jueves, 14 de diciembre de 2017

El rey de amarillo, de Robert William Chambers





Valdemar recoge en El Rey de Amarillo nueve relatos de terror gótico/cósmico del poco conocido escritor estadounidense Robert William Chambers, que se destacó sobre todo por retomar un tema de otro autor clásico dentro de su género: la infernal ciudad de Carcosa de Ambrose Bierce. La selección de relatos que hace Valdemar incluye los siguientes:

  • El signo de amarillo
  • El reparador de reputaciones
  • Le Demoiselle d'Ys
  • La máscara
  • En la corte del dragón
  • El hacedor de nubes
  • Una agradable velada
  • El mensajero
  • La llave del dolor
Los cinco primeros provienen del mismo volumen y, salvo Le Demoiselle d'Ys, todos giran en torno al misterioso libro maldito de El Rey de Amarillo. Éste parece ser una obra de teatro dividida en dos actos, aunque ambos se centran en la subterránea Carcosa, el primer acto, totalmente inofensivo, existiría sólo para advertir a los curiosos del peligro que conlleva leer el segundo. A lo largo de estos cuatro relatos el libro se nos muestra de forma tangencial y, aunque nunca lo podremos leer ni saber qué pone en él exactamente, Chambers sí que nos proporciona un poema y algunos fragmentillos más que junto con las opiniones de los personajes nos servirán para despejar algunas dudas que nos puedan surgir, así como entender que dentro de su universo sea un libro tan temido. En El signo de amarillo el libro maldito se nos presenta al alcance de un pintor y su musa, quienes tras leerlo tienen extrañas pesadillas relacionadas con el entierro prematuro de uno de ellos llevado a cabo por el pálido y hostil sereno de la iglesia del barrio. En La máscara un escultor ha creado un líquido con el que poder convertir a cualquier ser vivo en mármol,  lo que hace que una de las bañeras de su casa se convierta en un auténtico matadero. Aquí El Rey de Amarillo aparece sólo laterlamente, pero es suficiente como para inquietar a nuestro narrador, amigo del escultor, y a persuadirlo de abandonar el país. En la corte del dragón es un relato más vinculado con este Rey de Amarillo y nos narra como uno de los numerosos lectores intenta escapar de la muerte, que literalmente lo persigue por las calles.

El reparador de reputaciones merece un trato a parte, constituyendo uno de los relatos más originales y extraños de todo el repertorio. En él la acción se sitúa en un imaginario 1920, que recrea el universo de Chambers en el que El Rey de Amarillo se habría distribuido a los cinco continentes y en el que los gobiernos habrían tenido que tomar medidas para la prohibición de su lectura, ya que habría quedado demostrado que llevaba a los estudiosos a la locura, desarrollando en ellos la violencia contra los demás y contra sí mismos. En los Estados Unidos se habrían implantado una serie de edificios en los que los lectores de El Rey de Amarillo podrían refugiarse si alguien anticipaba que podrían llegar a cometer auténticas salvajadas. En medio de todo este fregado, Hildred lee, por influencia de Wilson, el terrible libro y esto le lleva a creer que su primo es heredero de la ciudad de Carcosa y que él es el segundo en la línea de sucesión. Con todo esto saca provecho un ladino Wilson, cuyo trabajo consistiría en reparar las reputaciones de aquellos que habrían leído el libro y que por ello habrían pecado de imprudentes.

"-Quisiera que estuvieran encuadernados en oro -dije-. Pero espera, sí, hay otro libro, El Rey de Amarillo.
Lo miré, fijamente a los ojos.
-¿No lo has leído? -pregunté.
-¿Yo? ¡No, gracias a Dios! No quiero volverme loco.
Vi que lamentó lo que había dicho no bien acababa de hacerlo. Hay solo una palabra que detesto más que lunático, y esa palabra es loco. Pero me controlé y le pregunté por qué consideraba peligroso El Rey de Amarillo.
-Oh, no lo sé -dijo deprisa-. Solo recuerdo la excitación que produjo y las condenas del púlpito y la prensa. Creo que el autor se disparó un tiro después de dar a luz semejante monstruosidad, ¿no es así?
-Entiendo que todavía vive -le respondí.
-Eso es probablemente cierto -musitó-; las balas nada podrían contra un demonio de esa especie.
-Es un libro de grandes verdades -dije.
-Sí -replicó-, de "verdades" que enloquecen a los hombres y arruinan sus vidas. No me importa que el libro sea, como dicen, la misma esencia suprema del arte. Es un crimen haberlo escrito y por mi parte jamás abriré sus páginas."
(Del Reparador de reputaciones)

El elemento metaliterario está muy bien introducido y se va construyendo a medida que pasa cada relato, hasta que se forma toda una mitología en torno a Carcosa, a la blancura de su lago Hali y a las estrellas negros que lo sobrevuelan. Es realmente sorprendente como Chambers se adelante mucho a su época y nos propone un esquema de textos que se engarzan de una forma más propia de las vanguardias de entreguerras que de los últimos coletazos del siglo XIX. Es un hecho que su prosa influyó en Lovecraft, responsable también de otra mitología que gira también en torno a un libro maldito, el Necronomicón, y seguramente también en otras obras menos conocidas como El maestro del Juicio Final  de Leo Perutz que comentábamos hace algunas semanas. Chambers crea un misticismo verdaderamente ecléptico que combina con muchas imágenes aún escalofriantes, a pesar de todo lo que ha llovido desde que estos escritos salieron a la luz. Se respira en su estilo una ambigüedad que incomoda a la vez que capta poderosamente la atención del lector.

Los otros relatos quedan fuera del entramado cósmico del tándem Chambers-Bierce, pero le dejan a uno de igual manera los vellos de punta. De entre todos Una agradable velada es, quizás el que menos me ha entusiasmado, aunque he de reconocer la gran maestría y el esfuerzo desplegado en todos ellos. En La Demoiselle d'Ys un turista estadounidense en Francia tiene un extraño e inquietante viaje a un pasado medieval en el que se enamora de un dama que lleva más de mil años muerta. Escrito con una sencillez brillante, se convierte en un relato a medio camino entre la parodia medieval y el terror sobrenatural, la sátira romántica y la alegoría.  En El mensajero una historia de terror sobrenatural en base a una terrible maldición se convierte en una historia de redención en la que se habla de la importancia de comprender y compartir también los pesares de los demás seres humanos que nos rodean. El hacedor de nubes se inspira buenamente en las religiones chinas animistas anteriores al confucianismo, al budismo y al taoísmo y mezcla la dicotomía sueño/realidad con el tema del héroe como elegido en contra de su voluntad. La acción se sitúa en los fríos bosques canadienses donde un grupo de gentlemans se distraen  buscando a unos fabricantes ilegales de oro que habrían dado con la forma de crear oro puro a partir del agua. El último relato y el más breve de todos es La llave del dolor donde un condenado a muerte consigue escapar en su ejecutación, refugiándose en una isla poblada por tribus indígenas, dentro de las cuales consigue rehabilitarse y empezar una nueva vida, pero los crímenes no siempre quedan impunes y tarde o temprano Kent tendrá que responder por la gravedad de sus actos.

