viernes, 29 de mayo de 2015

Minireseña de "Esquizofrénicas", de Leopoldo María Panero


El poema contra el vacío...



No suelo comentar la poesía que leo porque tampoco es una cantidad excesiva, pero hoy me apetecía hacer una excepción con este libro, bastante interesante, a mi parecer. Debido a mi particular desconocimiento del género lírico daré sólo algunas pinceladas  sobre el poemario.

Esquizofrénicas es la obra de un curioso autor que refleja la soledad y la desesperación de sí mismo, ya en plena vejez, con la mirada de la muerte prácticamente clavada, fija, en su figura y con la de la locura cómplice e irreductible que lo acompañó tantos años. Leopoldo María Panero es, sin duda, alguien excepcional, que a partir de la escritura, de la poesía, es capaz de enfrentarse al mundo hostil y hueco que siente que lo rodea en una lucha que parece constituir el único motivo que tuvo para seguir viviendo algunos años más en su sanatorio en Las Canarias.

“Soy el rey de la nada
y rezo porque ya no existo.
Mi mano sembrada de dioses
Reza ante un ser que no existe.
 
El poema es el único supuesto de que yo existo
la única garantía de mi ser:
el único rezo por el que el no ser no sea como el ser.”
Sus continuas referencias a otros textos, a veces extraliterarios, a veces en otras lenguas, dificultan el proceso de lectura, ya de por sí críptico gracias a la simbología cambiante y a los continuos poemas interconectados en el poemario, -algunos conectados con otros pertenecientes a otras obras del autor. Quizás lo mejor para este poemario sea leer hacia delante contemplando la posibilidad de volver atrás constantemente, pues Esquizofrénicas es una obra tan variable y variada, y triste y pasional, como su título. Una lectura más que interesante que consigue ponerte los pelos como escarpias en algunos momentos, a pesar de que cuenta con muchos poemas más bien flojos.


martes, 26 de mayo de 2015

Fragmento de "Boquitas pintadas" de Manuel Puig



“-Nené, dicen que todo tiempo pasado fue mejor. ¿Y no es la verdad? 
Callaron nuevamente. Las dos encontraron para ese interrogante una respuesta. La misma: sí, el pasado había sido mejor porque entonces ambas creían en el amor. Al silencio siguió el silencio. La luz mortecina del atardecer entraba por la claraboya y teñía las paredes de violeta. Mabel no era la dueña de casa, pero no soportando más la melancolía, sin pedir permiso encendió la lamparita que pendía del techo. E inquirió: 
-¿Sos feliz? 
Nené sintió que un contrincante más astuto la había atacado de sorpresa. No sabía qué responder, iba a decir “no puedo quejarme”, o “siempre hay un pero”, o “sí, tengo estos dos hijitos”, mas prefirió encogerse de hombros y sonreír enigmáticamente.
-Se ve que sos feliz, tenés una familia que no cualquiera… 
-Sí, no puedo quejarme. Lo que yo querría es un departamento más grande para tomar una sirvienta con cama, pero para hacerla dormir en el living es más lío que otra cosa. ¿Pero vos sabés el trabajo que me dan estos chicos? Ahora se viene el invierno y empiezan con los resfríos… -Nené prefirió callar sus otras quejas: que no conocía ningún club nocturno, que no había nunca subido a un avión, que las caricias de su marido para ella no eran… caricias.”

jueves, 21 de mayo de 2015

Minireseña de "Una temporada en Venecia", de Włodzimierz Odojewski


Algo coja esta temporada en Venecia...




Este brevísimo relato largo/novela corta editado por minúscula de un tal Włodzimierz Odojewski narra la historia de una familia polaca auténticamente obsesionada con la ciudad italiana de los canales durante la Segunda Guerra Mundial. Ésta, que planeaba un nuevo viaje a Venecia, lo ve interrumpido por el estallido inminente de la guerra y se refugia en el viejo hostal de una de las hermanas de la madre, no muy cuerda, en un pueblo del sur del Polonia. La historia es narrada y se centra sobre todo en el hijo menor de la familia, de nueve años, llamado Marek. El contraste entre el narrador inocente tipo niño y algo tan catastrófico como la guerra se repite en una obra que ya vimos aquí hace casi un año y que se titulaba El pájaro pintado. Nunca llegamos a saber más de lo que sabe el niño, pero cualquier lector medio tiene unas nociones clave del conflicto bélico más famoso de la Historia. Para huir de la catástrofe a una de las tías, no a la loca, sino a otra más loca todavía, se le ocurre que tal vez sería oportuno engañar a los niños con algún juego aprovechando que el sótano se ha inundado por una fuga de agua, algo que bien nos puede recordar a la película de Roberto Benigni La vida es bella. Hasta aquí todos los destellos de brillantez. Es una novela tierna. Sí, es verdad. Sin embargo, también es excesivamente sencilla y carece de momentos realmente potentes, de giros de tuerca y de desarrollo psicológico de los caracteres. También da la sensación de que sobran páginas ¡y no tiene muchas! No dramaticemos, no es una desgracia, aunque, como decimos, tampoco es, ni mucho menos, una maravilla...

