domingo, 20 de septiembre de 2015

Breve resumen de todas las lecturas de verano (del 24 de junio al 20 de septiembre)



Puede que quizás no haya sido un verano tan fructífero como el anterior, pero aún así en la Esquina entramos en el otoño contentos y sintiéndonos mucho mejor tras haber disfrutado de obras increíbles por su calidad de autores como Hamsun, Céline, Hrabal, Fox, Pron o Vallejo. También ha habido algún que  otro altibajo y algún libro abandonado por el efecto septiembre y que uno quiere retomar sin tardanzas. De más o menos todo lo que puede interesaros doy cuenta detallada. A esto se deberían añadir unas cuantas relecturas de obras clásicas en julio y un poemario de un amigo en septiembre que a fecha de hoy permanece todavía sin editar.

En junio...

7 contratos en tinta carmesí, de Irene Olalla (2.5/5)


Contando que la escritora es amiga y que desde el principio quise dejar claro que no reseño a los colegas, pero no pudiendo no decir nada de lo que leo, no voy a extenderme mucho. Espero que Irene no se me enfade por la nota tan baja que le dejo y que entienda que los 5 me los guardo para escritores como García Márquez, Günter Grass o mi amado Hermann Melville. Hay que tener en cuenta que 7 contratos en tinta carmesí lo escribe Irene Olalla antes de cumplir la mayoría de edad, lo cual es un gran punto a su favor, porque, dentro de la brevedad de la obra, desarrolla una complejidad estructural y un tratamiento del tiempo muy originales y muy maduros, que pueden llegar a remitir en cierto momento a novelas como Pedro Páramo. Se ambienta en el s.XIX francés (así rollo Víctor Hugo, otro acierto) en una especie de pueblo fantasma a donde acuden los tres protagonistas para conocer más acerca de su oscuro pasado y remendarlo en cierto modo.  Irene tiene buenas referencias, es metódica, aunque sí que es verdad que me gustó mucho más el principio del libro que el final. La novela se presenta como una cosa y acaba como otra y eso es bueno, porque sorprende, pero el cariz fantástico que toma no me ha convencido del todo. Otro problema es que puede llegar a parecernos demasiado corta: hay varios personajes principales muy muy interesantes en los que casi acabamos indagando superficialmente, no da la sensación de que profundicemos lo suficiente. Digamos que la escritora se centra más en la acción. En general creo que Irene Olalla tendrá muchas cosas que decir en pocos años; ésta es su primera obra con todos sus pros y contras destacables.

En julio...

Cuentos fríos, de Virgilio Piñera (4.5/5)


Grandísima colección de cuentos donde el escritor cubano se luce como nadie, escribiendo con marcado humor negro, elegancia y un excelente dominio del sarcasmo y la ironía. Guardando semejanzas con autores como Cortázar, Borges, Kafka, Max Frisch o nuestro siempre querido Yasutaka Tsutsui. Hubo una reseña a mediados de julio que podéis leer aquí.










Correspondencia completa, de César Vallejo (3/5)


Rescate de lo que se estima es la mayor parte de las cartas que escribió César Vallejo en vida. Tienen de por sí un importante valor histórico (como documento testimonial). Nos ofrecen también las facetas más ocultas de un César Vallejo, que aspiraba tener un nivel de vida insostenible para él, siempre a la espera del triunfo literario que no llegaba, siempre pidiendo dinero a unos y otros para sobrevivir. También nos aporta una idea de su dedicación necesaria al periodismo para sacar las castañas del fuego, de cómo los jefes de los diarios no le pagaban sus trabajos, de cómo era imposible encontrar editores para sus obras. Además, a través de las cartas he podido sacar varias decenas de nombres de escritores muy olvidados a día de hoy y por los que el gran Vallejo tenía un profundo afecto. Fuera de esto, la obra carece de valor literario y la relación que mantienen las cartas de Vallejo con las obras de Vallejo saco en conclusión es que ambas las escribió Vallejo y nada más. Reseña.

Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline (4.8/5)


Uno no sabe si amarla u odiarla, pero tiene algo que impide abandonarla como lectura. Será la maestría que demuestra Céline como escritor: su juego con la ironía, con el tono, sus frases que casi parecen sentencias que se graban en la cabeza del lector, con ideas con las que éste puede o no enfatizar, pero tan vivas, tan reales y a la vez tan literarias que casi parecen fruto de alguna especie de brujería de artesano de la escritura. Ya lo dije en la reseña: una de las mejores lecturas del año y de mi vida, a la que, sin embargo, no puedo ponerle más nota debido al enorme contenido propagandístico y extremista que contiene, y que, en mi opinión, sobra y mucho.



Todo va bien, de Socrates Adams (1.5/5)


La palabra aquí es DECEPCIÓN. Así, con mayúscula. Te hace reír, de acuerdo. No obstante, a una novela hay que pedirle más -sobre todo si la editorial te promete que tiene más-. Simple, entretenida y sobrevalorada. Punto. Hice una reseña en su día en la que repasaba todo esto y que puedes leer aquí.









Hambre, de Knut Hamsun (5/5)


¡Quién me diría a mí que la simple historia de un hombre que pasa hambre podría dar, no sólo para una novela, sino para una de las mejores que he leído este año! Hamsun desarrolla técnicas literarias que conectan al mejor Dostoievski -el de Crimen y castigo- con el señor James Joyce, explotando la psique de su personaje a través de una suerte de monólogo interno. Reseña.










Y en agosto...



Senectud, de Italo Svevo (4/5)


Senectud es una de esas novelas que pone de manifiesto lo complejas que son las relaciones humanas, sobre todo en cuestiones amorosas. Al igual que con Hambre asistimos a una obra -formalmente- bastante adelantada a su fecha y que, para desgracia de su escritor, pasó desapercibida en su momento. Estamos ante una historia sobre el desengaño y el autoengaño, donde los celos juegan un papel fundamental, donde se muestra como la vida para muchos es frágil y depende siempre de otros que no entienden -o no quieren entender- lo que esto implica. Senectud supone para el lector la simulación de un viaje desde la juventud hasta la muerte. Reseña.



La famosa invasión de Sicilia por los osos, de Dino Buzzati (4/5) 


Esta pequeña novela de Buzzati fue escrita en sus inicios para niños, pero no por ello su calidad literaria es mucho menor que la de su obra cúspide El desierto de los tártaros. Buzzati propone buena literatura para los más pequeños y lo hace fomentando valores con los que todos deberíamos de criarnos, como el respeto animal, el fomento de la integración social, la lealtad o la aceptación de la muerte como algo natural. También hay una crítica feroz a la tiranía y la corrupción de los que ostentan o ansían ostentar poderes públicos. De igual forma, es sumamente divertido. La verdad es que lo he disfrutado y me he reído muchas veces como un enano.

Trenes rigurosamente vigilados, de Bohumil Hrabal (5/5)


Si que es verdad que cuando vi la película esperaba ya de por sí encontrar en éste un buen libro. Lo que no esperaba es que fuese tan bueno. Hay veces en las que pasan estas cosas. 

Trenes rigurosamente vigilados es quizás mi libro favorito de este verano por muchos motivos. Una obra que trata sobre la necesidad que tenemos las personas de sentirnos útiles ante los demás: de demostrar que no somos unos holgazanes. Todo ello ambientado en una estación de tren checa durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Con un genial comienzo y un más genial aún si cabe final, Hrabal escribe una obra maestra con un estilo desparramado, de ese que se fija en los detalles, que congela el tiempo mientras te bombardea con erotismo y humor negro hasta enamorarte. Una de las reseñas más felices que he escrito.

Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, Bohumil Hrabal (3,5/5)


Colección de siete relatos realizados con la técnica del enhebrado, o lo que es lo mismo, colección de siete relatos que comparten personajes y espacios. Como en todos los libros de cuentos hay algunos más potentes y otros más flojos. Al menos dos me parecen absolutamente geniales: Lingote y lingotes (relato central) y La traición de los espejos. Los demás están bien, aunque no tienen el nivel de los que he citado. Aquí Hrabal tiende mucho más a la experimentación que en Trenes rigurosamente vigilados. Esto puede ser arriesgado, porque, a veces, no sale lo que uno espera. Hrabal vuelve a repetir también aquí su gusto por lo erótico, el humor negro y algún tinte onírico. Otro dato interesante a la hora de leer Anuncio una casa donde ya no quiero vivir es la fuerte crítica que realiza el escritor de la Checoslovaquia de los años 1950s. Reseña.

