viernes, 10 de julio de 2020

Los papeles de Mudfog, de Charles Dickens




Charles Dickens es conocido por sus grandes novelas. Obras como Oliver Twist, David Copperfield, Historia de dos ciudades o Grandes esperanzas son solo algunos de los títulos por los que el autor ha pasado a convertirse en todo un clásico indiscutible de las letras. Sin embargo, también posee una sarta de escritos de corto alcance, que, si bien no son tan interesantes ni maravillan tanto al lector como los mencionados arriba, tienen mucho que aportar tanto al estudio de las figuras dickensianas como al disfrute de un lector más ameteur como yo. Hace unos años, Periférica decidió publicar una serie de textos pertenecientes a la etapa inicial del novelista inglés, que, a pesar de haber sido publicados entre 1837 y 1838, no son recopilados en inglés hasta 1880, una década después de la muerte del autor. Estos textos gozaron de poco éxito en su momento y casi no han despertado un interés posterior, quizás debido a una calidad inferior a la que nos tiene acostumbrados el autor. Además, estas piezas compitieron directamente con Oliver Twist, que apareció por entregas durante esa fecha en la misma revista: La miscelánea de Bentley. Y se intuye que algunas de ellas fueron escritas por encargo, lo que no le hizo mucha gracia al propio Dickens.

Los textos son los siguientes:

