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martes, 23 de febrero de 2021

Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos

 


Tochtli es el hijo de uno de los mayores narcotraficantes de todo México y es tratado por ello como una deidad, siendo colmado con todo tipo de caprichos. Sin embargo, su vida es brutalmente anodina y carece de cualquier tipo de contacto con otros niños de su edad. Solo en su imaginación sueña con ser un samurái y arrancar cabezas de un tajo como hicieron las guillotinas con los reyes de Francia durante la Revolución de 1789. Sueña con eso y con tener... ¡hipopótamos enanos de Liberia!

Con Fiesta en la madriguera, Juan Pablo Villalobos se estrenó como escritor. Es una pieza muy breve que tiene toda la bizarría (en el sentido castellano y anglosajón) que tanto lo caracteriza, con esos narradores extravagantes que viven en la más pura extravagancia y con esa crítica social que arremete profundamente contra la política de un México en el que lo extraordinario es la tónica de cada día. Yo no he leído a César Aira, pero, por lo que sé, Villalobos es un gran fanático de su prosa, y lo que conozco del argentino concuerda a grandes rasgos con el estilo del mexicano. De una situación más o menos realista comienzan a desprenderse una sarta de momentos inverosímiles, como si asistiéramos a una alucinación. La visión del niño es tratada con simpleza, pero, al mismo tiempo, es capaz de atemorizar al lector, puesto que carece por completo de inocencia. La muerte se vuelve, como en tantas otras novelas mexicanas, algo natural con lo que convivir hasta el punto de llegar a la indiferencia.

De fácil lectura, pero rápidamente olvidable. Fiesta en la madriguera no es el mejor libro que Villalobos haya escrito, pero al menos te entretiene y aprendes que el hipopótamo pigmeo existe en el mundo (en diminutos pantanos de Liberia, no en todos). Tiene pinceladas cómicas de la casa, algunas con mayor acierto que otras. Aún y con todo, sigue siendo mucho mejor novela que ese despropósito que ganó el Herralde:  No voy a pedirle a nadie que me crea.

Reseñas de otras obras de Juan Pablo Villalobos: Si viviéramos en un lugar normal, No voy a pedirle a nadie que me crea

viernes, 29 de enero de 2021

Noche de pizza con mi villano, de Daniela L. Guzmán

 


Normalmente no suelo ser muy optimista con los escritores de mi generación, ya que, por lo general, tienen perspectiva, pero les suele faltar la técnica para hilvanar grandes historias. No obstante, el libro que reseño hoy me ha sorprendido para bien. Noche de pizza con mi villano se trata de una recopilación de cinco relatos de la joven promesa mexicana Daniela L. Guzmán, unidos por un nexo común: la villanía. Y, bueno,... también por la pizza. Los protagonistas de cada uno de ellos parten de personalidades reales de la historia mexicana más clásica. Tenemos a Hernán Cortés, a la Malinche, a Moctezuma, a Maximiliano de Habsburgo y a Porfirio Díaz. Y su protagonismo se integra con esos elementos que tanto me atraen de la literatura mexicana más reciente: la conciencia de que Méjico no es un país que funcione de acuerdo a una lógica, de que si en un país pueden llover cabras del cielo y bajar extraterrestres en un cono de helado para bailar una samba, ese es Méjico. Y eso es así porque si algo ha funcionado en la historia y la política del país es justamente lo inesperado. Los mejicanos que conozco rara vez se sorprenden, lo que hace que la literatura orbite por mundos mucho más fantásticos que los que acostumbramos en Europa. 

Méjico no es un país normal, como decía Juan Pablo Villalobos, y está plagados de villanos históricos, cuyas historias fascinan a los propios mejicanos, cuyas ideas son rescatadas una y otra vez por ellos en el día a día. Guzmán hace en este libro una reinterpretación de sus historias recurriendo al amplio abanico de la ciencia ficción y la ficción especulativa, dando lugar a textos muy bien cuidados y que apuntan formas. Son los siguientes:

  • Rehúso, señor presidente: El presidente del país trata de dejar el cargo, pero es reelegido una y otra vez. Se convierte en un ser despótico y en un auténtico tirano para el pueblo, pero este le sigue adorando. Ni siquiera le dejan suicidarse tranquilo.
  • No vayas, es una trampa: Un grupo hotelero vegano secuestra a un ingeniero y a sus hombres y les obliga a probar durante un tiempo su modo de vida, a la fuerza.
  • También en Plutón hay una ciudad llamada Estocolmo: Un padre conspirativo piensa que su vecino es un auténtico plutoniano y se va a vivir con él abandonando a sus hijos.
  • Mi mejor amiga vive en una pecera gigante: Un par de estudiantes adolescentes decide recaudar peces para salvar la extinción de los osos polares, pero una de ellas es maltratada por sus compañeros hasta el punto de despreciar a la raza humana.
  • El empleado enfermo: El hijo progre de un empresario hereda el imperio económico de su padre, pero no tiene ni idea de cómo dirigirlo. En las oficinas tiene permiso para hacer lo que se le antoje, salvo una sola cosa: abrir la puerta del sótano en la que trabaja "el empleado enfermo". Cuando ambos entren en contacto, su forma de ver el mundo cambiará drásticamente.
Se trata de textos bastante breves y que se pueden leer en su conjunto en unas dos horas. Están plagados de humor y de referencias a la cultura pop de mi generación (los que nacimos en los noventa), más allá de los localismos propios de Méjico. El lenguaje es ágil, pero también goza de una profundidad que parte de la reflexión y de lo simbólico. Guzmán juega con la referencia y se apropia de ella hasta darle forma y encajarla en su mundo literario. Su estilo es muy personal y colorido. No obstante, el marco narrativo puede desconcertar de alguna manera al lector y era por completo innecesario, pues ya los relatos son lo suficientemente buenos de por sí. Hay una breve introducción en la que se trata de explicar que los villanos han resurgido y han concedido entrevistas para la televisión nacional por una porción de pizza (y un vaso de vino), pero lo que uno encuentra luego son relatos que se vinculan con dichos villanos simbólicamente y en los que no hay ni rastro de la aparentemente prometida entrevista. Por decirlo de alguna forma, se trata de historias que no podrían aparecer en un programa de televisión al ser estrictamente literarias. Y luego está el tema de la pizza, que acaba siendo meramente anecdótico, a no ser que entendamos, claro, que en la referencia a la comida italiana reside esa intencionalidad de actualizar viejas historias. Salvando estos detalles y algunos descosidos propios de toda primera obra, se puede decir que es un libro de relatos muy en condiciones, demasiado si se tiene en cuenta de que la autora lo distribuye de manera totalmente gratuita por Google Play. Muchas veces pagamos por libros mucho peores y no le damos la oportunidad de ser leídos a estos autores menos conocidos, lo cual es una verdadera lástima.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



viernes, 15 de enero de 2021

La uruguaya, de Pedro Mairal

 


Lucas es un escritor bonaerense cuarentón que vive con su mujer, Catalina, y su hijo de corta edad, Maiko. Cada cierto tiempo acude a Montevideo a bordo de un ferry para extraer del banco ciertos pagos por novelas que acuerda escribir para editoriales españoles, pero que no siempre entrega a tiempo. El viaje no es en balde, si retirara el importe en Argentina, la fiscalía se quedaría con casi un sesenta por ciento de las ganancias. Por ello, hace de mula, cargando más billetes de los que debe en la ropa interior y buscando mil formas de burlar a los controles aduaneros. En uno de estos viajes, aprovechando un congreso de literatura en la capital uruguaya, conoce a una chica por la que siente cierta atracción. Lucas sabe que desde hace algún tiempo su mujer mantiene encuentros sexuales con otra persona. Cree que le ha llegado el momento, cree que ha tenido suerte. ¡Menudo desdichado!

La uruguaya es una novela ágil, en sintonía con otras de Pedro Mairal. Destaca por sus diálogos y por el desarrollo de la psicología interna de los personajes con pocas frases, pero muy contundentes. 

En ella sobresalen las relaciones entre narrador y narratario. Todos sabemos que un autor escribe para un lector que existe en la vida real y que es, por lo general, de naturaleza indefinida. Quiero decir, depende de la obra hay unos patrones claros. Por ejemplo, no tiene demasiado sentido apelar al lector usando pronombres masculinos en un libro para embarazadas. Esto no quiere decir que todas las personas que vayan a leer ese libro sean mujeres, pero la lectora ideal del propuesto por el escritor/a lo es. En cualquier caso, lo importante es que en toda obra, sea del índole que sea, hay un autor (o autores) y lectores, ideales y reales. A este esquema simple, habría que sumarle el del narrador y el narratario en las obras de ficción. En La uruguaya el narrador es el propio Lucas, que relata su experiencia en primera persona, pero lo hace con el fin de comunicarse con el narratario (Catalina) para, aparentemente, pedir su perdón.

Hay que dejar en claro dos cosas, puede que Lucas acabe muy mal parado al final de la obra, pero hasta cierto punto no le importa tanto humillarse ante Catalina como humillarla. Los detalles eróticos que le revelaría si el largo texto que escribe llegase a sus manos son verdaderamente hirientes, a pesar de que trate de compensarlo al final diciendo que la quiere. Lucas yerra, se comporta como un iluso y actúa en venganza. Y lo peor de todo, una vez la acción acaba y se sienta a escribir el relato que los lectores estamos leyendo desde el principio, sabemos que su venganza no ha concluido y que aún pretende reclamarla.

