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viernes, 30 de octubre de 2020

Código binario, de Fernando Codina

 


Luis Rodríguez Márquez, ese es el nombre del último hombre vivo sobre la Tierra. O, al menos, que él sepa. Una serie de sucesos han arrasado con toda la vida sobre el planeta desde el año 2034. La Tierra, hasta ese momento reivindicaba su existencia, era un 1 en una cadena de códigos binarios. Un 1 frente a los otros ceros del sistema solar, frente a los otros tantísimos ceros del universo, que negaban la vida sobre su superficie y bajo esta. Hasta que un día todo cambia. Las distintas especies de animales comienzan a extinguirse. Primero es el plancton y a raíz de él, los peces más pequeños y los grandes cetáceos. Las bestias marinas comienzan a atacar a los bañistas de las playas de medio mundo como si de una secuela de Tiburón se tratase. Lo que sigue es verdaderamente aterrador. Ante la prohibición del baño, los peces comienzan a devorarse los unos a los otros hasta consumirse. Tras ellos, vienen las aves piscívoras. Muchas gaviotas enloquecen. Pasamos de Tiburón a Los pájaros de Hitchcock. Y una extinción llevará a la otra, salvo cuando los animales optan directamente por morir, por dejar de existir, por convertirse en un cero. Todos, además, de golpe y porrazo. La vida cambia, el mundo es distinto sin perros, sin cerdos, sin gatos, sin palomas. Es un mundo vegano, pero estable. No obstante, con la voluntad de la Tierra va todo lo que en esta habita y con ello quiero decir también la humanidad.

Estamos ante una novela de ciencia ficción apocalíptica que tiene lo mejor de las películas de catástrofes, con todo ese aroma a desesperación y situaciones límite, donde la muerte está siempre presente. No hay una explicación razonada para este latido final de la Tierra, pero no es necesaria. Su ausencia aporta mucho más que su aparición y esto lo sabe Codina. Aporta miedo, pánico e incomprensión. Además, es imposible que el narrador tenga los datos necesarios para desentrañar el porqué del apocalipsis. Solo es un periodista que vivía tranquilamente con su familia en un kibutz en Azuaga (un pueblito de Badajoz, España) cuando atisba que el mundo está cambiando y sospecha que las grandes ciudades ya no son seguras. Lo interesante de la historia es la visión de la hecatombe desde un doble prisma, pues mientras que Luis narra cómo vivió él y su familia los cambios en Azuaga, aprovecha también para relatar la experiencia de su amigo Gerardo, quien con su mujer y sus dos hijas, se vio obligado a escapar de una caótica Madrid, controlada por terroristas de extrema derecha.

Pero Luis alberga una esperanza, que es la de toda la humanidad y esa es el regreso de los hijos de las estrellas, de aquellos seres humanos que fueron enviados a Marte unos años antes. Luis espera que la Tierra pueda ser repoblada y que no permanezca como un planeta muerto. Y para ellos, para los marcianos, escribe, detallando minuciosamente cada suceso y explicando ciertas referencias a la cultura pop para que los viajeros del futuro puedan comprender mejor la riqueza cultural que se ha perdido. Para ellos adjunta tanto deuvedés de películas y series estadounidenses y españolas, como libros y revistas de diversa índole. Quiere que el legado humano, a pesar de la negligencia de otros, no se pierda y esto lo convierte en un héroe. Y es en esa heroicidad donde encuentra un motivo para vivir tras la muerte de todos sus seres queridos. Luis es el historiador, el cronista de una guerra contra la naturaleza y contra el propio ser humano, que trata de describir con toda la imparcialidad posible sucesos realmente espeluznantes y que llora y sufre, pero que es ante todo consciente de su misión, la cual parte de un misterioso sueño que considera premonitorio.

