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jueves, 30 de abril de 2015

Minireseña de "El Rey Lear", de Shakespeare


Poder, amor, ambición y traición…



Si bien es verdad que no es la única obra en la que Shakespeare recurre al concepto de la traición como mecanismo para impulsar el drama, en El Rey Lear juega un papel fundamental sin el cual el argumento sería muy distinto. De hecho, es quizás el tema central de la obra la traición de los que depositaron la confianza en personajes demasiado ambiciosos. La traición eleva a los príncipes al rango de reyes, a los hijos al de padres: la traición bien perpetrada nos da poder, y remordimientos a veces, pero en El Rey Lear sólo poder. Poder y amor, todo lo que ambicionamos y nunca tenemos es lo que mueve a los personajes a actuar en este drama, a posicionarse, a amarse, a matarse los unos a los otros como animales, a cometer equivocaciones de las que uno no puede arrepentirse. Quien nada tiene quiere el poder para luego, a partir de ahí, obtener el amor. En este caso Lear y Edmond son dos personajes de espejo roto, porque mientras uno consigue lo que aspira, Edmond -si bien es verdad que debe traicionar a su propio padre para ello-, el otro pierde el amor para luego perder también el poder, Lear. Es su sino como héroe trágico que ha cometido un error imperdonable, a pesar de toda su cuantiosa bondad, el verse como un paria, con la única hija que le amaba en el extranjero, y abandonado por las otras dos, vejado por ellas y sus criados. Por suerte, la justicia de la muerte que también aparece en otras obras del inglés como Hamlet u Otelo caerá del cielo para poner fin a esta compleja historia llena de reveses y de fuerza lírica. Lo que siempre decimos de Shakespeare: recomendable no; necesario.

Otra minireseña de otra obra del inglés:

Otelo, de William Shakespeare


jueves, 8 de enero de 2015

Otelo, de William Shakespeare

El fin del celoso...


Es un alivio volver a Shakespeare, a sus juegos de palabras, a las personajes tan perfectamente esculpidos, a sus diálogos llenos de ingenio, mezcla de la comedia y del drama, de Plauto y de Séneca, al hombre misterioso empapado de todo el constructo del saber de su tiempo, a su carácter inglés, al buen sabor que dejan sus obras en los labios. Obras como ésta de “Otelo”, cuya primera lectura terminé hace un par de días. Uno de los indiscutibles grandes dramas escritos en lengua inglesa de todos los tiempos, que siguen inculcando valores morales tales como los celos o el deseo del venganza siempre conducen al derrumbe y que los malvados, para gusto del público quizás, siempre serán castigados. La tragedia consta de dos versiones, una publicada in folio y otra in Quarto (creo haberlo escrito bien), teniendo una ciertos detalles -acotaciones, frases de uno u otro personaje- que no tiene la otra. Por eso, según mi prólogo se tiende a traducir a partir de una y añadir elementos de la otra. Pero más allá de esta curiosidad está la obra que cuenta la historia del descenso de Otelo, general moro del reino de la Venecia renacentista, propiciado por su envidioso alférez Yago, quien lo engaña, haciéndole creer que la hermosa mujer, llamada Desdémona, con la que acaba de contraer matrimonio se está acostando con otro hombre, el teniente Casio, que está también al servicio del general Otelo. Esta actitud de Yago deriva de la decisión del moro de colocar a Casio como su teniente frente a Yago. Es, en pocas palabras, una pura y ruda venganza. A Yago no le importará destruir las vidas de inocentes con tal de escalar puestos, obteniendo lo que, según él, le correspondía por derecho. La otra cara de la ruindad y la astucia de Yago en la obra la vemos en el mismo Otelo, quien inocentemente cree, primero en la bondad de las personas, y luego en las palabras del vil Yago, que le acabarán llevando a buscar la muerte para su esposa y su amante imaginario. Como ya he dicho, es un alivio volver a Shakespeare –con Hamlet, que no lo he comentado, y esta obra-, es decir, de la mejor forma posible.

Otra reseña que te podría interesar:

Tres tragedias de venganza. Teatro renacentista inglés.