jueves, 14 de diciembre de 2017

El rey de amarillo, de Robert William Chambers





Valdemar recoge en El Rey de Amarillo nueve relatos de terror gótico/cósmico del poco conocido escritor estadounidense Robert William Chambers, que se destacó sobre todo por retomar un tema de otro autor clásico dentro de su género: la infernal ciudad de Carcosa de Ambrose Bierce. La selección de relatos que hace Valdemar incluye los siguientes:

  • El signo de amarillo
  • El reparador de reputaciones
  • Le Demoiselle d'Ys
  • La máscara
  • En la corte del dragón
  • El hacedor de nubes
  • Una agradable velada
  • El mensajero
  • La llave del dolor
Los cinco primeros provienen del mismo volumen y, salvo Le Demoiselle d'Ys, todos giran en torno al misterioso libro maldito de El Rey de Amarillo. Éste parece ser una obra de teatro dividida en dos actos, aunque ambos se centran en la subterránea Carcosa, el primer acto, totalmente inofensivo, existiría sólo para advertir a los curiosos del peligro que conlleva leer el segundo. A lo largo de estos cuatro relatos el libro se nos muestra de forma tangencial y, aunque nunca lo podremos leer ni saber qué pone en él exactamente, Chambers sí que nos proporciona un poema y algunos fragmentillos más que junto con las opiniones de los personajes nos servirán para despejar algunas dudas que nos puedan surgir, así como entender que dentro de su universo sea un libro tan temido. En El signo de amarillo el libro maldito se nos presenta al alcance de un pintor y su musa, quienes tras leerlo tienen extrañas pesadillas relacionadas con el entierro prematuro de uno de ellos llevado a cabo por el pálido y hostil sereno de la iglesia del barrio. En La máscara un escultor ha creado un líquido con el que poder convertir a cualquier ser vivo en mármol,  lo que hace que una de las bañeras de su casa se convierta en un auténtico matadero. Aquí El Rey de Amarillo aparece sólo laterlamente, pero es suficiente como para inquietar a nuestro narrador, amigo del escultor, y a persuadirlo de abandonar el país. En la corte del dragón es un relato más vinculado con este Rey de Amarillo y nos narra como uno de los numerosos lectores intenta escapar de la muerte, que literalmente lo persigue por las calles.

El reparador de reputaciones merece un trato a parte, constituyendo uno de los relatos más originales y extraños de todo el repertorio. En él la acción se sitúa en un imaginario 1920, que recrea el universo de Chambers en el que El Rey de Amarillo se habría distribuido a los cinco continentes y en el que los gobiernos habrían tenido que tomar medidas para la prohibición de su lectura, ya que habría quedado demostrado que llevaba a los estudiosos a la locura, desarrollando en ellos la violencia contra los demás y contra sí mismos. En los Estados Unidos se habrían implantado una serie de edificios en los que los lectores de El Rey de Amarillo podrían refugiarse si alguien anticipaba que podrían llegar a cometer auténticas salvajadas. En medio de todo este fregado, Hildred lee, por influencia de Wilson, el terrible libro y esto le lleva a creer que su primo es heredero de la ciudad de Carcosa y que él es el segundo en la línea de sucesión. Con todo esto saca provecho un ladino Wilson, cuyo trabajo consistiría en reparar las reputaciones de aquellos que habrían leído el libro y que por ello habrían pecado de imprudentes.

"-Quisiera que estuvieran encuadernados en oro -dije-. Pero espera, sí, hay otro libro, El Rey de Amarillo.
Lo miré, fijamente a los ojos.
-¿No lo has leído? -pregunté.
-¿Yo? ¡No, gracias a Dios! No quiero volverme loco.
Vi que lamentó lo que había dicho no bien acababa de hacerlo. Hay solo una palabra que detesto más que lunático, y esa palabra es loco. Pero me controlé y le pregunté por qué consideraba peligroso El Rey de Amarillo.
-Oh, no lo sé -dijo deprisa-. Solo recuerdo la excitación que produjo y las condenas del púlpito y la prensa. Creo que el autor se disparó un tiro después de dar a luz semejante monstruosidad, ¿no es así?
-Entiendo que todavía vive -le respondí.
-Eso es probablemente cierto -musitó-; las balas nada podrían contra un demonio de esa especie.
-Es un libro de grandes verdades -dije.
-Sí -replicó-, de "verdades" que enloquecen a los hombres y arruinan sus vidas. No me importa que el libro sea, como dicen, la misma esencia suprema del arte. Es un crimen haberlo escrito y por mi parte jamás abriré sus páginas."
(Del Reparador de reputaciones)