  • Vida pública del señor Tulrumble, en otro tiempo alcalde de Mudfog: Historia en la que se nos presenta la localidad de Mudfog, un lugar esperpéntico, lleno de tabernas y edificios con forma de establos. En esta localidad, un hombre es elegido alcalde tras la muerte de otro y su soberbia lo lleva a planear un desfile majestuoso que no se corresponde en absoluto con su cargo. Intentando salvar vidas del vicio y la degradación, contrata al más borracho de la ciudad y le asigna la laboriosa tarea de llevar una armadura con resultados fatales.
  • Informe completo de la primera reunión de la sociedad Mudfog para el avance de todo: Este relato, junto con el siguiente, es posiblemente el más valioso de toda la selección. Un grupo de peritos en diversas materias acuden a Mudfog para presentar sus diversos avances. Con ello, Dickens pretende hacer una crítica mordaz al momento de cambios turbulentos que está viviendo la sociedad con la industrialización y los, valga la redundancia, cambios sociales que esta conllevó. Para el autor, muchos de estos cambios son ridículos y no siempre favorables para la especie humana. Mientras la reunión se desarrolla con toda su parafernalia, se nos van presentando los diversos inventos y logros de los científicos, ridiculizando muchas veces el discurso académico y cómo este se detiene en ocasiones en temas inútiles y absurdos. Para ello, Dickens se encierra en un humor irónico que aún a día de hoy, más de ciento ochenta años después, sigue fresco. Muchas de las creaciones son de absoluta ciencia ficción (ferrocarriles portátiles que viajan a través de las alcantarillas, policías autómatas de madera, etc.), lo que hace que en el epílogo de la traductora Ángeles de los Santos se comente que alguna entusiasta del autor haya querido señalar tanto este texto como el siguiente como preámbulos e inspiración de lo que posteriormente sería conocido como steampunk. Para quien no lo sepa, el steampunk es una corriente de la ciencia ficción que tiene como premisa el triunfo tecnológico de las máquinas de vapor sobre las de petróleo y la tecnología punta, manteniéndose la estética de la Inglaterra victoriana más allá de su época natural de influencia, así como muchos de los problemas propios de esta época y lugar. Se separa así de otras corrientes como el dieselpunk o el cyberpunk.
  • Informe completo de la segunda reunión de la sociedad Mudfog para el avance de todo: A pesar de no haber obtenido el éxito esperado con el relato que narraba las primeras de las reuniones, es evidente que Dickens estaba deseoso de narrar una segunda. Si bien él, durante su vida se mostró reacio a tomar parte en el aparato político, muchas de las impresiones que en sus relatos se comparten son duras críticas, soslayadas en ocasiones por la ironía proponen nuevos modelos más progresistas a veces, más conservadores otras veces. Por ello, cada intervención en cada una de las dos reuniones es la expresión de un hombre que se ve ridiculizado desde arriba por el propio autor. Un caso especialmente interesante en este punto es el momento en el que uno de los ponentes interviene para hablar de los beneficios de la homeopatía y lo hace jurando por Dios y por el alma del líder de una secta religiosa que creía que la homeopatía lo había vuelto inmortal. Es necesario recordar en este punto cuál es el origen de la homeopatía y su lógica, si es que tiene alguna. Esta rama de la medicina nace pocos años antes del texto de Dickens y argumenta que una enfermedad se puede sanar aplicando cantidades mínimas al cuerpo de dicha enfermedad o de sus detonantes. Esto es un aspecto que el propio Dickens ridiculiza en la voz del ponente, cuando este expresa que para devolver a la vida a alguien que se acaba de ahogar solo basta con hacerle tragar más agua. Saltando este punto, que me ha parecido de lo más ocurrente por todo este auge de la homeopatía como alternativa medicinal que estamos asistiendo en los últimos años (una homeopatía que, todo sea dicho, ha evolucionado, aunque siga sin dar resultados más que por pura sugestión), tengo que decir que el conjunto de ambos textos me parece una maravilla a tener en cuenta por el ingenio con el que están escritos y por lo avanzado que estaba Dickens a su época, con una capacidad de observación que iba más allá de lo razonable. 
  • La pantomima de la vida: Este es el texto que menos me ha interesado porque está demasiado encerrado en la época en la que fue escrito. Dickens habla del fin de la pantomima como género teatral tras la muerte de Grimaldi, el actor más conocido en este género. Por ello, el texto se antoja en una mezcla entre necrológica y elegía, donde sobresalen algunos puntos de valor sobre esa reflexión calderoniana del Teatro del Mundo. Por lo demás, ha sido un texto que no me ha aportado lo más mínimo.
  • Detalles referentes a un león: Sin embargo, este sí que aporta y mucho. Dickens habla aquí del éxito literario y de su temor a él. No quiere convertirse en una atracción de feria, en un dios al que todos adulen, no quiere convertirse en un león literario. Por eso, describe una escena pintoresca en un salón de baile, donde introduce al león-escritor, expresando su tristeza y aislamiento de la verdadera vida por su condición de escritor, lo cual es paradójico como escritor realista que era y que buscaba reflejar la realidad. Lo cierto era que en esta época Dickens ya tenía cierto reconocimiento tras publicar su primera novela y buena parte de la población ya estaba enganchada a Oliver Twist. Por ello, era lógico y normal que se hubiera sentido así en algún que otro momento.
  • Robert Bolton, el caballero con contactos en la prensa: Este texto es de Dickens, pero podría ser de cualquiera. Es una historia dentro de una historia. Lo más interesante es la condena que hace contra la violencia machista y que llama mucho la atención al tratarse de un autor varón cis heteronormativo del segundo tercio del siglo XIX.
  • Epístola familiar de un padre a su hijo de dos años y medio: Juro que si no es por el epílogo no entiendo de qué iba esta pequeña carta. Se trata de una despedida. Dickens se marcha de la revista La miscelánea de Bentley, pues ya ha concluido Oliver Twist. También es una reflexión sobre los cambios tecnológicos de la época de Dickens y como los coches de caballos están siendo relegados por los imponentes ferrocarriles.
Como digo, una colección bastante irregular, pero no por ello especialmente despreciable. Si te gusta Dickens, te va a gustar. Aunque, si no has leído otras obras más conocidas primero, dejaría este libro de lado por un tiempo y me centraría en ellas. Para quien esté estudiando a Dickens o realizando un trabajo académico sobre él, sí que es un texto muy recomendable, especialmente por su epílogo.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.