En definitiva, un conjunto de relatos adelantados a su época en los que se despliega una prosa cuidada y se gestiona la intriga y los elementos espeluznantes con gran brío, impidiendo que uno despegue la vista de las páginas del libro. Ideal para estas noches frías y oscuras, donde cada resalto fuera de la monotonía del silencio pondrá al lector en guardia. Altamente recomendable. Posiblemente una de las mejores lecturas de mi año. Tenéis más reseñas en Crónicas Literarias (donde ponen en relación los relatos de Chambers con la popular serie de televisión True Detective) y en Libros de Cíbola (aunque reseñan otra traducción en la que se incluyen sólo los cuatro textos vinculados al Rey de Amarillo).


domingo, 10 de diciembre de 2017

En el trineo de Schopenhauer, de Yasmina Reza



Ariel Chipman es un profesor de filosofía de la universidad que tras haber defendido la vida como necesidad sufre una crisis atroz tras algunos actos violentos cometidos por sus maestros Deleuze (quién se suicidó) y Althusser (que estranguló a su cónyuge con un trozo de cortina) que le llevan a una profunda depresión que su mujer Nadine es incapaz de comprender. Nadine piensa que los problemas de Ariel son todo invenciones y que para lo único para lo que le sirven es para amargarle la vida que con tanto esmero habría construido. Nadine piensa que si consigue que Ariel socialice, sus ideas tan pesimistas, así como su actitud comtemplativa y desdeñosa darán un vuelco que le llevarán a ser el de siempre, por lo que trata de convencer a Serge Othon Weil, un conocido de la pareja para que trate de ser su amigo. Othon Weil es a su vez un tipo insoportable por sus continuos devaneos en torno al funcionamiento de los mercados capitalistas con ese tinte rancio neoliberal que tanto rechaza Ariel. Aún así hay otro conocido de la pareja más exasperante con el que Nadine se plantea tener una aventura y mandar a freír espárragos al sieso e impasible de su marido. En medio de todo este fregado actúa la psicóloga de los tres, que los "escucha" y aporta su propia visión a la trama con ideas muy claras sobre el funcionamiento de las relaciones humanas y cómo en estas se ejercen poderes que superan barreras.

El relato largo, porque a novela no llega por mucho que Anagrama quiera estirar las páginas haciendo la letra más grande, tiene una particular estructura en la cual al lector se le muestran una serie de monólogos en los que unos personajes se dirigen a otros. Uno piensa al principio que son cartas, aunque la disposición de la narración de dichos monólogos no sólo no lo deja claro en ningún momento, sino que se aproxima más a las construcciones mentales de los discursos que a discursos propiamente dichos. De esta forma, no sabemos si lo que Ariel le quiere decir a Nadine se lo dice verdaderamente y aunque sí que podemos suponer que no se lo dice como nosotros lo leemos. Este detalle es muy particular y le aporta cierto misterio al texto, dándole un poco la sombra de la sospecha sobre la incomunicación en la que habitan estos personajes, cada cual reivindicándose como más incomprendido que el anterior. La visión de Yasmina Reza sobre la humanidad es bastante cruda y desalentadora y su exposición en este relato está bastante más trabajada de lo que podría parecer a simple vista. El único punto flojo que le encuentro es que las formas de pensar de los personajes (no confundir con su contenido) se halla bastante próxima y eso les impide desarrollar una personalidad mucho más creíble que podrían tener y que por este detalle no tienen. Reza es una reconocida dramaturga a nivel internacional, pero esto no explica que le salgan unos personajes tan guiñolescos. Por lo demás, se podría decir que el resto de la obra hace que merezca bastante la pena su lectura. 


domingo, 3 de diciembre de 2017

Desde el jardín, de Jerzy Kosinski



Mr. Chance ha trabajado durante toda su vida en el jardín del Anciano, un hombre de negocios jubilado que se habría encargado de velar por su existencia tras la muerte de su madre. Chance parece tener cierto retraso mental, aunque por lo demás es un joven apuesto y bien vestido, cuyas principales preocuapaciones y temas de conversación son su jardín y su televisor. Debido al impedimento psíquico de Chance, el Anciano decidió mantenerlo fuera de todo contacto con el mundo exterior, pero tras su muerte a Chance no le quedará más remedio que abandonar su hogar y buscar un refugio que le caiga del cielo. Es entonces cuando es atropellado por el chófer de EE, la joven y atractiva esposa de Benjamin Rand, el enfermo director de la Primera Compañía Financiera de Norteamérica. A modo de disculpa y juzgándolo por su apariencia (Chance se vestía con los trajes de su difunto "protector") EE piensa que está ante un importante hombre de negocios y, para curar el error de su subordinado, lo invita a su casa, donde recibirá tratamiento médico y todas las comodidades hasta que mejore. La fortuna de Chance da un giro de 180 grados y no parará de mejorar hasta que se convierta en el hombre más influyente del país. 

En este sentido, Desde el jardín es una jocosa novela muy próxima a Griego busca griega de Friedrich Dürrenmatt, pues en ambas tenemos como protagonistas a personajes marginales con pocas o nulas actitudes sociales, que parecen vivir en mundos completamente ajenos, y que, por lo que parecen azares del destino, sufren un ascenso inusitado dentro de la jerarquía social, alcanzando de la noche a la mañana un poder con el que jamás habían soñado y con el que no saben muy bien qué hacer. Se produce una carnavalización de los personajes principales, lo que trae de la mano mucho humor, pero también una importante crítica social, aunque seguramente ésta esté más presente en el libro del suizo que en el del polaco-estadounidense. Por otro lado, el libro tiene tintes muy próximos a las obras más y menos conocidas de F.S. Fitzgerald con todo lo bueno y todo lo malo que esto implica. La ambientación y el estilo cuidado de la prosa, con su atención a los diálogos, recuerda mucho a El curioso caso de Benjamin Button y un poco al El gran Gatsby. Sin embargo, también está presente ese tono rancio que algunas veces tiene Fitzgerald. Kosinski no para de recordarnos lo negros que son los criados, por ejemplo, y hay cierta escena en la cual uno no sabe bien si está hablando de la homosexualidad como si ésta fuera una terrible enfermedad. 

Lo cierto es que Kosinski fue en su vida todo un personaje, lleno de polémica y con una dudosa reputación acerca de lo que firmaba.  Desde el jardín, al igual que otras tantas de sus novelas, fue acusada de plagio. Lo cierto es que el esquema de historia que aquí se propone ha sido trabajado muchísimas veces y no es demasiado innovador, que digamos. Por otro lado, está el hecho de que su anterior novela El pájaro pintado no tiene absolutamente nada que ver con ésta a pesar de que fué escrita tan sólo seis años antes. El estilo, la temática y las ideas se sienten muy alejadas entre ambas novelas, como si no hubiera existido ningún tipo de evolución formal dentro de la mente del escritor, como si en lugar de dicha evolución fueran dos mentes diferentes las que los habrían compuesto. El pájaro pintado trabajaba la infancia desde un punto de vista grotesco, donde la violencia sádica y la sombra de las perturbaciones más malévolas se hallaban muy presentes, mientras que Desde el jardín sería una novela mucho más desenfadada que contiene, por supuesto, cierta crítica social al sistema consumista norteamericano y a las absurdas paranoias de la Guerra Fría, pero que se queda en lo superficial y que, solo de forma sutil, intenta introducir elementos algo más desagradables, que tampoco llegan a ser nada en comparación con el anterior. 