El elemento metaliterario está muy bien introducido y se va construyendo a medida que pasa cada relato, hasta que se forma toda una mitología en torno a Carcosa, a la blancura de su lago Hali y a las estrellas negros que lo sobrevuelan. Es realmente sorprendente como Chambers se adelante mucho a su época y nos propone un esquema de textos que se engarzan de una forma más propia de las vanguardias de entreguerras que de los últimos coletazos del siglo XIX. Es un hecho que su prosa influyó en Lovecraft, responsable también de otra mitología que gira también en torno a un libro maldito, el Necronomicón, y seguramente también en otras obras menos conocidas como El maestro del Juicio Final  de Leo Perutz que comentábamos hace algunas semanas. Chambers crea un misticismo verdaderamente ecléptico que combina con muchas imágenes aún escalofriantes, a pesar de todo lo que ha llovido desde que estos escritos salieron a la luz. Se respira en su estilo una ambigüedad que incomoda a la vez que capta poderosamente la atención del lector.

Los otros relatos quedan fuera del entramado cósmico del tándem Chambers-Bierce, pero le dejan a uno de igual manera los vellos de punta. De entre todos Una agradable velada es, quizás el que menos me ha entusiasmado, aunque he de reconocer la gran maestría y el esfuerzo desplegado en todos ellos. En La Demoiselle d'Ys un turista estadounidense en Francia tiene un extraño e inquietante viaje a un pasado medieval en el que se enamora de un dama que lleva más de mil años muerta. Escrito con una sencillez brillante, se convierte en un relato a medio camino entre la parodia medieval y el terror sobrenatural, la sátira romántica y la alegoría.  En El mensajero una historia de terror sobrenatural en base a una terrible maldición se convierte en una historia de redención en la que se habla de la importancia de comprender y compartir también los pesares de los demás seres humanos que nos rodean. El hacedor de nubes se inspira buenamente en las religiones chinas animistas anteriores al confucianismo, al budismo y al taoísmo y mezcla la dicotomía sueño/realidad con el tema del héroe como elegido en contra de su voluntad. La acción se sitúa en los fríos bosques canadienses donde un grupo de gentlemans se distraen  buscando a unos fabricantes ilegales de oro que habrían dado con la forma de crear oro puro a partir del agua. El último relato y el más breve de todos es La llave del dolor donde un condenado a muerte consigue escapar en su ejecutación, refugiándose en una isla poblada por tribus indígenas, dentro de las cuales consigue rehabilitarse y empezar una nueva vida, pero los crímenes no siempre quedan impunes y tarde o temprano Kent tendrá que responder por la gravedad de sus actos.

En definitiva, un conjunto de relatos adelantados a su época en los que se despliega una prosa cuidada y se gestiona la intriga y los elementos espeluznantes con gran brío, impidiendo que uno despegue la vista de las páginas del libro. Ideal para estas noches frías y oscuras, donde cada resalto fuera de la monotonía del silencio pondrá al lector en guardia. Altamente recomendable. Posiblemente una de las mejores lecturas de mi año. Tenéis más reseñas en Crónicas Literarias (donde ponen en relación los relatos de Chambers con la popular serie de televisión True Detective) y en Libros de Cíbola (aunque reseñan otra traducción en la que se incluyen sólo los cuatro textos vinculados al Rey de Amarillo).


domingo, 10 de diciembre de 2017

En el trineo de Schopenhauer, de Yasmina Reza



Ariel Chipman es un profesor de filosofía de la universidad que tras haber defendido la vida como necesidad sufre una crisis atroz tras algunos actos violentos cometidos por sus maestros Deleuze (quién se suicidó) y Althusser (que estranguló a su cónyuge con un trozo de cortina) que le llevan a una profunda depresión que su mujer Nadine es incapaz de comprender. Nadine piensa que los problemas de Ariel son todo invenciones y que para lo único para lo que le sirven es para amargarle la vida que con tanto esmero habría construido. Nadine piensa que si consigue que Ariel socialice, sus ideas tan pesimistas, así como su actitud comtemplativa y desdeñosa darán un vuelco que le llevarán a ser el de siempre, por lo que trata de convencer a Serge Othon Weil, un conocido de la pareja para que trate de ser su amigo. Othon Weil es a su vez un tipo insoportable por sus continuos devaneos en torno al funcionamiento de los mercados capitalistas con ese tinte rancio neoliberal que tanto rechaza Ariel. Aún así hay otro conocido de la pareja más exasperante con el que Nadine se plantea tener una aventura y mandar a freír espárragos al sieso e impasible de su marido. En medio de todo este fregado actúa la psicóloga de los tres, que los "escucha" y aporta su propia visión a la trama con ideas muy claras sobre el funcionamiento de las relaciones humanas y cómo en estas se ejercen poderes que superan barreras.

