sábado, 14 de diciembre de 2013

Un Kafka japonés: análisis de una lectura de "Hombres salmonela.." y "Estoy desnudo", de Yasutaka Tsutsui


¡Sí! ¡Han oído bien! ¡El Kafka japonés!


Fue para mí una sorpresa encontrar en la biblioteca de mi facultad un libro con un título tan rimbombante y tan infumable como "Hombres salmonela en el planeta Porno", pero más sorpresa aún fue cuando, tras echarle un ojo a las críticas que había dejado la editorial y a la breve biografía de su autor, Yasutaka Tsutsui, decidí llevármelo para mi casa y leerlo tranquilamente para descubrir lo que es sin duda una de las mejores recopilaciones de cuentos de la edad contemporánea, heredera del mismísimo Kafka (quien no se lo crea que lea cuentos tan diversos como "El límite de la felicidad" o "El último fumador"). Yasutaka, que quería ser actor cómico en su juventud, bebió en la universidad del surrealismo, mientras estudiaba Bellas Arte, para mostrarnos una parodia brutal de la sociedad en la que nos hallamos inmersos (dónde los medios de comunicación nos apabullan y son capaces de controlar a grandes masas de personas, dónde la corrupción política y la negativa de los dirigentes a dar su brazo a torcer, a admitir equivocaciones, los conduce a ellos y a la sociedad a la destrucción, dónde el trabajo se convierte en algo más importante que la propia vida, dónde el hombre está sólo y desprotegido en la sociedad y cualquiera puede morir en cualquier momento, etcétera).



 Tsutsui carga sus cuentos de un humor que, sobre todo, puede apreciarse con mayor fuerza en la segunda recopilación que hacen en España de sus cuentos ("Estoy desnudo", Editorial Atalanta). No obstante, ese humor lo contrarresta velozmente con un golpe dramático con el que suele acabar sus relatos, casi siempre. En "Estoy desnudo", para mí el mejor cuento de la recopilación del mismo nombre, todo es profundamente cómico: un hombre está haciendo el amor con una mujer casada en un hotel cuando un incendio los sorprende y tienen que huir. Mientras que al protagonista, también narrador (técnica que domina mejor que el narrador en tercera persona y que parece que, por tanto, emplea más), consigue vestirse, su amante sólo consigue salir del edificio con unas bragas y un sujetador. Cuando el protagonista le deja sus pantalones y su chaqueta para que no pase frío, porque era pleno invierno, ésta se larga en un taxi sin él. En la chaqueta llevaba su teléfono y su cartera. Su casa está a diez horas andando. Además, ha cenado, para colmo, algo en mal estado y se está cagando en lo alto. No puede ir a la policía porque explicar la situación podría hacerle perder su empleo. Es oficialmente un pringado. El pringado más grande de Japón. A partir de aquí comienza un increíble y cómico relato en el que, en palabras de Palahniuk, veremos como todo es "un apaño para tapar un apaño para tapar un apaño", hasta que el agujero sea demasiado grande como para taparlo con algo. Lo que en principio es un relato cómico acaba por convertirse en una parodia de la invulnerabilidad del ser humano como individuo frente a la sociedad (tema que se repite en otros cuentos como en "El último fumador" y "El mundo se inclina", tema que también desarrolló Franz Kafka en sus novelas inacabadas) y de lo profundamente sencillo que es perderlo todo de la noche a la mañana. 



Por otra parte, al "gurú de la metaficción", apodo con el que se conoce en su país a este excelente escritor, se empezó a considerar en sus inicios como escritor de ciencia ficción. Para ello le sirvió de gran ayuda que su padre fuese biólogo. De su imaginación en esa órbita nació una novela conocida mundialmente por su adaptación cinematográfica (¿A alguien le suena "Paprika"?). Cuentos como "Articulaciones", "El peor contacto" o el relato largo de título infumable "Hombres salmonela en el planeta Porno" las podemos encontrar enmarcadas en esa categoría porque recurre a planetas ficticios y a sociedades extraterrestres humanoides para desarrollar reflexiones filosóficas y críticas de algunos aspectos de la sociedad actual. Y es que podemos afirmar que de un modo un tanto cómico "Hombres salmonela en el planeta Porno" podría ser una apología un tanto hippie del sexo y del amor frente a la lucha entre individuos de una sociedad, o de un ecosistema. En el planeta Porno no hay animales y, sin embargo, Tsutsui crea ecosistemas, y lo explica de manera bastante coherente, donde no se da una superpoblación de especies y ni desaparecen otras. El ciclo de la cadena alimenticia se produce mediante el sexo. E, insisto, aunque pueda sonar a broma, el tío te lo justifica y todo acaba cobrando sentido. Aún así, no es lo mejor de su primera recopilación de cuentos. Pero, tanto un libro como el otro son totalmente recomendable para cualquier lector que gusta de asomarse a ese mundo que llamamos posmodernidad literaria.



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