martes, 19 de mayo de 2015

Pedro Páramo, de Juan Rulfo

Una curiosa reflexión sobre la muerte con tintes de novela de terror...




Dentro del subgénero de terror de la narrativa sobre “las ciudades abandonadas donde pasan cosas raras”, Pedro Páramo ocupa un lugar más que destacado en la literatura en lengua española. Su atmósfera lúgubre y ecléctica inicial nos atrapa y consigue mantenernos con los ojos abiertos y la mano que sostiene el libro temblando durante varias horas, aunque, también es verdad que cuenta con algunos puntos donde parece flojear la narración, sobre todo en la presentación de personajes con historias muy parecidas entre sí. El pueblo donde se desarrolla la acción es el espacio ficticio de Comala, villa que gobernó Pedro Páramo con mano dura de cacique hasta su muerte, que se encuentra en algún punto del Méjico profundo y que, literalmente, hace referencia a la palabra mejicana “comal”, que es el nombre con el que usualmente se denomina a una sartén especial, propia del país, en la que se fríen tortillas. El simbolismo del nombre se refleja en el paisaje que del pueblo nos pinta Rulfo, como el de un espacio árido, baldío y sin vida. Cuando Juan Preciado, nuestro protagonista llega a Comala, no puede evitar caer en la cuenta de que nadie anda por sus calles, los niños no juegan a la pelota y las mujeres no chismorrean en los portales, en la cuenta de que hasta las casas, de apariencia ruinosa, permanecen vacías. Comala está tan desierta como su suelo y Juan Preciado, que, por deseo de su madre en el lecho de muerte, debe buscar a su padre, un tal Pedro Páramo, en este pueblo perdido, se extrañará de no encontrarse a nadie en un primer momento. A partir de aquí se desencadenarán una serie de acontecimientos peculiares protagonizados por los escasos habitantes de Comala con los que se topará Preciado que contribuirán a generar esa ambientación fantasmagórica de la que ya hemos hablado.

La historia es narrada de una forma bastante llamativa y atrayente. No hay una estructuración en capítulos, sino en fragmentos donde intervienen dos narradores y en los que se producen saltos en el tiempo entre el pasado de Comala, cuando Pedro Páramo era cacique, y el aparente presente, que es narrado desde la perspectiva de Juan Preciado en primera persona, a diferencia del pasado narrado de forma omnisciente en tercera. La fragmentación contribuye a aligerar la lectura y a volverla más atrayente, pero también requiere de mucho contenido que debe presentarse en poco espacio y refuerza una vorágine de apariencia de caos que puede dificultar la comprensión de la lectura. Es una jugada arriesgada, pero, en este caso, eficaz, si bien es verdad que el primer salto temporal y de narrador provoca un vértigo escandaloso y nos desubica completamente. La obra requiere de la voluntad de los lectores para darle una oportunidad, además de una atención mayúscula, porque si no puede resultar, por compleja, casi inentendible. 

Otro punto importante de la obra es el uso de la oralidad. Los personajes se detienen a contarse historias, consiguiendo que nos asomemos a un nivel más del abismo narrativo. A veces otras voces ajenas al narrador omnisciente y a Juan Preciado nos asaltan como de sopetón y nos descolocan; la mayoría de las veces son pensamientos de los habitantes de Comala que se han pronunciado demasiado fuerte. Muchas son las ocasiones en las que estas voces ni siquiera tienen lo que se dice un dueño. Juan Rulfo se limita a encorchetarlas o a dibujar guiones sin actantes. En Comala se establecen conversaciones entre personas que ni siquiera están allí.

