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viernes, 15 de enero de 2021

La uruguaya, de Pedro Mairal

 


Lucas es un escritor bonaerense cuarentón que vive con su mujer, Catalina, y su hijo de corta edad, Maiko. Cada cierto tiempo acude a Montevideo a bordo de un ferry para extraer del banco ciertos pagos por novelas que acuerda escribir para editoriales españoles, pero que no siempre entrega a tiempo. El viaje no es en balde, si retirara el importe en Argentina, la fiscalía se quedaría con casi un sesenta por ciento de las ganancias. Por ello, hace de mula, cargando más billetes de los que debe en la ropa interior y buscando mil formas de burlar a los controles aduaneros. En uno de estos viajes, aprovechando un congreso de literatura en la capital uruguaya, conoce a una chica por la que siente cierta atracción. Lucas sabe que desde hace algún tiempo su mujer mantiene encuentros sexuales con otra persona. Cree que le ha llegado el momento, cree que ha tenido suerte. ¡Menudo desdichado!

La uruguaya es una novela ágil, en sintonía con otras de Pedro Mairal. Destaca por sus diálogos y por el desarrollo de la psicología interna de los personajes con pocas frases, pero muy contundentes. 

En ella sobresalen las relaciones entre narrador y narratario. Todos sabemos que un autor escribe para un lector que existe en la vida real y que es, por lo general, de naturaleza indefinida. Quiero decir, depende de la obra hay unos patrones claros. Por ejemplo, no tiene demasiado sentido apelar al lector usando pronombres masculinos en un libro para embarazadas. Esto no quiere decir que todas las personas que vayan a leer ese libro sean mujeres, pero la lectora ideal del propuesto por el escritor/a lo es. En cualquier caso, lo importante es que en toda obra, sea del índole que sea, hay un autor (o autores) y lectores, ideales y reales. A este esquema simple, habría que sumarle el del narrador y el narratario en las obras de ficción. En La uruguaya el narrador es el propio Lucas, que relata su experiencia en primera persona, pero lo hace con el fin de comunicarse con el narratario (Catalina) para, aparentemente, pedir su perdón.

Hay que dejar en claro dos cosas, puede que Lucas acabe muy mal parado al final de la obra, pero hasta cierto punto no le importa tanto humillarse ante Catalina como humillarla. Los detalles eróticos que le revelaría si el largo texto que escribe llegase a sus manos son verdaderamente hirientes, a pesar de que trate de compensarlo al final diciendo que la quiere. Lucas yerra, se comporta como un iluso y actúa en venganza. Y lo peor de todo, una vez la acción acaba y se sienta a escribir el relato que los lectores estamos leyendo desde el principio, sabemos que su venganza no ha concluido y que aún pretende reclamarla.

Sin embargo, esto es una interpretación. De si la intención de Lucas es entregar su texto a Catalina o no, puede desprenderse otra: la de que Lucas escriba el texto para sí mismo, pero aluda a Catalina en segunda persona como una parte de sí mismo. Ya en la obra se comenta varias veces la cuestión de la bicefalia de las parejas sentimentales. Se comparten hábitos, comidas, películas, amistades, sexo, etc. Hay una negación de la intimidad en un principio que se pierde cuando una de las cabezas trata de recuperarla. Dependiendo de lo que se quiera dejar de compartir esto puede llevar a la hecatombe para la pareja. La escasa madurez puede invitar a la afloración de los celos, como le ocurre a Lucas en su primera venganza. Si las alusiones a Catalina son alusiones a sí mismos, estamos ante un nostálgico como el final de la obra parece indicarnos.