Sin embargo, esto es una interpretación. De si la intención de Lucas es entregar su texto a Catalina o no, puede desprenderse otra: la de que Lucas escriba el texto para sí mismo, pero aluda a Catalina en segunda persona como una parte de sí mismo. Ya en la obra se comenta varias veces la cuestión de la bicefalia de las parejas sentimentales. Se comparten hábitos, comidas, películas, amistades, sexo, etc. Hay una negación de la intimidad en un principio que se pierde cuando una de las cabezas trata de recuperarla. Dependiendo de lo que se quiera dejar de compartir esto puede llevar a la hecatombe para la pareja. La escasa madurez puede invitar a la afloración de los celos, como le ocurre a Lucas en su primera venganza. Si las alusiones a Catalina son alusiones a sí mismos, estamos ante un nostálgico como el final de la obra parece indicarnos.

Podría comentar varias cuestiones más, pero este punto ha sido el que más ha llamado mi atención de toda la obra por su ambigüedad. Ya sabéis que pienso que cuanto más ambigua sea una obra más poderosamente literaria me parece. Por lo demás, es una historia entretenida, pero sin momentos sobresalientes.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Pedro Mairal en esta esquina: Una noche con Sabrina Love


viernes, 11 de diciembre de 2020

La cruz y el cerdo, de Nieves Guijarro Briones



Ya hablé de Nieves Guijarro Briones hace unos meses a propósito de su primera novela Orquídeas para Perséfone. Hoy lo haré sobre la segunda: La cruz y el cerdo. Se trata del tercer volumen de la colección Puño Sucio de Ediciones Vernacci, la cual estoy siguiendo detenidamente, puesto que está dedicada a publicar la ficción más visceral dentro del horror y la fantasía que llegue a sus manos (lo cual me interesa especialmente para mi futuro doctorado). La propia Guijarro Briones es directora de la colección, lo cual podría indicarnos que ha colado su novela con calzador como estoy seguro de que hacen otros tantos editores que se valen de sus propios sellos editoriales para publicar sus creaciones. No obstante, La cruz y el cerdo, a pesar de que juega con la ventaja de no tener que haber soportado miles de noes de parte de terceros que se leen la obras de los demás por encima, si es que se las leen, para decidir si algo definitivamente se publica o no, no se trata, en absoluto, de una novela menor o inacabada. Y el hecho de que se publique aquí, en esta colección, es porque está en una sintonía perfecta con los otros dos títulos previos de la misma (Zombi de Juan Díaz Olmedo, novela de la que no me canso de hablar y que algún día reseñaré por aquí, y la antología splatterpunk Gritos sucios). El mundo que nos trae la imaginación de Guijarro Briones es tanto o más cruel que el del resto de escritores que ella misma ha editado y no se aprecia la mínima distancia de calidad entre ellos. A pesar de que esta es la segunda novela publicada por la autora, ya cuenta con una trayectoria previa de libros descartados por ella misma, lo que nos sugiere una autoexigencia que solo nos puede asegurar una cierta calidad.

Nieves Guijarro Briones no es Amélie Nothomb, que escribe cuatro veces el mismo libro al año. Un libro que, por cierto, ya había escrito el año pasado y el anterior. Es una escritora que sabe darle el mimo a cada texto y guardar la distancia entre estos y, aunque hay una cierta recurrencia entre Orquídeas para Perséfone y La cruz y el cerdo en lo que respecta al tema del mundo astrológico, se trata de dos productos completamente diferentes. Orquídeas para Perséfone es un trabajo muy personal, que sugiere un mundo interior vasto. La cruz y el cerdo se construye en la colectividad de las grandes civilizaciones que empiezan desde cero y se apropian del pasado para tergiversarlo, para corromperlo, para corromperse a sí mismas. Orquídeas para Perséfone pertenecería a ese género poco explorado de la fantasía onírica (que ni yo sabía que existía hasta que la leí), mientras que La cruz y el cerdo es definida por la propia autora como fantasía esotérica, aunque yo sostengo que es un revoltijo de muchos géneros donde tiene cabida también el horror más bruto, la ciencia ficción y la crítica social.

La trama parece sacada de un George Orwell alucinado. En un momento determinado, los animales en los mataderos cobran conciencia de que están siendo ejecutados, exterminados masivamente para servir de alimento a una especie más débil que ellos. Se levantan sobre sus patas traseras y se rebelan. Acaban con toda la raza humana al tiempo que procrean con ella, dando lugar a nuevos seres con características de ambos. El primero en alzarse es el carnero, el segundo será el cerdo. Juntos unen a todos los animales rebelados en torno a una Iglesia que ora a divinidades estelares y, un poco también, a una leyenda algo distinta de Jesucristo. Es la Iglesia de la Cruz y el Cerdo. Desde ella el Papa Cerdo, un ser sin ningún tipo de escrúpulos y que tiene enroscado en su columna vertebral a la serpiente de la sabiduría, ordena todo tipo de limpiezas étnicas y demás brutalidades. La necesidad de poder de Papa Cerdo, antagonista absoluto de la novela, le lleva a la paranoia del dictador y hace que se granjee la enemistad de sus seguidores y de hasta su propio hijo, quien durante años había sido torturado con la historia sobre la violación y la muerte sangrienta de su madre por adulterio. John, el cerdo-humano, hijo del bestialismo de Papa Cerdo es llamado por las estrellas, al tiempo que estas castigan con plagas lo que queda del mundo. Debe cometer parricidio y devolver el equilibrio al cosmos y el culto a los astros.

Papa Cerdo se corrompe porque es débil. O esa es la tesis que se mantiene en toda la novela. No puede evitar caer en la tentación, no es capaz de ceder un palmo, aunque esto ayude a la "consagración de la paz". Papa Cerdo es un tirano asustado porque sabe que puede caer en cualquier momento y para evitar que esto ocurra no le queda otra más que atacar una y otra vez e ignorar las decisiones de sus dioses. Papa Cerdo es un líder débil para una civilización débil, incipiente. Es el dictador que nace en las repúblicas remotas recién creadas ante el vacío de poder que deja una ocupación demasiado prolongada en el tiempo. Su represión y su fanatismo es síntoma de su condición y la de su pueblo, obligado a creer en algo, en lo que sea. Y en este sentido, La cruz y el cerdo se puede tomar como una radiografía histórica. 

Lejos de lo que pueda parecer, no se trata propiamente de un discurso antirreligioso. Papa Cerdo se nutre de toda una cosmovisión para sus intereses, pero la religión es un mero telón de fondo en la obra. Lo que es verdaderamente relevante es ese uso del discurso capaz de conmover a las masas y volcarlas en una dirección. Y el enorme poder del Caos como fuerza que ajusticia y proporciona ciertas luces en las tinieblas.

Al mismo tiempo, que los protagonistas sean animales humanizados nos viene a hablar de la animalización del hombre, de su impiedad. El ser humano se alza como explotador de todos los demás seres debido a la condición que le brinda la estructura de colmena de su organización social y su intelecto. Ante el vacío que dejan, los animales, los oprimidos, se convierten en nuevos hombres, en los opresores. La Historia se repite, pero no en círculo, sino en espiral. El nuevo mundo requiere nuevos héroes y nuevas dialécticas que luchen entre sí, pero que siempre recuerdan a las viejas, a las de toda la vida.

Como digo, La cruz y el cerdo es una excelente novela. Si no os he convencido ya, solo tengo que deciros que, además, la edición viene ilustrada y con una tipografía gótica que nos recuerda a esos libros antiguos de alquimia tan populares para tantos escritores entusiastas de todo lo macabro. Por ello, es una pieza de orfebrería única y originalísima. 

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Nieves Guijarro Briones en esta esquina: Orquídeas para Perséfone,



martes, 1 de diciembre de 2020

Okulto, de Samir Karimo

 


Uno de mis placeres culpables es la narrativa vanguardista de Samir Karimo. Se trata de un autor portugués de origen indio que, debido a su formación como traductor, suele publicar su obra en castellano, pues encuentra un mayor público en nuestra lengua. Sus relatos suelen ser muy breves y en ellos predomina el horror y lo grotesco, con pinceladas muy bien llevadas de un humor que entronca con el Teatro del Absurdo y el dadaísmo. Su obra es leer en clave dadaísta, y en menor medida surrealista, la larga tradición gótica. Y esto da lugar a textos donde se desafía todo: el espacio-tiempo, la figura de los monstruos, el sentimiento mismo de pánico, la improvisación como herramienta creativa, la sexualidad, etc. Por desafiar, Karimo desafía incluso la misma sintaxis española. Crea palabras, con un especial sentido lírico, y personajes únicos para un universo también único, plagado de dimensiones, de líneas temporales, de entes bizarrísimos con comportamientos que no terminamos de entender, etc. Además, como los novísimos en España, hace un uso muy interesante de las referencias culturales, cimentando muchas veces sus textos sobre ellas y sobre las experiencias que estas les provocan. Es una literatura cercana al pulp por su carácter experimental, su aura de cine ochentero y su distancia deliberada con la narrativa de terror convencional.

Okulto es una muestra más de su prosa. En ella tenemos veinte relatos, más un extraño guion para un extraño cortometraje que jamás se rodaría y que, a mi juicio, es de lo mejorcito del volumen. Aunque la mayoría de estos textos ya aparecen en antologías, revistas digitales y libros de relatos posteriores, se puede decir que la lectura de Okulto es una experiencia interesante por la novedad que aporta a quienes no están familiarizados con el horror experimental y satisfactoria para los que disfrutamos con él. 