El relato largo, porque a novela no llega por mucho que Anagrama quiera estirar las páginas haciendo la letra más grande, tiene una particular estructura en la cual al lector se le muestran una serie de monólogos en los que unos personajes se dirigen a otros. Uno piensa al principio que son cartas, aunque la disposición de la narración de dichos monólogos no sólo no lo deja claro en ningún momento, sino que se aproxima más a las construcciones mentales de los discursos que a discursos propiamente dichos. De esta forma, no sabemos si lo que Ariel le quiere decir a Nadine se lo dice verdaderamente y aunque sí que podemos suponer que no se lo dice como nosotros lo leemos. Este detalle es muy particular y le aporta cierto misterio al texto, dándole un poco la sombra de la sospecha sobre la incomunicación en la que habitan estos personajes, cada cual reivindicándose como más incomprendido que el anterior. La visión de Yasmina Reza sobre la humanidad es bastante cruda y desalentadora y su exposición en este relato está bastante más trabajada de lo que podría parecer a simple vista. El único punto flojo que le encuentro es que las formas de pensar de los personajes (no confundir con su contenido) se halla bastante próxima y eso les impide desarrollar una personalidad mucho más creíble que podrían tener y que por este detalle no tienen. Reza es una reconocida dramaturga a nivel internacional, pero esto no explica que le salgan unos personajes tan guiñolescos. Por lo demás, se podría decir que el resto de la obra hace que merezca bastante la pena su lectura. 


domingo, 3 de diciembre de 2017

Desde el jardín, de Jerzy Kosinski



Mr. Chance ha trabajado durante toda su vida en el jardín del Anciano, un hombre de negocios jubilado que se habría encargado de velar por su existencia tras la muerte de su madre. Chance parece tener cierto retraso mental, aunque por lo demás es un joven apuesto y bien vestido, cuyas principales preocuapaciones y temas de conversación son su jardín y su televisor. Debido al impedimento psíquico de Chance, el Anciano decidió mantenerlo fuera de todo contacto con el mundo exterior, pero tras su muerte a Chance no le quedará más remedio que abandonar su hogar y buscar un refugio que le caiga del cielo. Es entonces cuando es atropellado por el chófer de EE, la joven y atractiva esposa de Benjamin Rand, el enfermo director de la Primera Compañía Financiera de Norteamérica. A modo de disculpa y juzgándolo por su apariencia (Chance se vestía con los trajes de su difunto "protector") EE piensa que está ante un importante hombre de negocios y, para curar el error de su subordinado, lo invita a su casa, donde recibirá tratamiento médico y todas las comodidades hasta que mejore. La fortuna de Chance da un giro de 180 grados y no parará de mejorar hasta que se convierta en el hombre más influyente del país. 

En este sentido, Desde el jardín es una jocosa novela muy próxima a Griego busca griega de Friedrich Dürrenmatt, pues en ambas tenemos como protagonistas a personajes marginales con pocas o nulas actitudes sociales, que parecen vivir en mundos completamente ajenos, y que, por lo que parecen azares del destino, sufren un ascenso inusitado dentro de la jerarquía social, alcanzando de la noche a la mañana un poder con el que jamás habían soñado y con el que no saben muy bien qué hacer. Se produce una carnavalización de los personajes principales, lo que trae de la mano mucho humor, pero también una importante crítica social, aunque seguramente ésta esté más presente en el libro del suizo que en el del polaco-estadounidense. Por otro lado, el libro tiene tintes muy próximos a las obras más y menos conocidas de F.S. Fitzgerald con todo lo bueno y todo lo malo que esto implica. La ambientación y el estilo cuidado de la prosa, con su atención a los diálogos, recuerda mucho a El curioso caso de Benjamin Button y un poco al El gran Gatsby. Sin embargo, también está presente ese tono rancio que algunas veces tiene Fitzgerald. Kosinski no para de recordarnos lo negros que son los criados, por ejemplo, y hay cierta escena en la cual uno no sabe bien si está hablando de la homosexualidad como si ésta fuera una terrible enfermedad. 

