martes, 8 de agosto de 2017

La promesa, de Friedrich Dürrenmatt




La historia tras esta novela policíaca de Dürrenmatt es, como mínimo interesante. En 1957 el director de cine polaco-español Ladislao Vajda quería dirigir una película en las montañas suizas que tratara el polémico tema del abuso sexual de menores y no se le ocurrió a nadie mejor para encargar el guión que a Friedrich Dürrenmatt, que en aquel momento ya era uno de los escritores suizos más aclamados a nivel internacional. De esta mutua colaboración de genios apareció una de las joyas más grandes de la cinematografía española: El cebo. No obstante, y tras el éxito del filme, Dürrenmatt decidió, por su cuenta, manipular el guión, centrándose mucho más en el personaje de Matthäi y aportando una ironía que hubiera sido inconcebible para la gran pantalla en aquel momento, pero que bien podría presentar en la literatura al disponer de un público mucho más reducido y ya acostumbrado a cualquier cosa. Los cambios que realiza Dürrenmatt son muy sustanciales, tanto en la forma de ser narrados como en su contenido, y son expuestos frente a lo que sucede en la película como reales. Dürrenmatt  se presenta en La promesa a sí mismo como un narrador en primera persona que tras una conferencia en Zürich conoce a quien habría sido el superior del comisario Matthäi, que le cuenta toda la historia de su subordinado y sugiere diversos retoques -que luego habría seguido el propio escritor- para convertir la narración de los hechos "reales" en una producción de cine. Con esto Dürrenmatt no sólo hace en su novela una crítica de su película, sino que, además, elabora una parodia brillantísima sobre todo el género de la novela policíaca, destacando las enormes distancias que alejan a este tipo de narrativa de las investigaciones policiales reales que se producen en el día a día. Sobre todo, Dürrenmatt pone de relieve como en la vida real el asesino no tiene por qué ser descubierto -y mayoritariamente no lo es casi nunca-, mientras que en la novela policíaca su aparición se vuelve forzosa para reforzar argumentalmente el relato y contentar la intriga del lector. También nos da un aviso sobre cómo los héroes de las películas encuentran muchas veces el éxito -sobre todo los de Hollywood- más por casualidad que por otra cosa, por lo que emularlos en la vida real puede ser tan peligroso como estúpido.

Sin desvelar mucho la trama, haré una pequeña sinopsis de los momentos iniciales de la historia, para aquel que ni se haya visto la película ni se haya leído el libro. El cadáver de una niña es encontrado en un pueblo de Suiza Oriental y un grupo de agentes se presentan en la escena del crimen. Todas las sospechas del homicidio apuntan al buhonero que habría descubierto el cadáver, por diversos antecedentes de abuso de menores y porque vendía navajas de afeitar similares a la que se habría utilizado en el atentado, pero el comisario Matthäi tiene la certeza de que es inocente, aunque sólo se lo indique su intuición de sabueso, por lo que le promete al acusado su protección. Como nadie se atreve a darle a los padres de la niña la noticia de la muerte de la misma, Matthäi decide encargarse él mismo, prometiéndole a la madre de la pequeña dar con el culpable. A pesar de que el buhonero confiesa y se suicida, Matthäi sigue buscando, convencido de su inocencia y de que el verdadero asesino sigue ahí afuera. No obstante, cumplir con lo que se promete un poco a la ligera en la vida real es a veces mucho más difícil de lo que uno pueda llegar a esperar.

La novela resulta incluso más impactante y truculenta que la película y habrá momentos en los que al lector se le pongan los bellos de punta. La táctica que empleará Matthäi para dar con el asesino es como mínimo arriesgada y estúpida y para llevarla a cabo tendrá que mentir y poner en peligro las vidas de otras personas; aunque su fin -proteger a los niños de su país- sea muy positivo, las medidas tomadas no dejan de constituir una locura injustificable. De nuevo, vemos desplegadas las mejores herramientas literarias de Dürrenmatt, que son: su buena distribución de la información y como los personajes se ocultan datos vitales entre ellos, la sutileza con las que se tratan temas delicados y la ironía bien trabajada, que en ocasiones muestra incluso ligeras pinceladas de humor. Del mismo modo se tocan temas recurrentes en él como: la obsesión, la fe y su pérdida, la subida/caída de diversos personajes dentro de la jerarquía socioeconómica, el tabaco -sí, por algún motivo los personajes del suizo aparecen fumando cada vez que pueden-, la crudeza de lo verdadero frente a lo ideal y la incapacidad de afrontarlo,... En definitiva, una gran parodia de la novela policíaca, perfectamente hilada y que no dejará a nadie indiferente.

Tenéis más reseñas de La promesa en Leer sin prisa  (un tanto superficial) y en Solo novela negra (donde no sólo se resume la novela entera, sino que también aporta algún que otro dato erróneo).

Más reseñas de obras de Dürrenmatt en esta esquina: El juez y su verdugo, Griego busca griega.



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