viernes, 3 de julio de 2020

Lo que dicen los dioses, de Alberto Ávila Salazar




Puede parecer que Lo que dicen los dioses es una obra atípica dentro de la novela negra, pero lo cierto es que es realmente fiel a las raíces de la misma, pues mezcla dos géneros que hoy diferenciamos bien como son la novela de terror y la novela detectivesca. Las circunstancias de los personajes y la propuesta puede parecer inverosímil, pero la trama se halla perfectamente hilada, como cabría esperar de Alberto Ávila Salazar. De este autor ya leí su trabajo más reciente, titulado La mitad de un monstruo. Una obra que me dejó en shock en su momento por la combinación extrañísima y bien llevada de elementos de los géneros más variopintos. Si bien es cierto que Lo que dicen los dioses es una novela más aferrada a unos moldes reconocibles, el empaque final es una absoluta maravilla y atrapa al lector de principio a fin.

La trama es la siguiente. A finales de los cuarenta e inicios de los cincuenta una burguesa italiana (Serena Conti) se muda a Madrid, donde contrae matrimonio con un adinerado noble que fallece pronto. De este suceso trágico, Serena hereda unas dotes de médium que le lleva a colaborar puntualmente con la policía para la resolución de crímenes sangrientos. Uno de estos sucede en una carnicería de la calle Héroes del 10 de agosto. El propietario, influenciado por los antiquísimos ritos a la diosa Cibeles, acaba desatando su faceta como pederasta. Tras cinco crímenes, en la creencia de que peligra su vida, el carnicero decide huir a Hispanoamérica. Varios años después, la policía encuentra los huesos y Serena accede a hacerse cargo de los fantasmas de las víctimas. Para ello, les presta su casa. Sin embargo, veinte años después, la vida de Serena llega a su fin y el asesino aún no ha sido capturado. Las almas de las niñas no pueden descansar en paz.

En todo esto, juega un papel fundamental el desarrollo de los personajes a través de una buena estructuración capitular, donde el tiempo se entreteje con quienes deambulan en él. Tenemos cuatro capítulos:

  • El tiempo de Serena: Presenta la situación que he descrito previamente y se centra en el personaje de Serena, en la problemática que resulta para ella llevar una vida normal con sus poderes y cómo se sobrepone a situaciones desagradables para ayudar a que se haga justicia con los muertos. Serena establece diálogos con los muertos, con los olvidados, con los que lo perdieron todo, y convence a los vivos, les transmite su voz. No presenta la crueldad del mundo, pero expresa la realidad de la muerte como un adiós trágico. En este capítulo aparece por primera vez también Iríbar; el cual es, de largo, mi personaje favorito de la novela. Iríbar se luce en cada momento de la trama. Aquí, simplemente, es un comisario de homicidios e íntimo amigo de la condesa italiana. No obstante, una revelación de Serena conseguirá desquiciarlo hasta volverlo un personaje irreconocible en el segundo capítulo.
  • El tiempo de las niñas: Este capítulo se desarrolla en varios espacios temporales, aunque destacan especialmente dos: 1948 y 1972. En 1948, se cuenta qué fue de Rosendo Márquez, el verdugo de Cibeles. Lo interesante aquí es que una vez lejos de la influencia de la diosa sigue siendo una criatura realmente detestable, aunque humana. Ávila Salazar nos coloca a un asesino en serie de menores y a un pederasta que se ve a sí mismo como a una víctima en varias ocasiones, un fugitivo sin sentimiento de culpa por lo que hace, que asimila que es la sociedad la que va contra él. No es un asesino plano y el hecho de que se cuente su historia como persona ajena a las matanzas de las que es responsable le aporta un trasfondo que se agradece. En 1972, se produce la muerte de Serena, que desencadena todos los sucesos posteriores de Madrid. Antes de esto, se nos habla mejor de las niñas y se les da una personalidad, unos hábitos y unos deseos que hace que el lector ya no las vea como meros seres espectrales, sino como personas cautivas, presas de una terrible maldición de la cual no pueden librarse. Aquí también hay espacio para sucesos posteriores donde se nos presentan nuevos personajes que acompañarán al lector hasta el final.
  • El tiempo de Mariana: Mariana es, después de Serena, el personaje más importante de toda la novela. Su capacidad para dialogar con el viejo Iríbar y para investigar entre las notas de la caja de galletas danesas de su jefe, su búsqueda de la exclusiva y su obsesión enfermiza con los fantasmas y con los crímenes acaecidos más de veinte años atrás, la vuelven el motor de toda la historia. El capítulo en el que ella pasa de ser una secundaria a consolidarse como la protagonista de la obra es este. Aquí se narran también los momentos finales de Rosendo en el extranjero y su regreso a Madrid.
  • El tiempo de Cibeles: Es una mera nota que no ocupa ni una página, pero sirve de colofón a la historia, otorgando ese broche final de desasosiego que debe tener toda buena historia de terror.
Como ya he dicho, uno de los principales motivos de que esta novela me haya gustado tanto es la construcción del personaje del comisario Iríbar. Se nos presenta a los lectores como un agente de la ley con la apariencia de ser bastante escéptico, aunque en el fondo es muy aprehensivo. Serena le revela un suceso que acontece poco tiempo después sin que él pueda remediarlo. De alguna forma, esto le vuelve loco. De hecho, en la novela te van dando pistas a cuentagotas de lo que le sucedió y de cómo lo acabaron encerrando en un manicomio. Sin embargo, el conocer su historia definitivamente fue muy placentero y me motivó mucho a seguir leyendo, a sabiendas de que no era la trama principal. Por otro lado, está su relación con Mariana y con Amancio, el adolescente que lo lleva de un lado a otro y le roba todo cuanto puede. Iríbar se ha vuelto un tipo tan odioso que todos sus vecinos están deseando poder echarlo del edificio, pero por la personalidad del viejo, no se atreven ni a acercarse con un palo. Solo Amancio acepta y lo hace porque necesita dinero, ya que su padre es un borracho de manual que vendería su mano por una botella. Sé que Iríbar no es el protagonista ni nada, pero en los momentos en los que aparece, especialmente en los diálogos, el texto brilla con luz propia.

Otro de los principales motivos es la mezcla entre realidad y fantasía oscura. Como ocurre en la mayoría de las películas de terror, cuando alguien investiga sobre fantasmas, acaba encontrándolos. Sin embargo, hay que añadir aquí la maldad de una diosa olvidada como Cibeles a plena vista de todo Madrid y que actúa silenciosamente manipulando a todos los personajes para llegar al desenlace brutal de la obra. El abandono del rito a Cibeles, la pérdida de sus fieles, el relegarla a cumplir meramente una función decorativa, etc. hace estallar su ira y su frío deseo de castigo humano. Su pasiva aura no es la responsable de la locura de Rosendo, pero ayuda con un empujón a que esta se sobreponga y a que la lujuria infame y abominable del carnicero le reviente en las manos. Estamos ante un texto donde se deja claro que los dioses no se preocupan por los vivos ni por los muertos, una visión bastante atea en la que se especula que si algo le importa a los dioses es ser adorados y entretenidos con el espectáculo que cada cual representa en su vida diaria, donde siempre hay un hueco para lo bizarro, lo macabro, lo sórdido. 

Con esta reseña, doy pie a mi regreso a esta esquina tras el pequeño período de vacaciones que ha sido junio. Como aún no he terminado mi trabajo académico, la subida de reseñas se resentirá un poco, aunque prometo llevar un ritmo de publicación de, al menos, una a la semana, que debería coincidir en la mayoría de los casos con el jueves o el viernes por la mañana. Lo digo para que estén atentos. Y dicho esto; lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Alberto Ávila Salazar en esta esquina: La mitad de un mosntruo


lunes, 1 de junio de 2020

Un mes de "vacaciones"




