jueves, 29 de agosto de 2013

Fragmento de El tambor de hojalata, de Günter Grass

Fragmento de El tambor de hojalata, de Gunter Grass




Bruno Münsterberg —éste es, hablando ahora en serio, el nombre de mi enfermero— compró para mí quinientas hojas de papel de escribir. Si esta provisión resultara insuficiente, Bruno, que es soltero, sin hijos y natural de Sauerland, volverá a ir a la pequeña papelería, en la que también venden juguetes, y me procurará el papel sin rayas necesario para el despliegue exacto, así lo espero, de mi capacidad de recuerdo. Semejante servicio nunca habría podido solicitarlo de mis visitantes, de mi abogado o de Klepp, por ejemplo. Sin la menor duda, el afecto solícito hacia mi persona habría impedido a mis amigos traerme algo tan peligroso como es el papel en blanco y ponerlo a disposición de las sílabas que incesantemente segrega mi espíritu.

Cuando le dije a Bruno: —Oye, Bruno, ¿no querrías comprarme quinientas hojas de papel virgen?— Bruno, mirando al techo y apuntando con el índice en la misma dirección en busca de un término de referencia, me respondió: —Querrá usted decir papel en blanco, señor Óscar.

Yo insistía en la palabreja «virgen» y le rogué a Bruno que así lo pidiera en la tienda. Cuando regresó al anochecer con el paquete, me pareció que venía agitado por no sé qué pensamientos. Miró varias veces fijamente hacia el techo, de donde acostumbra derivar todas sus inspiraciones, y algo más tarde manifestó: —Me aconsejó usted la palabra correcta. Pedí papel virgen y la dependienta se puso colorada antes de traérmelo.

Temiendo una conversación prolongada a propósito de las dependientas de las papelerías, me arrepentí de haber llamado virgen al papel, guardé silencio, esperé a que Bruno saliera del cuarto, y sólo entonces abrí el paquete con las quinientas hojas.

Durante un rato, pero no mucho, estuve levantando y sopesando el paquete poco flexible. Luego conté diez hojas y guardé el resto en la mesita de noche; la estilográfica la encontré en el cajón, al lado del álbum de fotos. Está llena, no me faltará tinta: ¿cómo empiezo?
Uno puede empezar una historia por la mitad y luego avanzar y retroceder audazmente hasta embarullarlo todo. Puede también dárselas uno de moderno, borrar las épocas y las distancias y acabar proclamando, o haciendo proclamar, que se ha resuelto por fin a última hora el problema del tiempo y del espacio. Puede también sostenerse desde el principio que hoy en día es imposible escribir una novela, para luego, y como quien dice disimuladamente, salirse con un sólido mamotreto y quedar como el último de los novelistas posibles. Se me ha asegurado asimismo que resulta bueno y conveniente empezar aseverando: Hoy en día ya no se dan héroes de novela, porque ya no hay individualistas, porque la individualidad se ha perdido, porque el hombre es un solitario y todos los hombres son igualmente solitarios, sin derecho a la soledad individual, y forman una masa solitaria, sin hombres y sin héroes. Es posible que en todo eso haya algo de verdad. Pero en cuanto a mí, Óscar, y en cuanto a mi enfermo Bruno, quiero hacerlo constar claramente: los dos somos héroes, héroes muy distintos sin duda, él detrás de la mirilla y yo delante; y cuando él abre la puerta, pese a toda la amistad y a toda la soledad, no por eso nos convertimos, ni él ni yo, en masa anónima y sin héroes



martes, 20 de agosto de 2013

Cine O-Culto: House (1977)

Cine O-Culto: House (1977)

¿Te gustan los años setenta, sus pelis de terror llenas de comedia y el surrealismo fílmico? Entonces te encantará esta película, que sólo, para no decepcionar a nadie, hay que tomarse obligatoriamente con humor. "House" es oficialmente la ópera prima del director japonés N. Obayashi fuera del cine experimental, en un largometraje.



Oshare desea hacer un viaje sola con su padre para aprovechar las vacaciones de verano cuando éste le presenta a su nueva madrastra. Ella, cuya madre está enterrada, no la quiere aceptar como su nueva protectora y escribe a su tía, que vive en una remota casa apartada en el campo, la cual no ve desde hace años, con la intención de ir a visitarla. Al mismo tiempo, sus amigas también planean un viaje, pero se tuerce y Oshare acaba invitándolas al retiro de su tía. Todas son de personalidad muy alegre, algo estúpidas, como la mayoría de las víctimas de una película de terror tradicional. Cuando llegan a la casa encuentran a la tía medio ciega y en silla de ruedas, detalle ominoso, que ella no clarifica cuando le preguntan. El resto del film es una típica/atípica película de terror de casas encantadas: suceden hechos extraños que sólo Fanta (una de las chicas) ve, nadie le cree, y comienza la pesadilla. Poco a poco van desapareciendo misteriosamente...


