sábado, 28 de septiembre de 2013

Cine O-Culto: Valerie (y su semana de vampiros checos)

Cine O-Culto: Valeria y su semana de las maravillas (1970)

En primer lugar, antes de pasar a hablar de esta curiosísima película checa de terror de comienzos de los setenta, tengo el deber de darle las gracias a María José Domínguez, por descubrírmela. Como parece que en un principio las clases de la universidad no son demasiado pesadas, quizás aparezca por aquí alguna que otra reseña/crítica sobre películas bizarras de las que casi nadie se acuerda y que pertenecen a ese círculo de cine que yo llamo "cine o-culto".

Bueno. Probando, probando. Todo parece en orden. ¡Empecemos! "Valeria y su semana de las maravillas" ("Valerie and her week of wonders" para quien le guste verla en inglés, y "Valerie tyden divu", para el que se atreva con el checo) es una película checoslovaca de 1970, basado en la novela homónima de Vítezslav Nezval y dirigida por Jaromil Jires, uno de los máximos exponentes de la Nueva Ola Checoslovaca, y que también es conocido por dirigir "La broma" y "The cry"(1963), film que le valió para estar en el festival de Cannes y darse así a conocer internacionalmente.




La Nueva Ola Checoslovaca fue un movimiento cinematográfico vinculado a las vanguardias de los años sesenta y setenta, y que se considera la etapa de oro del cine del país. La Nueva Ola bebe de la Primavera de Praga. En las películas de Jires, Chytilová, Forman o Menzel podemos distinguir como la duda en torno al comunismo mal practicado por el gobierno, entonces sistema económico de la región, se balancea en cada plano con mayor o menor discreción. Muchas películas, como "Las margaritas" de Vera Chytilová, de la que ya hablamos en otra ocasión (abajo dejaré el link para quien le interese) fueron censuradas durante varios años. No fue así el caso de la película/sueño/alucinación que protagoniza Valerie, que pasó por ser una película de terror sin más ni más. Esta catalogación tiene sus fundamentos obvios para cualquiera  que haya visto tres películas de terror de la época. Muchas de las acciones de Valerie son totalmente predecibles: el grito que suelta al ver al monstruo que oculta el rostro con el abanico, el chico atractivo del que se enamora y que casi siempre aparece para rescatarla en los peores momentos, etcétera. Sin embargo, lo que vuelve atractiva esta película es que muchas otras de las intervenciones de su protagonista y del resto del elenco no son como cabría esperar de una producción de terror típico y eso nos confunde, nos inquieta y hasta nos hace desternillarnos de risa en algunos momentos.



La sinopsis que encuentro en Filmaffinity y páginas por el estilo es más o menos poco fiel a la película y no sólo no te enteras de qué trata, sino que además te formas una idea preconcebida errónea. Por eso, voy a hacer mi propia reseña antes de cenar. Ahí va: Valeria vive en un pueblo rural en un tiempo imposible de averiguar entre la Edad Media y el comienzo del siglo XX, donde la sociedad se ve sometida de forma estricta a la religión. La religión es poder y los curas lo saben, y por ello se acuestan con las mujeres más hermosas, aún estando en contra de la voluntad de éstas. En este contexto, vive y duerme Valerie hasta que Orlik, un joven que ha venido con un grupo de comediantes, le roba los pendientes para devolvérselos después. Valerie empieza a sentir interés por este joven, que al parecer trabaja para un hombre con aspecto de demonio, "un monstruo", gritaría Valerie cuando le vea el rostro. Para acercarse a Orlik, Valerie debe acercarse al demonio, que al mismo tiempo la desea por su condición de virgen. Más avanzada la película podrá deducirse que la sangre de Valeria permite que el demonio/vampiro (si queremos llamarlo por el nombre con el que comúnmente se conoce a este tipo de criaturas fantásticas) pueda continuar viviendo.



Aquí encontramos el símbolo bajo el cual se cimienta toda la película, a ratos surrealista y onírica. Valeria siempre viste de blanco y este color se asocia tradicionalmente con la paz, lo bueno, lo limpio, lo casto y lo inocente, mientras que su antagonista siempre luce telas negras, que además ondea de un lado a otro sin aparente sentido. Pero en un director de nivel como Jires nada es aparente. ¿Sirven los ropajes, elemento típico de las películas de terror de la época, para agrandar las distancias entre la buena y el malo? Por supuesto. Pero combinémoslo con la necesidad del vampiro de tomar la sangre de la chica guapa, ideal, perfecta con la situación política vivida en el país checoslovaco en la época y obtendremos otra genial crítica encubierta al gobierno. Porque qué es el comunismo sino una chica hermosa que todo el mundo desea. Y qué constituía ese gobierno entonces, que vivía de la promesa del comunismo sin llevarlo nunca a la realidad. Puede que esta metáfora esté un poco escondida, pero como ya he dicho el compromiso social y la denuncia submarina de la mayor parte de los directores de la Nueva Ola Checa es indudable.


Aquí la reseña de otro peliculón checo de la época:

Las margaritas, de Vera Chytilová

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