Trilce, de César Vallejo (4,5/5)


No me atrevo a reseñar un poemario que he tardado tanto en leer. La verdad es que lo mío no es leer poesía. Suelo detenerme ante cada poema que no comprendo bien durante varios minutos, lo releo en voz baja y luego en voz alta un par de veces, intento descomponerlo para analizarlo de alguna forma para poder así exprimirlo y sacar el máximo jugo del texto. 

De Vallejo ya había leído Los heraldos negros, además de alguna obra en prosa. Aquel poemario me encantó porque con pocas palabras, muchas muy simples, su autor era capaz de expresar sentimientos muy complejos y contagiarlos. Sin embargo, Trilce ya es otra cosa. La experimentación formal dificulta muchísimo la lectura hasta el punto de que se me han quedado varios poemas sin descifrar. No obstante, cuando le encontraba su sentido a algo se me iluminaba la cara de alegría, lo leía de nuevo, reordenaba ideas y pasaba tranquilo al siguiente. De todas formas lamento que no he entendido gran parte de lo que Vallejo quiere decir, que parece ser bastante interesante; quizás en unos años, cuando esté más preparado pueda acometer esta lectura de nuevo.

Azul casi transparente, de Ryu Murakami (3/5)


Azul casi transparente podría definirse como una novela más del mundo de las drogas. No destaca especialmente. En ella hay sex, drugs and rock&roll. Mucho. Demasiado. Tanto que casi la priva de una buena trama. Ryu Murakami parece criticar el bombardeo cultural de EEUU en Japón en los años setenta, pero su escritura tiende mucho más a lo occidental (más concretamente a lo norteamericano) que a lo japonés. En Azul casi transparente pueden verse influencias de los Beat, de Fitzgerald y hasta de Edgar Allan Poe. Hay que destacar también que la primera mitad de la novela es algo floja y que a partir de ésta comienza a mejorar con creces hasta llegar a un final muy interesante, que no consigue del todo arreglar lo irregular de la novela. Destaqué en su día lo que me pareció uno de los mejores fragmentos del libro y realicé la ya habitual reseña.

El mandarín, de Eça de Queirós (4/5)


Novelita de Eça de Queirós, del que no había leído nada hasta este agosto. En poquísimas páginas despliega una escritura brillante donde predomina la frase larga, bien compuesta y con un buen ritmo. La obra se sitúa a medio camino entre el relato fantástico decimonónico tipo Gogol y la literatura de viajes por el carácter de flanêur que adopta el narrador en su travesía de Portugal a China y por el interés que despierta en él lo que ve allí. Por su temática puede a su vez relacionarse con obras como Fausto o Crimen y castigo. Se adopta una visión orientalista que no coincide con la realidad de China; se crea una imagen occidental de China (partiendo de lo que puede llegar a saber de ésta Eça de Queirós en 1880) llena de prejuicios. en consonancia con los gustos de la época. Con todo eso, me ha gustado bastante.



La vida interior de las plantas de interior, de Patricio Pron (4,5/5)


La vida es dura para los personajes que aquí nos muestra Pron, que gravitan constantemente entre una triste soledad y un autoengaño doloroso e inverosímil. Uno de los grandes puntos a su favor es lo admirablemente bien escritas que están las pequeñas historias que La vida interior de las plantas de interior nos narran. Tanto me han gustado algunos cuentos que he terminado por leerlos varias veces: dos, tres, de uno ya he perdido la cuenta. No alcanza la máxima nota por poco y me quedo con ganas de una novela, que puede que tenga que comprar porque en la biblioteca sencillamente parece que no la hay. No hay tampoco reseña, aunque no descarto releerlo entero y reseñarlo en un futuro.