Para variar, vuelvo a estar hasta arriba de trabajo. En un afán por acabar cuanto antes mi TFM y mejorar para un futuro la calidad de las reseñas, he decidido chapar el chiringuito este mes de junio. Esto no quiere decir que vaya a desaparecer sin dar señales de vida, como reconozco que ya he hecho alguna que otra vez. Volveré con más tela que cortar en julio y espero encontraros para entonces futuras y satisfactorias lecturas. Sin nada más que aportar; feliz mes (¡ya queda menos para que se acabe la cuarentena!), lean mucho y recuerden comer con moderación. Namasté.

jueves, 28 de mayo de 2020

Hijos de la oscuridad, de Fernando Codina




Fernando Codina es un escritor poco conocido de terror y ciencia ficción, que actualmente se halla a la espera de la publicación de su primera novela. De él, he podido leer recientemente su cuentario Te veo: y otras miradas sin vida, que, sin ser el libro del año, cumple bastante bien y cuenta con algunos relatos muy potentes. De su colaboración en la antología de splatterpunk titulada Gritos Sucios y publicada por Ediciones Vernacci, el año pasado, surge la premisa de esta obra que hoy os traigo: relatos más extensos donde se de pie a la crueldad humana.

En líneas generales, podemos dividir los relatos de Hijos de la oscuridad en tres grandes categorías o temas: fantasmas, asesinatos y apocalipsis futuristas. Dentro de la primera categoría podemos incluir La última trinchera, Los misterios de la isla de los frailes (ya aparecía en Te veo) y Puente de los sueños rotos. En la segunda entran Diecinueve campanadas y media, Mil cortes más uno y La persona equivocada. Y en la tercera se sitúan Crónicas del apocalipsis, Prisionero del tiempo, Diarios de la doctora Smith y Documentos para la memoria de la especie.

No me voy a detener a hablar pormenorizadamente de cada uno, pero sí me gustaría hacerlo con los que más me han entusiasmado. De entre los primeros, La última trinchera, que es el relato más largo y que abre el volumen, es también el más destacable. En él se relatan las extrañas apariciones de fallecidos que asolan a una comunidad madrileña de vecinos. Por lo visto, el suelo en el que han edificado sus viviendas fue escenario de una de las más violentas disputas de la Guerra Civil Española, donde perdieron la vida tanto los republicanos como los nacionales. Sus cuerpos enterrados bajo el cemento sueñan como fantasmas con la repetición de su última noche. La última trinchera es un relato muy original al mezclar el terror con la memoria histórica, si bien es cierto que hay una clara visión heroica de aquellos últimos soldados de la República que no va a agradar a todo el mundo.

Otros dos a destacar son Diecinueve campanadas y media y Mil cortes más uno. En el primero se describe el proceso empleado por una organización de sicarios para efectuar un ataque terrorista en plena Nochevieja y empezando por la famosísima Puerta del Sol, amén de algunas otras ciudades españolas. En él se destaca la frialdad con la que los asesinos describen su procedimiento y como son encargados para el trabajo por sectores ultraconservadores de la sociedad para limitar las reuniones de la población y que el nuevo Gobierno de la vieja oposición obtenga así un poder mayor sobre la libertad de las personas. Si bien, es difícil que esto suceda en la vida real, el texto se construye de forma que se antoje verosímil una situación así. Por otro lado, en Mil cortes más uno se describe un ajusticiamiento que emplea una curiosa tortura medieval que desconocía. Posiblemente sea el relato más cruel y turbio, dejando un espacio irrisorio para la esperanza.