Otro texto muy destacable y que no he reseñado aquí es la colaboración con el español Teodomiro de Moraleda en Sangre más allá del matadero, otro autor muy anclado en el pulp. Juntos también tienen dos novelas experimentales totalmente disparatadas y escritas a ocho manos, con otros dos autores, tituladas Ouija infernal y Ouija infernal 2. Estas son de las mayores locuras que he leído en mi vida hasta el punto de que no sabría ni cómo clasificarlas, especialmente la primera. Eso sí, son unas risas aseguradas. Actualmente me encuentro leyendo Macabruo, una reciente novela publicada por Karimo, pero exclusivamente en portugués. En ella explora lo que ha venido a llamarse splatterpunk, una corriente de la narrativa gótica que en España ha sido trabajada por autores como Juan Díaz Olmedo, Lou Wild o José Ángel Conde, por citar solo a algunos de los autores que se han reseñado aquí, y que supone una transgresión del horror a través de la violencia explícita y la descripción de elementos de repulsión vinculables a lo monstruoso, utilizando estéticamente para ello los fluidos corporales.

Y eso sería todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté.

PD. Ruego que me disculpen por la coincidencia del color de la portada y del fondo de esta esquina. Es una casualidad sin precedentes. He tratado de echar alguna foto, pero el resultado es todavía peor. Gracias por su comprensión, gente bella.



viernes, 6 de noviembre de 2020

Joyland, de Stephen King

 


Devin Jones es un anciano que en plena era Google trata de recordar lo que supuso para él trabajar en un parque de atracciones bastante modesto de un pequeño pueblo de la costa de Carolina del Norte en el verano de 1973. Su paso por Joyland, el lugar de la alegría, representó una etapa de su vida que lo marcaría para siempre por sufrir un desengaño amoroso, salvar varias vidas y vivir una experiencia cercana a la muerte. Estamos, pues, ante una novela que mezcla con bastante soltura las tradiciones de la novela de aprendizaje y, como es frecuente en la narrativa de Stephen King, el terror sobrenatural y hasta el género policíaco, dando lugar a una obra que podría clasificarse como thriller sobrenatural. No voy a engañar a nadie si digo que el texto me ha entusiasmado especialmente por lo fácil que he logrado empatizar con el personaje central. El Devin Jones de Joyland es un joven inexperto, enamoradizo y con buenas intenciones, como todos lo hemos sido a su edad. Comete múltiples errores que derivan de la confianza que deposita en los demás y lo paga caro. Sin embargo, presenta valentía en los momentos en los que hay que tenerla y eso lo convierte en un héroe justo y humilde, por lo que tiene todas las papeletas para enganchar a un público juvenil. De otro como él podría echar pestes, decir que es hasta cierto punto plano, pero se aprecia una evolución en él a lo largo de la novela que tanto me ha hecho valorarlo positivamente. Devin Jones, apodado Jonesy por sus compañeros de trabajo, llega a Joyland como un niño y se marcha como un adulto. Vive la crudeza de la vida y aprende mil veces más con esta experiencia que con el semestre en la universidad que decide sacrificar. Y es que la universidad está bien, pero es la vida la que nos curte.

Por otro lado, está la ambientación de la obra, que considero un gran punto a favor de la misma. No recuerdo muchas novelas de este género que tengan por escenario parques de atracciones provincianos en una época tan llamativa como el comienzo de los setenta. Se sabe que existió un Joyland en el mundo real y que acabó cerrado, como sucede con el del libro, pero los motivos son completamente distintos, así como la situación geográfica y la disposición de las atracciones. Tampoco en el Joyland que fue real estuvo Howie, el perrito feliz, la mascota tenebrosa de la novela de King. Sin embargo, es más que probable que el archiconocido autor recogiera la fama del Joyland real y sus historias tétricas de parque abandonado y decidiera bautizar a su propio recinto con el mismo nombre. Aunque debo aclarar una cosa, quien busque terror en esta novela no lo va a encontrar en exceso. El Joyland de King tiene pasadizos siniestros, personajes con turbios pasados y hasta la historia de un fantasma atrapado en una casa embrujada, pero los momentos de escalofrío se pueden contar con los dedos de una mano y a medida que la trama avance lo terrorífico dará paso a lo misterioso y hasta lo policíaco. Y es que lo que subyace en el fondo de Joyland es muy propio de una novela negra clásica donde un grupo de investigadores, en este caso Devin y su amiga Erin, tratan de hallar a un asesino prófugo.

Todo ello es narrado con agilidad, pero también con momentos de ternura, erotismo, reflexión, comentarios literarios sobre la obra de Tolkien y mucha épica. Esto hace que las más de trescientas páginas que componen la novela se hagan muy amenas. No obstante, he de reconocer que no posee el mejor final del mundo y que la gran revelación del asesino, por muy bien construida que esté en su misterio, acaba siendo algo decepcionante, puesto que la variedad de opciones es, por otra parte, escasa. Sin embargo, me quedo con lo mejor. Con el esfuerzo titánico por mostrar el mundo interno de los parques de atracciones de la Costa Este de aquella época y su particular lenguaje, llamado el Habla en la novela, así como con el carismático personaje de Devin.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



viernes, 23 de octubre de 2020

Hela, de José Ángel Conde

 


El martes pasado entrevistábamos a José Ángel Conde, autor de Hela, por lo que hoy toca la reseña de esta extensa, pero apasionante, novela. Estamos ante una obra de carácter híbrido donde la ciencia ficción (núcleo central de la obra) se entreteje con el horror y la fantasía, y donde hay un espacio de vital importancia para la mitología nórdica. Nuestro protagonista es Köil, un camarógrafo islandés que se encuentra perdido en la vida y que consigue un empleo en la industria porno de Finlandia.

Su contexto es complicado y merece especial atención. En un futuro no muy lejano los países ricos del norte de Europa se han desvinculado de la Unión Europea y han fundado la Unión Nórdica, una suerte de macronación donde predominan los valores escandinavos más conservadores, entre ellos un profundo racismo. El mensaje desde el Gobierno es claro, temed a quienes tienen el pelo o la piel de color oscuro. Temedlos y odiadlos. Los cuerpos de policía os protegerán. A partir de aquí se genera una sociedad donde los oprimidos se enfrentan a los opresores, surgiendo protestas en Laponia, que confluyen en una revuelta armada. Ante todo esto, el escandinavo medio permanece ajeno, hipnotizado por las ofertas de Nokia e Ikea. El mundo de Köil es gris. El amor se ha perdido. Y en sustitución al vacío que ha dejado queda el sexo de pago y las compras. La mayor parte de los ciudadanos consumen antidepresivos diariamente para poder paliar la alta tasa de suicidios.  Afuera de sus diminutas viviendas está la nevada que se prolonga por medio año. Esta tormenta gélida y sucia es el reflejo de sus corazones, de la vileza de destruir el ecosistema para atrincherarse en un mundo de pantallas.

En este sentido, Köil es un romántico al borde de un fin autoimpuesto. Lo que no sabe es que su existencia será de vital importancia para los rebeldes, que encontrarán en él a un guía. Estos rebeldes son perseguidos por el gobierno de extrema derecha de la Unión, que aspira a crear una raza pura, siguiendo los sueños de los ideólogos nazis del siglo pasado. Una de ellos es Leylah, una joven morena de la que se enamorará Köil y que tiene un pasado bastante oscuro del que huye manteniendo relaciones con diferentes hombres, siendo humillada y golpeada por ellos. ¿O decide elegir esta senda por otros motivos?

Hasta aquí tenemos una trama de ciencia ficción con un factor interesante de novela erótica y romántica. Hay partes de la obra que se dedican a describir con minuciosidad encuentros sexuales de diversa índole. Pero hay en ella mucho más. Nada más empezar la obra, se nos describe al lector una escena de puro horror extremo, donde una mujer es penetrada hasta explotar internamente, convirtiéndose en un abanico de vísceras y sangre. Esta escena tan gráfica, como el propio José Ángel Conde nos comentaba en su entrevista, va de la mano con la estética ochentera de la Nueva Carne. Sobre esta muerte surge una investigación que lleva al propio Köil y que le da a Hela algunos elementos propios de la novela negra, donde José Ángel Conde recoge la inspiración de los clásicos del cine noir de mediados del siglo pasado, así como de algunos novelistas reconocidos como Raymond Chandler o James M. Cain. Pero las influencias que convergen en Hela no acaban aquí. Hay una gran influencia del existencialismo y una crítica voraz a la naturaleza humana que recuerda a las novelas de Michel Houellebecq y a filósofos de la talla de Nietzsche. De hecho, la mala interpretación de Nietzsche por varios personajes de la obra es criticada en la misma, a pesar de no tocar el tema expresamente. Se respira pesimismo en los acontecimientos y reflexiones de la vida de Köil y su mundo, pero también una necesidad de cambio. Y, finalmente, está la innegable fuerza de la mitología vikinga. Cada personaje representa un rol propio de los héroes y heroínas de dicha mitología, al tiempo que se da una serie de factores que anticipan el Ragnarok y el regreso a la Tierra de los viejos dioses en una batalla frontal. Con la inclusión de la mitología se va produciendo una deriva hacia el género fantástico más tradicional y en cuya plenitud, sin olvidar el resto de elementos, concluye la obra. Además, la inclusión de la mitología permite a José Ángel Conde reflexionar sobre el concepto de Historia entendido como ciclo que se repite. El propio autor aclaraba en la entrevista que más que un círculo que se completa, la Historia debe ser vista como una espiral. Se repiten intenciones, ideas, deseos y aspiraciones, pero los contextos son distintos. No nos bañamos dos veces en las mismas aguas, por mucho que el río se parezca. La idea de espiral incluso cobra vida en la obra cuando Köil y varios personajes aliados son tragados por un Maelstrom.

