jueves, 10 de agosto de 2017

La muerte de la Pitia, de Friedrich Dürrenmatt



Tusquets reunió hace unos años algunos de los relatos más conocidos de Friedrich Dürrenmatt en una antología titulada La muerte de la Pitia, la cual se compone de:
  • El perro (1951)
  • El túnel (1952; aunque la que se traduce aquí es la versión final de 1978)
  • La avería (1955)
  • La caída (1971)
  • La muerte de la Pitia (1976)
Hablemos de cada uno de ellos por separado antes de dar una visión de conjunto.

En primer lugar, El perro es un relato con bastante magia en el que un escéptico persigue a un predicador religioso -de estos que van con las barbas por los suelos y creen que vienen los marcianos a salvarnos- hasta su casa, donde conoce a su hija y, sin venir mucho a cuento, se convierten en amantes. El viejo cree haber sido llamado por una voz celestial para la predicación y después de haber abandonado su vida pasada llena de éxitos se habría topado con un perro de carácter agresivo que se habría convertido en su mascota, siguiéndolo a todas partes. La hija tratará de convencer a su deslucido amante para que mate al perro. 

A este relato le sigue El túnel, en el que se narra un suceso de corte kafkiana. Un joven que toma siempre el mismo tren se percata de que en esta ocasión el vehículo tarda demasiado en abandonar un túnel. Esto le hace darse cuenta de que algo no anda como debería y que hay que sacar de allí el tren cuanto antes. 

El tercero de los relatos (La avería) parte de una avería literal mecánica que hace que Alfredo Traps tenga que pasar la noche en casa de un juez jubilado en un pequeño poblado suizo. Por casualidades del destino el ex-juez había invitado a cenar a sus amigos, retirados también como él. Juntos le proponen a Traps revivir un juicio a modo de juego teniéndole a él como acusado, lo que acabará sacando a la luz todos sus trapos sucios. Es el único de los relatos en el que Dürrenmatt utiliza estrategias sacadas de la novela policíaca.

Por otro lado, La caída es un relato más bien político y satírico, en el que se narra la última reunión llevada a cabo en el seno de un partido comunista ubicado en el poder al más puro estilo soviético. Me ha encantado, como detalle, la impersonalidad y la frialdad en el trato de Dürrenmatt con estos personajes, que se sienten como guiñoles movidos por los resortes del poder y del miedo.

El último relato le da nombre a la antología. La muerte de la Pitia constituye una reelaboración cómica, partiendo siempre desde el respeto, del mito de Edipo Rey, un clásico imprescindible. Nos coloca en el punto de vista de Pániques IX, la pitonisa de Delfos que le cuenta a Edipo cuál será su cruel destino. Lo cierto es que lo hace un poco a voleo, pues ni ella misma cree un ápice en los oráculos, pero lo que dice tendrá consecuencias desastrosas. En mi opinión, es éste el mejor relato, pero cuenta con la cortapisa de que para poder disfrutarlo te es necesario haber leído previamente la tragedia de Sófocles. 

En todos los relatos podemos apreciar en mayor o en menor medida los mismos temas: el miedo, la muerte, la fe y su pérdida, la delgada línea interpretativa que separa el destino de la casualidad, las historias verdaderas como aquellas que nunca terminan de aflorar, el descenso a los infiernos, la mentira,... Si bien algunos son más cómicos y otros más dramáticos la ironía persiste en todos ellos. Del mismo modo Dürrenmatt demuestra aquí un gran dominio de la sutileza, la metáfora y el símbolo. Sin embargo, estos cuentos no se sienten tan poderosos como las novelas que ya hemos reseñado aquí y hay momentos que nos pueden resultar redundantes. De la misma forma algunos acontecimientos pueden parecernos algo forzados, sobre todo en los tres primeros relatos.

Más reseñas de obras de Dürrenmatt en esta esquina: El juez y su verdugo, Griego busca griega, La promesa



martes, 8 de agosto de 2017

La promesa, de Friedrich Dürrenmatt




La historia tras esta novela policíaca de Dürrenmatt es, como mínimo interesante. En 1957 el director de cine polaco-español Ladislao Vajda quería dirigir una película en las montañas suizas que tratara el polémico tema del abuso sexual de menores y no se le ocurrió a nadie mejor para encargar el guión que a Friedrich Dürrenmatt, que en aquel momento ya era uno de los escritores suizos más aclamados a nivel internacional. De esta mutua colaboración de genios apareció una de las joyas más grandes de la cinematografía española: El cebo. No obstante, y tras el éxito del filme, Dürrenmatt decidió, por su cuenta, manipular el guión, centrándose mucho más en el personaje de Matthäi y aportando una ironía que hubiera sido inconcebible para la gran pantalla en aquel momento, pero que bien podría presentar en la literatura al disponer de un público mucho más reducido y ya acostumbrado a cualquier cosa. Los cambios que realiza Dürrenmatt son muy sustanciales, tanto en la forma de ser narrados como en su contenido, y son expuestos frente a lo que sucede en la película como reales. Dürrenmatt  se presenta en La promesa a sí mismo como un narrador en primera persona que tras una conferencia en Zürich conoce a quien habría sido el superior del comisario Matthäi, que le cuenta toda la historia de su subordinado y sugiere diversos retoques -que luego habría seguido el propio escritor- para convertir la narración de los hechos "reales" en una producción de cine. Con esto Dürrenmatt no sólo hace en su novela una crítica de su película, sino que, además, elabora una parodia brillantísima sobre todo el género de la novela policíaca, destacando las enormes distancias que alejan a este tipo de narrativa de las investigaciones policiales reales que se producen en el día a día. Sobre todo, Dürrenmatt pone de relieve como en la vida real el asesino no tiene por qué ser descubierto -y mayoritariamente no lo es casi nunca-, mientras que en la novela policíaca su aparición se vuelve forzosa para reforzar argumentalmente el relato y contentar la intriga del lector. También nos da un aviso sobre cómo los héroes de las películas encuentran muchas veces el éxito -sobre todo los de Hollywood- más por casualidad que por otra cosa, por lo que emularlos en la vida real puede ser tan peligroso como estúpido.

Sin desvelar mucho la trama, haré una pequeña sinopsis de los momentos iniciales de la historia, para aquel que ni se haya visto la película ni se haya leído el libro. El cadáver de una niña es encontrado en un pueblo de Suiza Oriental y un grupo de agentes se presentan en la escena del crimen. Todas las sospechas del homicidio apuntan al buhonero que habría descubierto el cadáver, por diversos antecedentes de abuso de menores y porque vendía navajas de afeitar similares a la que se habría utilizado en el atentado, pero el comisario Matthäi tiene la certeza de que es inocente, aunque sólo se lo indique su intuición de sabueso, por lo que le promete al acusado su protección. Como nadie se atreve a darle a los padres de la niña la noticia de la muerte de la misma, Matthäi decide encargarse él mismo, prometiéndole a la madre de la pequeña dar con el culpable. A pesar de que el buhonero confiesa y se suicida, Matthäi sigue buscando, convencido de su inocencia y de que el verdadero asesino sigue ahí afuera. No obstante, cumplir con lo que se promete un poco a la ligera en la vida real es a veces mucho más difícil de lo que uno pueda llegar a esperar.

La novela resulta incluso más impactante y truculenta que la película y habrá momentos en los que al lector se le pongan los bellos de punta. La táctica que empleará Matthäi para dar con el asesino es como mínimo arriesgada y estúpida y para llevarla a cabo tendrá que mentir y poner en peligro las vidas de otras personas; aunque su fin -proteger a los niños de su país- sea muy positivo, las medidas tomadas no dejan de constituir una locura injustificable. De nuevo, vemos desplegadas las mejores herramientas literarias de Dürrenmatt, que son: su buena distribución de la información y como los personajes se ocultan datos vitales entre ellos, la sutileza con las que se tratan temas delicados y la ironía bien trabajada, que en ocasiones muestra incluso ligeras pinceladas de humor. Del mismo modo se tocan temas recurrentes en él como: la obsesión, la fe y su pérdida, la subida/caída de diversos personajes dentro de la jerarquía socioeconómica, el tabaco -sí, por algún motivo los personajes del suizo aparecen fumando cada vez que pueden-, la crudeza de lo verdadero frente a lo ideal y la incapacidad de afrontarlo,... En definitiva, una gran parodia de la novela policíaca, perfectamente hilada y que no dejará a nadie indiferente.

Tenéis más reseñas de La promesa en Leer sin prisa  (un tanto superficial) y en Solo novela negra (donde no sólo se resume la novela entera, sino que también aporta algún que otro dato erróneo).