En cuanto a los relatos de ciencia ficción se refiere, he de decir que me parecen todos muy buenos. La primera parte de Crónicas del apocalipsis es sublime por su estructura; a través de cómo está construido podemos ver cómo la humanidad acepta de una forma u otra el impacto inevitable de un planetoide con el que sus vidas llegarán a su fin. La forma de aceptar la muerte varía de un lugar a otro, de una cultura a otra, y esa riqueza, en la que hay un fuerte contraste entre Oriente y Occidente, hace que el lector reflexione sobre su naturaleza y la de la sociedad que le corresponde. Sin embargo, el que a mi juicio es el más interesante de todos es Documentos para la memoria de la especie. En este relato se nos plantea la siguiente premisa: el día 20 de cada mes morirán de forma escalada todos los que cuenten con X edad a partir de 0 años. Este suceso se presenta independientemente de los procesos lunares y las personas no guardan relación alguna entre sí. Poco a poco la sociedad, envejecida por el inevitable y peculiarísimo proceso trata de crear una vida con la que la que postergar la especie humana. El estilo es también digno de mención. Codina recurre a los textos periodístico y científico y emplea una gran cantidad de notas al pie para aportar cuerpo al proceso que describe. La historia da para película, os lo aseguro.

La visión de Codina en estos relatos es clara: el ser humano es una plaga y el espacio para su corrección dentro del desastre a niveles climáticos, sociales, económicos, etc., que supone su existencia es escaso. No obstante, en sus piezas de ciencia ficción prefiere dejar siempre una puerta, que permita a la especie comenzar de nuevo y evitar caer en los errores del pasado. Si bien esta puerta es pequeña y puede conllevar un retorno al caos, a la repetición cíclica de lo que se pretende evitar.

Con todo deciros que esta reseña no habría sido posible sin el mismo escritor, que me envió un ejemplar del libro hace unos días, y con el que pude conversar para ver su visión sobre lo que él mismo había escrito. No tiendo a recibir libros por encargo y, de hecho, no tenía pensado reseñar este, pero me gustó mucho y quería compartirlo con vosotros. Namasté.




domingo, 24 de mayo de 2020

Marionetas de sangre, de Juan Díaz Olmedo




Zombi fue una de mis lecturas favoritas del año pasado, que me abrió las puertas a la narrativa de horror extremo. Impulsado por el buen gusto que me dejó en la boca aquella obra y con la esperanza de volver a releerla y traérosla a la esquina pronto, hoy reseño la ópera prima de su autor: la irreverente Marionetas de sangre. Al igual que Zombi esta novela corta toma como protagonista a enfermos terminales que rompen los cánones de lo políticamente correcto y buscan disfrutar de la vida el tiempo que les quedan. La obra parte de la premisa del siguente diálogo: 

"—Todo el universo se puede entender como el conflicto entre dos fuerzas —me dice—. Una de ellas es el Orden. Es todo aquello que podemos medir, predecir, acotar. Es aquello que sigue leyes. Es las leyes en sí, las normas. Todo lo ordenado, lo que sigue una estructura más o menos compleja que podemos estudiar o comprender. ¿Lo coges?

 —Creo que sí —le digo.

 —Y también está el Caos. Es todo lo que no es Orden. Es aquello que no sigue ninguna norma, aquello que no podemos explicar. Es lo desordenado, lo que no sigue un patrón. En nuestras almas, el Orden sería el sentido común y los instintos naturales.

 —¿Y el Caos? —le pregunto— ¿Qué sería?

—Nuestros sentimientos más puros, nuestros impulsos —dice Lili, sintiendo cada palabra como si surgiera del corazón—. Es el arte, es la locura. Es vivir al día. Es el azar.

—¿Por qué llevas su símbolo? —le digo, aunque intuyo la respuesta.

—Verás, es una teoría personal un poco rara, pero es mía y la sigo.

—Cuéntame, por favor —le pido, fascinada.

—El Caos nos ha hecho ser lo que somos —me dice ella lentamente. Ha reflexionado sobre cada una de sus palabras cientos de veces antes. Quizá las haya escrito en algún lugar—. El azar es principalmente lo que nos ha hecho enfermar. El Caos controla la evolución de nuestras enfermedades. En todo Caos hay un poco de Orden, por eso esta estrella es simétrica. Pero es principalmente el Caos lo que fluye por nuestras venas, lo que nos está matando.

—¿Y cómo puedes rendirle culto entonces? —le pregunto, desconcertada.