El caso es que lo haya escrito o no Kosinski, la novela tiene sus aciertos a fuerza de golpes de ingenio, lo cual se agradezco bastante después del último que reseñamos aquí. Kosinski crea una interesante metáfora entre la economía nacional y el cuidado de jardines domésticos que expresada por Chance hace que dicho personaje alcance el estrellato. Chance es un personaje que habla poco, porque tampoco es bueno comprendiendo lo que le dicen, pero que cuando oye algo que le recuerda a su jardín o a su televisor, dice lo primero que se le ocurre y como de pura suerte el contexto le dota de un sentido metafórico que hace que el otro interlocutor quede totalmente convencido y embelesado por las palabras del jardinero. Es un mecanismo que puede llegar a hartar, pero la novela tiene la medida justa para que esto no ocurra, manteniendo este tono cómico y desenfadado. Los capítulos finales son especialmente interesantes por su desfocalización directa del personaje, que nos lleva a una investigación sobre el propio Chance en la que nadie sabe muy bien quién es ni cómo ha llegado a la posición dónde está.
 
La novela no es ninguna maravilla, está bien entretenida, pero poco más. Lo cierto es que El pájaro pintado me gustó entusiasmó muy por encima de ésta, aunque seguramente si lo leyera con el bagaje que llevo ahora tampoco creo que estuviera tan convencido de su necesidad. Esta al menos divierte y no es explícitamente desagradable por el morbo, que era un poco el problema del que pecaba la otra.

Más reseñas de obras de Jerzy Kosinski en esta esquina: El pájaro pintado





miércoles, 29 de noviembre de 2017

Nosotros caminamos en sueños, de Patricio Pron




Un extraño grupo de soldados van a luchar a una guerra que no entienden en unas islas cuya ubicación geográfica desconocen frente a unos enemigos que ignoran para la gloria de una patria que les trae sin cuidado. Más tarde se nos aclara que son ingleses y que están en las Malvinas jugando a la guerra, aunque esta especificación tanto a Pron como a sus lectores debería darnos un poco lo mismo. La brigada está compuesta por nuestro narrador (un soldado más), el tiránico sargento Clemente S (al que le gusta amenazar con fusilar a todo el que le pise), el cínico intendente Morin (que solo mira por su bolsillo), los soldados O'Brien (incapaz de acatar una orden sin que se la justifiquen, porque lo que busca en la guerra es vengar la muerte de su padre y quien gane le da igual), Sorgenfrei (que cree que no le disparan a él porque algo así no tendría sentido), Moreira (que tiene la complicada misión de proteger al kamikaze de Sorgenfrei, ya que así se lo habría prometido a su esposa), el Capitán Mayor (que se dedica a degradar a todo el que le cae mal por ningún motivo aparente), el Capitán Principal (que se dedica a lamerle el culo al capitán anterior, aunque le sale el tiro por la culata la mayor parte de las veces) y así hasta completar un alucinado abanico de sujetos variopintos que a modo de parodia simbolizan la absurdez de la guerra y que esta está llevada a cabo y continuada por los más imbéciles y los menos empáticos seres humanos que caminan sobre la faz de la Tierra. Lo curioso es que está visión tan exagerada de los personajes es de dudosa credibilidad, ya que el narrador sufre un tiro en la cabeza y tras la extirpación de parte de su cerebro por un doctor (el doctor Doctor) que parece no tener licencia, ni anestesia, ni camillas, ni preocupación por la higiene, se queda bastante grillado.

La novela trata un tema muy polémico y muestra una visión muy tajante del mismo: la guerra como espacio de mercantilización donde las vidas de los soldados y los civiles no importan si con sus sacrificios unos pocos interesados que ostentan el poder pueden lucrarse económicamente. De ahí se entiende que el intendente Morin prostituya a menores para robarles los salarios a los soldados o que se vendan los combates como espactáculos donde pueden venir civiles sonrientes desde países remotos como Japón a pasar las vacaciones de verano echando fotos en primera línea. Morin lo deja claro en alguna ocasión: "esto no es el ejército, esto es una empresa capitalista de guerra", a lo que el narrador sólo podrá protestar y desde la impotencia afirmar lo inegable, que todo lo que ven y todo lo que pisan es una puta mierda. Encerrados en una trampa, en una mentira voraz, en una traición majestuosa, nadie tendrá la posibilidad de escapar de su triste y paradójico destino.

Nosotros caminamos en sueños es una novela bélica de Patricio Pron en clave de humor que constituye una reformulación de una historia anterior que él había titulado como la sabia reflexión de su narrador: Una puta mierda. Más allá de la calidad literaria creo que es bastante obvio que un libro que se llama Una puta mierda no hace un buen marketing de sí mismo. Mucho más hermoso y puede que hasta cursi se siente el moderno título de esta versión mejorada, según el autor, aunque no definitiva de la misma historia. De Pron había leído hace un par de años La vida interior de las plantas de interior y me quedé conquistado por esa facilidad para la frase larga y esa gestión de la ironía tan fluída que podría apreciar en aquellos relatos. A día de hoy lo sigo teniendo como libro de cabecera y de vez en cuando releo algunas de las historias que más me habían entusiasmado, entre las que destacaría Algo de nosotros quiere ser salvado y Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas. ¡Auténticas maravillas! Así que desde ese día siempre he querido volver a leer algo de Pron, aunque por unas cuestiones u otras nunca había podido. Con este Nosotros caminamos en sueños me desquito una espinita clavada, pero también me llevo un tremendo desencanto, porque su mensaje es muy necesario y como novela está entretenida, pero hasta cierto punto. El humor es muy repetitivo y por simplón acaba cansando demasiado pronto. Yo al menos me he quedado con la sensación de haber leído el mismo chiste en 120 páginas. Cincuenta o sesenta podrían haber tenido un pase, pero lo demás sobraba y mucho. Y al final remonta algo, aunque no lo suficiente como para dejarme un buen sabor de boca. Tenéis otra reseña en Culturamas, donde comparan al libro con auténticas obras maestras y alaban a Pron como si fuera el sucesor de Coetzee o Buzzati. Hay gente para todo.




domingo, 19 de noviembre de 2017

El Maestro del Juicio Final, de Leo Perutz





Nos situamos en la Viena de 1909, en uno de los últimos años del decadente Imperio Austrohúngaro, que se verá hecho añicos tras la Primera Guerra Mundial. Nuestro protagonista es el barón de Yosch, un comandante de caballería del ejército imperial que tras algunas batallas en las que ha salido victorioso goza de una importante posición social en la que cimienta toda su existencia, con su red de relaciones y su estilo de vida. Disfruta acudiendo al teatro y dando conciertos en las más altas cúpulas de la sociedad vienesa, pero cuando un conocido, el actor dramático Eugen Bischoff, se suicide en extrañas circunstancias, su imagen de honorable aristócrata y ejemplo de los justos se verá en un aprieto, ya que todas las pistas parecen apuntar a él: su cercanía a la escena del suceso, su extraño comportamiento buscando desquitarse lo más pronto posible del asunto, el hecho de que la prometida de Bischoff hubiera sido su única novia muchos años atrás y de la que todavía no se habría olvidado, que Bischoff a la hora de cometer el acto hubiera disparado dos balas, pero sólo una contra sí mismo, etc. Yosch se ve en la obligación de dar su palabra de honor y de aclarar las alucinadas circunstancias que rodean al suicidio de la estrella, el cual podría estar relacionado con otros que Eugen habría estado investigando por mera curiosidad y que lo habrían llevado hasta un misterioso personaje que conoce como el Maestro del Juicio Final.