Personajes desesperados, de Paula Fox (5/5)


Otra gratísima sorpresa que no esperaba para nada. Abalada por personalidades como David Foster Wallace (el DFW para los amigos) y Jonathan Franzen, Paula Fox construye una novela grandiosa donde pone de relieve la brutalidad cotidiana, la que nos inquieta y nos asusta y que es tan real como la vida misma, huyendo así de la bestialidad morbosa del gore y el realismo sucio de autores como Chuck Palahniuk, que a veces resultan extravagantes e inverosímiles. Aunque lo que más me ha maravillado de la novela, sin duda, es la capacidad para elaborar las psicologías de los personajes tan alejada de la tradición de Dostoievski y mucho más verosímil y realista que ésta. Reseña.





Grietas, de Santi Fernández Patón (2,5/5)


Novela de barrio que se presenta a concurso sin estar bien pulida y que, a pesar de todo, lo gana porque destaca en representar lo que Hegel llamó el Zeitgeist (espíritu de la época) de forma redundante, aunque con cierto mérito. La novela contiene ideas muy buenas que podrían haber llegado muy lejos, pero éstas no están bien expresadas, por lo general, lo que consigue que las pocas páginas que tiene se vuelvan muy pesadas (sobre todo a partir de la segunda mitad del libro). Hubo una reseña, pero mi opinión sigue siendo que sí buscáis una novela de este estilo ambientada en la actualidad reciente leáis mejor Martín Zarza, con una prosa menos cargante y un sentido tragicómico muy logrado.





Trilobites, de Breece D'J Pancake (4,5/5) (ABANDONADO)


No pude terminarlo debido a que el libro no era mío y he tenido que volver a Granada para retomar el curso académico. Lo que he leído (los cinco primeros cuentos) me han asombrado bastante por su calidad. Pancake funde los tiempos del presente y de remotos pasados en uno solo. Sus personajes luchan por volver al origen, a la felicidad que creen recordar que alguna vez debieron de haber tenido, aunque no sepan cuando, y, con cierta visceralidad, se nos describe como una cosa son los sueños y otra es la realidad y que ésta última es sucia, punzante y caprichosa.

Espero encontrarlo pronto y terminarlo este otoño. Merece una reseña.




Y ya en septiembre...



A este lado del paraíso, de Francis Scott Fitzgerald (2,5/5)


Primera novela de Fitzgerald, mucho más floja que las otras que ya había leído: El gran Gatsby y Suave es la noche y que su famosísimo relato El curioso caso de Benjamin Buton. Escrita con un lenguaje mucho más juquetón que sus obras de madurez, más en consonancia con las vanguardias literarias de la época, no me termina de convencer por su tendencia filoromántica, que lo vuelve cursi en ocasiones. Otro detalle interesante es el intento de Fitzgerald de fundir teatro, prosa y poesía en esta obra, que no logra conseguir del todo debido al bajo nivel de los poemas que escriben los personajes en relación con los fragmentos de narración y de diálogo. Fuera de cuestiones de estilo, en A este lado del paraíso ya aparecen temas predilectos de Fitzgerald como el concepto de la búsqueda fallida, el amor como una forma de sufrimiento, la admiración por la vida de los ricos, etc.

En definitiva, recomendable sólo si te gusta este autor especialmente, pero prescindible por lo demás. Más detalles en la reseña.

Literatura china, de Yao Dan


Librillo introductorio que me ha ayudado a la hora de adoptar unas nociones generales sobre la literatura de este país de Extremo Oriente del que espero leer en breve algunas obras. Aunque tenga alguna que otra errata y, a veces, parezca muy infantil y otras contradictorio, creo que ha cumplido sobradamente su objetivo.










Manuscrito hallado en Zaragoza, de Jan Potocki (LEYENDO/5)


El libro con el que estoy entre manos últimamente es este clásico voluminoso de la literatura polaco-francesa, una suerte de mezcla entre Boccaccio, Poe y Cervantes. Espero poder decir de él algo muy pronto.













PROPÓSITOS PARA OTOÑO


*Leer literatura china: Me da lo mismo si es poesía o prosa. China es uno de los países más potentes económicamente del momento y, además de una rica gastronomía, posee una tradición literaria de carácter milenario que puede llegar a resultar apabullante. Preferiría centrarme en libros más antiguos, donde mejor se respira la esencia de lo chino que en obras contemporáneas. Temo que mi primer acercamiento a la literatura china sea un Ryu Murakami, es decir, una novela de tintes occidentales-estadounidenses encubierta.