—Porque nuestra única salida es abrazar el Caos. Siguiendo nuestros impulsos, viviendo al día. Atreviéndonos a hacer cosas que los que temen morir no se atreven a hacer. Dime, ¿qué ganas negando el hecho de que vas a morir?


Acompañaremos a dos protagonistas, Gogan y Lili, en un descenso a los círculos más extraños y oscuros de la sociedad. La primera es una escritora lesbiana de narrativa erótica que sufre de un tumor cerebral incurable y que descubre a su compañera los secretos de su homosexualidad, mientras que la segunda es una aprendiz de hechicera que cree tener una solución más allá de la medicina que podría salvar a su amiga. Gracias a los conocimientos de Lili, Gogan y un par de personajes más, que detestan las reuniones de enfermos terminales con las que arranca la novela y que recuerdan mucho a El club de la lucha de Chuck Palahniuk, deciden hacer un pacto de sangre y se convierten en una suerte de comuna vampírica. Con la premisa de no matar, los personajes se introducen en círculos de BDSM donde hay fetichistas de la sangre. Un mundillo que gira en torno a un turbio local de la ciudad conocido como el Deméter. Allí conocen a jóvenes dispuestos a ofrecerle su sangre. Entre ellos hay un pequeño grupo que dirige una tienda de piercings y ropa gótica que los invitarán a su casa con resultados quizás fatales.

Marionetas de sangre es una obra absorbente que en lo personal me ha recordado mucho a la narrativa de Chuck Palahniuk, aunque sin ese ritmo acelerado y casi lisérgico del estadounidense. Se nos ofrece una historia calmada con golpes bruscos e imágenes fuertes, pero donde resulta sencillo empatizar  con los personajes. Hay pinceladas de varios géneros. Todo goza de un cierto erotismo representado en numerosas orgías donde los fluidos habituales se mezclan con la sangre, siguiendo al pie de la letra esa idea primigenia de la salpicadura del splatterpunk. Por otro lado, hay una influencia importante del terror gótico, que se indica en todo lo relativo a la historia que Lili narra sobre el personaje de Karla y su violín. Esta historia en lo personal me recordó mucho a Violín de Anne Rice. Y al igual que en Zombi, la brujería y los rituales sobrenaturales ocupan un lugar importante en la trama, pero se destacan como un mundo plagado de mentiras que juegan con las ilusas mentes de los más desesperados. Sin embargo, eso no quiere decir que no se utilicen recursos propios del género. Lili se presenta como una joven aprendiz de bruja que convence a los demás a través de diversas drogas de mantener un pacto de sangre que les garantizará la vida eterna a un coste quizás demasiado alto. En definitiva, una obra más que interesante y entretenida. Me absorbió de principio a fin y me maravilló con su final. Por lo tanto, y aunque no es para todos los públicos, la recomiendo.

Y eso es todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté. 


martes, 19 de mayo de 2020

Europa, de Cristina Cerrada




En estos momentos de psicosis por el conocidísimo coronavirus, que nos han hecho olvidar todos los conflictos en el mundo (salvo, quizás, la prensa del corazón de Corea del Norte), un libro que retrata la crudeza de la vida de aquellos que huyen de una guerra y llegan a un nuevo país como completos desamparados no es meramente recomendable, sino necesario. Y la necesidad de este texto que hoy os traigo radica en el silenciado conflicto de Siria, que, como muchos otros en los largos años de repetida Historia, ha traído una oleada masiva de inmigrantes a una Europa que no estaba preparada para acogerlos. La pregunta es: ¿alguna vez lo estuvo? Estas personas que han perdido su trabajo, sus familiares, sus hogares y una infinidad de cosas más son ahora extraños en tierra extraña. Despreciados por los habitantes autóctonos, forman guettos, grupos de familias, y se disponen a trabajar en lo que sea por lo que sea con tal de echarse algo a la boca. Si bien, no se especifica de donde proceden los refugiados de Europa, por sus nombres parece evidente.