Estamos ante una novela policíaca con tintes de la narrativa gótica decimonónica y de la neofantasía propia del mejor Kafka. No me extraña lo más mínimo que esta novela hubiera entusiasmado tanto al gran Jorge Luis Borges y es que en ella podemos apreciar muchísimos detalles del estilo del argentino. De hecho, la lectura que he realizado me ha recordado con mucha fuerza a al menos tres de los cuentos más famosos de este maestro de la escritura: "Tres veces Judas", "El jardin de los senderos que se bifurcan" y, sobre todo, "El sur". Perutz ofrece una historia llena de fantasía e intriga, consigue que nos la creamos y la desmiente luego con la misma fuerza, dejándonos con más dudas que una abuela haciendo la declaración de la renta. Esa misma capacidad maestra para rizar el rizo una y otra vez, manteniendo la intriga en todo momento, me ha recordado también mucho a un clásico en esta esquina: el señor Friedrich Dürrenmatt. Y es que al igual que él, Perutz se sirve de una trama detectivesca para mostrar una cuestión que va más allá y que roza lo filosófico y lo crítico, desmenuzando la intriga poco a poco como si fueran los gajos cuasinfinitos de una naranja. La ambientación, al mismo tiempo, es también sencillamente magistral y nos recuerda a esas películas americanas de detectives en blanco y negro de los años 50. En este libro hay mucho Kafka y mucho Borges, pero también Dürrenmatt y Graham Greene se sienten presentes. Aún así y con todo, el resultado no deja de ser sorprendente y original.

Las únicas pegas que podrían achacárseles son el ritmo un poco tedioso y lento que se aprecia en los primeros capítulos y que cuesta empatizar con unos personajes que se sienten algo arcaicos y tipificados. En las primeras páginas Perutz crea una atmósfera de cotidianeidad de la alta burguesía y la aristocracia de comienzos de siglo XX en la que tendremos que esperar quizás demasiadas conversaciones de salón hasta que ocurra algo verdaderamente interesante. Si bien esto sirve para crear la fachada del protagonista y entender que para él su posición es lo más importante en su vida, en mi opinión podría quedar igual de claro con muchas menos palabras y el exceso no deja de resultar molesto. Sin embargo, cuando en el capítulo nueve se rompe con todo este mundo de forma definitiva, la novela gana con creces y no hace más que ascender, por lo que le recomiendo al lector  que tenga paciencia para poder disfrutar de esta joya a medio camino entre lo fantástico y lo policial, entre lo terrorífico y lo filosófico, entre lo costumbrista y lo universal. Tenéis más reseñas de El maestro del juicio final en Un libro al día y en Libros de Cíbola. Sospecho que las traducciones que hemos leído son diferentes, pero hemos coincidido en lo principal, así que no le daré más importancia al detalle de la que tiene. 


martes, 14 de noviembre de 2017

La bicicleta de Sumji, de Amos Oz



Sumji es un chico judío de unos once años que vive en el protectorado de Palestina meses antes de que se forme el estado de Israel. Aunque nada va demasiado bien en su mundo, cuando su tío, un estraperlista alemán, le regala una bicicleta de chica nada volverá a ser lo mismo. En una sola noche tendrá una serie de experiencias que le harán consciente de lo efímero que son los objetos materiales y la compañía de determinadas personas en el largo transcurso de la vida. La bicicleta de Sumji es un relato largo de Oz en el que trabaja desde lo que empiezo a creer que es su zona de confort: la infancia como niño judío en el protectorado británico de Palestina. Si bien Una pantera en el sótano me pareció mucho más sólida que esta Bicicleta de Sumji creo que para lo poco que pesa (casi) merece la pena, aunque si no se lee tampoco pierde uno gran cosa. Quizás no tenemos la visión adulta sobre la infancia que tanto sorprendía en Una pantera ni las cuestiones políticas y éticas gozan de esa profundidad, pero el tema es otro y la forma de narrarlo es bastante humilde, lo cual se agradece. Algo tan sencillo como la búsqueda de la estabilidad de un niño y el descubrimiento de que nada es eterno. Quizás lo que más me ha llamado la atención es la mención al sargento Dunlop y a las clases de inglés-hebreo que mantiene con el protagonista. Muy posiblemente ese diálogo habría sido el germen de Una pantera en el sótano, que Oz escribiría casi veinte años después.

Reseñas de obras de Amos Oz en esta esquina: Una pantera en el sótano,


sábado, 11 de noviembre de 2017

Pálida luz en las colinas, de Kazuo Ishiguro



Cuando Keiko, una pianista japonesa afincada en Inglaterra, se suicida, su madre, Etsuko, no podrá evitar hacer repaso de sus errores, instigando en los recuerdos de su primer matrimonio en el Nagasaki postatómico de los años cincuenta y en sus primeras reflexiones sobre lo que implica la maternidad, provacadas por la extraña relación que guardaban entre sí sus vecinas, Sachiko, una burguesa caída en desgracia con la guerra y su extraña hija, Mariko. Los errores que llevaron a Keiko al suicidio pueden estar presentes en la curiosa forma de criar a los hijos que Etsuko habría adoptado de Sachiko, una madre egoísta y cruel, incapaz de hablar con su hija siendo esta aún una niña. 

Este vínculo le sirve a Ishiguro para llevarnos de viaje al Nagasaki que él vivió de niño, aquel que acababa de ser arrasado por las bombas y aceptaba a los vencedores estadounidenses como modelos de progreso. Los años 1950s es una etapa de cambios muy bruscos en un país como Japón, que sufre una fortísima occidentalización (hay quien habla de norteamericanización) dentro del modelo de vida cotidiano, como bien señalan varios escritores de la época: Tanizaki, Mishima, Kawabata, etc. Lo cierto es que el debate sigue abierto aún hoy, aunque con menos fuerza, y se hace inverosímil escribir un libro ambientado en este contexto que no subraye un problema que hasta cierto punto llevó a la división social del país entre los que querían abrirse al exterior y los que sentían sus tradiciones amenazadas. Ishiguro es un escritor inglés de ascendencia japonesa, no lo olvidemos, y en este libro al menos prima lo nipón sobre lo británico. La existencia de los personajes de Ogata-San y Shigeo Matsuda en la novela simplemente sirven de excusa para poder hablar abiertamente de esto, de como tras la guerra a muchos japoneses les cuesta demasiado no mirar con odio todo aquel pasado imbuido de gloria que les pintaron desde las escuelas. El tema de la manipulación ideológica de los jóvenes en el sistema académico estaba presente en este debate y es señalado con insistencia por Ishiguro y aunque no es un tema central de la novela, ni mucho menos, me gustaría señalarlo porque en estos días ha estado mucho en boga en la prensa de mi país.