En Código binario, Codina retoma elementos que tanto caracterizan sus relatos de ciencia ficción de Hijos de la oscuridad, como lo son ese énfasis en que el apocalipsis puede llegar en cualquier momento y que su progresión puede responder a modelos inexplicables. Mi relato favorito de Hijos de la oscuridad y que tiene mucho que ver con Código binario es "Documentos para la memoria de la especie", posiblemente el texto más original de todos los que aparecen en el libro de relatos. En él, cada mes, en un día concreto, todas las personas de cierta edad empiezan a morir inexplicablemente empezando por los nonatos. De esta forma, la humanidad va llegando a su fin poco a poco, envejeciéndose la población, por un motivo imposible de deducir y con una esperanza que se presenta en las últimas páginas del relato. Al igual que en Código binario están presentes en la mente de Luis los marcianos, en "Documentos para la memoria de la especie" aparecen personas jóvenes mucho tiempo después de haber superado el día señalado para su muerte. Los últimos supervivientes logran crear bebés in vitro y depositan en ellos la responsabilidad de reconstruir el mundo, con la ayuda, eso sí, de androides programados para la crianza. Por ello, aunque Código binario  es una obra muy diferente tanto en concepto como en ejecución, se puede trazar una evolución de las premisas de Codina de un texto a otro. También nos sirve para valorar la evolución del estilo del autor. En cualquier caso, tanto Hijos de la oscuridad como Código binario son dos obras narrativas muy interesantes y que despliegan una excelente combinación de horror y ciencia ficción.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Fernando Codina en esta esquina: Hijos de la oscuridad,

PD. Por si alguien no lo ha visto, dejo también la entrevista que tuve la oportunidad de hacerle al autor a propósito de esta novela.


martes, 27 de octubre de 2020

Entrevista a Fernando Codina, autor de "Código binario"





Ya casi concluyendo el mes de la ciencia ficción, me complace enormemente tener como invitado al español Fernando Codina Rodríguez. Fernando es escritor de narrativa de terror, horror y ciencia ficción (e incluso tiene una novela romántica). Periodista de formación, también ha destacado escribiendo poesía. Entre su obra narrativa cabe destacar dos libros de relatos breves de terror y horror titulados Te veo: y otras miradas sin vida (Wave Books) y Entre mis tinieblas (Editorial Maluma), así como el libro de relatos largos Hijos de la oscuridad (Célebre editorial), que ya fue reseñado en esta esquina. También ha participado en numerosas antologías como Tras el umbral (Palabras de Agua), Gritos sucios: una antología splatterpunk (Ediciones Vernacci) y Proyecto Shelley (Editorial Círculo Rojo), con un relato sobre el aislamiento y la soledad. Pero, lo que hoy nos interesa es debatir sobre su novela más reciente, una pieza de ciencia ficción apocalíptica que lleva por título Código binario.

LUCAS DESPADAS: En primer lugar, Fernando, quería darte la enhorabuena por una novela tan lograda como Código binario. Aunque toca temas que son muy actuales, soy consciente de que llevabas años trabajando en esta obra, así que me alegra que haya salido a la luz. Por eso, quería preguntarte cómo había sido el proyecto de revisión de la obra, qué tipo de detalles has descartado y cuáles han sido los añadidos de última hora.

FERNANDO CODINA: Código binario es una historia bastante peculiar, al menos por su forma y tiempo de ser escrita. La idea inicial la tuve en el año 2010, pero me quedé atascado al tratar de redactarla del tirón primero, y por capítulos sueltos más tarde. No terminaba de convencerme ni el personaje protagonista, ni la manera de imbricar todas las demás historias, así que me resigné a dejarla en el cajón de novelas pendientes. Pero hace un par de años, retomé el proyecto con ganas mientras estaba cursando un Máster en técnicas de novela, con la Escuela de Escritores: se convirtió en mi proyecto final. Es cierto que podría haberla alargado incluso un centenar de páginas, dando más detalles por ejemplo sobre algunos aspectos secundarios, como el propio Karnifex, o centrar la historia en Madrid en vez de ser un foco compartido. Quizás más adelante, si se realizase una segunda edición… Pero de momento estoy feliz con el resultado.

LUCAS DESPADAS: Código binario lleva el subtítulo de Memorias de un hijo de la luz. Un lector que se dejase guiar por el título podría esperar una obra de ciencia ficción totalmente distinta. Tanto la alusión al lenguaje informático como a la luz pueden invitar al lector a pensar en una novela de androides o de viajes estelares. Sin embargo, la novela en el fondo es muy humana y, a pesar de que se habla de que parte de la humanidad reside en el planeta rojo, los marcianos no son el foco de la misma. El centro de toda la acción se desarrolla en una imagen de España de dentro de unos 17 años. El título queda justificado en los primeros compases de la obra, así como el subtítulo en los momentos finales de la misma. No obstante, me gustaría preguntarte por la elección de una metáfora tan llamativa como la del código binario para explicar la relación que existe entre lo que quiere vivir y lo que no.