Lo que hace esta película especial no es pues su argumento, sino la forma de llevarlo a la pantalla. Lo cierto es que al terror es difícil ponerle cara, como al resto de emociones abstractas que puede experimentar el ser humano, al contrario de lo que piensan los que crearon los emoticonos del Whatsapp. Este film va más allá del surrealismo de Buñuel, Dalí o Bretón, se instala en la psicodelia: todo es un universo de colores deslumbrantes, vivos, alternos. Aprovecha recursos propios de las películas de serie B americanas, que más que asustarnos, consiguen que nos riamos a carcajadas, que pensemos que perdemos el tiempo viendo esta película, pero como dije antes, hay que estar predispuesto desde el principio para el humor, porque en esta película aparecen: gatos fantasmas, pianos de cola antropófagos, hombres que se convierten en plátanos, y colchones y lámparas asesinas entre otras cosas. Obayashi reconoció que, a pesar de que la idea inicial fuera la creación de efectos especiales que parecieran obras de niños pequeños (y de hecho, en algunos momentos así lo parece), él no estaba contento con muchos de ellos.


Lo cierto fue que Obayashi trabajó sin guión durante dos meses con actrices amateurs, muy guapas, pero inexpertas. Él mismo reconoce que tuvo suerte por poder rodarla porque era muy extraño que una historia así, basada inicialmente en la radionovela de mismo nombre, pudiera salir a la luz en forma de película, pero dio con quien necesitaba una película incomprensible (el estudio japonés Toho), a pesar de que como hemos podido comprobar el argumento es bastante simple y recurrente. Este mismo estudio que financió la película no esperaba un gran éxito tras verla rodada. Sin embargo, se sorprendió: "House" es un clásico del terror japonés en el que muchas películas de casas fantasmales se han mirado.


Eta película de trash-horror se merece estar entre otras cosas en nuestro rincón de Cine O-Culto por todo lo dicho y por su influencia en uno de los grandes cineastas actuales del país nipón: Takeshi Kitano.

lunes, 19 de agosto de 2013

Agua salvaje, de Tristan Tzara

Agua Salvaje, de Tristan Tzara

 los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el triángulo sostiene otro triángulo


el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol dientes cargados de sueño


el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la canción
una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos


todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora


su ojo sólo se abre para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles

 

martes, 13 de agosto de 2013

Cine O-Culto: Post Tenebras Lux

Cine O-culto: Post Tenebras Lux

"Post Tenebras Lux" (2012) es el último film del director mexicano Carlos Reygadas, alabado en el mundo del cine por "Luz silenciosa". Sus películas son por lo general muy personales, de ahí que no a todo el mundo le guste.



"Post Tenebras Lux" es el tipo de película que te gana un Festival de cine en Cannes y que luego los críticos la ponen a parir: entre otras cosas porque al igual que hace David Lynch en "Inland Empire", sólo que de una forma un poco más pobre, se intenta escapar del canon clásico de lo que debe ser una historia y como ha de contarse. El argumento de "Post Tenebras Lux" no es un argumento sumamente complejo de entender, por el contrario, simplemente se limita al desarrollo de la vida de Juan y su familia, que viven en una cabaña del interior de Méjico; prácticamente podemos decir que todo es cotidiano y "normal" hasta los treinta últimos minutos, cuando "Siete" uno de los personajes entra a robar a casa de Juan y le dispara justo en el momento en el que se dispone a partir de viaje con su mujer para recuperar su buena relación con ella. La cotidianeidad de la vida es lo que pretende reflejar Reygadas recurriendo a una forma de percibirla nunca antes empleada en el cine, en la que se destapan todas sus maldades, porque este film es eso "luz tras un amasijo de tinieblas".


Esta película es una combinación en cierto modo de sus películas anteriores: "Batalla en el Cielo", "Luz silenciosa", incluso "Japón", donde no hay pudor a la hora de ofrecernos una imagen surreal, procedente de un mundo puramente onírico. De ahí que este film tenga una basta influencia de Lynch, pero no sólo de él. La forma de enfocar los planos, intentando atrapar la naturaleza, la belleza en la lente, deriva de las películas de Terrence Malick, donde se busca el preciosismo visual. Y al mismo tiempo se aspira a un escepticismo, a poner a los personajes en situaciones límites con escasos efectos especiales, como frecuenta hacer el danés Lars Von Trier en sus películas. Aunque lo cierto es que no consigue lo ambicionado, no alcanza la grandeza de estos tres directores, y por ello este no es una película de culto, sino un fracaso según sus ambiciones.