Volviendo a la novela, hay que decir que la trama se centra en un duelo tan duro como es el de la muerte de una hija en un país extranjero, subrayando la idea de la huida del dolor constante, el conflicto irresoluble entre los seres humanos y el miedo a lo que vendrá después. Etsuko ha sido toda su vida una esposa, un ama de casa que se ha dedicado a cuidar del hogar y a criar a sus dos hijas en una sociedad donde el patriarcado y la represión hacia su género era un peso pesado. Su labor como mujer es estar callada, servir a su marido y no meterse en problemas, lo que se ve reflejado en numerosos momentos. Por ejemplo, en una de las converaciones que se transcriben de Jiro, el marido de Etsuko, y Ogata, su padre, el suegro de Etsuko se muestra manifiestamente en contra de que en una determinada casa la mujer haya votado a otro partido distinto al de su marido y justifica que él haya ejercido la violencia física hacia ella por ese gesto de opinión propia que considera un escándalo, a lo que Etsuko, criaturita ingenua y manipulable no puede evitar darle la razón. Etsuko es la narradora, pero su praxis, al igual que la de los personajes que la rodean y rodearon está llena de fallos, algunos más graves que otros, según quien los valore, y en este sentido podría ser señalada como una antihéroe en algunas ocasiones, y es que quizás uno no lo note si no agudiza mucho la vista, pero lo cierto es que Ishiguro crea, al menos aquí, personajes sorprendentemente humanos, a los que el lector no puede evitar juzgar, sintiendo un cierto grado de simpatía al mismo tiempo. Niki, por ejemplo, la menor de Etsuko, quiere hacer su vida en Londrés y podemos pensar que está en su derecho como mujer adulta, aunque peca de cierta irresponsabilidad y de una visión llena de incertidumbre en lo referente al medio y al largo plazo. Al mismo tiempo apreciamos sus ideas de la justicia y la redención, de la libertad y de la necesidad de vivir. 

Pálida luz en las colinas es también una novela con tintes muy marcados de las películas de horror asiáticas. Espeluznante es el comportamiento de la desvalida Mariko en ese mundo postatómico en reconstrucción, quien parece ser visitada de vez en cuando por una anciana que habría muerto años atrás y que quiere llevársela a su casa para "jugar". La idea de que un fantasma ronda a Mariko cuando su madre desaparece va cobrando más y más fuerza a lo largo de la novela, hasta que uno se espera una especie de encuentro entre Etsuko y el susodicho ente, pero -y esto es quizás desvelar mucho- por algún motivo este nunca se produce, e Ishiguro nos deja con un saco de espectativas rotas y de preguntas sin respuesta. Sólo podemos especular, formular hipótesis al respecto o ignorarlo, porque lo que durante más de tres cuartas partes del libro parece una cosa, luego resulta que es algo totalmente distinto a lo esperado y lo cierto es que no queda del todo mal, aunque, desgraciadamente, este no es el único punto de inconexión. Se muestra la vida de Etsuko en dos planos vitales, pero se omite concienzudamente el eslabón que los une y eso puede llegar a decepcionar mucho a algunos lectores. En algún momento la Etsuko de Nagasaki cambia de marido y se va a vivir a Inglaterra, donde tiene a su segunda hija, pero nada se aclara. Y así con una gran cantidad de tramas secundarias que no se llegan a cerrar de manera sólida.

En definitiva, Pálida luz en las colinas es una novela que puede gustar o no y que creo que depende demasiado del tipo de lector. A mí me ha gustado más de lo que me ha disgustado. El desarrollo de personajes, la atmósfera y las técnicas de la novela de terror me han convencido bastante, aunque el giro final y su brusquedad me han descolocado un poco y aún no tengo una idea clara de si goza de suficiente fuerza, aunque esté seguro de su originalidad, por lo que se lo recomiendo solo a aquellos lectores flexibles, acostumbrados a moverse en historias limítrofes. Quizás sea una novela con tantos puntos fuertes como flojos. Estoy un poco confuso.



jueves, 2 de noviembre de 2017

El encargo, de Friedrich Dürrenmatt



El reconocido psiquiatra danés Otto Von Lambert le encarga a una periodista suiza, la F., el esclarecimiento de algunos detalles que han tenido que ver con la mediática muerte de su esposa Tina, brutalmente asesinada y abandonada a su suerte junto a las ruinas religiosas de un país árabe. No sin vacilar, la F. acepta un encargo que le llevará a los secretos más profundos del exótico país y a de ella misma, convirtiéndose la búsqueda del otro en un encuentro con uno mismo con consecuencias irreversibles. El encargo trata de sacar lo más oculto que hay en cada ser humano, entendiendo a este como un animal movido por el interés y la egolatría, cuyo corazón está lleno de fango, dolor y ansias de herir al prójimo. 

Esta novela de Dürrenmatt es bastante diferente de la mayor parte de las que he leído y se siente más madura y lúdica. Consta sólo de veinticuatro frases, que como las horas de un día, nos va hundiendo lentamente en la incertidumbre de la noche. La historia está en tercera persona -focalizando en el personaje de F.-, pero Dürrenmatt se balancea con gran soltura dentro del estilo indirecto libre, entrando y saliendo de los pensamientos de los personajes a su antojo y, sin cerrar las frases, es capaz de dar una unidad, generar intriga, conseguir que el lector se recree en los detalles y en la musicalidad de las palabras (dentro de lo cual tiene también muchísimo mérito aquí el traductor, que, sin duda, se luce como nadie), sienta preocupación por el sino de la periodista y curiosidad por los extraños comportamientos de los hombres y mujeres que desfilan por las arenas cálidas del desierto que conformarán la atmósfera principal, magistral y esencial de la novela. 

El tema central de la historia no es común en Dürrenmatt (que yo sepa sólo había esbozado al respecto algunas ideas en El valle del caos), pero está expresado con la suficiente profundidad como para que tenga muchísimo peso por sí  mismo. El suizo pasa a exponernos una visión del mundo en el cual todo se basa en la observación y en hacer de policía del vecino, pues solo si nos ven somos y en el planeta Tierra al menos, con las cámaras de fotos y los satélites localizadores, es imposible que nadie no nos vea en algún momento haciendo cualquier cosa. Esta idea de la supervigilancia está ya bastante vista (Person of Interest, El show de Truman, etc.), pero la forma en la que está planteada y la época -aún en los años ochenta- le da un toque característico. Hay, al mismo tiempo en la visión de Dürrenmatt mucha metafísica, pues un mundo en el que se permiten atrocidades como las que van  a suceder en El encargo debe de haber sido necesariamente abandonado por Dios, quien observa más allá de la observación, tanto a observadores como a observados, entreteniéndose vacuamente, pudiendo intervenir, pero al mismo tiempo negándose a ello por no perder su cómoda cualidad de observador de observadores observados. Dios, si se confirma su existencia, se convertiría en el único observador que no sería observado y cuyos actos quedarían completamente al margen de la vida en el mundo. A lo largo de la novela, F. se siente observada por hombres que a su vez se observan los unos a los otros y, desde la sombra, mascan la tensión, tejen las redes necesarias y se mueven, perfectamente conscientes de saber donde están y qué hacen para imponer su supervivencia y sacar un beneficio, en la mayoría de los casos económico. 