Lo cierto es que Kosinski fue en su vida todo un personaje, lleno de polémica y con una dudosa reputación acerca de lo que firmaba.  Desde el jardín, al igual que otras tantas de sus novelas, fue acusada de plagio. Lo cierto es que el esquema de historia que aquí se propone ha sido trabajado muchísimas veces y no es demasiado innovador, que digamos. Por otro lado, está el hecho de que su anterior novela El pájaro pintado no tiene absolutamente nada que ver con ésta a pesar de que fué escrita tan sólo seis años antes. El estilo, la temática y las ideas se sienten muy alejadas entre ambas novelas, como si no hubiera existido ningún tipo de evolución formal dentro de la mente del escritor, como si en lugar de dicha evolución fueran dos mentes diferentes las que los habrían compuesto. El pájaro pintado trabajaba la infancia desde un punto de vista grotesco, donde la violencia sádica y la sombra de las perturbaciones más malévolas se hallaban muy presentes, mientras que Desde el jardín sería una novela mucho más desenfadada que contiene, por supuesto, cierta crítica social al sistema consumista norteamericano y a las absurdas paranoias de la Guerra Fría, pero que se queda en lo superficial y que, solo de forma sutil, intenta introducir elementos algo más desagradables, que tampoco llegan a ser nada en comparación con el anterior. 

El caso es que lo haya escrito o no Kosinski, la novela tiene sus aciertos a fuerza de golpes de ingenio, lo cual se agradezco bastante después del último que reseñamos aquí. Kosinski crea una interesante metáfora entre la economía nacional y el cuidado de jardines domésticos que expresada por Chance hace que dicho personaje alcance el estrellato. Chance es un personaje que habla poco, porque tampoco es bueno comprendiendo lo que le dicen, pero que cuando oye algo que le recuerda a su jardín o a su televisor, dice lo primero que se le ocurre y como de pura suerte el contexto le dota de un sentido metafórico que hace que el otro interlocutor quede totalmente convencido y embelesado por las palabras del jardinero. Es un mecanismo que puede llegar a hartar, pero la novela tiene la medida justa para que esto no ocurra, manteniendo este tono cómico y desenfadado. Los capítulos finales son especialmente interesantes por su desfocalización directa del personaje, que nos lleva a una investigación sobre el propio Chance en la que nadie sabe muy bien quién es ni cómo ha llegado a la posición dónde está.
 
La novela no es ninguna maravilla, está bien entretenida, pero poco más. Lo cierto es que El pájaro pintado me gustó entusiasmó muy por encima de ésta, aunque seguramente si lo leyera con el bagaje que llevo ahora tampoco creo que estuviera tan convencido de su necesidad. Esta al menos divierte y no es explícitamente desagradable por el morbo, que era un poco el problema del que pecaba la otra.

Más reseñas de obras de Jerzy Kosinski en esta esquina: El pájaro pintado





miércoles, 29 de noviembre de 2017

Nosotros caminamos en sueños, de Patricio Pron




Un extraño grupo de soldados van a luchar a una guerra que no entienden en unas islas cuya ubicación geográfica desconocen frente a unos enemigos que ignoran para la gloria de una patria que les trae sin cuidado. Más tarde se nos aclara que son ingleses y que están en las Malvinas jugando a la guerra, aunque esta especificación tanto a Pron como a sus lectores debería darnos un poco lo mismo. La brigada está compuesta por nuestro narrador (un soldado más), el tiránico sargento Clemente S (al que le gusta amenazar con fusilar a todo el que le pise), el cínico intendente Morin (que solo mira por su bolsillo), los soldados O'Brien (incapaz de acatar una orden sin que se la justifiquen, porque lo que busca en la guerra es vengar la muerte de su padre y quien gane le da igual), Sorgenfrei (que cree que no le disparan a él porque algo así no tendría sentido), Moreira (que tiene la complicada misión de proteger al kamikaze de Sorgenfrei, ya que así se lo habría prometido a su esposa), el Capitán Mayor (que se dedica a degradar a todo el que le cae mal por ningún motivo aparente), el Capitán Principal (que se dedica a lamerle el culo al capitán anterior, aunque le sale el tiro por la culata la mayor parte de las veces) y así hasta completar un alucinado abanico de sujetos variopintos que a modo de parodia simbolizan la absurdez de la guerra y que esta está llevada a cabo y continuada por los más imbéciles y los menos empáticos seres humanos que caminan sobre la faz de la Tierra. Lo curioso es que está visión tan exagerada de los personajes es de dudosa credibilidad, ya que el narrador sufre un tiro en la cabeza y tras la extirpación de parte de su cerebro por un doctor (el doctor Doctor) que parece no tener licencia, ni anestesia, ni camillas, ni preocupación por la higiene, se queda bastante grillado.

La novela trata un tema muy polémico y muestra una visión muy tajante del mismo: la guerra como espacio de mercantilización donde las vidas de los soldados y los civiles no importan si con sus sacrificios unos pocos interesados que ostentan el poder pueden lucrarse económicamente. De ahí se entiende que el intendente Morin prostituya a menores para robarles los salarios a los soldados o que se vendan los combates como espactáculos donde pueden venir civiles sonrientes desde países remotos como Japón a pasar las vacaciones de verano echando fotos en primera línea. Morin lo deja claro en alguna ocasión: "esto no es el ejército, esto es una empresa capitalista de guerra", a lo que el narrador sólo podrá protestar y desde la impotencia afirmar lo inegable, que todo lo que ven y todo lo que pisan es una puta mierda. Encerrados en una trampa, en una mentira voraz, en una traición majestuosa, nadie tendrá la posibilidad de escapar de su triste y paradójico destino.

Nosotros caminamos en sueños es una novela bélica de Patricio Pron en clave de humor que constituye una reformulación de una historia anterior que él había titulado como la sabia reflexión de su narrador: Una puta mierda. Más allá de la calidad literaria creo que es bastante obvio que un libro que se llama Una puta mierda no hace un buen marketing de sí mismo. Mucho más hermoso y puede que hasta cursi se siente el moderno título de esta versión mejorada, según el autor, aunque no definitiva de la misma historia. De Pron había leído hace un par de años La vida interior de las plantas de interior y me quedé conquistado por esa facilidad para la frase larga y esa gestión de la ironía tan fluída que podría apreciar en aquellos relatos. A día de hoy lo sigo teniendo como libro de cabecera y de vez en cuando releo algunas de las historias que más me habían entusiasmado, entre las que destacaría Algo de nosotros quiere ser salvado y Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas. ¡Auténticas maravillas! Así que desde ese día siempre he querido volver a leer algo de Pron, aunque por unas cuestiones u otras nunca había podido. Con este Nosotros caminamos en sueños me desquito una espinita clavada, pero también me llevo un tremendo desencanto, porque su mensaje es muy necesario y como novela está entretenida, pero hasta cierto punto. El humor es muy repetitivo y por simplón acaba cansando demasiado pronto. Yo al menos me he quedado con la sensación de haber leído el mismo chiste en 120 páginas. Cincuenta o sesenta podrían haber tenido un pase, pero lo demás sobraba y mucho. Y al final remonta algo, aunque no lo suficiente como para dejarme un buen sabor de boca. Tenéis otra reseña en Culturamas, donde comparan al libro con auténticas obras maestras y alaban a Pron como si fuera el sucesor de Coetzee o Buzzati. Hay gente para todo.




domingo, 19 de noviembre de 2017

El Maestro del Juicio Final, de Leo Perutz





Nos situamos en la Viena de 1909, en uno de los últimos años del decadente Imperio Austrohúngaro, que se verá hecho añicos tras la Primera Guerra Mundial. Nuestro protagonista es el barón de Yosch, un comandante de caballería del ejército imperial que tras algunas batallas en las que ha salido victorioso goza de una importante posición social en la que cimienta toda su existencia, con su red de relaciones y su estilo de vida. Disfruta acudiendo al teatro y dando conciertos en las más altas cúpulas de la sociedad vienesa, pero cuando un conocido, el actor dramático Eugen Bischoff, se suicide en extrañas circunstancias, su imagen de honorable aristócrata y ejemplo de los justos se verá en un aprieto, ya que todas las pistas parecen apuntar a él: su cercanía a la escena del suceso, su extraño comportamiento buscando desquitarse lo más pronto posible del asunto, el hecho de que la prometida de Bischoff hubiera sido su única novia muchos años atrás y de la que todavía no se habría olvidado, que Bischoff a la hora de cometer el acto hubiera disparado dos balas, pero sólo una contra sí mismo, etc. Yosch se ve en la obligación de dar su palabra de honor y de aclarar las alucinadas circunstancias que rodean al suicidio de la estrella, el cual podría estar relacionado con otros que Eugen habría estado investigando por mera curiosidad y que lo habrían llevado hasta un misterioso personaje que conoce como el Maestro del Juicio Final.

Estamos ante una novela policíaca con tintes de la narrativa gótica decimonónica y de la neofantasía propia del mejor Kafka. No me extraña lo más mínimo que esta novela hubiera entusiasmado tanto al gran Jorge Luis Borges y es que en ella podemos apreciar muchísimos detalles del estilo del argentino. De hecho, la lectura que he realizado me ha recordado con mucha fuerza a al menos tres de los cuentos más famosos de este maestro de la escritura: "Tres veces Judas", "El jardin de los senderos que se bifurcan" y, sobre todo, "El sur". Perutz ofrece una historia llena de fantasía e intriga, consigue que nos la creamos y la desmiente luego con la misma fuerza, dejándonos con más dudas que una abuela haciendo la declaración de la renta. Esa misma capacidad maestra para rizar el rizo una y otra vez, manteniendo la intriga en todo momento, me ha recordado también mucho a un clásico en esta esquina: el señor Friedrich Dürrenmatt. Y es que al igual que él, Perutz se sirve de una trama detectivesca para mostrar una cuestión que va más allá y que roza lo filosófico y lo crítico, desmenuzando la intriga poco a poco como si fueran los gajos cuasinfinitos de una naranja. La ambientación, al mismo tiempo, es también sencillamente magistral y nos recuerda a esas películas americanas de detectives en blanco y negro de los años 50. En este libro hay mucho Kafka y mucho Borges, pero también Dürrenmatt y Graham Greene se sienten presentes. Aún así y con todo, el resultado no deja de ser sorprendente y original.

Las únicas pegas que podrían achacárseles son el ritmo un poco tedioso y lento que se aprecia en los primeros capítulos y que cuesta empatizar con unos personajes que se sienten algo arcaicos y tipificados. En las primeras páginas Perutz crea una atmósfera de cotidianeidad de la alta burguesía y la aristocracia de comienzos de siglo XX en la que tendremos que esperar quizás demasiadas conversaciones de salón hasta que ocurra algo verdaderamente interesante. Si bien esto sirve para crear la fachada del protagonista y entender que para él su posición es lo más importante en su vida, en mi opinión podría quedar igual de claro con muchas menos palabras y el exceso no deja de resultar molesto. Sin embargo, cuando en el capítulo nueve se rompe con todo este mundo de forma definitiva, la novela gana con creces y no hace más que ascender, por lo que le recomiendo al lector  que tenga paciencia para poder disfrutar de esta joya a medio camino entre lo fantástico y lo policial, entre lo terrorífico y lo filosófico, entre lo costumbrista y lo universal. Tenéis más reseñas de El maestro del juicio final en Un libro al día y en Libros de Cíbola. Sospecho que las traducciones que hemos leído son diferentes, pero hemos coincidido en lo principal, así que no le daré más importancia al detalle de la que tiene. 


martes, 14 de noviembre de 2017

La bicicleta de Sumji, de Amos Oz



Sumji es un chico judío de unos once años que vive en el protectorado de Palestina meses antes de que se forme el estado de Israel. Aunque nada va demasiado bien en su mundo, cuando su tío, un estraperlista alemán, le regala una bicicleta de chica nada volverá a ser lo mismo. En una sola noche tendrá una serie de experiencias que le harán consciente de lo efímero que son los objetos materiales y la compañía de determinadas personas en el largo transcurso de la vida. La bicicleta de Sumji es un relato largo de Oz en el que trabaja desde lo que empiezo a creer que es su zona de confort: la infancia como niño judío en el protectorado británico de Palestina. Si bien Una pantera en el sótano me pareció mucho más sólida que esta Bicicleta de Sumji creo que para lo poco que pesa (casi) merece la pena, aunque si no se lee tampoco pierde uno gran cosa. Quizás no tenemos la visión adulta sobre la infancia que tanto sorprendía en Una pantera ni las cuestiones políticas y éticas gozan de esa profundidad, pero el tema es otro y la forma de narrarlo es bastante humilde, lo cual se agradece. Algo tan sencillo como la búsqueda de la estabilidad de un niño y el descubrimiento de que nada es eterno. Quizás lo que más me ha llamado la atención es la mención al sargento Dunlop y a las clases de inglés-hebreo que mantiene con el protagonista. Muy posiblemente ese diálogo habría sido el germen de Una pantera en el sótano, que Oz escribiría casi veinte años después.

Reseñas de obras de Amos Oz en esta esquina: Una pantera en el sótano,