Y frente a todo esto se construye una distopía, donde la falsa felicidad de unos se convierte en la caída en desgracia de otros y donde la tecnología, lejos de arreglar la vida de las personas, la dificulta por su mala praxis. Los personajes andan en un laberinto, como bien refleja el pequeño cuento insertado en la obra sobre una familia que se ve atrapada en el Ikea y que acaba desatando el estrés del padre, que se ceba a golpes con sus hijas. La novela misma es un laberinto. Un cúmulo de entresijos donde aparecen incluso viajes astrales a través de las drogas que consumen los protagonistas. Esto lleva a grandes digresiones que tienen por objetivo conducir al lector hasta el final de la novela. Como pega, debo añadir que puede que estas sean demasiado extensas y continuadas, especialmente cuando uno llega a la mitad de la trama, porque detienen la acción, en algunos casos durante más de treinta y cuarenta páginas. Por lo que no, no estamos ante una novela ágil o fácil. No obstante, a costa de sacrificar parte del ritmo narrativo, Conde logra una pieza compleja, personal, con mucho que aportar y que se explica por sí misma.

Debido a la naturaleza de Hela, no puedo evitar compararla con otra de las lecturas del año: La mitad de un monstruo de Alberto Ávila Salazar. Ambas son novelas mixtas que recurren a los mismos géneros y cuyo valor principal es escapar de los moldes que encorsetan a la mayor parte de la narrativa. De la misma forma, son obras donde los elementos, por extraños que parezcan en su mezcla, se combinan a la perfección. Sin embargo, están destinadas a mentes abiertas. Por lo que no, Hela no es una novela para todo el mundo. No aspira a serlo. Es un trabajo personal que aglutina todo el bagaje del autor y que está cargado de las preocupaciones filosóficas de Conde en el momento en el que lo escribió. No obstante, es muy recomendable para todos aquellos lectores que busquen una experiencia nueva y que crean que desafiar los académicos moldes de los géneros literarios debe ser una prioridad para el escritor.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Les dejo aquí la entrevista.


martes, 6 de octubre de 2020

Kentukis, de Samanta Schweblin

 


¿Quién no ha querido nunca estar en la piel de un Furby? Vale, sé que no es el bicho más atractivo del mundo, pero reconozcamos que tienen cierto encanto. Como sus padres fílmicos, los Gremlins. Aunque admito, que en lo personal me va más su vena puncarrilla. Pues de esto parece que trata esta "novela" de Samanta Schweblin, de gente que juega a un Furby Simulator, y otra gente que tiene al Furby en su casa. Solo que los Furbys no se llaman Furbys por diversos motivos. Entre ellos, el copyright. Así que a partir de ahora, llamaremos kentukis a los Furbys e intentaremos olvidar el asombroso parecido.

Aquí viene lo verdaderamente interesante. Los kentukis nutren a los usuarios de dos tipos de servicios. Se puede "ser" o "tener", lo que ya representa una división social. El individuo que "es" kentuki, puede a partir de un dispositivo con conexión, manejar a la máquina, esté esta en cualquier lugar del mundo. Acceden a convertirse en mascotas de quienes "tienen" kentukis. Y esto lo hacen las personas por diversas razones, como se va viendo a lo largo de la novela.  Esta conexión no lo deciden los usuarios, sino que es completamente aleatoria. Con esto, Schweblin trata de criticar diversos temas de la sociedad de ahora, para lo que se vale de múltiples historias que tienen a estos kentukis como eje central. Se habla de la sobreexposición de las redes sociales y el afán de sentirnos importantes para los demás, aunque no los conozcamos. Se habla de ese peligro que representa dar detalles de nuestra intimidad a otros, permitiendo así que desconocidos cometan abusos de diferentes formas y nos lleven a la frustración, la infelicidad, la depresión y otros tantos derivados. Se habla también del vouyerismo y de las relaciones de poder. Los kentukis representan una especie de contrato entre dos personas, pero este nunca queda claro. La mayor parte del tiempo son los amos los que tienen el control, pero quien maneja al kentuki conoce detalles de la vida de estos amos y puede, en su furia, utilizarlos en su contra. Se habla también de la especulación de las nuevas tecnologías, puesto que hay un personaje que se dedica a la compraventa de dispositivos. Se habla incluso de liberación animal, pues los kentukis acaban por sustituir a las viejas mascotas. Y también de la adicción a la tecnología. Quienes "son" kentukis invierten una gran cantidad de horas en complacer a sus amos y en deambular por las casas de estos. 

Hasta aquí tenemos muy buenas ideas, pero, aunque me moleste decirlo porque me gusta mucho la narrativa de Schweblin, hay pegas. Para empezar, no termino de ver esta obra como una novela, la verdad. Las historias no comparten personajes ni espacios. Tan solo los kentukis están presentes. Hay, además, pequeños relatos insertos entre historias más largas que desvirtúan la lectura. Si no vas muy avispado, te puede tocar releer ciertas partes para comprender qué está ocurriendo, ya que la acción salta de un lugar a otro cuando no tiene ninguna necesidad. No quiero decir con ello que me parezca una mala obra, pero, sin duda, es lo peor que ha escrito Schweblin con diferencia. De ahí que en mi cabeza no entre cómo este libro ha tenido tanto éxito frente a otros suyos que indudablemente merecen mucho más la pena. La idea es muy original, como digo, pero la ejecución me parece un poco chapucera viniendo de la autora. Al final, ni se trata de una novela, ni de un libro de relatos, sino que es algo intermedio que no termina de cuajar muy bien. Todo ello ignorando que falta la fuerza y la garra de sus libros de relatos previos. Salvo las historias largas, el resto de aventuras de los kentukis es totalmente olvidable.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Samanta Schweblin en esta esquina: El núcleo del disturbio, Pájaros en la boca, Siete casas vacías


miércoles, 23 de septiembre de 2020

Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha, de María Eugenia R. Palop

 


Sí, ha llegado el día en el que en La esquina de ese círculo voy a hablar de política, pero ¿cuándo no he hablado yo de política? Dice Palop en este libro:

"Todo es político. No hay ningún posible desplazamiento ni vaciamiento de la política. Cuando se dice que algo es apolítico, lo que se está queriendo decir es que se adhiere al pensamiento hegemónico, es decir, que no contrasta, que no es subversivo, que no es transformador, pero eso no significa que no sea político.

Lo 'apolítico' es el ADN del neoliberalismo. Pero ¿qué ocurre con el neoliberalismo? Que la racionalidad política no es que desaparezca, es que queda colonizada por la racionalidad del business. Hay una colonización del espacio político, el que debería ocupar el bien común, no ya por parte de la economía, sino por la racionalidad del business. En eso consiste una democracia como business, partidos políticos que salen cada cuatro años a vendernos un producto y para los que no somos electores, sino clientes. Partidos que luchan por el centro, partidos atrapalotodo, sin compromiso, desideologizados, burocratizados, distanciados de sus bases. Partidos entre los que no hay más diferencias de las que hay entre Vodafone y Movistar, que ofrecen el mismo producto, pero con una marca distinta, en los que el líder tiene que ser suficientemente igual a otro como para captar nuevos clientes de la competencia, pero suficientemente diferente como para fidelizar a su propia clientela. Esta composición de la política que se puso de manifiesto en los años sesenta y que ha venido siendo criticada por movimientos sociales durante muchísimo tiempo, es lo que mucha gente identifica con lo apolítico, pero no es que sea apolítica es que es una visión de la política claramente neoliberal." 

 

Estas son palabras que suscribo al cien por cien. No se puede ser apolítico, porque en sí misma fingir serlo es una actitud política, una decisión individualista y egoísta que no tiene en cuenta ni las generaciones del futuro ni las del pasado. Mis reseñas son, por lo tanto, políticas, en tanto que son mensajes que se lanzan al mundo. Otra cosa es que yo me detenga o no a hablar de partidos e ideologías, que parece ser lo único relevante en política, cuando no es así. El arte es eminentemente político, aún cuando no pretende serlo. Las programaciones de los museos, de los festivales de música, del teatro nacional y del más austero, son formas de hacer política. Y estas no son solo ideas mías, sino de la propia autora del libro que hoy reseño.

María Eugenia R. Palop publica este libro en 2019, poco después de la sentencia a La Manada, pero el suficiente tiempo antes de la moción de censura a Mariano Rajoy. Por lo tanto, es comprensible que el panorama político haya cambiado mucho y que algunas de las ideas que defiende no hayan calado en la sociedad como ella pensaba que lo harían, sino que me atrevería a decir que se ha retrocedido. Un ejemplo es el de la buena fe depositada en Manuela Carmena como alcaldesa de Madrid. Palop pensó que se quedaría en el cargo por mucho más tiempo, debido a sus medidas sociales, pero lo cierto es que no ha sido así. Por otro lado, está el tema de Vox, el partido más a la derecha de todos los que tienen escaños en el Congreso. Las bases de su discurso son recogidas y analizadas por Palop. Sin embargo, la autora no podía saber el apoyo ciudadano que tendría en España, a pesar de ser un país que en su pasado contó con una dictadura de derechas, como fue la de Francisco Franco, cuyas heridas no han sido cerradas todavía. Por ello, no hay una sola mención al partido verde.

A pesar de esto, se trata de un libro con el que se puede aprender muchísimo sobre el panorama más reciente de la política española y europea, aunque quede demasiado clara su afiliación política, al que hace ver como los buenos de una película de serie B que no está terminada de editar. Por ello, solo es recomendable para aquellos que simpatizamos con ciertas ideas de las izquierdas, sin rozar el absurdismo que supusieron los regímenes comunistas, plagados de corrupción y hambruna del siglo pasado, ni las utópicas propuestas anarquistas, que funcionan divinamente en pequeñas comunidades, pero que encuentran problemas graves cuando salen de esas escalas.

