viernes, 4 de agosto de 2017

Griego busca griega, de Friedrich Dürrenmatt




Arnolph Arquíloco es un subcontable más en el profundo océano de los contables de Petit-Paysan S.A., una compañía que fabrica desde abrelatas hasta cañones atómicos. A pesar de trabajar para una empresa mercenaria, Arquíloco es un hombre de una moral inquebrantable, por lo que ni fuma, ni bebe, ni come carne como el buen miembro de los neopresbiterianos de los primitivos cristianos que es. Cree que todo el mundo es bueno por naturaleza, aunque haya quien aún no ha encontrado su camino -como es el caso de su hermano Bibi, un criminal con todas las de la ley-. Por eso Arquíloco se deja guiar por modelos que él mismo establece en lo que llama su particular ordenación moral del mundo, ocupada en un primer y segundo puesto por su presidente y su obispo. Sin embargo, este tipo de vida es monótona y solitaria, por lo que su camarera habitual le recomienda buscarse una novia, sobre todo teniendo en cuenta que con su pulcritud Arquíloco no ha "estado" nunca con una mujer. De esta forma, Arnolph coloca el famoso anuncio en un periódico local. Arquíloco ha tenido antepasados griegos y, aunque nunca ha pisado suelo heleno, se siente más griego que nadie, por lo que busca a una chica que se vea en la misma situación. El anuncio será contestado por una bellísima mujer llamada Chloé Saloniké. A partir de este momento Arquíloco no dejará de tener una exagerada racha de buena suerte.

Dürrenmatt nos presenta una novela satírica con un fuerte componente de crítica social, religiosa, ética y política, donde aparecen personajes caricaturizados que se sienten, para sorpresa del lector, como muy reales. La moral y la pérdida de la fe son elementos centrales en una novela en la que Arquíloco va descubriendo cómo son realmente sus modelos morales y tras cuántos kilos de hipocresía se esconden para contentar a las masas, cometiendo a espaldas de estas incluso algún que otro acto no ya reprochable, sino a veces abusivo y hasta delictivo. Petit-Paysan se declara un filántropo, pero no declina fabricar armamento nuclear si hacerlo le reporta beneficio económico. El obispo Moser predica la abstinencia y advierte de las tentaciones de la carne, pero luego es el primero en irse de putas. El presidente aprueba leyes y medidas anti-alcohólicas, pero en su casa no duda en descorcharse las botellas de vino que haga falta. Y así un largo etcétera de personajes que irán apareciendo en las páginas de Griego busca griega

Al igual que en El juez y su verdugo Dürrenmatt nos ofrece una visión inicial mínima de los personajes, donde todos -incluído el protagonista y aunque él no lo sepa- se ocultan datos los unos a los otros. Esto da lugar a que al principio los acontecimientos nos puedan llegar a parecer una locura descontrolada, en el sentido más humorístico que podamos otorgarle, aunque luego, sin dejar de lado este humor, va cogiendo forma magistralmente. Dürrenmatt juega mucho con la sutileza, la ironía y, especialmente en esta novela, con lo carnavalesco, pues la jerarquía social de los personajes se ve alterada profundamente y como de la noche a la mañana, lo que los deja -y a nosotros también como lectores- en una sensación de vértigo, al no sentir los pies fijos al suelo. 

Como dato interesante hay que decir que, aunque la novela no se desarrolla en Grecia, hay muchos elementos que pretenden de manera sutil asociarla con la cultura de dicho país. En primer lugar, se construye su protagonista como un héroe que es ayudado por los dioses (los modelos morales de Arquíloco), quienes saben que el destino que le espera a su protegido es terrible. Otro detalle es que dentro de la propia novela hay un momento de anagnórisis que recuerda a la escena en la que Edipo en el Edipo Rey de Sófocles se arranca los ojos. También hay un panteón, al menos para Arquíloco, donde los modelos/dioses, al igual que en la mitología grecolatina, son poderosos, aunque imperfectos, pues pueden coexistir en ellos las pasiones más bajas con las más nobles aptitudes.

En definitiva, una novela que me ha gustado bastante más que la anterior que leí de Dürrenmatt y a la que creo que se le puede sacar más chicha. La veo más original, fresca y agradable de leer. Comparte con El juez y su verdugo muchos de sus temas, aunque creo que el enfoque humorístico le proporciona mucha más fuerza en este caso. 


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