Como ya hemos dicho, El encargo es un viaje de autoencuentro y en ese sentido puede comprenderse la gran cantidad de referencias que utiliza para rendir homenaje a la Odisea. La F. quiere encontrar en Tina a su Penélope, una chica que en el fondo es sumamente parecida a sí misma, y se tropieza con obstáculos que parecían estar allí sólo para cruzarse con ella dado el momento. Uno de los personajes llamado Polifemo encerrará a nuestra F. en su búnker, como si este fuera la famosa cueva del cíclope antropófago. La F. es uno de los pocos personajes que carece de un nombre claro y quizás se debe a que esta supresión intente emparentarla de alguna forma con Ulises, más conocido por Nemo ("nadie") que supo esquivar los ardides de Polifemo, quien trataba de devorarlo a él y a sus camaradas. Dürrenmatt también rinde culto a  la Ilíada, al mostrarnos de una forma voraz las artes de la guerra y el monótono canto de la muerte que se siente como una sentencia de la que nadie puede escapar.  Hay que decir que este interés por la cultura griega no es nuevo en Dürrenmatt, que ya habría recurrido a ella en su novela Griego busca griega y su relato La muerte de la Pitia.

Por otro lado, hay que señalar que la novela empieza con una cita de Kierkegaard, cuya enseñanza es vital para la comprensión de la misma:

"¿Qué ocurrirá? ¿Qué traerá el futuro? No lo sé ni intuyo nada. Cuando, desde un punto fijo, una araña se precipita hacia sus consecuencias, ve siempre ante sí un vacío en el que no encuentra lugar donde apoyarse, por más que patalee. A mí me ocurre lo mismo; ante mí hay siempre un espacio vacío; lo que me impulsa hacia delante es una consecuencia detrás de mí."
En El encargo, así como en la vida cotidiana, somos presas de nuestro pasado, del cual intentamos escapar muchas veces a toda costa, y, como una araña que se desliza hacia el vacío, nos movemos hacia la incertidumbre del futuro que nadie ha visto y del cual no podemos esperarnos nada. Son nuestras inquietudes las que nos mueven del pasado al futuro, en una carrera de fondo en la que no nos podemos parar a descansar y eso lo tienen muy claro los personajes de esta novela, que corren con el alma llena de balazos y el doble miedo de la vida, el del ayer y el del mañana. Una vez más, un trabajo altamente recomendable de este gran escritor suizo.

viernes, 27 de octubre de 2017

Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco



Un hombre lleno de nostalgia revisa su infancia con el dolor del recuerdo de su primer amor y el consecuente escándalo social que suposo este para él, su familia y toda la comunidad de la Colonia Roma, uno de los barrios más marginales entonces del Distrito Federal de México, sin poder llegar a responderse por qué estuvo mal un acto tan lleno de buenas intenciones, y es que con una sociedad tan moralmente cerrada y entrometida como el México de finales de los años cuarenta los deseos del protagonista, que era prácticamente un niño, por la madre de su mejor amigo, Jim, se trastocarían irremediablemente.  

Las batallas en el desierto es una novela breve, pero que retrata con una tristeza deliciosa el ambiente que la envuelve y el dilema que la engulle, dejándonos preguntas que a la mayoría no les gustaría contestar. Su narrador habla de calles míseras y personajes siniestros a la par que hipócritas. Habla sin tapujos de la generación que se crió después de la Segunda Guerra Mundial, donde en el México posrevolucionario (recién llegado Miguel Alemán al poder) los niños comunes y corrientes crecían sin juguetes, porque la preocupación principal había sido durante años la fabricación de armamento. Habla del miedo ante una muerte inminente por un desastre nuclear (Frases como "El símbolo de nuestro tiempo es el hongo atómico." aún resuenan poderosamente en mi cabeza.)  o un nuevo conflicto diplomático de proporciones internacionales como la primera guerra árabe-israelí. Habla de paz y esperanza en el mañana, pero sin creérselo. Habla de la universalidad de temas como el amor o la iniciación del deseo sexual. De la corrupción política y de la depravación de cierta clase de sacerdotes. Habla de la honorabilidad de las putas. Del desprecio injusticado hacia los que menos tienen por las clases más opulentas. De las condutas racistas que promueven los más ignorantes. De la incoherencia y la violencia enfermiza de los seguidores de la extrema derecha. Del cine de los cuarenta y de las novelas de Perry Mason. De lo difícil que es la pubertad y de todo lo que los adultos les exigimos a los adolescentes sin darnos cuenta. Habla de la maldad humana, pero también del amor y de como se rechaza a los que aman. Como si el amor fuera una enfermedad en este mundo ponzoñoso. Una joya escondida para los de fuera de México y que emociona desde la primera página hasta la última. No sigan perdiendo el tiempo aquí. Léanla. 

Por si no os he convencido ya de la brillantez de la novela, os dejo la reseña de Un libro al día, a quienes también les ha encantado.


domingo, 22 de octubre de 2017

La playa, de Cesare Pavese



He de avisar, ya que la edición no lo hace de ninguna forma, de que este libro no es ninguna novela, sino una recopilación de distintos relatos de Pavese, porque de lo contrario les puede ocurrir como mí y quedarse con la cara de pasmarote minuto y medio al acabar lo que viene siendo el primer relato. Advertidos todos, estos son los seis textos que aquí aparecen:

