martes, 26 de marzo de 2019

Trabajos forzados, de Daria Galateria




Nadie podrá negar que el oficio del escritor sea arduo y complejo. Ninguno de los grandes nombres de la historia de la literatura nació con reconocimiento dentro de esta y, para la inmensa mayoría, llegar a donde acabó resultó ser toda una odisea. Batallas constantes entre la pasión de escribir y la supervivencia, entre el sueño personal y el frío certero de la situación de cada uno, son descritas, y de una forma bastante entretenida, en este libro pseudobiográfico firmado por Daria Galateria. Digo pseudobiográfico, aunque podríamos hablar también de anecdotarios, según el caso. La investigadora elige y selecciona momentos de la vida de cada autor. De unos suelta prácticamente la vida completa, mientras de otros se centra en comentar solo episodios representativos de quiénes son y por qué escribieron lo que escribieron. Y esas cosas. Todo, por supuesto, (y eso es lo que le da la chicha al libro) ligado al ámbito laboral. 

Para quienes amamos la literatura y para quienes habremos fantaseado alguna vez con ser escritores (o aún lo seguimos haciendo) este volumen de historias es asombroso en dos sentidos:


  • De primera mano es asombroso porque desmonta mitos y leyendas en torno a la genialidad.  Tiene buena parte de tratado estético humanista. Y es que difícilmente alguien va a encontrar su primer empleo como escritor. Desempeñará previamente muchos trabajos, tendrá una amplia experiencia tanto leyendo como viendo el mundo y participando de sus duras reglas. Solo así  el arte de componer y retratar en la clave preferida lo visto, lo vivido y lo soñado cobra verdadero valor.


  • En segundo lugar, también será asombroso conocer lo humanos que eran en el fondo nuestros ídolos. Su infrahistoria más allá de sus obras y la lógica que los movían a escribir lo que escribían, a decantarse por sentarse en la mesa de trabajo en los últimos instantes del día o ya en plena noche cerrada a teclear frente a una máquina sus divagaciones. 

He disfrutado muchísimo con las anécdotas sobre muchos de ellos, especialmente de los que conocía previamente: Italo Svevo, Bohumil Hrabal, Franz Kafka, Charles Bukowski, Jack London, Céline o George Orwell. Sin embargo, me han importado poco más que nada lo que me estaban tratando decir de otros: Ottiero Ottieri, Jacques Prévent, Blaise Cendrars, ...  Y eso no se debe tanto a que no conozca a los autores, sino más bien al hecho de que no he llegado a conectar con el texto. En el caso del capítulo dedicado a Jean Giono (nuevo para mí, al menos), puedo decir que la historia me ha entusiasmado hasta el punto de releerla (lo que rara vez hago) y que el manosquins es de tirada mi personaje predilecto de todos los tratados. 

Es innegable, como decía, que es necesaria una cierta cultura literaria detrás para disfrutar este libro, pero muchas de sus historias, como la de André Malraux, (por poner así un ejemplo rápido), pueden leerse desde la más absoluta ignorancia. Esto funciona siempre y cuando atendemos a los textos como narraciones de aventuras, de desdichas, triunfos, vaivenes. A fin de cuentas, son historias sobre vidas humanas. La idea de que a veces la realidad supera a la ficción es maravillosamente tratada aquí por Galateria y solo este detalle hace que el libro merezca la pena. Y si ya a eso le añades las crónicas de cómo Céline llegó a escribir Viaje al fin de la noche, ¡entonces apaga y vámonos!

Eso es todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté.


martes, 5 de marzo de 2019

Queridos fanáticos, de Amos Oz



Amos Oz, el más célebre escritor contemporáneo en hebreo, falleció el pasado 28 de diciembre y ojalá la noticia hubiera sido una inocentada. Se marchó uno de los autores que estaba empezando a descubrir y que más me gustaban. A pesar de que mi conocimiento sobre la historia de Israel y del pueblo judío es bastante reducido y de que Oz habla con desmesura sobre estos temas, la peligrosa capacidad para ampliar y reducir el campo de sus obras, de volverlas locales y mundiales al mismo tiempo, me tenían enganchado. No en vano, este que reseño hoy es su cuarto libro en pasar por mis manos. 

Hasta ahora en la esquina, habíamos comentado dos novelas del israelí y un relato largo. Hoy vamos a introducirnos en su faceta como pensador político y en tres ensayos recopilados bajo el título de la entrada por Siruela sobre los extremismos ideológicos y la situación del Israel actual.  Estos tres ensayos son reformulaciones de conferencias que Oz impartió a lo largo de su vida en distintas universidades y que, pese a datar de épocas más o menos dispares, se compaginan y se completan con muy bien entre sí. El objetivo principal: reconstruir la imagen del fanático y hacernos conscientes del fanatismo que arde en nosotros y de cómo combatir contra él. Son, por lo tanto, charlas descriptivas e instructivas y que buscan reconfigurar algo en nuestras mentes, ponerlas patas arriba y hacernos reflexionar sobre nuestro comportamiento diario y nuestra visión de conflictos muchas veces simplificados y mostrados desde un enfoque de interés. Parcialmente interesado.