Nuestra protagonista es Heda, una estudiante universitaria que en mitad de la guerra es violada por un soldado. El conflicto reside cuando, tras el exilio de su familia, descubre que en la misma fábrica en la que ella ha entrado para trabajar este antiguo soldado es peón de almacén. Él se ha quedado con su cara y está dispuesto a otro ataque. Desesperada, Heda trata de huir y en un momento dado lo golpea con una piedra, creyéndolo muerto. Heda pasa de ser una criatura inocente a convertirse en una asesina para sobrevivir. Esto provoca una crisis interna muy fuerte que hace que tiemble como persona y que odie toda su vida actual: la fábrica, la casa, la calle, este nuevo país que no es el suyo y cuyas normas aún no entiende,... Heda siempre ha sido una alumna sobresaliente, una chica con perspectivas de futuro y con un orgullo que le había llevado en su país a situarse donde estaba. En ello tenía mucho que ver la admiración que le tiene a su padre, escritor y profesor de universidad, el cual ha sido reconvertido a maestro tras el periplo. El tener que aceptar un trabajo como ayudante de secretaria para un hombre ignorante, como es el dueño de la fábrica, el señor Schultz, le pone enferma. Y más enferma aún le pone el machismo y el racismo imperante y la fuerza del peso de ese capitalismo avasallador y casi esclavista al que está sometido su pueblo en el nuevo mundo europeo. Europa actúa en parte como una Bildungsroman porque supone la maduración de la protagonista, pero esta se hace hacia una esquina oscura. Heda acepta la supervivencia como único objetivo y trata de desprenderse como puede de todo lo que la ata, pero no puede, como el lector verá en las prolepsis o flash forwards junto a un personaje masculino que solo se insinuará quién es en los compases finales del libro. Heda está anclada a la figura de su familia, de su origen y, posteriormente, a su condición como mujer proletaria refugiada y marginada, que previamente había pertenecido a una clase media y gozado de ciertos lujos.

Y en este ir y venir, en este llanto inconsolable de la pobre Heda se desarrolla la novela, aunque la fragilidad y la indefensión de Heda no es el único motivo de la trama. A través de ella y de otros personajes se denuncian las condiciones que los refugiados tienen en los países a los que llegan. Al ser tratados indignamente por los habitantes, no es descabellado que la huelga que se va gestando a lo largo de toda la obra tenga un gran impacto. Esta simboliza la lucha y las ganas de hablar de un pueblo silenciado, humillado y desesperado, pero, por supuesto, tiene sus consecuencias fatales, como se comprobará en el simbólico final de la obra. La pérdida de la voz conlleva la pérdida de la intelectualidad y del conocimiento, lo cual se refleja muy bien en la transición que realiza el padre. Su cultura solo es valorada fuera de la familia por el señor Schultz, quien envidia su saber porque, a pesar de tener dinero y poder, no tiene prestigio cultural, el único elemento que le falta para sentirse pleno.

Sin ánimo de hacer de esta reseña un panfletario político, creo sinceramente que para cualquiera es imposible hablar de esta obra sin tocar temas que por activa o por pasiva se tratan en ella y que tienen una fuerte carga social, y por ende política. Además, todo el mundo tiene una perspectiva y un posicionamiento dentro del espectro. Incluso quien defiende no tenerlo y no entiende que con esa actitud también lo tiene. Me veo obligado a poner este párrafo para anticiparme a comentarios de personas indeseables que sin duda llegarán a protestar y que ya han protestado antes (fundamentalmente anónimos) sobre mi recurrente politización de algunas reseñas que, sin duda, merecían ser politizadas para entender el mensaje que el texto desprende. Con esta entrada espero haberos hecho reflexionar sobre esos cientos de miles de personas que allí siguen, a la deriva, imaginando unas vidas maravillosas e imposibles en Europa. Recordemos que frente a ello está un mundo que ya no existe y la muerte.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Cristina Cerrada en esta esquina: Compañía