La mezcla de elementos procedentes de varias culturas contribuye en la obra a dar a Comala una esencia propia. Muchos han definido Comala como una especie de purgatorio en el que las almas de sus habitantes deambulan esperando la llamada del Cielo, pero sobre ellos, quizás, hay un afán de eurocentrismo, en el sentido de que ignoran (incluso yo ignoro, para no variar) la vasta cultura indígena precolombina, a partir de la cual creo que pudieron esparcirse en la obra ciertos elementos relacionados con temas tan fundamentales en Pedro Páramo como la muerte.

La línea entre la vida y la muerte parece estar sutilmente diferenciada en Pedro Páramo. Juan Rulfo parece concebir el concepto de muerte en su novela como un estado no definitivo del alma en el que la única diferencia con la vida es la incapacidad de los muertos para hacer algo más que repasar su pasado. 

En resumidas cuentas, Pedro Páramo es una gran obra de corta extensión en la que se introducen elementos propios de la novela de terror en un ambiente intercultural disímil donde se reflexiona ampliamente sobre la muerte y se sopesan ideas ajenas para el lector europeo de lo que la muerte representa, ideas que sólo son posibles en un país como el mejicano. Muy, pero que muy interesante. Te aterra, te hace pensar, te hace estremecerte de belleza. Un todo muy completo.

Reseñas de otras obras que te podrían interesar:

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez

Moby Dick, de Herman Melville

Tres tragedias de venganza. Teatro renacentista inglés


viernes, 15 de mayo de 2015

Segundo cumpleaños




Un día como hoy de hace dos años decidí fundar esta Esquina. No tenía muy claro por entonces a qué quería dedicar este espacio tan mío como vuestro. Pasaron por aquí comentarios musicales poco acertados por mi parte, intentos de poemas propios –más basura que otra cosa-, creaciones de otros, reseñas de películas y qué sé yo, hasta cuentos míos y reflexiones personales sobre temas que nada tienen que ver ya con lo que se ha convertido La Esquina de ese Círculo. Dos añitos llevamos ya a las espaldas, dos añitos aprendiendo a andar, a hablar y a comer. Dos añitos dándonos de ostias contra el suelo, confundiendo la V con la W y con la U, y manchándonos el delantal de tomate y puré. Dos añitos que han dado para mucho, siendo sólo dos añitos. De momento seguimos aprendiendo. Me han contado que hasta los cinco o los seis no se aprende a leer. Sólo por eso merece la pena seguir intentándolo otros cuantos años más.

Dicho esto les dejo otro intento de reseña aquí abajo de alguien que sabe escribir y leer perfectamente: 

Todos los fuegos el fuego, de Julio Cortázar


El reflejo del hombre en las llamas…




Esta reseña de Todos los fuegos el fuego podría finiquitarse con un “todos los relatos [fuegos] de Todos los fuegos el fuego son de una calidad literaria difícilmente alcanzable para cualquier escritor del planeta Tierra”, pero tengo la lengua muy suelta y hoy, justo el día en el que se cumplen dos años de la fundación de esta Esquina, me cuesta callarme la explicación de por qué esos fuegos, tan particulares, en sus enrevesadas, ustorias y pasionales flamas, deben ser dignos de alabanza, por lo que no cerraré el pico ahora mismo y redactaré resumidamente, como siempre hacemos aquí, los motivos que me llevan a cavilar bajo este cuadro de incendios que nos propone el mago argentino de Cortázar. 

Con la pasión y la ternura de su parte Cortázar escribe dentro de la corriente de la narrativa neofantástica iniciada por autores como Kafka. Tomando elementos absurdos (un atasco que dura meses, una mentira piadosa en la que acabarán creyendo los propios mentirosos, una isla que aparece siempre por la ventanilla del mismo vuelo a la misma hora con la cual se obsesiona un piloto, un espectador de una obra de teatro al que convierten en protagonista tan bien que acaba por convencerse con seguridad de que su papel no es sólo de pegatina,…) tomando elementos absurdos digo, se configura todo un imaginario tan universal como el del propio Borges, al cual debe Cortázar gran parte de su presteza. Los absurdos no degeneran en la angustia propia del mundo kafkiano, sino que son resueltos de la manera que menos espera el lector, resultando siempre verosímil dentro de la lógica de los relatos. 

