miércoles, 11 de septiembre de 2013

Fragmento de Monstruos invisibles, de Chuck Palahniuk

Fragmento de Monstruos Invisibles, de Chuck Palahniuk


   No hay coches aparcados en los alrededores del Seattle Center; la gente está en casa viendo la televisión, o siendo televisión en el caso de los que crean en Dios.

   -Quiero enseñaros dónde terminó el futuro -dice Seth-. Quiero que seamos de los que eligen el viaje.

   Según Seth, el futuro terminó en 1962, en la Feria Mundial de Seattle. Ahí termina todo lo que debíamos heredar: el hombre llegó a la luna en esa década del milagro del amianto, de la energía nuclear y el combustible fósil; la era espacial, cuando podías subir a visitar el apartamento-platillo volante de los Supersónicos y montarte en el monorraíl para ir al centro de la ciudad y comprarte una gorrita de moda, de esas tan divertidas.

   Todas las esperanzas, investigaciones, ciencia y glamour están ahora en ruinas:

   El Space Needle.

   El Centro de la ciencia, con sus cúpulas caladas y sus globos colgando.

   El monorraíl, que pasa como un rayo cubierto de aluminio pulido.

   Así es como se suponía que iban a ser nuestras vidas.

   Vayamos. Hagamos el viaje, dice Seth. Se os romperá el corazón, porque los Supersónicos, con su criada robot, Rosie, y sus coches voladores y sus camas tostadoras que te tiran al suelo por la mañana, es como si le hubiesen subarrendado el Space Needle a los Picapiedra.

   -Os acordáis, ¿verdad? -dice Seth-. De Pedro y Vilma. El cubo de la basura es un cerdo que vive debajo del fregadero. Y los muebles están hechos con huesos y piedras, y las lámparas son de piel de tigre. La aspiradora de Vilma es un bebé elefante. Su hijita se llama Pebbles.

   Aquí estaba nuestro futuro de comida de queso y aerosoles, de polietileno y Club Med en la luna, de rosbif servido en un tubo de pasta de dientes.

   -El Tang -dice Seth-, el desayuno de los astronautas. Y ahora la gente viene aquí con sandalias de cuero hechas por ellos mismos. Sus hijos se llaman Jonás o Moisés, como en el Antiguo Testamento. Las lentejas son como de otro mundo.

   Seth sorbe los mocos y se seca las lágrimas de los ojos con una mano. Es el Estrace. Debe de estar poniéndose premenstrual.

   -La gente que ahora va al Space Needle tiene puestas las lentejas en remojo en casa y pasea entre las ruinas del futuro como los bárbaros cuando encontraron las ruinas griegas y pensaron que seguramente las había construido Dios.

   Seth aparca bajo una de las tres patas del Space Needle. Salimos y miramos las patas que suben hasta el Space Needle, el restaurante de abajo, el de arriba que gira, y la terraza mirador en lo alto. Luego las estrellas.

MONSTRUOS INVISIBLES,Chuck Palanhuik

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