Palop habla sobre el ascenso de Trump y de Le Pen apelando al discurso fácil de "los de aquí, primero". Un discurso que apela a lo común y al mismo tiempo a la faceta más egoísta de los votantes, que solo desean eliminar competencia de su vida amorosa, laboral, pública. Dice Palop sobre la xenofobia de Le Pen:

"De hecho, cuando Marine Le Pen dice que acá no cabemos todos, tiene razón, claro que no cabemos todos. Lo que sucede es que nosotros debemos tener una sensibilidad ecologista que nos lleve a entender que lo que sobre son cosas, mientras que Marine Le Pen piensa que lo que sobra son personas. Pero lo cierto es que su diagnóstico tiene credibilidad porque es bueno: en realidad, con este sistema productivo, no cabemos todos. La cuestión, insisto, es que nosotros no debemos pensar en expulsar a la gente, a los más vulnerables, sino en desarrollar políticas sociales orientadas verdaderamente a satisfacer necesidades básicas, limitando la riqueza de unos pocos, y no únicamente a incrementar la producción para crecer y poner más cosas en circulación."

Frente al pensamiento neoliberalista, la izquierda se ha dedicado a acaparar a todos los colectivos vulnerables posibles y esto ha provocado un discurso lleno de ruido, donde un día se defiende una cosa y otro día otra distinta. Y, a pesar de no ser incompatibles, entorpecen el mensaje y hace que buena parte de la clase obrera prefiera votar a las derechas. Las preocupaciones por los derechos humanos y sociales aparecen en una manifestación una vez cada mucho. El usuario medio se desentiende y pasa rápido a preocuparse de otro asunto, también político, desde luego. El caso es que el discurso de las izquierdas no ha quedado nada claro por esa fragmentación, por esa incapacidad de poner a los oprimidos en común. Y por esta razón tan absurda es por lo que los hombres deberían ir a manifestaciones feministas aunque no padezcan el groso de la violencia machista. La empatía es la que genera comunidad, la que ayuda a mejorar cívicamente un país y a avanzar hacia un progreso social que algunos están tratando de evitar a toda costa, a veces incluso los que se llaman a sí mismos progresistas.

Esto me lleva al segundo gran punto del ensayo: la revolución feminista. Palop no solo reivindica con su texto la eliminación de la violencia machista y el fin del patriarcado, sino que expone una serie de motivos por los que la sociedad y la vida urbana debería distanciarse de lo masculino y abrazar lo femenino. Y esto, por raro que parezca, no tiene nada que ver con la identidad de género de cada uno, sino con los valores que desde que somos pequeños se nos inculca por ser hombres o mujeres. En este sentido, los hombres son más competitivos y egoístas, porque están acostumbrados a obtenerlo todo en el momento. La fuerza física biológica nos acompaña por lo general. Sin embargo, las mujeres se educan en un entorno de interdependencia, codependencia y cuidado. Frente al modelo masculino de imposición, está el mimo femenino, la solidaridad y la cooperación, que ha demostrado dar buenos resultados en las empresas, o así lo afirma Palop. Por ello, considera necesario una feminización de la política, pues desde las esferas del Congreso y del Senado es donde se puede verdaderamente plantar cara a los abusos del neoliberalismo masculino. Esta feminización no tiene nada que ver con la paridad o con la asunción de más y mejores puestos para las mujeres si estas, curtidas en un ambiente de hombres, han acabado adoptando las formas de estos, despreciando los valores en los que tanto hincapié hace Palop. La feminización de la sociedad no tiene que ver con la dominancia de las mujeres sobre los hombres, sino con una valoración positiva de lo femenino que sea tenida en cuenta. Dentro de lo político, señala Palop, ya se está poniendo en marcha en distintos ayuntamientos de nuestro país. Por ello, alberga esperanzas de que la municipalidad pueda contribuir a un fin mayor.

Como podéis ver, se trata de un ensayo muy completo. No obstante, se echa en falta una buena conclusión que sintetice ideas porque, aunque estas se repiten, luego es difícil localizarlas. Por otro lado, está el hecho de que la pandemia por Covid 19 ha cambiado por completo nuestra forma de hacer política y nuestra vida. Y este es un punto que no se recoge en el texto, lo que deja un sabor agridulce, puesto que, a pesar de ser un libro del año pasado, ya se siente una distancia temporal importante. Por supuesto, no recomendaría este texto a nadie que se considere conservador porque no le va a agradar y tampoco le va a servir para cambiar su perspectiva política. Y eso ha sido todo por hoy. Me alegro bastante de poder hacer aquí este experimento, ya que solo suelo traer prosa de ficción. Traer un ensayo y, además, de política ha sido una experiencia divertida y edificante para mí.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Ghoul, de Juan Díaz Olmedo

 


Una mujer joven camina por la calle, odiándolo todo. Está en un barrio marginal de París y se ha quedado sin nadie. Su familia la persigue para matarla y sabe que no puede confiar en los demás. No es una vagabunda más, pero un encuentro fortuito va a cambiar su vida. En la puerta de un local de stripteases, el jefe la ve y le ofrece un trabajo con el que mantenerse. Aunque la protagonista tiene sus dudas, finalmente acabará aceptando, motivada por un nuevo amor. No obstante, el jolgorio no dudará tanto como parece.

Ghoul es una novela de horror extremo donde se recurre a turbios ambientes adultos y marginales. Está plagado de outsiders, pero los más interesantes son los que pertenecen al clan de la protagonista: los autodenominados ghouls. Son seres a medio camino entre los humanos y los demonios que acostumbran a devorar carne humana para alabar a su dios. El personaje principal deberá lidiar con su condición sobrenatural y tratar de vivir una vida lo más normal posible con su pareja, aunque de vez en cuando tenga que salir de caza.

Al igual que Marionetas de sangre, Olmedo juega en Ghoul con la ambigüedad del texto y nos ofrece una dualidad de posibilidades. Permite tanto que el lector crea las palabras de su protagonista como que las ponga en duda. Para ello, nos va dejando pistas a lo largo de la narración y pienso que son estas el punto bueno de la novela. De nuevo, vemos lo que ya son tópicos dentro de las narraciones de Olmedo: la atmósfera opresiva, el submundo gótico, la violencia gráfica y plagada de sangre, protagonistas lesbianas, la exaltación del sexo, mutilaciones, personajes con condiciones sobrenaturales sin resultar superpoderosos, un ritmo de narración acelerado, el culto hacia la muerte y la visión de esta como un motor que guía la vida de los personajes, etc.

Por otro lado, he de decir que esperaba más. Pienso que no está al nivel de sus otras dos obras, desgraciadamente, a pesar de ser muy entretenida. No obstante, por raro que parezca, las crudas descripciones del despiece de cadáveres humanos (y su posterior deglución) que aparecen en la novela me han hecho reafirmarme tajantemente como vegetariano. De verdad, no me puede dar más asco la carne ahora mismo. Y lo curioso es que sospecho que quien lea este libro, aún cuando acostumbra a comer carne, también pasaría varios días sin querer tocarla ni con un palo. Así que se puede decir que en ese punto se luce el autor, que nos lleva como lectores a pasar ese mal rato que vamos buscando en un libro de estas características.

Otra curiosa cuestión, en el prólogo se menciona que hay una serie de televisión producida por Greg Nicotero que toma como punto de partida este libro, pese a desvirtuarlo. No solo no he visto la serie, sino que no la encuentro en Google. Pero ninguna referencia, como si no existiera. Me aparece una india, pero dudo mucho que la financie el ex show runner de The Walking Dead. De todas formas, en el mismo prólogo ya avisan de que no tiene nada que ver con la novelita y que el propio Olmedo ha pedido que retiren su nombre de los créditos de apertura. Imagino que tendrá sus motivos.

Y eso es todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Juan Díaz Olmedo en esta esquina: Marionetas de sangre



lunes, 10 de agosto de 2020

Jóvenes guerreros, de Lou Wild Morrison






Un grupo de veinteañeros disfruta de una agradable velada en un pub nocturno cuando una extraña luz los ciega. Sin saber muy bien cómo, cada uno se despierta en un lugar diferente, a excepción de Felipe, que es hallado muerto. A partir de aquí comienza una extraña sucesión de fantasías muy oscuras que llevará a los personajes a desarrollar una serie de poderes para enfrentarse con el mal que está por venir. Al mismo tiempo, la hermana menor de una de las protagonistas es retenida contra su voluntad por una bruja que quiere comérsela.

De aquí podemos deducir que hay dos tramas principales, la que implica a Javier y sus amigas (los veinteañeros del bar) y la que va de la mano con las brujas antropófagas y con Terry. En lo personal he disfrutado más con la segunda de las tramas, pues se siente más adulta y cruda. No es compasiva con el lector y muestra con todo lujo de detalles escenas sexuales de sumisión y dominación entre personas del mismo sexo y de sexos distintos, así como fantasías caníbales. He de decir que el autor se luce en estas partes, que son de lejos las más inquietantes y truculentas de toda la obra. Y las que más enganchan al lector, pues este, movido por el interés hacia lo mórbido, no parará de leer hasta que estos capítulos concluyan. Por otro lado, estas dos tramas se cruzan en un determinado momento de la obra y el resultado no es nada despreciable. Terry descubre que las brujas trabajan para una organización, llamada Saturnalia, la cual se dedica a comprar niños a las familias pobres para luego devorarlos, puesto que el mundo se ha vuelto completamente vegetariano al fallecer casi todos los animales excepto el homo sapiens. Esta organización habría sellado un pacto con distintos primogénitos que se corresponden con los protagonistas de la primera trama, siendo Felipe el primero en caer. Todo lo que envuelve a esta organización y a la crítica social que conlleva la incorporación de la misma a una obra tan variopinta como esta me resulta apasionante. La existencia de Saturnalia viene a reflejar la triste realidad de que los más ricos y poderosos no van a dejar de lado sus costumbres aún a costa de la miseria y de la muerte de los menos agraciados, explotándolos como mano de obra y apropiándose mediante el uso del capital de todo lo que tienen, inclusive sus hijos. Perdón por sonar como un crítico marxista de poca monta, pero el texto se presta a ello. Hay en la presencia de Saturnalia en la obra una reflexión también sobre la esclavitud moderna. Los padres no necesitan el dinero para sobrevivir, pero prefieren vivir mejor a costa de la extirpación de un miembro familiar. Venden, por ende, a sus propios hijos como esclavos y se quedan tan panchos. Esto es algo que Terry no podrá permitir y que le llevará a cobrarse la venganza.

He de decir que nunca he sido muy fan de los cómics de superhéroes y es innegable que hay mucho de esto en Jóvenes guerreros. No obstante, el hecho de que esté novelado y de que se incluyan elementos de horror y erotismo me ha hecho valorar la obra de manera positiva. Al conjunto de ventajas que tiene esta historia se suma que los capítulos tienden a ser bastante breves y plagados de acción, como en la mayoría de novelas juveniles. Y aunque encuentra su inspiración en parte en este tipo de obras,  Jóvenes guerreros es una obra destinada a jóvenes adultos, que disfrutará especialmente cualquier amante del cómic de superhéroes o de la narrativa de horror. Estamos ante una extraña e interesante mezcla, que quizás podría haber dado más de sí, pero que no deja de ser una lectura más que recomendable.

La única pega que le encuentro al texto es los personajes y su evolución. Estos cuentan con un margen de desarrollo muy estrecho. Cuando el lector consigue finalmente empatizar con los protagonistas, estos son prácticamente removidos por otra tanda de personajes que no terminan de ser tan carismáticos. Lo que sí que me hubiera gustado ver es una interacción mayor entre los nuevos personajes y los viejos, puesto que la novela deja un poco el regusto de que falta una confrontación final donde Javier y sus amigas tengan la posibilidad de lucirse como los jóvenes guerreros que son.

Obviando este detalle, la obra cuenta con una estructura muy sólida y hasta con su propia banda sonora que se despliega a lo largo de las páginas del texto. Contando con que es la ópera prima de su autor, está bastante bien. Desgraciadamente, se encuentra descatalogada a día de hoy. La edición que yo he podido leer ha sido un obsequio de Wild Morrison. Pero si la ven por ahí, de casualidad, y pueden adquirirla, no lo duden. 

Eso es todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté.

PD. Pocas horas después de publicar esta reseña confirma su autor que habrá reedición de esta obra, lo que es una magnífica noticia.

Reseñas de otras obras de Lou Wild Morrison en esta esquina: El festival de la matanza

jueves, 6 de agosto de 2020

Orquídeas para Perséfone, de Nieves Guijarro Briones




No entiendo mucho de física cuántica, por no decir nada, pero hasta donde llego, la famosísima teoría de cuerdas habla de la posibilidad de otros universos más allá de aquel en el que nos encontramos. Aunque la física habla de la dificultad que podría suponer el viaje interdimensional, la narrativa de ciencia ficción siempre se ha amparado en esta puerta para construir toda clase de historias. Es cierto que Orquídeas para Perséfone no es una novela de scy-fy, pero también parte de este concepto y del estudio del sueño. Dentro del microcosmos de Orquídeas para Perséfone la mente es capaz de viajar entre dimensiones cuando duerme. Sé que la idea del desdoblamiento en el sueño no es particularmente original, pero sí lo es el enfoque que en esta novela se da.

Para empezar, el protagonista es un hombre joven que no encuentra su lugar en el mundo tras la muerte de su ser más querido: su abuela. Vaga como un flâneur por la ciudad mientras filosofa sobre su propia existencia y la de dios. Siempre cabizbajo, encuentra su único consuelo en su gato. Sin duda, pasa por una etapa dura. Sin despilfarros, trabaja a media jornada. No obstante, en uno de sus viajes astrales mientras duerme descubre a una persona, con aspecto de diosa griega, de la cual cae perdidamente enamorado. Una vez entiende que ese amor es recíproco dentro del sueño, llega el momento de hacerlo sólido en el mundo "real". Aunque, desde luego, no lo tendrá fácil: Perséfone al despertar olvida todo lo que sueña.

Según la autora y el prologuista, esta obra entra dentro de la tradición de fantasía onírica porque su universo narrativo se extiende en el mundo de los sueños. A partir de este punto de partida, Guijarro Briones introduce una historia cotidiana de amor. Sin embargo, la narración no se vuelve en ningún punto melosa o cursi. Los personajes protagonistas son inteligentes y tienen diálogos muy bien construidos. Quiero hacer hincapié en estos diálogos porque es a través de ellos donde mejor se aprecia la profundidad psicológica del narrador y, sobre todo, de su amada. Al principio estos diálogos no me terminaban de entusiasmar, pero a medida que fue avanzando la obra me fui haciendo a ellos. Por otro lado están los extensos monólogos del protagonista, que, en mi caso, se me han hecho muy ligeros por tocar temas de mi interés como la literatura, la filosofía, la astrología, la psicología o la mitología. Y es que Orquídeas para Perséfone es una novela corta, pero que mira hacia fuera. Presenta su propia manera de entender el mundo, ya existan en este los viajes interdimensionales o no. Y eso es magnífico porque el lector siente que no solo se entretiene con la obra, sino que, además, aprende cosas nuevas. En mi caso, el intenso debate que tiene el protagonista sobre el color púrpura y el violeta (que para mí eran casi lo mismo) me encantó porque se hace todo un despliegue de referencias históricas, teológicas y filosóficas que no conocía.

He de reconocer que no he leído nada dentro de este género, pero sí que me ha recordado remotamente a películas que tratan viajes astrales dentro de los sueños, incluyan o no enamoramientos. El referente más preciso que tengo en la mente es Waking Life (Richard Linklater, 2001), una de mis películas favoritas. Eso sí, Orquídeas para Perséfone es mucho más afable con el consumidor que la película de Linklater, pero no por ello se deja de prestar a una relectura. No es el típico libro de leer y guardar, pero una primera lectura es más que satisfactoria. Orquídeas para Perséfone es una grata sorpresa que acompañará las noches de más de un lector.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Nieves Guijarro Briones: La cruz y el cerdo,



viernes, 3 de julio de 2020

Lo que dicen los dioses, de Alberto Ávila Salazar




Puede parecer que Lo que dicen los dioses es una obra atípica dentro de la novela negra, pero lo cierto es que es realmente fiel a las raíces de la misma, pues mezcla dos géneros que hoy diferenciamos bien como son la novela de terror y la novela detectivesca. Las circunstancias de los personajes y la propuesta puede parecer inverosímil, pero la trama se halla perfectamente hilada, como cabría esperar de Alberto Ávila Salazar. De este autor ya leí su trabajo más reciente, titulado La mitad de un monstruo. Una obra que me dejó en shock en su momento por la combinación extrañísima y bien llevada de elementos de los géneros más variopintos. Si bien es cierto que Lo que dicen los dioses es una novela más aferrada a unos moldes reconocibles, el empaque final es una absoluta maravilla y atrapa al lector de principio a fin.

La trama es la siguiente. A finales de los cuarenta e inicios de los cincuenta una burguesa italiana (Serena Conti) se muda a Madrid, donde contrae matrimonio con un adinerado noble que fallece pronto. De este suceso trágico, Serena hereda unas dotes de médium que le lleva a colaborar puntualmente con la policía para la resolución de crímenes sangrientos. Uno de estos sucede en una carnicería de la calle Héroes del 10 de agosto. El propietario, influenciado por los antiquísimos ritos a la diosa Cibeles, acaba desatando su faceta como pederasta. Tras cinco crímenes, en la creencia de que peligra su vida, el carnicero decide huir a Hispanoamérica. Varios años después, la policía encuentra los huesos y Serena accede a hacerse cargo de los fantasmas de las víctimas. Para ello, les presta su casa. Sin embargo, veinte años después, la vida de Serena llega a su fin y el asesino aún no ha sido capturado. Las almas de las niñas no pueden descansar en paz.