Por ejemplo, pensemos en La autopista del sur, que es primero de sus relatos, donde se produce un atasco en la autopista del sur que conecta con París, un atasco por motivos que desconocemos, un atasco que las autoridades no se encargan de descongestionar, sino que simplemente dejan ahí a los conductores, que esperan días y días, y acaban organizándose en células y viviendo en auténticas comunas donde se ayudan los unos a los otros en la medida de lo posible para poder sobrevivir. Los conductores reúnen comida y agua, pero esta se agota; cuando corren a pedir agua a los granjeros de la zona, estos no sólo se las niegan, sino que, además, les amenazan con echarlos de sus tierras a la fuerza, siendo más de uno apuntado con una escopeta y alguno asesinado por coger de la huerta lo que no le pertenecía. Todo parece indicar que se desarrollará una guerra entre los aldeanos y los conductores, quienes ya viven adaptados a ese nuevo mundo. De hecho, uno de los personajes va a tener un hijo con una conductora de un Dephine al final del cuento. Sin embargo, no ocurre esto; Cortázar nos hace una finta como un futbolista profesional y nos deja como alelados mirando como el balón nos ha adelantado y nos toca retrasar la posición lo más rápido posible. Cuando los víveres se agotan, corre el rumor de que el hombre de un Porsche varias células arriba tiene comida para vender a nuestros protagonistas. Poco a poco todos ponen dinero de su bolsillo para comprar víveres y agua. Esta actitud recuerda a las clásicas actividades mafiosas. De hecho, el del Porsche tenía un rival en la zona donde vendía que misteriosamente desaparece. Todo parece volver a indicar que el del Porsche se va a merendar al grupo de nuestros protagonistas cuando se queden sin monedas, pero esto no es tampoco lo que ocurre; es sólo otra finta. Al mismo tiempo hay una crítica a los medios de comunicación y al poder. La radio no para de anunciar durante semanas que la autopista del sur está siendo reparada por las autoridades y que pronto volvería a abrirse al tráfico y, sin embargo, no se ve un helicóptero, un policía o una ambulancia en todo el cuento. O creo que sí se ve un helicóptero. Bueno, el caso es que pasa de largo. Las noticias que se emiten están, por lo tanto, manipuladas por alguien a quien no le interesa que se sepa de la negligencia, sea cual sea, que acaba de cometer.

Otro cuento muy interesante es el siguiente de La salud de los enfermos, donde una familia le oculta a una madre la muerte de su más preciado hijo tratando de convencerla de que aquél se halla trabajando en la fábrica de una capital de provincias brasileña. Es uno de los cuentos más tiernos, donde los hijos se esfuerzan hasta límites increíbles por lograr que no sufra su madre, la cual se encuentra débil de salud. La realidad es construida a través de esta ficción de que el hijo vive y se muestra ante la madre a través de cartas escritas por otros, pero firmadas aparentemente por él y remitidas al domicilio familiar. Se crea una mentira insostenible, que sólo aguantará por la fe de ella, quien sabe perfectamente que su hijo no vive, al tiempo que tiene la certeza de lo triste que se pondrían sus otros hijos si nos les siguiera, como quien dice, el juego, porque jugar era, a fin de cuentas, una escusa para no lamentarse.

Con Reunión viajamos a la época de la Revolución Cubana y hablamos de la nostalgia, de la tristeza por el amigo que se va, de la alegría por el que aún vive, de la importancia de luchar por unos buenos ideales, de qué es el presente y de cómo construir un futuro, intentando que el futuro no te construya a ti, y muchas otras cuestiones más en las que no me detendré.

La señorita Cora es uno de los textos más interesantes y no lo es  por el tema que trata, sino por cómo lo trata, porque, muy posiblemente, si lo hiciera de otra forma el texto tendría muchas probabilidades de hundirse en el lodazal del fracaso. Es la frescura de su composición y su peculiarísimo narrador lo que salvan al cuento. Este es un narrador interno algo inquieto, que no se contenta con permanecer en la cabeza de un personaje, sino que acaba pasando por las de todos. Cortázar escribe empleando una especie de narrador interno omnisciente, que nos permite ver que piensa cada personaje, sin profundizar mucho en dicho pensamiento, por lo tanto esta etiqueta de omnisciente tampoco es quizás apropiada, pero dejémosla estar por comodidad. Es como asomarse a un mundo mágico y lleno de colores durante tres segundos: uno se maravilla y capta algunas esencias, pero nunca la totalidad, porque cuando ya se siente nostálgico del anterior, descubre que ha surgido ante él otro escenario igual del encantador que el anterior, mas los matices nunca son los mismos. 