Más reseñas de obras de Dürrenmatt en esta esquina: El juez y su verdugo, Griego busca griega.



viernes, 4 de agosto de 2017

Griego busca griega, de Friedrich Dürrenmatt




Arnolph Arquíloco es un subcontable más en el profundo océano de los contables de Petit-Paysan S.A., una compañía que fabrica desde abrelatas hasta cañones atómicos. A pesar de trabajar para una empresa mercenaria, Arquíloco es un hombre de una moral inquebrantable, por lo que ni fuma, ni bebe, ni come carne como el buen miembro de los neopresbiterianos de los primitivos cristianos que es. Cree que todo el mundo es bueno por naturaleza, aunque haya quien aún no ha encontrado su camino -como es el caso de su hermano Bibi, un criminal con todas las de la ley-. Por eso Arquíloco se deja guiar por modelos que él mismo establece en lo que llama su particular ordenación moral del mundo, ocupada en un primer y segundo puesto por su presidente y su obispo. Sin embargo, este tipo de vida es monótona y solitaria, por lo que su camarera habitual le recomienda buscarse una novia, sobre todo teniendo en cuenta que con su pulcritud Arquíloco no ha "estado" nunca con una mujer. De esta forma, Arnolph coloca el famoso anuncio en un periódico local. Arquíloco ha tenido antepasados griegos y, aunque nunca ha pisado suelo heleno, se siente más griego que nadie, por lo que busca a una chica que se vea en la misma situación. El anuncio será contestado por una bellísima mujer llamada Chloé Saloniké. A partir de este momento Arquíloco no dejará de tener una exagerada racha de buena suerte.

Dürrenmatt nos presenta una novela satírica con un fuerte componente de crítica social, religiosa, ética y política, donde aparecen personajes caricaturizados que se sienten, para sorpresa del lector, como muy reales. La moral y la pérdida de la fe son elementos centrales en una novela en la que Arquíloco va descubriendo cómo son realmente sus modelos morales y tras cuántos kilos de hipocresía se esconden para contentar a las masas, cometiendo a espaldas de estas incluso algún que otro acto no ya reprochable, sino a veces abusivo y hasta delictivo. Petit-Paysan se declara un filántropo, pero no declina fabricar armamento nuclear si hacerlo le reporta beneficio económico. El obispo Moser predica la abstinencia y advierte de las tentaciones de la carne, pero luego es el primero en irse de putas. El presidente aprueba leyes y medidas anti-alcohólicas, pero en su casa no duda en descorcharse las botellas de vino que haga falta. Y así un largo etcétera de personajes que irán apareciendo en las páginas de Griego busca griega

Al igual que en El juez y su verdugo Dürrenmatt nos ofrece una visión inicial mínima de los personajes, donde todos -incluído el protagonista y aunque él no lo sepa- se ocultan datos los unos a los otros. Esto da lugar a que al principio los acontecimientos nos puedan llegar a parecer una locura descontrolada, en el sentido más humorístico que podamos otorgarle, aunque luego, sin dejar de lado este humor, va cogiendo forma magistralmente. Dürrenmatt juega mucho con la sutileza, la ironía y, especialmente en esta novela, con lo carnavalesco, pues la jerarquía social de los personajes se ve alterada profundamente y como de la noche a la mañana, lo que los deja -y a nosotros también como lectores- en una sensación de vértigo, al no sentir los pies fijos al suelo. 

Como dato interesante hay que decir que, aunque la novela no se desarrolla en Grecia, hay muchos elementos que pretenden de manera sutil asociarla con la cultura de dicho país. En primer lugar, se construye su protagonista como un héroe que es ayudado por los dioses (los modelos morales de Arquíloco), quienes saben que el destino que le espera a su protegido es terrible. Otro detalle es que dentro de la propia novela hay un momento de anagnórisis que recuerda a la escena en la que Edipo en el Edipo Rey de Sófocles se arranca los ojos. También hay un panteón, al menos para Arquíloco, donde los modelos/dioses, al igual que en la mitología grecolatina, son poderosos, aunque imperfectos, pues pueden coexistir en ellos las pasiones más bajas con las más nobles aptitudes.

En definitiva, una novela que me ha gustado bastante más que la anterior que leí de Dürrenmatt y a la que creo que se le puede sacar más chicha. La veo más original, fresca y agradable de leer. Comparte con El juez y su verdugo muchos de sus temas, aunque creo que el enfoque humorístico le proporciona mucha más fuerza en este caso.