FERNANDO CODINA: En el fondo, estamos muriendo continuamente, al menos a nivel celular. Por lo que la muerte y la vida no nos son extrañas, en todo caso el momento. Pero es una elección inconsciente, una obra de la naturaleza. Y la base de la novela es plantearse: ¿y si todos los organismos vivos, empezando por los más pequeños, optasen por morirse a la vez? ¿Hasta qué punto cambiaría nuestro mundo? Porque, como dicen en El Rey León, todos formamos parte del ciclo de la vida, y por lo tanto, de la muerte. Y son las Memorias de un hijo de la Luz, porque en el momento de detenerse la rotación de la Tierra (vale, sé que es imposible que suceda de esa manera, con tal brusquedad… pero esto no es ciencia), España se queda fijada en una luz perpetua al ser de día… También me apetecía mucho ubicar la acción en dos lugares muy distintos, la ciudad de Madrid (aunque se hace referencia a otras localidades españolas), y un pequeño pueblo de Extremadura, a través de dos protagonistas: Gerardo Golden García, en la capital; y Luis Rodríguez Márquez, en Azuaga.

LUCAS DESPADAS: En Código binario el lector asistirá al fin del mundo relatado por el último hombre en pie, en un relato que recuerda remotamente a Soy leyenda. La extinción de una especie dará lugar al fin de otras tantas. De esta forma, todos los seres vivos trataran de sobrevivir, aunque están abocados a su fin. El protagonista, autodenominado hijo de la luz, dosificará cada acontecimiento en distintos capítulos. De esta forma, el lector puede comprobar cómo el fin del mundo llega paso a paso y cómo esto lleva a una oleada de indignación y a sublevaciones en contra de los gobiernos. Frente a esto, sobreviven los que llevan un estilo de vida ajeno a lo habitual y con respeto por la naturaleza. ¿Código binario es una advertencia de que el estilo de vida que llevamos en las grandes ciudades es insostenible, así como una reivindicación de la vida rural?

FERNANDO CODINA: Aunque soy un urbanita, desde pequeño me ha atraído el tipo de vida rural, el de los pequeños y medianos pueblos. Primero por casualidad, gracias a un campamento de primavera en el pueblo cántabro de Bárcena Mayor, donde descubrí tantas cosas importantes para un chaval de trece años. Y mucho más tarde, cuando empecé a pasar las vacaciones y muchos días libres en el pueblo de Azuaga, una hermosa población extremeña. Era el ritmo de vida lo que me enamoraba de esta localidad: me acostumbré a sus tradiciones, sus gentes, y sobre todo a su arquitectura (es un bellísimo pueblo blanco). Si en algún momento decido desaparecer del mapa, tendrán que buscarme en un pueblo, a ser posible pequeño, en medio del secarral, o al borde del mar… Creo que la vida en los pueblos es diferente, más sana, y más satisfactoria. Ahora mismo tengo que conformarme con pequeñas escapadas al pueblo de mi cuñado…

LUCAS DESPADAS: Al mismo tiempo que prolifera la extinción de las especies, comienza el auge de movimientos de extrema derecha en todos los países europeos. En la España de 2034 de Código binario surge el polémico personaje de Karnifex. De naturaleza atrayente y carismática, pasa de ser un ídolo de masas por sus canciones antisistema a convertirse en el líder de un ejército de caníbales. ¿Cómo ha sido la construcción de este personaje? ¿Planeas en algún futuro relato narrar su final?