La isla a mediodía trata de la obsesión y de la huida del estresante mundo civilizatorio para adentrarse en la paz de la naturaleza. Se desarrolla un juego en el que la ensoñación acapara a la realidad hasta que ésta última fagocita a la primera.

El relato de Instrucciones para John Howell juega con las fronteras entre realidad y ficción, o de la ficción y la ficción dentro de la ficción. Cortázar crea a Rice, un espectador de una obra de teatro bastante aburrida al cual se le obliga, más que le invita, a participar en el espectáculo que es objeto de sus críticas. Una vez en el escenario tiene la posibilidad de boicotear la función, animado sobre todo por la actriz que interpreta a Eva, que no quiere que la “maten” al final del espectáculo, pero por su rebelión se gana que lo echen a la calle, desde la cual entrará de nuevo en el teatro y asistirá a cómo la obra termina como Eva no quería que terminase. Su cobardía le impide volver a trepar al escenario y poner un nuevo punto y final a la obra y le conduce a la autoacusación de culpabilidad que lo confunde entre Rice y el señor John Howell, personaje al que interpretaba.

De Todos los fuegos el fuego, relato que da nombre a la antología, hay que decir que mantiene cierta similitud con la película de Pier Paolo Pasolini Pocilga en su estructuración, donde se alternan dos historias en un montaje paralelo donde se pasa de una a otra en un mismo párrafo –a veces en una misma oración- con la velocidad de una chispa que prende. Por un lado se representa la historia de un gladiador que lucha en un coliseo contra un nubio y  el mundo de las apuestas de la clase nobiliaria romana como una comparativa entre los lujos del poder y la lucha por la supervivencia proletaria. Por otro lado se muestra una historia de un triángulo amoroso en la Segunda Guerra Mundial, donde un hombre abandona a la mujer que lo ama por otra que simplemente le atrae. Todos, buenos o malos, ricos o pobres, acaban consumidos por el fuego del incendio final.

El otro cielo es el último de los relatos de la antología y es, como todos los demás, sencillamente brillante. Cortázar nos cuenta la historia de un personaje que hastiado de su vida con su novia, una vida tranquila y relajada, sin pasión, sin emociones fuertes, una vida aparentemente sin vida, decide frecuentar uno de los barrios menos seguros y más pintorescos de todo París. Allí conoce a una prostituta de la que aparentemente se enamora y por cuya vida teme ante la amenaza de un asesino en serie tipo Jack el Destripador que vagabundea haciendo de las suyas por el barrio, amparado en las estrechas calles y galerías llena de rincones oscuros poco agradables. El protagonista siente que vive de nuevo, pero la pregunta será otra, podrá abandonar su posición vital para proteger a la chica que le quiere o no será, por el contrario, capaz. ¿El misterioso asesino se le adelantará?

Todos los fuegos el fuego es una selección magnífica de cuentos magníficos, que, por su calidad literaria, podríamos comparar con Ficciones  de Borges. Toda una delicia de la inteligencia. Potencialmente recomendable.

lunes, 11 de mayo de 2015

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez


Magia, crítica y sentimiento trágico…




“El juez no apareció en ninguno [de los papeles del sumario del caso de la muerte de Santiago Nasar], pero era evidente que era un hombre abrasado por la fiebre de la literatura. Sin duda había leído a los clásicos españoles, y algunos latinos, y conocía muy bien a Nietzsche, que era el autor de moda entre los magistrados de su tiempo. Las notas marginales, y no sólo por el color de la tinta, parecían estar escritas con sangre. Estaba tan perplejo con el enigma que le había tocado en suerte, que muchas veces incurrió en distracciones líricas contrarias al rigor de su ciencia. Sobre todo, nunca le pareció legítimo que la vida se sirviera de tantas casualidades prohibidas a la literatura, para que se cumpliera sin tropiezos una muerte tan anunciada.”
Esta misma mañana he terminado Crónica de una muerte anunciada por segunda vez. Lo cierto es que la primera vez apenas tenía levemente desarrollado el ojo crítico y, si bien es verdad que disfruté mucho, creo que no me enteré de la misa la mitad. Así pues, ahora ha sido como si hubiera leído una novela completamente nueva y eso, que no ha pasado tanto tiempo desde entonces.

El fragmento con el que hemos abierto esta especie de reseña/reflexión/comentario subjetivo-objetivo/barra pertenece al quinto y último capítulo de esta breve y compleja novela del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez. Si el juez del extraño asesinato de Santiago Nasar es un literato no es por pura casualidad. La muerte del árabe Nasar bien puede pasar por una de las muertes más literarias de la historia de la literatura. Una muerte que marca un inicio y un cierre. El concepto de spoiler no tiene cabida en esta obra. Desde el primer momento ya sabemos que a Santiago Nasar lo van a matar; o, mejor dicho, desde el primer momento ya sabemos que está muerto. La expectación se genera en saber el cómo y el por qué. Márquez es el narrador, así literal, de esta historia, que, veintitrés años después del crimen reúne el valor de recopilar toda su información sobre el caso y redactar una especie de crónicas que se mezcla con la ficción narrativa clásica, lo que le permite a Márquez como escritor y narrador entrar y salir de la historia y viajar de un momento y de un personaje a otro en un chasquido. Que Márquez sea un personaje más no debe extrañarnos, pues lo que se narra en Crónica de una muerte anunciada está basado en un acontecimiento real, que, además, sucedió en el pueblo del propio Márquez. La estructuración de la obra es otro de sus puntos fuertes. No hay un planteamiento, nudo y desenlace; todo está entremezclado de forma brillante y el lector debe ponerse a la labor de rellenar los huecos temporales y espaciales, si bien es verdad que cada capítulo parece centrarse más en unos personajes que en otros: el primero lo hace en Nasar, el segundo en Ángela Vicario y Bayardo San Román, el tercero en los hermanos Pedro y Pablo Vicario, el cuarto en los personajes principales tras la muerte de Nasar y el quinto en Cristo Bedoya, Flora Miguel y Nasar. El hecho de que Santiago Nasar esté muerto y Márquez no pueda hablar obviamente con él le da un extraño protagonismo en el sentido de que toda la obra gira en torno a su muerte, pero sabemos lo que piensan todos los personajes salvo él, sabemos mucho más de los otros personajes que de él: el protagonista es el personaje más misterioso de la obra. 

La historia, así resumida, viene a ser más o menos la siguiente: Ángela Vicario se casa con un forastero rico llamado Bayardo San Román en una boda concertada, tras la cual el novio descubre que su nueva esposa no es virgen como él pensaba y, siguiendo la lógica de sus costumbres patriarcales sobre la pureza, devuelve la chica a su antigua familia, ante la cual, mediante una paliza, Ángela desvelará el nombre del que parece ser el hombre que la ha desflorado, siendo éste aparentemente Santiago Nasar, al que irán a buscar los hermanos de la deshonrada, Pedro y Pablo Vicario para matarlo al amanecer como finalmente ocurre.

Dentro de todo danzan varios temas como la honra, el amor, el miedo, el poder del dinero, la ineptitud de los organismos de poder, la pasividad de las personas ante los catástrofes, la falta de voluntad, la obligación, el deseo, los remordimientos, la mujer en una sociedad machista, la metaliteratura, etc. Por rellenar un poco aquí, hablemos de algunos.

La honra, la pérdida de la misma y la obligación familiar de recuperarla –todo muy siglo de Oro- es uno de los temas fundamentales de la obra: es lo que lleva a Ángela a querer fingir su virginidad y a que sus hermanos acaben matando a Santiago Nasar, el cual no parece enterarse bien de por qué lo matan. Si no hay poder, riquezas, es necesario conservar, al menos, el orgullo familiar intacto, o así piensa los hermanos Vicario, que acaban matando más que nada por necesidad y no por deseo, pues pasan la larga noche buscando a alguien, a una persona sola, que se oponga a que cometan crimen tan atroz, más atroz aún si pensamos que Santiago Nasar no sólo es un hombre, un ser humano, sino que, además, es amigo íntimo de los hermanos, pues a él, y no a otro, estos le encomendaron llevar las cuentas de la boda. Del mismo modo, no es plausible para nadie que Santiago Nasar fuera el hombre que desfloró a Ángela Vicario, pues contaba con una novia, una árabe como él, llamada Flora Miguel y gozaba de amores nocturnos con una prostituta local, María Alejandrina Cervantes. El hecho de que Santiago Nasar sea árabe no es casual; Márquez lo escribe árabe a propósito para aumentar la improbabilidad de los amores entre él y Ángela Vicario. No obstante, Pedro y Pablo están demasiado borrachos cuando se deciden a matar a su amigo y no están dispuestos a poner en duda la palabra de su hermana, que muy bien podría estar encubriendo en Santiago Nasar la figura de otro amante. ¿Santiago Nasar es una cabeza de turco? El lector tiene legitimidad para preguntárselo, pero los hermanos Vicario no serían capaces porque hacerlo sería poner entre interrogaciones la propia nobleza del espíritu familiar; no contemplan ni remotamente pertenecer a un linaje de mentirosos.