Podría comentar varias cuestiones más, pero este punto ha sido el que más ha llamado mi atención de toda la obra por su ambigüedad. Ya sabéis que pienso que cuanto más ambigua sea una obra más poderosamente literaria me parece. Por lo demás, es una historia entretenida, pero sin momentos sobresalientes.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Pedro Mairal en esta esquina: Una noche con Sabrina Love


sábado, 14 de julio de 2018

Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal



Sabrina Love es la actriz para adultos más importante de la Argentina del momento y del corazón del joven Daniel de 17 años. Con su propio programa nocturno en una cadena codificada, despliega sus encantos felinos y se pasea semidesnuda por el escenario, danza del jacuzzi a la cama y de la cama al jacuzzi, rodeada de falos y exuberantes mujeres de mirada lasciva. Daniel espera ansioso cada madrugada, con su señal de cable pirateada y el miembro erecto, ignora el cansancio de la agotadora jornada en el frigorífico de pollos donde trabaja y sonríe, mientras las escenas de felaciones y penetraciones que ya ha visto un millar de veces se suceden una y otra vez, para poder verla. Su devoción ha aumentado repentinamente tras la compra del boleto con el cual tiene la pequeña posibilidad de pasar una noche con ella. Cuando gana el concurso, no puede creérselo. Todo parece indicar que perderá la virginidad con la diosa de sus desvelos, aunque para ello tenga que viajar en el corto plazo de dos días y sin un duro en la cartera desde su lejano e inundado pueblucho de provincias a la capital del país.

Comienza aquí una novela de carretera, una novela de viajes que se va conjugando maravillosamente con todo el erotismo de una trama que va mucho más allá del mero relato de la iniciación sexual de un adolescente. Una noche con Sabrina Love nos habla de los primeros contactos sexuales reales entre Daniel y las mujeres, pero también de los sentimentales. Se nos muestra el desengaño de un adolescente frente a su primer coito, pero también una nueva ilusión. Las mujeres no son los seres mitológicos que el entramado pornográfico y las charlas de bar entre cuñados le habían dado a entender. Son reales; sienten, piensan y desean igual que los hombres. Una noche con Sabrina Love es una novela para comprender que el amor nada tiene que ver con la idealización del alma del otro, sino con el contacto ardiente de dos cuerpos en la fugacidad de la noche, con la comprensión y el crecimiento parejo en todos los niveles, con el dolor y la esperanza. Pero sobre todo con el sacrificio.

Daniel pasa una serie de periplos a lo largo de esta Bildungsroman argentina que nos recuerda a las batallas de los arcaicos héroes medievales, que hacían lo que fuera con tal de salvar a su doncella. Los obstáculos no son los mismos, pero el premio tampoco. Las crueldades modernas y la camaradería se enfrentan como fuerzas antagónicas a lo largo del viaje de Daniel, quien se ve obligado también a comportarse en ocasiones como todo un ladino. Le intentan robar unos soldados, le hacen saltar de una balsa con lo puesto, nadie quiere recogerlo por sus pintas. Y al mismo tiempo va labrándose la ayuda de la gente. Unos obreros le dan de comer y lo felicitan por su futuro debut sexual, un viejo y su perro acceden a llevarle hasta Buenos Aires, un par de vaqueros le dan parte de su cena y duermen junto a él para protegerlo de la maldad de los demás. 

Daniel finalmente completa su viaje, pero una vez en la gran ciudad, todo se complica. El mundo del porno puede ser muy oscuro para quienes trabajan en él y no suele tener piedad con la gente de afuera. Nuestro protagonista se queda en la calle bajo la promesa de que Sabrina lo atenderá en un par de noches y aquí, con la novela en punto muerto, comienza otra historia de verdadero descubrimiento. Surgen nuevos personajes con sus preocupaciones propias de las gentes de ciudad y el mundo de Daniel choca y se enriquece. Descubre que la homosexualidad no es nada temible y que él también puede ser objeto de deseo. Una chica muestra su interés por él, algo inaudito hasta el momento. Daniel entra en pánico y luego se muestra valiente. La reunión con Sabrina Love parece dejar de importar. Surge el dilema, el conflicto. Y este es conducido satisfactoriamente por Mairal hasta su final.

Cabe destacar de la prosa del argentino la maestría desplegada en los diálogos y el logrado ritmo de la narración. La lectura se hace ágil y enternecedora. Mairal no necesita parrafadas para describir las emociones y preocupaciones de los personajes. Emplea el "show, don't tell", pero en la medida justa. Y en este caso funciona con la suficiente solvencia como para enganchar al lector y no soltarlo hasta las últimas páginas. La novelita en sí es corta y deja muy buen sabor de boca.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Pedro Mairal en esta esquina: La uruguaya