En todo esto, juega un papel fundamental el desarrollo de los personajes a través de una buena estructuración capitular, donde el tiempo se entreteje con quienes deambulan en él. Tenemos cuatro capítulos:

  • El tiempo de Serena: Presenta la situación que he descrito previamente y se centra en el personaje de Serena, en la problemática que resulta para ella llevar una vida normal con sus poderes y cómo se sobrepone a situaciones desagradables para ayudar a que se haga justicia con los muertos. Serena establece diálogos con los muertos, con los olvidados, con los que lo perdieron todo, y convence a los vivos, les transmite su voz. No presenta la crueldad del mundo, pero expresa la realidad de la muerte como un adiós trágico. En este capítulo aparece por primera vez también Iríbar; el cual es, de largo, mi personaje favorito de la novela. Iríbar se luce en cada momento de la trama. Aquí, simplemente, es un comisario de homicidios e íntimo amigo de la condesa italiana. No obstante, una revelación de Serena conseguirá desquiciarlo hasta volverlo un personaje irreconocible en el segundo capítulo.
  • El tiempo de las niñas: Este capítulo se desarrolla en varios espacios temporales, aunque destacan especialmente dos: 1948 y 1972. En 1948, se cuenta qué fue de Rosendo Márquez, el verdugo de Cibeles. Lo interesante aquí es que una vez lejos de la influencia de la diosa sigue siendo una criatura realmente detestable, aunque humana. Ávila Salazar nos coloca a un asesino en serie de menores y a un pederasta que se ve a sí mismo como a una víctima en varias ocasiones, un fugitivo sin sentimiento de culpa por lo que hace, que asimila que es la sociedad la que va contra él. No es un asesino plano y el hecho de que se cuente su historia como persona ajena a las matanzas de las que es responsable le aporta un trasfondo que se agradece. En 1972, se produce la muerte de Serena, que desencadena todos los sucesos posteriores de Madrid. Antes de esto, se nos habla mejor de las niñas y se les da una personalidad, unos hábitos y unos deseos que hace que el lector ya no las vea como meros seres espectrales, sino como personas cautivas, presas de una terrible maldición de la cual no pueden librarse. Aquí también hay espacio para sucesos posteriores donde se nos presentan nuevos personajes que acompañarán al lector hasta el final.
  • El tiempo de Mariana: Mariana es, después de Serena, el personaje más importante de toda la novela. Su capacidad para dialogar con el viejo Iríbar y para investigar entre las notas de la caja de galletas danesas de su jefe, su búsqueda de la exclusiva y su obsesión enfermiza con los fantasmas y con los crímenes acaecidos más de veinte años atrás, la vuelven el motor de toda la historia. El capítulo en el que ella pasa de ser una secundaria a consolidarse como la protagonista de la obra es este. Aquí se narran también los momentos finales de Rosendo en el extranjero y su regreso a Madrid.
  • El tiempo de Cibeles: Es una mera nota que no ocupa ni una página, pero sirve de colofón a la historia, otorgando ese broche final de desasosiego que debe tener toda buena historia de terror.
Como ya he dicho, uno de los principales motivos de que esta novela me haya gustado tanto es la construcción del personaje del comisario Iríbar. Se nos presenta a los lectores como un agente de la ley con la apariencia de ser bastante escéptico, aunque en el fondo es muy aprehensivo. Serena le revela un suceso que acontece poco tiempo después sin que él pueda remediarlo. De alguna forma, esto le vuelve loco. De hecho, en la novela te van dando pistas a cuentagotas de lo que le sucedió y de cómo lo acabaron encerrando en un manicomio. Sin embargo, el conocer su historia definitivamente fue muy placentero y me motivó mucho a seguir leyendo, a sabiendas de que no era la trama principal. Por otro lado, está su relación con Mariana y con Amancio, el adolescente que lo lleva de un lado a otro y le roba todo cuanto puede. Iríbar se ha vuelto un tipo tan odioso que todos sus vecinos están deseando poder echarlo del edificio, pero por la personalidad del viejo, no se atreven ni a acercarse con un palo. Solo Amancio acepta y lo hace porque necesita dinero, ya que su padre es un borracho de manual que vendería su mano por una botella. Sé que Iríbar no es el protagonista ni nada, pero en los momentos en los que aparece, especialmente en los diálogos, el texto brilla con luz propia.

Otro de los principales motivos es la mezcla entre realidad y fantasía oscura. Como ocurre en la mayoría de las películas de terror, cuando alguien investiga sobre fantasmas, acaba encontrándolos. Sin embargo, hay que añadir aquí la maldad de una diosa olvidada como Cibeles a plena vista de todo Madrid y que actúa silenciosamente manipulando a todos los personajes para llegar al desenlace brutal de la obra. El abandono del rito a Cibeles, la pérdida de sus fieles, el relegarla a cumplir meramente una función decorativa, etc. hace estallar su ira y su frío deseo de castigo humano. Su pasiva aura no es la responsable de la locura de Rosendo, pero ayuda con un empujón a que esta se sobreponga y a que la lujuria infame y abominable del carnicero le reviente en las manos. Estamos ante un texto donde se deja claro que los dioses no se preocupan por los vivos ni por los muertos, una visión bastante atea en la que se especula que si algo le importa a los dioses es ser adorados y entretenidos con el espectáculo que cada cual representa en su vida diaria, donde siempre hay un hueco para lo bizarro, lo macabro, lo sórdido. 

Con esta reseña, doy pie a mi regreso a esta esquina tras el pequeño período de vacaciones que ha sido junio. Como aún no he terminado mi trabajo académico, la subida de reseñas se resentirá un poco, aunque prometo llevar un ritmo de publicación de, al menos, una a la semana, que debería coincidir en la mayoría de los casos con el jueves o el viernes por la mañana. Lo digo para que estén atentos. Y dicho esto; lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Alberto Ávila Salazar en esta esquina: La mitad de un mosntruo


jueves, 28 de mayo de 2020

Hijos de la oscuridad, de Fernando Codina




Fernando Codina es un escritor poco conocido de terror y ciencia ficción, que actualmente se halla a la espera de la publicación de su primera novela. De él, he podido leer recientemente su cuentario Te veo: y otras miradas sin vida, que, sin ser el libro del año, cumple bastante bien y cuenta con algunos relatos muy potentes. De su colaboración en la antología de splatterpunk titulada Gritos Sucios y publicada por Ediciones Vernacci, el año pasado, surge la premisa de esta obra que hoy os traigo: relatos más extensos donde se de pie a la crueldad humana.

En líneas generales, podemos dividir los relatos de Hijos de la oscuridad en tres grandes categorías o temas: fantasmas, asesinatos y apocalipsis futuristas. Dentro de la primera categoría podemos incluir La última trinchera, Los misterios de la isla de los frailes (ya aparecía en Te veo) y Puente de los sueños rotos. En la segunda entran Diecinueve campanadas y media, Mil cortes más uno y La persona equivocada. Y en la tercera se sitúan Crónicas del apocalipsis, Prisionero del tiempo, Diarios de la doctora Smith y Documentos para la memoria de la especie.

No me voy a detener a hablar pormenorizadamente de cada uno, pero sí me gustaría hacerlo con los que más me han entusiasmado. De entre los primeros, La última trinchera, que es el relato más largo y que abre el volumen, es también el más destacable. En él se relatan las extrañas apariciones de fallecidos que asolan a una comunidad madrileña de vecinos. Por lo visto, el suelo en el que han edificado sus viviendas fue escenario de una de las más violentas disputas de la Guerra Civil Española, donde perdieron la vida tanto los republicanos como los nacionales. Sus cuerpos enterrados bajo el cemento sueñan como fantasmas con la repetición de su última noche. La última trinchera es un relato muy original al mezclar el terror con la memoria histórica, si bien es cierto que hay una clara visión heroica de aquellos últimos soldados de la República que no va a agradar a todo el mundo.

Otros dos a destacar son Diecinueve campanadas y media y Mil cortes más uno. En el primero se describe el proceso empleado por una organización de sicarios para efectuar un ataque terrorista en plena Nochevieja y empezando por la famosísima Puerta del Sol, amén de algunas otras ciudades españolas. En él se destaca la frialdad con la que los asesinos describen su procedimiento y como son encargados para el trabajo por sectores ultraconservadores de la sociedad para limitar las reuniones de la población y que el nuevo Gobierno de la vieja oposición obtenga así un poder mayor sobre la libertad de las personas. Si bien, es difícil que esto suceda en la vida real, el texto se construye de forma que se antoje verosímil una situación así. Por otro lado, en Mil cortes más uno se describe un ajusticiamiento que emplea una curiosa tortura medieval que desconocía. Posiblemente sea el relato más cruel y turbio, dejando un espacio irrisorio para la esperanza.

En cuanto a los relatos de ciencia ficción se refiere, he de decir que me parecen todos muy buenos. La primera parte de Crónicas del apocalipsis es sublime por su estructura; a través de cómo está construido podemos ver cómo la humanidad acepta de una forma u otra el impacto inevitable de un planetoide con el que sus vidas llegarán a su fin. La forma de aceptar la muerte varía de un lugar a otro, de una cultura a otra, y esa riqueza, en la que hay un fuerte contraste entre Oriente y Occidente, hace que el lector reflexione sobre su naturaleza y la de la sociedad que le corresponde. Sin embargo, el que a mi juicio es el más interesante de todos es Documentos para la memoria de la especie. En este relato se nos plantea la siguiente premisa: el día 20 de cada mes morirán de forma escalada todos los que cuenten con X edad a partir de 0 años. Este suceso se presenta independientemente de los procesos lunares y las personas no guardan relación alguna entre sí. Poco a poco la sociedad, envejecida por el inevitable y peculiarísimo proceso trata de crear una vida con la que la que postergar la especie humana. El estilo es también digno de mención. Codina recurre a los textos periodístico y científico y emplea una gran cantidad de notas al pie para aportar cuerpo al proceso que describe. La historia da para película, os lo aseguro.

La visión de Codina en estos relatos es clara: el ser humano es una plaga y el espacio para su corrección dentro del desastre a niveles climáticos, sociales, económicos, etc., que supone su existencia es escaso. No obstante, en sus piezas de ciencia ficción prefiere dejar siempre una puerta, que permita a la especie comenzar de nuevo y evitar caer en los errores del pasado. Si bien esta puerta es pequeña y puede conllevar un retorno al caos, a la repetición cíclica de lo que se pretende evitar.

Con todo deciros que esta reseña no habría sido posible sin el mismo escritor, que me envió un ejemplar del libro hace unos días, y con el que pude conversar para ver su visión sobre lo que él mismo había escrito. No tiendo a recibir libros por encargo y, de hecho, no tenía pensado reseñar este, pero me gustó mucho y quería compartirlo con vosotros. Namasté.