Estos textos son:

  • Queridos fanáticos
  • Luces, no luz
  • Sueños de los que Israel debería librarse pronto

En el primero de ellos se va a perfilar la imagen del fanático. ¿Qué es? ¿Por qué existe? ¿Cuáles son sus motivaciones? Para Oz, un fanático es alguien que entiende que el fin justifica los medios. Este fin puede ser cualquier cosa: la "defensa" de un estado-nación, de un sector poblacional frente a los abusos de otro, la lucha por la conquista o la supresión de una serie de leyes y derechos sociales, la búsqueda de una redención, sea del tipo que sea, etc. Según Oz, el fanático es quien cree tener la verdad absoluta, la verdad redimible, la verdad que, según él, todos necesitamos. El hebreo piensa que el fanático busca ser un hombre público, quiero decir, el hombre más público que existe, deseando fervientemente que todos piensen como él. Se mueve hacia los demás con ese fin y trata de convencer de muy diversas maneras. Dependiendo de la paciencia del fanático, el salto mortal del amor al odio puede tardar más o menos. 

Defiende Oz:

"Todo lo que quiere el fanático es darte un abrazo del que no escaparás, sacarte de inmediato del lugar paupérrimo donde estás hundido y llevarte al lugar fantástico y sublime que él ya ha descubierto y en cuyas alturas brilla desde entonces [...]
Constantemente, el fanático se apresura a lanzarse a tu cuello para salvarte, porque te ama. Siente por ti un amor incondicional.
O, por el contrario, te aprieta la garganta y te ahoga, porque se ha dado cuenta de que, por desgracia, de verdad, de verdad eres incapaz de ser redimido. Un caso perdido. Y por tanto, sintiéndolo mucho, su deber es odiarte y erradicarte del mundo."


Uno no se convierte en fanático de la noche a la mañana. Hay todo un proceso. Empieza con las ganas de pertenecer a un grupo que reafirme la naturaleza y la identidad del individuo y su necesidad animal instintiva de enfrentarse a algo, de luchar por sobrevivir. El fanatismo es más viejo que el Sol (existía antes de que descubriéramos el fuego) y alcanza su máximo exponente en las dictaduras más referenciadas del siglo pasado. Oz solo cita a Hitler, Stalin y los japoneses, pero estoy seguro de que el lector encontrará símiles más o menos cercanos (y más o menos comparables) en su país o en el vecino. El fanatismo, pues, tiene varias caras y posee toda una escala de grises. 

Oz nos dará ejemplos de rasgos fanáticos en el comportamiento habitual de ciudadanos comunes y corrientes. Nos hablará de ese proceso de radicalización y nos dará pautas para enfrentarlo. Entre ellas, las más destacadas son el cotilleo y la literatura. Sí, ¡han oído bien! El cotilleo y la literatura y lo que tienen en común; ese interés por los demás, por vidas distintas a la del lector, nos permite ver más allá de nuestros ombligos. Descubrir que el mundo es ancho y ajeno y que la vida está por encima de cualquier propósito.

Sin extenderme mucho más, deciros que los otros dos textos están más centrados en la historia de Israel como nación y en su conflicto con Palestina y en cómo se inserta este en el espectrograma de la política internacional. Aquí Oz da su visión sobre la problemática y ataca a fanáticos de ambos sectores sin ningún miedo o pudor. No duda en decir que los judíos fueron los que trajeron el fanatismo a su país antes de crearlo. Ataca a derechas e izquierdas. Echa pestes del pacifismo, con un aura a personaje de Clint Eastwood realmente memorable. Los fanáticos del Gran Israel, así como los soldados del Estado Islámico estarían equivocados en opinión de Oz, pues son facciones que no contemplan el futuro de un mundo en el que los que hoy son sus enemigos puedan seguir existiendo. Oz habla de la posibilidad de la violencia, pero de que esta se quiere justificar mucho más de las ocasiones en las que es verdaderamente necesaria. Muchas veces se reprime en estas ocasiones y, por el contrario, brota ante las premisas más absurdas. La violencia, deriva de la agresividad y esta, como buen rasgo silvestre, no entiende de lo justo; su dominio es lo propio.

Todo en conjunto, me ha resultado un legado valioso y digno de reflexión. Cuenta con momentos especialmente bien escritos y le dejan a uno preguntas de peso, por lo que, como mínimo, diría que es recomendable. Aunque lo que más me ha gustado, ha sido tener el placer de volver a leer a Oz y de poder traeros hoy una nueva reseña. Tenía muchas ganas de escribir aquí y me alegro de estar de vuelta. Este último par de meses he estado muy liado y no he leído casi nada. Tengo pendiente comentar varios libros, muchos empezados (Pram, Trabajos forzados, Zombi, El corazón es un cazador solitario, Rant,...), y otros ya terminados (Tiempos de Swing, Farándula,...), pero que tendría que repasar para poder decir algo mínimamente de interés para cualquiera. Voy a mi ritmo. La Esquina seguirá aquí mientras no cierre Blogger. Intentaré compartir más lecturas con vosotros muy pronto. Por cierto, y para que sirva de regreso a Oz, no me despido sin recomendaros la reseña que hace Montuega en Un libro al día sobre la conferencia original del primero de los textos del volumen que comentamos hoy y que podéis leer aquí

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Más reseñas de obras de Amos Oz en esta esquina: Una pantera en el sótano, La bicicleta de Sumji, Conocer a una mujer