectadores, estarían allí para un anuncio publicitario o antipublicitario o para un documental metafílmico entre bambalinas o algo así. Y así hasta que se apagaban las luces y empezaba la película y lo que se veía en la amplia pantalla pública era una proyección de amplio ángulo y binoculada del mismísimo público de arte y ensayo entrando con los cafés expresos en las manos, eligiendo asientos y sentándose y mirando en derredor y poniéndose cómodos y haciendo breves comentarios precine a sus acompañantes de gruesas gafas sobre el No Pague Para Ver Esto y lo que probablemente significaban las Bolex desde un punto de vista artístico y poniéndose cómodos a medida que se apagaban las luces y ahora miraban la pantalla (es decir, a sí mismos, resultaba ser) con las sonrisas fríamente excitadas de la expectación que precede a un espectáculo de alto vuelo, sonrisas que ahora la cámara y la pantalla revelaban a medida que se borraban fila tras fila de las caras de los espectadores, que ahora miraban menos expectantes y más inexpresivos y luego confusos y finalmente se convertían en expresiones faciales plenas de furia e indignación. La duración total de La broma era exactamente hasta que se fuera de la sala el último espectador de piernas cruzadas harto de contemplar su propia imagen inmensa y proyectada, de sí mismo como espectador de arte y ensayo presa de un especial sentimiento de mala leche, de estafa e indignación, todo lo cual duraba unos veinte minutos como máximo, salvo si había críticos o académicos de cine..."

LA BROMA INFINITA, David Foster Wallace

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario