martes, 23 de junio de 2015

Breve resumen de todas las lecturas de primavera (del 21 de marzo al 23 de junio)





Se acaba la primavera y En la Esquina de ese Círculo hacemos recuento de lo leído, estando muy satisfechos con el resultado. Como siempre ha habido obras que han destacado más que otras. He intentado hacer un recorrido por distintas épocas (Edad Media, Romanticismo, Realismo, siglo XX). Hemos leído también algo de poesía y un ensayo indispensable escrito por James Wood. Les dejo con algunas notas más detalladas y los enlaces a las correspondientes reseñas y fragmentos de las obras leídas en el que caso de que se hicieran en su momento.

En marzo... 

El cantar de Roldán, de Turoldo (2.5/5)

Uno de los cantares de gesta más importantes del Medievo para suplir mi falta de lecturas clave de esa época histórica no ha conseguido que me interese ni lo más remotamente en el tema. Lo volví a intentar con Perceval. Tampoco mejoró el asunto. Lo único destacable es quizás la disposición métrica de sus versos y el tinte heroico que recuerda remotamente a obras como la Ilíada o la Eneida. Los personajes planos, el argumento simple, lleno de prejuicios y el propagandismo político y religioso hace que su lectura no resulte tan provechosa como cabría esperar.

No hubo reseña en su día. La verdad era que me daba mucha pereza hacerla.


La mansa, de Fiodor Dostoievski (4/5)

El gran Dosto, nuestro amable y siempre bien recibido Dosto, con una de sus obras menores, escritas dentro de su famoso diario público.

Obra que explora la psique de un curioso personaje masculino muy parecido al hombre del subsuelo, que goza de ser humillado públicamente a la vez que detesta como la realidad lo trata, creyéndose superior. Este personaje, pues, somete a una dulce adolescente que casándose escapa de las garras de un lúbrico tendedero, gordo y viejo. Se genera un clima de tensión y violencia doméstica que nos acompañará a lo largo de toda la breve obra. No es lo mejor de Dosto, pero no se puede decir que sea un mal relato, ni mucho menos. Hay escenas, y no miento, en las que se me erizaron los vellos de los brazos. Alucinante.

Los heraldos negros, de César Vallejo (5/5)

Primer contacto serio del dueño de la Esquina con la poesía logrado, resultando éste más que satisfactorio. 

Yo no suelo emocionarme mucho, pero Vallejo me ha tocado la fibrita, no sé. Quizás sea su forma tan simple y a la vez difícil de expresar el sentimiento más primitivo del ser humano: el dolor. Quizás sea eso, su eterno lamento, lo que tanto me ha impresionado. El caso era que no podía leer más de hora y media seguidas sin que sus palabras me transmitieran esa sensación de dolor, de angustia. Tenía que dejarlo, respirar, escuchar música, pasearme por el piso y luego, ya tranquilo, retomar la lectura. 


Escalas melografiadas por César Vallejo (4/5)

Mucho más Vallejo. Alternamos la lectura de este libro con la de Los heraldos. No hace falta que vuelva a decir que es un autor increíble. Este es su primer libro en prosa, donde cultiva un poético género prosaico que se desliza desde la autobiografía hasta el relato fantástico. Todo quedó dicho en la minireseña que le dedicamos a finales de marzo.













Y en abril...




El hospital de la transfiguración, de Stanisław Lem (5/5)

Un viaje al animal que todas las personas llevamos dentro. Aún huelo el bromuro de sus páginas. Reseña.













El hombre de la arena, de E. T. A. Hoffman (2/5)

A ratos escalofriantes, a ratos vano, nimio y aburrido. Una pena que lo segundo pueda con lo primero...














Ficciones, de Jorge Luis Borges (5/5)

Metaliteratura vertiginosa y necesaria. No saco reseña principalmente porque no sabría bien cómo hacerla. Podría sacar una metareseña, escribirla en una lengua austral de Tlön, sacarla de algún ejemplar de la biblioteca de Babel o extraerla del blog del olvidado Herbet Quaim. Sí, Borges estaría orgulloso. Sin embargo, sería hacer trampas y yo, ante todo, soy un tipo honrado.











Relatos, de Henryk Sienkiewicz (4/5)

Interesante es la selección que el polonista Fernando Presa González hace de los que considera los mejores relatos del Premio Nobel de Literatura Henryk Sienkiewicz. Los hay buenos, los hay muy buenos y otros que no lo son tanto. En general muy recomendable. Ya hablé de ellos todo lo que se me ocurrió hablar en dos tandas además: la primera aquí y la segunda aquí.










El Rey Lear, de William Shakespeare (5/5)

Grande como siempre Shakespeare. Una obra movida por la ambición del poder y del amor. Hubo un brevísimo comentario en su momento que les dejo por aquí.

















Y en mayo...




Perceval o el cuento del Grial, de Chrétien de Troyes (2/5)

Muy divertido en primera instancia como novela de caballerías. Misterioso, ecléptico a veces. Y lleno de agujeros absurdos. Muchos castillos, muchos combates. Todo un tanto monótono. Soportable, y hasta satisfactorio, hasta la aparición de Gauvain. La ausencia de final es también un punto en su contra. Todo junto, la explicación de la nota.









Todos los fuegos el fuego, de Julio Cortázar (5/5)

Excelente. No hay un cuento simplemente bueno; todos son, a su modo, geniales. Reseña.














Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez (5/5) (RELECTURA)

Gran novela-crónica del Premio Nobel colombiano basada en un hecho real que aconteció en su propio pueblo en la que varias historias se entrelazan para explicar el por qué del asesinato de un hombre 27 años atrás cuando todo un pueblo sabía que iba a cometerse dicho crimen e hicieron, en general, más bien poco por impedirlo. Ya sabemos desde la primera línea que Santiago Nasar va a morir. De hecho, ya está muerto. La intriga se genera a partir del cómo y del por qué. Hubo reseña en su día, se las dejo por aquí.

Pedro Páramo, de Juan Rulfo (4/5)

Más que interesante reflexión con espíritu mejicano sobre la muerte con algunos tintes propios de la novela de terror. Te aterra, te hace pensar y estremecerte de belleza. Un todo muy completo. Reseña.


Boquitas pintadas, de Manuel Puig (4.5/5)

Polifónica y experimental como pocas. Recurre a textos provenientes de varios formatos (la novela radiofónica, las conversaciones telefónicas, las cartas, los monólogos internos, la descripción de lugares, los diarios, las crónicas de sucesos, partes policiales, partes médicos, ¡hasta adivinaciones de brujas gitanas! y mucho más). Además, Puig destaca como nadie en esta obra en la caracterización del personaje femenino. Fragmento y reseña tardía.

Una temporada en Venecia, de Wlodiziermz Odojewski (2/5)

No es una maravilla, tampoco una desgracia, pero sí que deja un poco indiferente. En general, historia bien hilada que puede recordar a películas como La vida es bella de Roberto Benini, salvando las distancias, o a El niño del pijama de rayas, o a El pájaro pintado, por comparar con algo de lo que ya hablamos aquí. La historia es sencillita y breve. Más que una novela parece un relato que, por algún motivo desconocido, se ha extendido más de lo que debería en espacio. Hubo una minireseña al respecto.






Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul, de Leopoldo María Panero (3.5/5)

Una larga balada de un hombre solo, viejo y loco contra la incomprensión más absoluta. Escalofriante a ratos, profundo por momentos, sentencioso y tajante de vez en cuando, personal y a la vez universal, aunque haya algunos poemas no demasiado buenos, todo sea dicho. Saqué un brevísimo comentario en su día que pueden leer aquí.











Y en junio...




Los mecanismos de la ficción, de James Wood (5/5)

Imprescindible para aprender a leer bien. El libro que todo aspirante a crítico y todo escritor deberían leer, y releer. Una de las obras con las que más he aprendido este año. No sólo da las claves para diferenciar los buenos textos de los que no lo son y cómo construirlos, sino que, además, viene ilustrado con gran cantidad de ejemplos de obras de distintas épocas, centrándose en la narrativa inglesa y norteamericana contemporánea.





Cuentos sueltos de Chejov (4/5)

No hablo de ninguna antología en particular, sino simplemente de cuentos sueltos que he podido leer de acá o de allá. Los cuentos fueron  Un viaje de novios, El misterio, Un niño maligno, Un padre de familia, El gordo y el flaco y Un escándalo. No se puede decir que me hayan entusiasmado demasiado. Sin embargo, están muy bien construidos y tratan de temas sumamente interesantes. Chejov crea una suerte de reflejo de la psique humana, a veces patológica, con gran soltura. Refleja también con maestría los comportamientos y las relaciones de las clases sociales entre sí y las utiliza como motor para sus relatos. También cuenta con un dominio increíble de la ironía y sabe cuajar muy buenos finales. 

Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline (LEYENDO/5)

Lectura que estoy tardando demasiado en acabar debido a cuestiones personales que ahora no me permiten leer tanto como me gustaría. Aún así la estoy disfrutando mucho. Extraje dos fragmentos en su momento que puedes leer aquí y aquí. Espero poder hacer su correspondiente reseña pronto. Viaje al fin de la noche es, sin duda, una novela sobre la que se puede hablar mucho y de cuestiones muy interesantes.











Se puede decir que, salvo "Todo va bien", que caerá en breve, he cumplido con todos los objetivos propuestos. Hemos leído literatura hispanoamericana, polaca, poesía, gestas medievales y estamos terminando "Viaje al fin de la noche".

Dicho esto, algunos PROPÓSITOS para verano serán:

*La lectura ya demasiado pospuesta de Proyectos de pasado de Ana Blandiana y la de Todo va bien de Sócrates Adam.
*El Quijote, que digo yo que tendrá que caer algún día también.
*También habrá que leerse el libro Siete contratos en tinta carmesí de Irene Olalla, que es compañera de clase y amiga, y ya que le he comprado el libro estaría feo no leerlo. Por supuesto, no habrá reseña. A los amigos no se les reseña nunca; profesionalidad ante todo.
*Y, básicamente, lo que pille. Tendré mucho tiempo libre a partir de mediados de julio y son muchos los autores interesantes que no me atrevo a prometer que leeré uno y no otro. Así, sin prometeros nada, quizás caigan: Saramago, Dostoievski, Tom Sharpe, David Foster Wallace, Nabokov, Italo Svevo, Imre Kertész, Mario Vargas Llosa,...
*Y lo más importante, ¡disfrutar del verano como espero que hagáis todos!




miércoles, 17 de junio de 2015

Otro fragmento de "Viaje al fin de la noche", de Louis Ferdinand Céline



Fotograma de "La ventana indiscreta", de Alfred Hitchcock (1954)


“Lo que más me aturdía era el furibundo metro. Al otro lado del patio, que más parecía un pozo, se iluminó la fachada a través de una, dos y luego decenas de habitaciones. Podía ver lo que ocurría en algunas de ellas. Eran matrimonios que iban a acostarse. Los americanos, después de las horas verticales, parecían tan decaídos como nosotros. Las mujeres tenían los muslos muy gruesos y muy pálidos, al menos las que pude ver. 
La mayoría de los hombres se afeitaban antes de acostarse y fumando al mismo tiempo. 
Una vez en la cama se quitaban primero los lentes, luego la dentadura postiza, que metían dentro de un vaso, colocándolo todo muy en evidencia. No parecía hablar entre ellos, ambos sexos, exactamente igual que en la calle. Hubiérase dicho grandes animales muy dóciles, perfectamente acostumbrados a aburrirse. En todo sólo pude ver a dos parejas que con la luz encendida hacían lo que yo esperaba, y sin gran pasión. Las otras mujeres comían bombones en la cama mientras esperaban que el marido acabara de asearse. Y luego todo el mundo apagó la luz. 
Es triste ver a las gentes en el momento de acostarse; puede uno darse cuenta que les importa un bledo que las cosas vayan del modo que sea, bien claro se ve que no tratan de comprender el por qué estamos aquí. Les da igual. Duermen de cualquier modo, son unos parásitos, unas ostras, sin ninguna susceptibilidad. Americanos o no. Siempre tienen la conciencia tranquila. 
Yo había visto demasiadas cosas nada claras para sentirme contento. Sabía demasiado y no sabía bastante. Hay que salir, me dije, salir otra vez. Quizás encuentres a Robinson. Una idea estúpida, evidentemente, pero que me servía de pretexto para salir de nuevo, tanto más cuanto que, a pesar de dar vueltas y más vueltas en mi pequeña piltra, me era imposible agarrar el mínimo retazo de sueño. En casos semejantes ni siquiera al masturbarse experimenta uno consuelo ni distracción. Y entonces hay como para despertar. 
Y lo peor es preguntarte si a la mañana siguiente tendrás fuerzas para continuar lo que hiciste la víspera y desde hace tanto tiempo, en dónde encontrarás la fuerza para esas gestiones imbéciles, los mil proyectos que no conducen a nada, tentativas que siempre abortan, y todo para convencerse una vez más que el destino es insuperable, que cada noche hay que caer de nuevo al pie de la muralla, bajo la angustia de ese mañana siempre más precario, más sórdido. 
Es la edad que avanza, tal vez, la traidora, y nos amenaza con lo peor. Dentro de uno ya no queda mucha música para hacer bailar la vida, eso es. La juventud fue a morirse al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y dónde ir, te lo pregunto, en cuanto no tienes cantidad suficiente de delirio? La verdad es una agonía que nunca se acaba. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca he podido matarme.”

lunes, 8 de junio de 2015

Fragmento de "Viaje al fin de la noche", de Louis Ferdinand Céline





"-¿Es verdad que te has vuelto loco, Ferdinand? -me pregunta ella un jueves.
 -¡Lo estoy! -confesé.
-¿Y aquí van a cuidarte?
-El miedo no puede cuidarse, Lola.
-¿Tanto miedo tienes? 
 -Más todavía, Lola; tanto miedo, fíjate, que si algún día me muero de muerte natural, dentro de muchos años, no quiero que me incineren. Quiero que me dejen pudrir en tierra, en el cementerio, tranquilamente; allí, pronto a resucitar, tal vez... ¿Quién sabe? Mientras que si me redujeran a cenizas, Lola, comprende, todo habría terminado, terminado por completo... Tiene más posibilidades de revivir que las cenizas... Las cenizas es el final... ¿Qué te parece?... Así, pues, la guerra... 
 -¡Oh, ¡Eres un cobarde, Ferdinand! ¡Eres repugnante como una rata!
 -Sí, cobarde del todo, Lola; rechazo la guerra y cuanto implica. No la deploro... No me resigno, yo... No lloriqueo sobre ella, yo... La rechazo sin más, con todos los hombres que contiene; no quiero nada con ellos, con ella. Aunque ellos fueran novecientos noventa y cinco millones y yo estuviera solo, ellos son los equivocados, yo quien tiene razón, porque soy el único que sabe lo que quiere: yo no quiero morir.
-¡Pero es imposible rechazar la guerra, Ferdinand! Únicamente los locos y los cobardes rechazan la guerra cuando la patria está en peligro...
-¡Entonces vivan los locos y los cobardes! O mejor: ¡sobrevivan los locos y los cobardes! ¿Te acuerdas, Lola, por ejemplo, de un solo nombre de los soldados que murieron en la guerra de los Cien Años? ... ¿Has tratado de conocer a uno solo de esos nombres? ¿A que no? ¿Nunca has indagado? Te resultan tan anónimos, indiferentes y más desconocidos que el último átomo de este pisapapeles que tenemos enfrente de nosotros, que tu caca matinal... ¡Ya ves que murieron por nada, Lola! ¡Por absolutamente nada, esos cretinos! ¡Te lo aseguro! ¡Pruebas cantan! Sólo cuenta la vida. Dentro de diez mil años te apuesto a que esta guerra, por muy importante que nos parezca en este momento, estará por completo olvidada... Apenas si una docena de eruditos se engrescarán todavía, aquí y allá, en la ocasión y a propósito de las fechas de las principales hecatombes con que fue ilustrada... Es todo cuanto los hombres han logrado, hasta el momento, encontrar de memorable a propósito de unos y otros, a algunos siglos, a algunos años e incluso a algunas horas de distancia... No creo en el porvenir, Lola... 
En cuanto descubrió hasta qué punto fanfarroneaba de mi vergonzoso estado, dejó de compadecerme... Me juzgó definitivamente despreciable."



martes, 2 de junio de 2015

Boquitas pintadas, de Manuel Puig


El dificil reto de escribir Boquitas pintadas...




Hace ya aproximadamente una semana que terminé Boquitas pintadas y aún sigo preguntándome cuál es el estilo de su escritor, de Manuel Puig. ¿Cómo escribe de verdad el auténtico Puig? ¿Cuál es su marca característica? Porque uno ve un fragmento de García Márquez, por poner un ejemplo a todos conocido, y reconoce que es de Márquez fácilmente, aunque no haya leído ese texto concreto nunca antes, y lo consigue por una característica esencial de su autor: su necesidad casi imperiosa de explayarse en un especie de apariencia de infinito. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con Hemingway. Uno ve un cuento escrito por Hemingway y si ha leído algo de él antes sabe que es suyo al instante. Es su vocabulario sobrio y el uso tan particular del símbolo lo que lo definen. Pero entonces ese mismo lector ve dos fragmentos de dos capítulos distintos de Boquitas pintadas y, si no ha leído la obra, no sólo le cuesta ver en ella al mismo autor, sino que tampoco piensa, al menos en primera instancia, que los fragmentos pertenezcan a la misma novela, y, sin embargo, efectivamente, así es. Quizás lo que ocurra con Puig es una ausencia de estilo, una pureza de estilo, o, tal vez sea todo lo contrario, la convivencia de múltiples estilos, desbordantes para los que acostumbramos a leer narrativa más convencional. 

Todo tiene que ver mucho con quién es el narrador, si es que hay narrador, porque hay veces en las que no lo hay. No es un simple perspectivismo, sino una clase de collage  con diversos materiales, algunos son escritos de los personajes (cartas, diarios, recortes de revista, partes médicos, partes policiales, etc.), otros son acciones, diálogos (en ocasiones telefónicos), descripciones de lugares y hasta pensamientos, auténticos monólogos interiores de los personajes en los que Puig se luce como nadie. Lo increíble del escritor argentino es que no cojea a la hora de cambiar de registro. No es el mismo Puig el que firma cartas con el nombre de Nené que el que actúa como narrador omnisciente en el capítulo XIII. Puig juega a ser un camaleón y lo cierto es que la metamorfosis se cumple con un éxito digno de admiración.

Más allá de la forma de presentarla está la obra, que, por un lado, nos muestra la cara frustrante de la vida cotidiana que nadie llega a entrever en la juventud, y, por otro, nos ofrece una crítica de la búsqueda de los seres humanos en general, y de la sociedad argentina de la época (1960s) en particular, de la apariencia en lugar de la esencia. En el desarrollo de estos dos temas principales está la actuación de los personajes y complicadas historias de amor y sexo destinadas al desastre por las convenciones sociales vigentes en el país de Puig. La novela empieza con la necrológica de Juan Carlos en el periódico regional “Nuestra vecindad” el día 18 de abril de 1947. 

Que el autor nos de las fechas aproximadas de cada fragmento de "lo que toque" es fundamental para comprender bien la obra y para poder ordenar cronológicamente cada hecho, pues, al igual que no se narra de forma habitual, tampoco se va a seguir un orden temporal tradicional. Una buena ayuda para no perderse en la narración en una primera lectura puede ser leer la obra rápido o, si no es posible, ir apuntando las fechas y los hechos principales. 

Dicho esto, volvamos a Juan Carlos, cuya muerte desencadena los sentimientos reprimidos de otro de los personajes principales, Nené, quien comienza a cartearse con la madre del difunto que una vez fue su novio. A través de las cartas vamos descubriendo información del estado de Nené en 1947 (casada y con dos hijos y aún enamorada platónicamente de Juan Carlos), así como de algunos hechos importantes pasados (su amistad y luego rivalidad con la hermana de Juan Carlos, Celina, así como con Mabel, la amiga de ésta). Sin embargo, no es hasta el cambio de registro y el salto temporal de más de diez años en el capítulo III cuando, por fin, podemos indagar en el pasado de forma algo más fiable, que a través del recuerdo de un único personaje. Juan Carlos, todo un Don Juan, constituirá un vértice destacado en un triángulo amoroso (cuadrilátero si añadimos al personaje de la viuda Di Petri) que completarán Mabel y Nené (dos personajes femeninos prácticamente opuestos psicológicamente). La historia de las relaciones de estos personajes se entremezclará con la de Pancho, amigo de Juan Carlos, y Raba, criada del doctor Aschero, otro curioso personaje, mucho más secundario, con quien Nené también mantendrá una aventura en el trabajo que no le dejará buen sabor precisamente. De hecho, la tendencia a aspirar reflejar lo triste de la realidad cotidiana llevará a que casi todas estas relaciones de alguna forma u otra acaben en la resignación de sus personajes, en la necesidad de aceptar lo que no se desea. Se puede decir, que es en este sentido una novela antisentimental porque, aunque se emplean elementos de la novela sentimental como la carta o el diario, no es sino para forzar una parodia, de la misma forma que Cervantes recurre en el Quijote al lenguaje propio de la novela de caballerías y lo contrasta con la realidad. La realidad es cruda, no es de color de rosas. No se tarda mucho en descubrir que Boquitas pintadas no va a tener un final pasteloso; su intención es justamente la contraria. 

Otro punto muy a tener en cuenta es la impresionante capacidad de Puig para retratar a personajes femeninos con una precisión y complejidad abrumadora. Muchas veces pensamos que el género del escritor no le influye a la hora de hacer su oficio, pero en demasiadas ocasiones lo que ocurre es todo lo contrario. Hay muchos más protagonistas de novelas masculinos que femeninos y eso es, porque en parte, a los escritores les cuesta menos hablar de sí mismos que de lo otro y en la Historia aquellos que, por circunstancias político-sociales, han podido escribir ficción han sido, hasta el momento, mayoritariamente hombres. Hablar de lo otro constituye un reto. Pocos cuentos de Thomas Mann tienen como protagonista a una mujer, sino que sus personajes femeninos más bien se pasean por ahí representando tipos muchas veces planos, muchas veces ejerciendo el papel de musas o mujeres fatales. No obstante, Puig sí que supera esta barrera y casi parece sentirse más cómodo proyectando su ojo sobre personajes como Mabel o Nené, que sobre Pancho. Algunos achacarán este hecho a la homosexualidad reconocida del escritor, pero estas personas deberían recordar que también Thomas Mann era homosexual y hasta la madurez nunca se atrevió con este reto. 

Porque si algo demuestra Puig con su forma de escribir, con su selección de los temas y de los personajes es que, efectivamente, le gustan los retos y tiene habilidad creativa para solventarlos perfectamente. Me quedo con ganas de más literatura argentina. Actualmente estoy enfrascado en Viaje al fin de la noche de Céline y aún tengo un par de cuestiones más pendientes por ahí, pero espero echarle mano pronto a algo de Patricio Pron. Un saludo desde esta Esquina.

Puedes leer un fragmento de la obra aquí:

Fragmento de "Boquitas pintadas"


Reseñas de otras obras que te podrían interesar:

Pedro Páramo, de Juan Rulfo

El hospital de la transfiguración, de Stanislaw Lem