FERNANDO CODINA: El auge del fascismo, y de sus productos residuales, siempre me ha preocupado; sobre todo porque con el paso del tiempo se ha convertido en una triste realidad. Basta con leer un poco sobre la situación europea para darse cuenta de que están resurgiendo desde las cloacas de la historia distintos movimientos de este tipo. En España tenemos a Vox, pero les falta mucho para alcanzar los niveles de perfección y de adoctrinamiento del partido nazi en los años treinta y cuarenta del siglo pasado (afortunadamente), y tampoco tienen un líder carismático. Pero ya han conseguido algo que parecía imposible: obtener una amplia representación en el Congreso y el Senado. En cuanto a Karnifex, podría haber dado más datos sobre el personaje, pero me gusta que sea poco más que una sombra. Y su final, suponemos que se ha producido como el de toda la humanidad. Aunque uno de mis lectores cero ha sugerido la posibilidad de un primer y último enfrentamiento con el narrador… Quizás en la segunda edición, si se llega a producir…

LUCAS DESPADAS: Al igual que varios de tus relatos de ciencia ficción de Hijos de la oscuridad, cuando parece que toda esperanza está perdida, siempre te decides a darle una mínima oportunidad a la humanidad. Durante los sucesos de la Tierra en Código binario, los humanos de Marte permanecen totalmente ajenos y es en ellos donde está la posibilidad de repoblar en planeta azul. Para ellos, el protagonista cuenta su historia y quiere dejar constancia de lo que pasó, así como de la memoria de sus amigos fallecidos. Y no dudo que el protagonista necesita y se merece esa esperanza, ¿pero consideras que la humanidad también la necesita y la merece?

FERNANDO CODINA: ¿Y si en el fondo, el sueño profético no es más que eso, un simple sueño? ¿Una manera de que el protagonista mantenga la cordura, la ilusión? Pero al mismo tiempo, me apetecía darle alguna esperanza al ser humano: una raza capaz de construir Notre Dame y el Taj Majal; de pintar El nacimiento de Venus de Boticelli o la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci; de esculpir el David de Miguel Ángel o el Pensador de Rodin; de escribir Las mil y una noches o La Divina Comedia… en el fondo, se merecía un poquito de esperanza, algo de ilusión, aunque sea en el último momento. Si el hombre como colectivo puede ser destructor, es posible hallar individuos realmente excepcionales.

LUCAS DESPADAS: Por último, me gustaría preguntarte por otras obras de ciencia ficción que estés planeado en un futuro, así como alguna que yo haya podido obviar.

FERNANDO CODINAEn la actualidad, estoy dándole vueltas a un relato largo que presenté para una antología, porque tengo la impresión de que puede servir para otras cosas, crecer y convertirse incluso en una novela. Solo es cuestión de vencer el miedo a la página en blanco, y a la misma pereza. Pero la historia vale la pena, y el enfoque me parece interesante. No deja de ser curioso que ahora abandone el territorio conocido de los relatos de terror, y que me lance a escribir ciencia ficción, cuando es un género del que apenas leo nada (lo último fue El mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin), pero es cierto que soy devorador compulsivo de películas de catástrofes, y tampoco le hago ascos a una cinta de ciencia ficción…

LUCAS DESPADAS: Y eso es todo. Muchísimas gracias por aceptar esta entrevista, Fernando. Es un placer tenerte en esta esquina. Desde aquí esperaré tus futuras obras. Recordad que Código binario lo podéis adquirir en físico o en digital en la página de Bohodón Ediciones en el siguiente enlace: https://www.bohodon.es/libro/1243/codigo-binario.html

El viernes 30 tendrán reseña con mi análisis de la obra.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.


jueves, 28 de mayo de 2020

Hijos de la oscuridad, de Fernando Codina




Fernando Codina es un escritor poco conocido de terror y ciencia ficción, que actualmente se halla a la espera de la publicación de su primera novela. De él, he podido leer recientemente su cuentario Te veo: y otras miradas sin vida, que, sin ser el libro del año, cumple bastante bien y cuenta con algunos relatos muy potentes. De su colaboración en la antología de splatterpunk titulada Gritos Sucios y publicada por Ediciones Vernacci, el año pasado, surge la premisa de esta obra que hoy os traigo: relatos más extensos donde se de pie a la crueldad humana.