Sin embargo, resulta muy interesante y es posible que muchas películas futuras le deban mucho a ésta, que podríamos por sus particularidades formales introducir dentro del cine experimental. En primer lugar, llama profundamente la atención el hecho de que en esta película no aparece ni un actor profesional, y lo cierto es que no por ello la interpretación es mala, muy al contrario, tanto Juan como su familia como muchos de los personajes están a la altura de su difícil guión: son capaces de transmitirnos toda la psicología del personaje en cuya piel se meten y eso es algo digno admiración en personas que no se dedican a la actuación. En segundo lugar, junto a la historia principal se van introduciendo escenas que aparentemente nada tienen que ver, en otros idiomas (inglés y francés), que pueden parecer un capricho del director, que quizás significan algo o no, o simplemente contribuyen a potenciar el preciosismo y el nihilismo del que antes hemos hablado. Un ejemplo de ello puede ser la escena de los niños (¿estadounidenses?) que juegan al rugby. En tercer lugar resulta bastante llamativo la calidad de imagen que se nos ofrece, y es que la mayor parte de la película está rodado con una lente que deforma lo que graba, dejándole al espectador un espectáculo visual interesante, quizás en ocasiones molesto, pero muy personal. Pretende plasmar ante todo de esta forma una perspectiva de la realidad nunca antes ofrecida y ello tiene su mérito.



A pesar del preciosismo, el final trágico que anticipa el diablo, al comienzo del film, entrando violentamente en el dormitorio de Juan y Natalia, va vaticinado, además, por otras escenas, muy llamativas: Juan golpeando hasta la muerte a una perra o la escena en la que estos animales devoran ávidamente la carne que su amo les ha dado.


"Post Tenebras Lux" es una película que nunca llegará a ser genial, pero que podrá influir a otras que, quizás sí lo lleguen a ser y es por ello que merece estar en nuestra colección de cine O-culto.

lunes, 5 de agosto de 2013

Fragmento de La Broma Infinita, de David Foster Wallace

Fragmento de La Broma Infinita, de David F. Wallace



"En las marquesinas de las salas de arte y ensayo, en los pósters y anuncios se obligó a poner: "LA BROMA: Se recomienda muy seriamente que NO suelte nada de dinero para ver esta película", que por supuesto los habitués del arte y ensayo pensaron que era una broma antipublicitaria inteligentemente irónica, así que soltaban su dinero a cambio de pequeños papelitos y entraban con sus chalecos de lana y tweeds y vestidos sin mangas y se hinchaban de café expreso en el bar del teatro y encontraban asientos y se sentaban y hacían esos ajustes precine de posturas y piernas y miraban en derredor con una especie de intensidad distraída y veían las cámaras Bolex H32 de triple objetivo -una sostenida por un tipo viejo y encorvado, la otra, complejamente montada sobre la inmensa cabezota de un chico extrañamente inclinado hacia delante con lo que parecía un pincho metálico que le salía del tórax-, las grandes cámaras al lado del letrero de SALIDA con luces rojas a ambos lados de la pantalla, pensaban los espectadores, estarían allí para un anuncio publicitario o antipublicitario o para un documental metafílmico entre bambalinas o algo así. Y así hasta que se apagaban las luces y empezaba la película y lo que se veía en la amplia pantalla pública era una proyección de amplio ángulo y binoculada del mismísimo público de arte y ensayo entrando con los cafés expresos en las manos, eligiendo asientos y sentándose y mirando en derredor y poniéndose cómodos y haciendo breves comentarios precine a sus acompañantes de gruesas gafas sobre el No Pague Para Ver Esto y lo que probablemente significaban las Bolex desde un punto de vista artístico y poniéndose cómodos a medida que se apagaban las luces y ahora miraban la pantalla (es decir, a sí mismos, resultaba ser) con las sonrisas fríamente excitadas de la expectación que precede a un espectáculo de alto vuelo, sonrisas que ahora la cámara y la pantalla revelaban a medida que se borraban fila tras fila de las caras de los espectadores, que ahora miraban menos expectantes y más inexpresivos y luego confusos y finalmente se convertían en expresiones faciales plenas de furia e indignación. La duración total de La broma era exactamente hasta que se fuera de la sala el último espectador de piernas cruzadas harto de contemplar su propia imagen inmensa y proyectada, de sí mismo como espectador de arte y ensayo presa de un especial sentimiento de mala leche, de estafa e indignación, todo lo cual duraba unos veinte minutos como máximo, salvo si había críticos o académicos de cine..."

LA BROMA INFINITA, David Foster Wallace