Otro de los temas clave es el poder del dinero y las relaciones económicas en una sociedad capitalista donde gran parte de la población vive anclada en la pobreza. Destaca en este tema especialmente el capítulo 2 donde se habla de cómo llega Bayardo San Román al pueblo y cómo se casa con Ángela Vicario. Se critica en este capítulo básicamente cómo los ricos hacen con los pobres lo que quieren para que estos últimos puedan sobrevivir. Ángela Vicario se convierte en mercancía y Bayardo no trata de seducirla a ella, sino que directamente trata de convencer a los padres de que mediante una boda con su persona conseguirán mejorar la vida de su hija. Ángela, que no quiere casarse, es obligada a ello. Bayardo también compra la casa del futuro matrimonio a golpe de talón al viudo Xius. En esa casa se encuentran todos los recuerdos que el viudo había tenido con su mujer, pero la tentación del dinero, que parece brindarle la posibilidad de una vida mejor le lleva a desprenderse de ella entre lágrimas. Bayardo piensa que puede comprarlo todo con su dinero, cuando descubra algo que no puede comprar, la virginidad de su mujer, caerá en la más honda depresión. Sólo mucho tiempo después se arrepentirá de sus actos. El hecho de que el padre de Ángela sea ciego tampoco es fortuito y parece reforzar el papel de buitre que Bayardo viene a desempeñar. 

La pasividad, la no intervención en actos cruciales de la vida es otro de los temas centrales de la obra, que viene a reafirmar la máxima de Einstein de que el mundo es malo, pero no por las personas que hacen el mal, sino por las que no hacen nada por evitarlo. Demasiados son como para contarlos los personajes que podrían haber detenido a los asesinos o avisar al que iba a ser asesinados como para contarlos en la novela y, sin embargo, es, lo increíble del asunto por un lado y el miedo por otro, lo que contribuye a que el crimen se acabe efectuando. Los conocidos de ambas partes se lamentarán después de la tragedia, pero mientras que ésta sucede permanecen como meros espectadores, observando cada acontecimiento y haciendo que los rumores fluyan, como si saboreasen el mal ajeno, esperando para apreciar la cúspide del burdo espectáculo. La muestra de esta pasividad en Crónica de una muerte anunciada creo que es una de las críticas sociales más fuertes que he visto en todo lo que he leído de García Márquez, a decir verdad. Dentro de esta pasividad destaca especialmente la de los agentes del orden público que lo más que harán será quitarles los cuchillos a los que llevan cuatro horas diciendo que van a matar a un hombre para luego dejarles marcharse a sus casas tan tranquilamente a recoger otros cuchillos. El mismo alcalde se desentiende del tema cuando la muerte es ya inminente y entra en un bar a confirmar una cita para jugar al dominó esa misma noche.

La metaliteratura está así mismo muy presente en la novela. Hay momentos en los que se menciona el acto de creación literaria, así como también aparecen guiños y personajes de otras obras de Márquez, como el coronel Aureliano Buendía de Cien años de soledad, y personajes reales como, por ejemplo, la mujer del propio Márquez, Mercedes Barcha o su hermano Luis Enrique.

Crónica de una muerte anunciada es un complejo rompecabezas lleno de magia burda y un crudo sentimiento trágico que se cimienta sobre una dura crítica a la pasividad del ser humano y a la maldad fecunda del espíritu del hombre. Leerla y no reflexionar tras ello es tiempo perdido y hacerlo puede contribuir a cuestionarte a ti mismo, a los que te rodean y a las normas que rigen el mundo en general. Más allá de eso cuenta con un importante valor estético que despierta en el lector efectos emotivos que sólo logran las mejores lecturas. No es un libro recomendable; es un libro fundamental.

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El Rodaballo, de Günter Grass

Cuentos de Galitzia, de Andrzej Stasiuk

Escalas melografiadas por César Vallejo