  • La playa: Es el relato más extenso y trabajado. Al igual que en los otros uno de los temas centrales es la envidia y la intrusión. Un profesor universitario de unos cuarenta años, sin mujer ni familia, coincide con un viejo amigo de la juventud, Doro, quien lo invita a pasar unos días en su nueva casa, próxima a una playa muy poco visitada. El profesor acepta, pero su orgullo le impide dormir en la vivienda del amigo, por lo que acaba alquilando una habitación en un hostal cercano. Doro parece tener la vida resuelta con su trabajo y su encantadora esposa Clelia, pero su falta de talento le impide ser feliz. Esto se debe a que las personas tendemos a ver siempre lo que nos falta y muchas veces olvidamos lo que tenemos. Tanto el profesor como un conjunto de personajes masculinos que van a ir apareciendo están de alguna forma enamorados de la sonriente Clelia y desean en su fuero interno que Doro y ella discutan para poder aprovechar la confusión y sacar de allí a la amada. Sin embargo, en el profesor el problema es aún mayor, ya que hasta cierto punto también guarda un especial cariño hacia su viejo amigo. Estamos ante un relato complejo, donde los personajes hablan entre ellos muy sutilmente y se nos muestra lo justo para especular. Lo problemático es el abuso de la inacción por parte de Pavese, que no para de dar vueltas para acabar no dirigiéndose a ninguna parte, y el abrupto final, que se siente inesperado y falto de fuerza.
  • El mar: Mucho más breve. Trata sobre un grupo de niños que se escapan de su aldea, aprovechando la confusión de un incendio cercano, para ir a ver el mar por primera vez. El narrador, al igual que ocurre con el personaje del relato anterior, siente una extraña tendencia a admirar y envidiar a su mejor amigo, Gosto, al que en algunos momentos parece que ama. Gosto es un héroe temerario y su solidaridad es incomprensible para el narrador, desconfiado por educación, con el cual tiene una discusión que los acabará distanciando. 
  • La ciudad: Es el relato en el que mejor se ve la dicotomía campo/ciudad de este conjunto, y aunque en los relatos ya había quedado señalada, esta dicotomía venía desprendida de otra (colinas/playa), aquí se hace patente con mucha más fuerza. Los personajes son jóvenes que han emigrado del entorno rural en el que se habían criado a la ciudad para poder estudiar. El protagonista nuevamente es un personaje tímido y cohibido cuyo mejor amigo, Gallo, es una cabra loca, envalentonado y con poco seso en la mollera. A partir de este relato el tema sexual será mucho menos sútil, lo cual me parece un apunte esencial, ya que todos los textos cuentan con cierta carga erótica tanto heterosexual como homosexual.
  • La chaqueta de cuero: Un joven se ha criado ayudando a un viejo barquero, Ceresa, proyectando sobre él y su chaqueta de cuero una especie de admiración, pero una vez ha crecido lo suficiente, no le dejara sustituirle, motivándole para que estudie algo de provecho, aunque el amor del chico por su trabajo acaba siendo mayor de lo esperado.
  • Primer amor: Trata sobre la iniciación en el amor y en el sexo del joven protagonista, luchando sobre todo contra la despreocupada conducta de Nino, su mejor amigo, un bravucón por el cual siente la ya mencionada dicotomía envidia/admiración/atracción. En el relato Nino y el protagonista deben de vigilar que no venga el novio de la amante de Bruno y tocar el cláxon si se aproximara. La chulería de Nino le lleva a ganarse una paliza y la enemistad de Bruno, que el protagonista se verá luego en la necesidad de solventar. 
  • Historia íntima: En mi opinión, es el mejor relato con diferencia. Goza de un alto nivel de lirismo y se puede decir que en sí mismo merece mucho la pena. Trata sobre un niño que pierde a su padre y se ve en la situación de ser educado por la joven amante de este. Destaca de él sobre todo la teluridad y la emoción puesta en el discurso. Tanto por su temática como por su técnica se siente diferente de los anteriores, que, como ya hemos visto, son bastante homogéneos.
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 En general no es un mal libro, aunque la lectura se vuelve algo difícil, quizás por la traducción y la sensación tan regional que empapa las atmósferas de los textos. Ya leí de Pavese hace algunos años El diablo sobre las colinas y guardaba un buen recuerdo de él. Pavese tiene una capacidad para hacerte ver las cosas más cotidianas del mundo como entes extraños. Estos relatos reflejan parcelas de la realidad desde un punto de vista más complejo y rebuscado, que muchos preferirían no mirar. Por eso, a pesar de que no me ha terminado de gustar del todo y que me ha parecido entre otras cosas demasiado reiterativo, he de admitir que La playa es una recopilación de cuentos bastante valiosa y, como mínimo, sugerente. 




martes, 17 de octubre de 2017

El señor Nakano y las mujeres, de Hiromi Kawakami




Hitomi es una joven japonesa que trabaja en una prendería (tienda de objetos de segunda mano) para el excéntrico señor Nakano, un hombre viejo al que le pierden las mujeres y que mantiene varias relaciones extramatrimoniales, y su hermana Masayo, que se dedica a la artesanía de las muñecas y al chismorreo. Para ellos trabaja también el joven Takeo, un chico tímido, atractivo, pero sin aparentes ganas de vivir, del cual Hitomi se enamora inexplicablemente. La novela de Kawakami nos narra el día a día dentro de la prendería, mostrándonos una gran diversidad de historias relacionadas con los objetos más inusuales que van aterrizando allí al tiempo que la relación entre Hitomi y Takeo se desarrolla con sus éxitos y sus reveses. 

Kawakami aquí pone muchísimo su atención en los objetos y en lo maravilloso de estos, que pasan de ser meros elementos materiales y utilitarios a convertirse en símbolos, llegando a expresar lo que los personajes tienen dentro y no son capaz de sacar por sí mismos. Se podría decir que los objetos se vuelven así catárquicos, pero sólo serviría para escusar la falta de dedicación o la poca maestría a la hora de pincelar unos personajes planos, que se esfumarán de la mente del lector varios días después de ingerida la novela. Y es que, a lo mejor soy yo, pero no encuentro la motivación de ningún personaje en El señor Nakano y las mujeres. Kawakami tiene que recurrir a diversas marcas en el habla para identificarlos -como el pues eso del señor Nakano-, pero aún así la personalidad que adquieren es bastante pobre y no es raro encontrarlos haciendo cosas inesperadas y sacadas de contexto para que la escritora pueda situarlos en el lugar que mejor le convenga para su trama. El escritor es siempre quien dirige la trama hacia un cauce u otro, pero debe ante todo ocultar su artificialidad para no resultar forzado en ningún momento -a no ser que haga una parodia, lo que no ocurre aquí ni remotamente-, porque en el instante en el que el lector descubra su truco deja de creer en lo que lee, y esto no deja de ser muy peligroso, ya que crece la posibilidad de que abandonen tu relato y este en concreto si no lo he abandonado ha sido por cabezonería y puramente por cabezonería, porque se siente forzado hasta la médula.

Además, la cuestión de que es una novela sentimental que se basa en el concepto romántico del amor adscrito a una sociedad heteropatriarcal donde perviven ideas conservadoras de posesión entre hombres y mujeres tampoco ayuda demasiado. Los personajes de Kawakami sólo entienden el amor dentro de la monogamia, coartando la libertad de los miembros de la pareja hasta el punto de que alguien como Nakano es tachado como un imbécil por verse obligado a mentirle a su esposa para poder disfrutar parte de su única vida con otra mujer a la que también ama, Sakiko. La relación entre Nakano y Sakiko no es seria y no puede serla, pero la de Hitomi y Takeo debe triunfar porque en ella se hallaría la fogosidad juvenil y la inocencia, o debería si Takeo tuviera algo de espíritu y no contestara a la mitad de frases con monosílabos. Porque Takeo se vuelve un personaje impenetrable, y es que parece que no tiene nada que decir. Se siente como puesto allí a dedo para complementar algo al personaje de Hitomi y permitirle experimentar el amor y la iniciación en el sexo, pero no cumple ninguna otra función. Sin embargo, están destinados a acabar juntos y debe de ser precioso. Si esto lo hubieran escrito hace décadas tendría un pase, pero en pleno siglo XXI este tipo de historias las hemos visto ya ochenta mil veces.

Excesivamente trillado y sin ninguna gracia El señor Nakano y las mujeres pasa sin pena ni gloria entre mis lecturas de este año. El único punto interesante que le veo es un juego que hace a nivel narrativo, insertando pequeños saltos temporales que rompen con la linealidad del discurso, y que le aportan mucho dinamismo, integrando muy bien la narración. Todo lo demás es simple, manido, arcaico, melindroso, ridículo... Tenéis más reseñas en Koratai (donde son un poco más suaves que un servidor) y en La Tormenta en un Vaso (a los que les ha entusiasmado la parsimonia de la novela).



viernes, 13 de octubre de 2017

Una pantera en el sótano, de Amos Oz




Jerusalem, 1947. Profi es un niño judío hijo de padres inmigrantes que se han asentado en la ciudad santa con la promesa de los Aliados de que la creación de un estado hebreo es inminente. Sin embargo, la retirada de las tropas inglesas del Protectorado de Palestina está tardando más de lo esperado, lo que lleva a los judíos allí afincados a organizarse en pequeños grupos de guerrillas que se dedican a sabotear al ejército inglés en la medida de lo posible. Como si no fuera suficiente el problema, los árabes autóctonos de la región ven amenazadas sus tierras y sus vidas, por lo que asistimos a un conflicto triple. En medio de todo este berenjenal, Profi crea con sus amigos un equipo de resistencia hebreo. Sin embargo, cuando en su vida aparece el joven sargento Dunlop la trama se tuerce, los prejuicios comienzan a desaparecer y los pilares patrióticos se resquebrajan hasta el punto de ser acusado de traición por sus amigos, familiares y camaradas.

La historia es narrada por el propio Profi, pero muchos años después, por lo que el retorno a los hechos de la infancia del narrador no se produce desde la fingida inocencia del niño, sino desde la madurez del adulto. Esto le permite implementar diversos saltos temporales, así como introducir reflexiones más sesudas y justificar, reorganizar y suprimir algunos actos que habría realizado como niño, dándonos la impresión de que el Profi niño era mucho más sensato e inteligente de lo que posiblemente habría sido. Este juego de edad que fuerza el narrador funciona muy bien dentro de la novela porque rompe con la figura típica del narrador infantil, anclado a una sintaxis y a una temática no demasiado elaborada para resultar verosímil, y que puede gustar un rato, pero que pasado determinado número de páginas se vuelve irremediablemente tedioso para cualquiera.

Amos Oz coje y desarrolla la tradición hebreica del Antiguo Testamento y, mediante la cita constante, intenta trasladar sus enseñanzas a las situaciones de la vida que le toca vivir al pequeño Profi, "un judío de la tierra de Israel" que, gracias al discurso paterno, siente el deber de protegerse a sí mismo y a los suyos de los invasores de la pérfida Albión, como ya se habrían protegido los judíos de todas las invasiones históricas que les tocaron. Sin embargo, cuando descubra que existen personas honorables en ambos bandos Profi se alejará del cómodo margen del prejuicio y entrará de pleno en  el dilema del patriotismo, sintiendo como sus ideas se desmoronan dentro de él y le hacen sentir culpable. Para él y para sus allegados se convertirá en un traidor por aproximarse al enemigo. Él lo justificará creando la fantasía de que en realidad sus conversaciones con Dunlop pueden servir como prácticas de espionaje para obtener información, lo que le llevará a sentirse traidor nuevamente para con el sargento, que lo trata con un respeto y un cariño al que no está acostumbrado. Convertido así en un doble traidor, Profi entiende que sus traiciones resultarán las experiencias más enriquecedoras que podría tener, pues estudiando diferentes perspectivas del mundo podrá elegir como construir su propio camino, entendiendo que éste va mucho más allá que la ideología adscrita a cualquier concepto de patria. En este sentido la novela de Oz constituye un ataque elaborado y sútil al patriotismo, otorgando más importancia a la vida de los individuos que a las diferencias étnicas, idiomáticas y territoriales. Persiste la identidad y la integridad como persona individual sobre la pertenencia a un grupo u otro, una cuestión que a algunos les parecerá obvia, pero a otros no tanto. Otros temas e ideas presentes en Una pantera en el sótano y que casi me voy a limitar a mencionar por falta de tiempo son: el amor por los libros, la primeras inquietudes sexuales de la pubertad, las películas hollywoodienses de los 1940s y su universo de actores y actrices todavía en blanco y negro, el despotismo fascista -que puede apreciarse en el discurso de Yardena sobre los mecanismos de su hermano para manipular a sus amigos-, el deber de prestar ayuda a cualquier ser humano, la capacidad para perdonar grandes afrentas y así vivir en paz con uno mismo, etc.

En definitiva, un libro bastante recomendable sobre todo por las ideas presentes en él -muy a flor de piel ahora con todo el barullo mediático de Cataluña y la democracia española- y alguna que otra escena especialmente enternecedora que empatiza excelentemente con el lector y que le da muchísima fuerza. Los personajes están bastante bien construidos y se sienten simbólicamente muy vivos. El nivel intertextual es también una maravilla, con una complejidad camuflada que consigue que puedas leerlo sin problemas si ignoras las referencias, pero que te aportará mucho más si vuelves a él una vez las tengas. Podéis encontrar más reseñas en Un libro al día (a quienes agradezco haberme descubierto el libro) y en La brújula literaria (de una brillante lucidez, si se me permite decirlo).





viernes, 6 de octubre de 2017

El olor a sangre humana no se me quita de los ojos, de Franck Maubert





Librito diminuto sobre el pintor irlandés Francis Bacon. Lo escribe un tal Franck Maubert, que parece que es experto en cuestiones pictóricas y ha publicado en francés una cantidad considerable de trabajos sobre muchos grandes nombres de la disciplina. El libro está dividido en tres.

  1. Conversaciones de Maubert con Bacon

La parte más interesante y entretenida. Prácticamente hablan de todo. Bueno, de todo lo que se puede hablar en una tarde entre gintonic y gintonic: otros artistas, el dolor humano, la decoración de interiores, la homosexualidad, de por qué la poesía mola más que la música, de Esquilo, Shakespeare, Paris, etc.. Aunque muchos de los temas me interesan más bien poco, la supuesta transcripción de lo hablado que hace Maubert se muestra muy viva y humana. Nos acerca de primera mano a los complejos pensamientos –algunos contradictorios- de un artista con el calibre de Bacon, mientras que al mismo tiempo se nos abre la propia personalidad de Maubert como admirador del artista.

     2. Comparaciones entre Francis Bacon y Francis Bacon


Algo menos divertido que la parte anterior, porque Francis Bacon ya no está para contarnos chistes. Sin embargo, aporta datos interesantes para entender la obra del pintor, aunque la mayor parte de las parrafadas filosóficas no las termino de encontrar justificadas. Se intenta crear una conexión maravillosa entre dos intelectuales que se llaman igual y se recurre a elementos muy concretos de ambos. Este tipo de conexiones y esperanza pseudoreligiosa de la reencarnación de las ideas de uno en la mente del otro por llamarse exactamente igual funciona muy bien en la ficción, pero cuando se quiere extraer de ahí la mayoría de veces se acaba en saco roto. Quizás Maubert quería darle un toque literario a su librito sobre Bacon, pero creo que hay mil formas mejores.

          3. Datos biográficos del pintor

Algo más extensa que la página de Wikipedia, pero no sé, visto lo anterior, esperaba algo más, algo distinto, sobre todo porque el libro ya es exageradamente breve como para valer lo que vale.

Y ahora la pregunta que todos se hacen: ¿interesante o no? Yo creo que te tiene que gustar mucho la pintura y mucho Francis Bacon como para que te merezca la pena comprar este libro. Si no sientes esa pasión de inicio, hay mil libros mejores que puedes comprar antes. Ahora si lo puedes leer de prestado, dicen que todo suma.Tenéis otra reseña en Devaneos, donde parece que sí que han disfrutado más con esta lectura.