En líneas generales, podemos dividir los relatos de Hijos de la oscuridad en tres grandes categorías o temas: fantasmas, asesinatos y apocalipsis futuristas. Dentro de la primera categoría podemos incluir La última trinchera, Los misterios de la isla de los frailes (ya aparecía en Te veo) y Puente de los sueños rotos. En la segunda entran Diecinueve campanadas y media, Mil cortes más uno y La persona equivocada. Y en la tercera se sitúan Crónicas del apocalipsis, Prisionero del tiempo, Diarios de la doctora Smith y Documentos para la memoria de la especie.

No me voy a detener a hablar pormenorizadamente de cada uno, pero sí me gustaría hacerlo con los que más me han entusiasmado. De entre los primeros, La última trinchera, que es el relato más largo y que abre el volumen, es también el más destacable. En él se relatan las extrañas apariciones de fallecidos que asolan a una comunidad madrileña de vecinos. Por lo visto, el suelo en el que han edificado sus viviendas fue escenario de una de las más violentas disputas de la Guerra Civil Española, donde perdieron la vida tanto los republicanos como los nacionales. Sus cuerpos enterrados bajo el cemento sueñan como fantasmas con la repetición de su última noche. La última trinchera es un relato muy original al mezclar el terror con la memoria histórica, si bien es cierto que hay una clara visión heroica de aquellos últimos soldados de la República que no va a agradar a todo el mundo.

Otros dos a destacar son Diecinueve campanadas y media y Mil cortes más uno. En el primero se describe el proceso empleado por una organización de sicarios para efectuar un ataque terrorista en plena Nochevieja y empezando por la famosísima Puerta del Sol, amén de algunas otras ciudades españolas. En él se destaca la frialdad con la que los asesinos describen su procedimiento y como son encargados para el trabajo por sectores ultraconservadores de la sociedad para limitar las reuniones de la población y que el nuevo Gobierno de la vieja oposición obtenga así un poder mayor sobre la libertad de las personas. Si bien, es difícil que esto suceda en la vida real, el texto se construye de forma que se antoje verosímil una situación así. Por otro lado, en Mil cortes más uno se describe un ajusticiamiento que emplea una curiosa tortura medieval que desconocía. Posiblemente sea el relato más cruel y turbio, dejando un espacio irrisorio para la esperanza.

En cuanto a los relatos de ciencia ficción se refiere, he de decir que me parecen todos muy buenos. La primera parte de Crónicas del apocalipsis es sublime por su estructura; a través de cómo está construido podemos ver cómo la humanidad acepta de una forma u otra el impacto inevitable de un planetoide con el que sus vidas llegarán a su fin. La forma de aceptar la muerte varía de un lugar a otro, de una cultura a otra, y esa riqueza, en la que hay un fuerte contraste entre Oriente y Occidente, hace que el lector reflexione sobre su naturaleza y la de la sociedad que le corresponde. Sin embargo, el que a mi juicio es el más interesante de todos es Documentos para la memoria de la especie. En este relato se nos plantea la siguiente premisa: el día 20 de cada mes morirán de forma escalada todos los que cuenten con X edad a partir de 0 años. Este suceso se presenta independientemente de los procesos lunares y las personas no guardan relación alguna entre sí. Poco a poco la sociedad, envejecida por el inevitable y peculiarísimo proceso trata de crear una vida con la que la que postergar la especie humana. El estilo es también digno de mención. Codina recurre a los textos periodístico y científico y emplea una gran cantidad de notas al pie para aportar cuerpo al proceso que describe. La historia da para película, os lo aseguro.

La visión de Codina en estos relatos es clara: el ser humano es una plaga y el espacio para su corrección dentro del desastre a niveles climáticos, sociales, económicos, etc., que supone su existencia es escaso. No obstante, en sus piezas de ciencia ficción prefiere dejar siempre una puerta, que permita a la especie comenzar de nuevo y evitar caer en los errores del pasado. Si bien esta puerta es pequeña y puede conllevar un retorno al caos, a la repetición cíclica de lo que se pretende evitar.

Con todo deciros que esta reseña no habría sido posible sin el mismo escritor, que me envió un ejemplar del libro hace unos días, y con el que pude conversar para ver su visión sobre lo que él mismo había escrito. No tiendo a recibir libros por encargo y, de hecho, no tenía pensado reseñar este, pero me gustó mucho y quería compartirlo con vosotros. Namasté.

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