*Leer literatura de Europa del Este: Continuar donde lo dejé con la literatura polaca en primavera podría ser una buena opción para este otoño, así como incursionar en la literatura rumana ahora que he conseguido, al fin, el libro de Blandiana del que llevo hablando siglos y no he podido leer todavía.

*Leer libros teóricos: La lectura de Los mecanismos de la ficción a comienzos de junio me ayudó muchísimo a conseguir que madurase mi forma de leer. Buscando libros así he conseguido uno de Darío Villanueva que tiene buena pinta y que podría caer próximamente.

¿Cuántos libros podremos leer? El tiempo dirá.



sábado, 12 de septiembre de 2015

A este lado del paraíso, de Francis Scott Fitzgerald


Todo gran escritor tiene un comienzo…



Ya comenté hace unos meses mi interés por volver a leer algo más de Fitzgerald este verano. Los que me conocen saben que es un autor que tengo en alta estima, a pesar de que lo que yo había leído de él hasta la semana pasada se venía reduciendo al famosísimo cuento de Benjamin Button, al clásico, leído y releído, de la “era del jazz”, El gran Gatsby, y a la que sigo considerando una de las más logradas obras que he podido disfrutar jamás, Suave es la noche. A pesar de que todas las obras contienen algo así como una esencia propia, son demasiados los puntos que guardan en común, temas recurrentes con estructuras no muy disímiles que tienen la virtud de resultarme interesante. Estos elementos ya aparecen perfilados en la que sería su primera obra, su primera novela, que es la que nos toca comentar hoy. 

A este lado del paraíso parece ser, una vez más, una obra de Fitzgerald con mucho tinte biográfico, algo que no deja de ser meramente anecdótico. Fitzgerald se crea una suerte de alter ego en la figura de Amory Blaine, nuestro protagonista, el cual logra triunfar, a diferencia del escritor, para luego fracasar y sentir como sus principios decaen al mismo compás vertiginoso que sigue el dinero de su herencia, que no es capaz de administrar como es debido. Amory Blaine representa tanto la caída de la clases pudientes como la de la juventud norteamericana tras la Primera Guerra Mundial –esa que llamaron la de la “generación perdida”- como la del propio Fitzgerald que, al igual que Amory, no es consciente de su egolatría y aspira a cimas que no puede alcanzar por más que se lo proponga. 

“Siempre, cuando se acostaba, oía voces: voces indefinidas, apagadas, fascinadoras, que venían del otro lado de la ventana para sumirle en uno de sus sueños favoritos: llegar a ser un gran jugador o el general más joven del mundo, condecorado por su acción en la invasión japonesa. Siempre se trataba de lo que llegaría a ser, nunca de lo que era. Éste era otro rasgo característico de Amory.”

La novela, que para lo que dice puede resultar bastante extensa, nos narra toda la vida de Amory hasta un momento de crisis definitivo cuando éste tiene unos veinticinco años de edad aproximadamente. Esto permite un leve retrato de las costumbres de las clases más altas, que siempre fueron admiradas por Fitzgerald y muchos de sus personajes, durante los últimos años del s.XIX y comienzos del s.XX, muchas veces no necesariamente agradables y basadas principalmente en la ruptura con lo moral de forma intrínseca y en el mantenimiento de una apariencia impecable a través de la mudez que deriva del poderío económico. Un detalle muy interesante es como el narrador sugiere en varios momentos de A este lado del paraíso que un Amory todavía adolescente mantiene algún tipo de relación sexual con su madre, a la que nunca llama por su nombre y siempre habla desde el punto medio de la distancia y la estrechez en el que se producen este tipo de relaciones. De la misma forma, Rosalind, otro de los personajes mantiene relaciones con varios hombres sin estar casada arreglándoselas para ocultarlo y que nada de esto se convierta en motivo de escándalo. 

Un aspecto muy interesante en la novela es la fuerza del dinero y del éxito en la vida, en las relaciones empresariales y sociales. El deseo imperioso de destacar en todo le lleva a Amory a un esfuerzo que comienza ya desde que es muy pequeño en Minneapolis cuando descubre que lo importante para ser popular es ser de los mejores en materia de deportes y decide salir casi cada tarde a esquiar para fortalecer sus músculos en desarrollo. Al mismo tiempo se va forjando en él un interés por lo intelectual y más en concreto por lo específicamente literario y lo poético; no vamos a parar de leer poemas escritos por Amory a lo largo de la obra, algunos de los cuales son, para desgracia del lector, bastante malos. El entrenamiento de la fuerza física y la fortaleza mental lo llevaran a la búsqueda de logros tales como ser el capitán del equipo de fútbol de la universidad de Princeton y el redactor jefe del famoso periódico universitario The Princetonian. A partir de la consecución de esto vendrá una decadencia vertiginosa que no cesara hasta el final y que se potenciará con un futuro precario tras la guerra, la muerte de familiares y la forma de derrochar el dinero de su madre los últimos años de su vida, lo cual lo deja con una minúscula herencia con la que no podrá comprar el amor de Rosalind, la mujer que ama, que no parara de recordarte que ama desde que se la encuentra. Rosalind, por su parte, es de clase alta y, al igual que Amory, siente que se ama más a sí misma que a los demás, y por ello lo abandona por otro pretendiente que puede darle muchos más lujos. El concepto del desengaño y del sentido del amor como algo doloroso es una constante en las otras dos novelas de Fitzgerald que he podido leer, así como en su vida misma. Esto es una de sus tesis que más me conmueve cuando lo leo, atrapándome e impidiendo cualquier intento por mí parte de escapar.

Aunque jugar con esas ideas no tiene nada que ver con que una novela esté o no bien escrita. Fitzgerald es Fitzgerald, pero es fácil diferenciar la escritura de A este lado del paraíso de la de sus novelas posteriores, mucho más perfectas. En A este lado del paraíso, en un esfuerzo por captar la esencia de la vida misma, combina lo cómico y lo trágico de la existencia con leves toques de idealismo y romanticismo en el alma de sus personajes, que viven, ríen, actúan, sueñan y se chocan con la realidad, aceptándola como Tom D’Invilliers o rechazándola como Amory Blaine. Puede que luego Fitzgerald evolucione a un estilo que favorezca mucho más lo trágico, pero parece que en A este lado del paraíso aún existe un leve gusto por la vida en los primeros flirteos de Amory con el sexo opuesto aún en Minneapolis o cuando se escapa a la playa con su amigos de la facultad casi sin un duro encima. En este sentido se aproxima mucho a El curioso caso de Benjamin Button y no tanto a El gran Gatsby. Otra cualidad que lo hace más juvenil que Gastby es su juego con los registros y la presentación de (casi) todos los géneros en una única obra –prosa novelesca, poesía, escenas teatrales, cartas, citas- lo que va muy en consonancia con las ideas vanguardistas de la época de ir más allá de los límites establecidos por los géneros mismos y que me ha recordado mucho, salvando las distancias, a la prosa de Manuel Puig en Boquitas pintadas. Estos experimentos formales pueden acabar muy bien siempre y cuando el escritor sepa mantener un control sobre lo que escribe y equiparar el nivel de calidad de los géneros y registros que emplea, sabiendo cuándo y cómo emplearlos. En A este lado del paraíso da la sensación de que Fitzgerald peca de incapacidad para hilar un buen poema y muchas veces entra en un registro cursi e innecesario que no llega a aportar nada de valor y que incluso nos puede llevar a rechazar la obra a lectores más avezados. 

Todo esto, añadido a su extensión, a la que parecen sobrarle páginas, hace que dude acerca de cómo debería valorar la obra. No creo que sea una buena novela para empezar a leer a Fitzgerald y es más, si no te ha gustado El gran Gatsby, te recomendaría directamente ignorarla. Si ocurre lo contrario quiero pensar que es una obra interesante para ver cómo desemboca la escritura de Fitzgerald en sus obras maestras, cómo se gestan sus temas recurrentes y demás, aunque poco más que eso. Se queda algo debajo de las expectativas generadas.

Tenéis otras reseñas de A este lado del paraíso en Club de catadores (donde han querido ver cosas que yo no) e Inkoherence (donde, a pesar de ser más escueta, se aproxima bastante a lo aquí expuesto). 

Reseñas de otras obras que os podrían interesar:

Senectud, de Italo Svevo

Moby Dick, de Herman Melville