Reseñas de otras obras de Fernando Codina: Código binario


martes, 19 de mayo de 2020

Europa, de Cristina Cerrada




En estos momentos de psicosis por el conocidísimo coronavirus, que nos han hecho olvidar todos los conflictos en el mundo (salvo, quizás, la prensa del corazón de Corea del Norte), un libro que retrata la crudeza de la vida de aquellos que huyen de una guerra y llegan a un nuevo país como completos desamparados no es meramente recomendable, sino necesario. Y la necesidad de este texto que hoy os traigo radica en el silenciado conflicto de Siria, que, como muchos otros en los largos años de repetida Historia, ha traído una oleada masiva de inmigrantes a una Europa que no estaba preparada para acogerlos. La pregunta es: ¿alguna vez lo estuvo? Estas personas que han perdido su trabajo, sus familiares, sus hogares y una infinidad de cosas más son ahora extraños en tierra extraña. Despreciados por los habitantes autóctonos, forman guettos, grupos de familias, y se disponen a trabajar en lo que sea por lo que sea con tal de echarse algo a la boca. Si bien, no se especifica de donde proceden los refugiados de Europa, por sus nombres parece evidente.

Nuestra protagonista es Heda, una estudiante universitaria que en mitad de la guerra es violada por un soldado. El conflicto reside cuando, tras el exilio de su familia, descubre que en la misma fábrica en la que ella ha entrado para trabajar este antiguo soldado es peón de almacén. Él se ha quedado con su cara y está dispuesto a otro ataque. Desesperada, Heda trata de huir y en un momento dado lo golpea con una piedra, creyéndolo muerto. Heda pasa de ser una criatura inocente a convertirse en una asesina para sobrevivir. Esto provoca una crisis interna muy fuerte que hace que tiemble como persona y que odie toda su vida actual: la fábrica, la casa, la calle, este nuevo país que no es el suyo y cuyas normas aún no entiende,... Heda siempre ha sido una alumna sobresaliente, una chica con perspectivas de futuro y con un orgullo que le había llevado en su país a situarse donde estaba. En ello tenía mucho que ver la admiración que le tiene a su padre, escritor y profesor de universidad, el cual ha sido reconvertido a maestro tras el periplo. El tener que aceptar un trabajo como ayudante de secretaria para un hombre ignorante, como es el dueño de la fábrica, el señor Schultz, le pone enferma. Y más enferma aún le pone el machismo y el racismo imperante y la fuerza del peso de ese capitalismo avasallador y casi esclavista al que está sometido su pueblo en el nuevo mundo europeo. Europa actúa en parte como una Bildungsroman porque supone la maduración de la protagonista, pero esta se hace hacia una esquina oscura. Heda acepta la supervivencia como único objetivo y trata de desprenderse como puede de todo lo que la ata, pero no puede, como el lector verá en las prolepsis o flash forwards junto a un personaje masculino que solo se insinuará quién es en los compases finales del libro. Heda está anclada a la figura de su familia, de su origen y, posteriormente, a su condición como mujer proletaria refugiada y marginada, que previamente había pertenecido a una clase media y gozado de ciertos lujos.

Y en este ir y venir, en este llanto inconsolable de la pobre Heda se desarrolla la novela, aunque la fragilidad y la indefensión de Heda no es el único motivo de la trama. A través de ella y de otros personajes se denuncian las condiciones que los refugiados tienen en los países a los que llegan. Al ser tratados indignamente por los habitantes, no es descabellado que la huelga que se va gestando a lo largo de toda la obra tenga un gran impacto. Esta simboliza la lucha y las ganas de hablar de un pueblo silenciado, humillado y desesperado, pero, por supuesto, tiene sus consecuencias fatales, como se comprobará en el simbólico final de la obra. La pérdida de la voz conlleva la pérdida de la intelectualidad y del conocimiento, lo cual se refleja muy bien en la transición que realiza el padre. Su cultura solo es valorada fuera de la familia por el señor Schultz, quien envidia su saber porque, a pesar de tener dinero y poder, no tiene prestigio cultural, el único elemento que le falta para sentirse pleno.

Sin ánimo de hacer de esta reseña un panfletario político, creo sinceramente que para cualquiera es imposible hablar de esta obra sin tocar temas que por activa o por pasiva se tratan en ella y que tienen una fuerte carga social, y por ende política. Además, todo el mundo tiene una perspectiva y un posicionamiento dentro del espectro. Incluso quien defiende no tenerlo y no entiende que con esa actitud también lo tiene. Me veo obligado a poner este párrafo para anticiparme a comentarios de personas indeseables que sin duda llegarán a protestar y que ya han protestado antes (fundamentalmente anónimos) sobre mi recurrente politización de algunas reseñas que, sin duda, merecían ser politizadas para entender el mensaje que el texto desprende. Con esta entrada espero haberos hecho reflexionar sobre esos cientos de miles de personas que allí siguen, a la deriva, imaginando unas vidas maravillosas e imposibles en Europa. Recordemos que frente a ello está un mundo que ya no existe y la muerte.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Cristina Cerrada en esta esquina: Compañía


viernes, 17 de abril de 2020

La estación de las mujeres, de Carla Guelfenbein



Si tuviera que elegir a alguien con un alma verdaderamente renacentista a día de hoy, posiblemente elegiría a Carla Guelfenbein. Además de una narradora de talla, como lo demuestra en esta novela que hoy reseñamos, la autora es bióloga y ha trabajado, entre otras cuestiones, como directora de arte, diseñadora y editora de moda para importantes marcas. Esto no tiene por qué representar nada en su narrativa, pero el dato no es excluyente y aporta mucha información de peso a la pequeña delicia que es La estación de las mujeres.

Estamos ante un texto polifónico, como polifónica es también su autora. La historia se nos narra desde diferentes puntos de vista con narradores a veces en primera persona y a veces en tercera, saltando de un personaje a otro con fluidez y buen hacer, aportando la dosis justa de emoción e intriga para dejar al lector en el asiento deseoso de más. Las perspectivas adoptadas no son elegidas al azar, hay una búsqueda de la identificación, bastante inteligente por parte de la autora, con un público femenino de mediana edad y con un alto nivel de estudios (ya sean estos oficiales o autodidactas). Sin embargo, no por ello, el detalle de que yo no soy el lector implícito que la autora desearía me impide disfrutar del texto y esto solo lo logra la buena literatura. 

Como digo, en La estación de las mujeres se tergiversan historias que parecen remotas e inconexas, pero que poco a poco se van hilando hasta dar una visión plural de lo implicó ser mujer en los 1950s y de lo que implica serlo hoy en día. Además, toda la trama (o casi toda) está ambientada en Nueva York y todas las protagonistas gozan de un matiz que las hace vulnerables y fuertes en unos sentidos u otros. Guelfenbein elige bien los momentos frágiles, expone pesares y miedos que vienen derivados de una sociedad que relega a la mujer a un segundo plano y que la ningunea aún más si cabe si dicha mujer es extranjera. No olvidemos que la autora es chilena y que no va a ignorar su experiencia vital de cara a construir la narración.

La cultura chilena se funde con la neoyorkina y esto lo vemos en dos figuras de mujeres emblemáticas a todas luces y tan importantes en la novela como las propias protagonistas, a pesar de su aparición solo en las más absolutas de las sombras. Hablamos de la artista abstracta Jenny Holzer, representante de la mercantilización del arte y de toda la industria americana, frente a la poeta chilena galardonada con el Premio Nobel Gabriela Mistral. Aunque no aparece esta última más que en un milisegundo, está siempre presente en la que será su albacea durante los cincuenta años que le seguirán a su muerte. Véase la estadounidense Doris Dana. Lo cierto es que esta incursión me gustó. Me esperaba más "salseo" con lo que viene siendo la supuesta relación lésbica que Mistral siempre rechazó y, aunque Doris aparece como un personaje bisexual, las relaciones entre ella y la chilena se pintan sobre un eje de admiración/desprecio. Recordemos que Doris también soñaba con ser escritora y vivió toda su historia opacada por la lengua de su protectora. Ni siquiera después de la muerte de Mistral, Doris pudo escapar de su influencia. Y no sería porque no lo intentara.

Por otro lado, a las tramas del pasado, que implican a la ya citada Doris Dana, a una joven de familia burguesa adinera que acaba escapando de sus padres y a la pequeña Juanita, una puertorriqueña que limpia habitaciones con su madre y que por casualidad atisba un suceso que le cambia la vida, hay que sumar la trama del presente. Esta recae sobre los hombros de Margarita, una mujer de cincuenta y siete años que sabe que su marido la engaña, pero que sigue con él por costumbre. Ha cogido la tradición de ir a un banco frente a la facultad para espiarlo. Sin embargo, la extraña desaparición de la portera (Anne) y la búsqueda de una mujer en el pasado de su amiga Juanita hacen que sus días de tedio y conspiraciones en torno al inútil de su marido se conviertan en una nueva aventura. 

La estación de las mujeres pretende representar a diversos tipos de mujeres que buscan escapar de una realidad terrible que se les ha sido asignada. Se contempla la huida física, como en el caso de Anne, pero también la huida en el amor o en el éxito artístico y social. Igualmente, no se descuida la huida en el sexo. Este punto es tratado con muchísima naturalidad y se siente sincero y no forzoso, como suele suceder en muchas otras novelas, que lo utilizan como mero reclamo. Todas las protagonistas presentan irregularidades en sus vidas, todas proceden de estratos y de condiciones diferentes. Esto se debe a que la autora busca con la obra hacer un homenaje a todas las mujeres. Si bien hay que decir que como idea es ciertamente pretenciosa, más teniendo en cuenta la corta duración del texto y su recorrido, el cómputo total de líneas y, más importante, los sentimientos y vicisitudes que se desarrollan en ella dejan a la obra y a la autora en muy buen lugar. Una lectura, como digo, muy disfrutable.

Eso es todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté.