martes, 5 de marzo de 2019

Queridos fanáticos, de Amos Oz



Amos Oz, el más célebre escritor contemporáneo en hebreo, falleció el pasado 28 de diciembre y ojalá la noticia hubiera sido una inocentada. Se marchó uno de los autores que estaba empezando a descubrir y que más me gustaban. A pesar de que mi conocimiento sobre la historia de Israel y del pueblo judío es bastante reducido y de que Oz habla con desmesura sobre estos temas, la peligrosa capacidad para ampliar y reducir el campo de sus obras, de volverlas locales y mundiales al mismo tiempo, me tenían enganchado. No en vano, este que reseño hoy es su cuarto libro en pasar por mis manos. 

Hasta ahora en la esquina, habíamos comentado dos novelas del israelí y un relato largo. Hoy vamos a introducirnos en su faceta como pensador político y en tres ensayos recopilados bajo el título de la entrada por Siruela sobre los extremismos ideológicos y la situación del Israel actual.  Estos tres ensayos son reformulaciones de conferencias que Oz impartió a lo largo de su vida en distintas universidades y que, pese a datar de épocas más o menos dispares, se compaginan y se completan con muy bien entre sí. El objetivo principal: reconstruir la imagen del fanático y hacernos conscientes del fanatismo que arde en nosotros y de cómo combatir contra él. Son, por lo tanto, charlas descriptivas e instructivas y que buscan reconfigurar algo en nuestras mentes, ponerlas patas arriba y hacernos reflexionar sobre nuestro comportamiento diario y nuestra visión de conflictos muchas veces simplificados y mostrados desde un enfoque de interés. Parcialmente interesado.

Estos textos son:

  • Queridos fanáticos
  • Luces, no luz
  • Sueños de los que Israel debería librarse pronto

En el primero de ellos se va a perfilar la imagen del fanático. ¿Qué es? ¿Por qué existe? ¿Cuáles son sus motivaciones? Para Oz, un fanático es alguien que entiende que el fin justifica los medios. Este fin puede ser cualquier cosa: la "defensa" de un estado-nación, de un sector poblacional frente a los abusos de otro, la lucha por la conquista o la supresión de una serie de leyes y derechos sociales, la búsqueda de una redención, sea del tipo que sea, etc. Según Oz, el fanático es quien cree tener la verdad absoluta, la verdad redimible, la verdad que, según él, todos necesitamos. El hebreo piensa que el fanático busca ser un hombre público, quiero decir, el hombre más público que existe, deseando fervientemente que todos piensen como él. Se mueve hacia los demás con ese fin y trata de convencer de muy diversas maneras. Dependiendo de la paciencia del fanático, el salto mortal del amor al odio puede tardar más o menos. 

Defiende Oz:

"Todo lo que quiere el fanático es darte un abrazo del que no escaparás, sacarte de inmediato del lugar paupérrimo donde estás hundido y llevarte al lugar fantástico y sublime que él ya ha descubierto y en cuyas alturas brilla desde entonces [...]
Constantemente, el fanático se apresura a lanzarse a tu cuello para salvarte, porque te ama. Siente por ti un amor incondicional.
O, por el contrario, te aprieta la garganta y te ahoga, porque se ha dado cuenta de que, por desgracia, de verdad, de verdad eres incapaz de ser redimido. Un caso perdido. Y por tanto, sintiéndolo mucho, su deber es odiarte y erradicarte del mundo."


Uno no se convierte en fanático de la noche a la mañana. Hay todo un proceso. Empieza con las ganas de pertenecer a un grupo que reafirme la naturaleza y la identidad del individuo y su necesidad animal instintiva de enfrentarse a algo, de luchar por sobrevivir. El fanatismo es más viejo que el Sol (existía antes de que descubriéramos el fuego) y alcanza su máximo exponente en las dictaduras más referenciadas del siglo pasado. Oz solo cita a Hitler, Stalin y los japoneses, pero estoy seguro de que el lector encontrará símiles más o menos cercanos (y más o menos comparables) en su país o en el vecino. El fanatismo, pues, tiene varias caras y posee toda una escala de grises. 

Oz nos dará ejemplos de rasgos fanáticos en el comportamiento habitual de ciudadanos comunes y corrientes. Nos hablará de ese proceso de radicalización y nos dará pautas para enfrentarlo. Entre ellas, las más destacadas son el cotilleo y la literatura. Sí, ¡han oído bien! El cotilleo y la literatura y lo que tienen en común; ese interés por los demás, por vidas distintas a la del lector, nos permite ver más allá de nuestros ombligos. Descubrir que el mundo es ancho y ajeno y que la vida está por encima de cualquier propósito.

Sin extenderme mucho más, deciros que los otros dos textos están más centrados en la historia de Israel como nación y en su conflicto con Palestina y en cómo se inserta este en el espectrograma de la política internacional. Aquí Oz da su visión sobre la problemática y ataca a fanáticos de ambos sectores sin ningún miedo o pudor. No duda en decir que los judíos fueron los que trajeron el fanatismo a su país antes de crearlo. Ataca a derechas e izquierdas. Echa pestes del pacifismo, con un aura a personaje de Clint Eastwood realmente memorable. Los fanáticos del Gran Israel, así como los soldados del Estado Islámico estarían equivocados en opinión de Oz, pues son facciones que no contemplan el futuro de un mundo en el que los que hoy son sus enemigos puedan seguir existiendo. Oz habla de la posibilidad de la violencia, pero de que esta se quiere justificar mucho más de las ocasiones en las que es verdaderamente necesaria. Muchas veces se reprime en estas ocasiones y, por el contrario, brota ante las premisas más absurdas. La violencia, deriva de la agresividad y esta, como buen rasgo silvestre, no entiende de lo justo; su dominio es lo propio.

Todo en conjunto, me ha resultado un legado valioso y digno de reflexión. Cuenta con momentos especialmente bien escritos y le dejan a uno preguntas de peso, por lo que, como mínimo, diría que es recomendable. Aunque lo que más me ha gustado, ha sido tener el placer de volver a leer a Oz y de poder traeros hoy una nueva reseña. Tenía muchas ganas de escribir aquí y me alegro de estar de vuelta. Este último par de meses he estado muy liado y no he leído casi nada. Tengo pendiente comentar varios libros, muchos empezados (Pram, Trabajos forzados, Zombi, El corazón es un cazador solitario, Rant,...), y otros ya terminados (Tiempos de Swing, Farándula,...), pero que tendría que repasar para poder decir algo mínimamente de interés para cualquiera. Voy a mi ritmo. La Esquina seguirá aquí mientras no cierre Blogger. Intentaré compartir más lecturas con vosotros muy pronto. Por cierto, y para que sirva de regreso a Oz, no me despido sin recomendaros la reseña que hace Montuega en Un libro al día sobre la conferencia original del primero de los textos del volumen que comentamos hoy y que podéis leer aquí

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Más reseñas de obras de Amos Oz en esta esquina: Una pantera en el sótano, La bicicleta de Sumji, Conocer a una mujer





domingo, 6 de enero de 2019

Y eso fue lo que pasó, de Natalia Ginzburg




'Tal vez alguien piense que tenía ganas de ponerme a pegar tiros porque esta historia empieza con un disparo, pero no era el caso', nos advierte Ginzburg en la nota a la novela que hoy reseñamos. Empieza, como ella bien dice, con un disparo que nos deja aturdido ya desde el momento uno. Como ese comienzo de Crónica de una muerte anunciada, en el cual ya nos dejan claro desde la primera línea que a Santiago Nassar lo van a matar y que esto es inexorable. De esta forma, Ginzburg nos presenta a una mujer atormentada por el trato de su marido para con ella. Una mujer desesperada y enamorada que opta por quitar de en medio a aquel hombre infeliz que arruinó su vida. Capta así toda nuestra atención y nos obliga a desentrañar, como en la obra de Márquez, el cómo y sobre todo el por qué.

Casi toda la novela es una narración en flashback, donde la narradora nos va dando argumentos de peso sobre su cruda decisión. Entre ellos encontramos reflejado el egoísmo de muchos hombres, la voluntad de ser infeliz y de la autocompasión, la gran mentira del matrimonio (en una época donde separarse no era algo tan sencillo), la necesidad de suplir la felicidad en pareja por el cuidado de los hijos y, sobre todo, el tema, tan recurrente en mis últimas lecturas, de la pérdida de seres queridos (o del miedo a esa pérdida). Los personajes viven en la sociedad del qué dirán y establecen una serie de puntos para su propia felicidad donde se destacan visiones muy diferentes. Nuestra protagonista ama al hombre que ha matado, pero él a su vez ama a otra. A una mujer casada y con la cual queda de vez en cuando para mantener relaciones sexuales. O quizás no la ama. El estatismo de Alberto y su eterna duda serán dos de los pilares centrales de la narración. Porque Alberto parece no amar a nadie más que a sí mismo. Sus continuas ganas de destruirse en la autocompasión de no ser mejor escritor que su amigo le convierten en un pasivo ser sufriente capaz de herirse a sí mismo y a los demás. Por otro lado, está el personaje de Francesca, quien es feliz, o intenta serlo, explorando su libertad como mujer y rechazando todo el establishment social en el que quiere insertarla su madre. 

Las visiones del amor y del sexo son muy distintas entre todos los personajes principales. Como es un tema que se explora, creo que es necesario, al menos, mencionarlo. Mientras que la protagonista afirma que solo se podría acostar con su marido, con su amor, no puede evitar sentir celos de este, pues se escapa constantemente con otra. Eso la lleva a fantasear con la idea de que el amigo de su pareja, el exitoso escritor, la posea, a pesar de no agradarle en absoluto físicamente, sintiendo una especie de vergüenza posterior por estos pensamientos que considera impuros. Por otro lado, su marido se acuesta con ella solo como placebo sustituto. Es decir, él prefiere acostarse con la otra y cuando está bien con su amante, desprecia por completo a su mujer y la ve como una carga y un error. Al mismo tiempo, Francesca intenta vivir una vida llena de pasiones sin comprometerse. Es una entusiasta del amor libre y considera que lo único importante en la vida es disfrutar. He de decir que esta visión me pareció muy polarizada y hace que el personaje se acerque a un estereotipo no demasiado halagador. Por otro lado, también debemos entender que la narradora es quien ofrece los hechos desde su perspectiva y que, por tanto, los personajes que se dibujan son necesariamente parciales. 

Otro de los temas que me gustaría destacar es el del estatismo vital y la comúnmente conocida 'estabilidad vital'. Los personajes se han casado y hasta tienen hijos, viven juntos, pero no son felices. Su vida está estancada y todos tienen miedo a evolucionar. El marido no es capaz de escribir nada bueno. La protagonista no es capaz de abandonarlo y buscar su propia felicidad. Todos desean cambiar su vida, pero ninguno se atreve. Son, al final, los hechos casuales fortuitos los que definitivamente les empujan y les llevan a tomar las decisiones que toman. Esta lucha entre el deseo y el miedo les lleva a la inacción y la realidad, que no perdona, al impulso más salvaje. 

La novelita es breve y se lee en un pispás. Cuenta con un prólogo de Italo Calvino bastante apañado. A mí, al menos, me deja con ganas de continuar leyendo más de la autora. Este año puede ser el año de Natalia Ginzburg. Para terminar esta reseña me gustaría agradecer a Oriol de Un libro al día el descubrimiento de esta autora. Tenéis más reseñas, cómo no, en Un libro al día (aunque esta no sea de Oriol), Devoradora de libros y El vuelo de la lechuza. Muy completas las dos últimas, pues profundizan mucho más de lo que yo lo hago en la obra de Ginzburg.





sábado, 29 de diciembre de 2018

Mis lecturas favoritas de 2018, algunos datos y propósito lector para 2019



 1.

Este año tenía pensado batir mi récord personal de lecturas y, aunque al final no he podido lograrlo (por los pelos), he disfrutado leyendo algunos de los títulos que posiblemente marquen mi vida como lector. Aparte de superar la marca de los 67 libros, también tenía pensado equilibrar mis hábitos de lectura leyendo a tantas escritoras como escritores tras darme cuenta de que la mayoría de los libros que había leído previamente estaban casi en su totalidad escritos por varones (alrededor del 95%). Si bien es cierto que en la educación literaria tradicional, ya se adquiera esta en la casa, en el instituto o en la universidad, tiene un canon que apenas contempla a unas pocas mujeres entre sus filas. Como si las mujeres fueran escritores de segunda por el mero hecho de ser mujer, cuando algunas son auténticas titanes de lo literario. Este año hemos vuelto a Highsmith, hemos descubierto a Fitzgerald, a Lina White, a Wharton y a muchas otras. Todo ha sido enriquecimiento y disfrute. (Bueno, menos el primer libro de Banana Yoshimoto, que me ha parecido un amasijo weird a medio concretar adolescente.) 

A pesar de haber multiplicado el número de autoras en mis estanterías, no he cumplido con este objetivo de la balanza, por lo que será el primer y principal propósito de este 2019.

El reparto de libros leídos desglosado por el género de su autor sería el siguiente:

  • Libros leídos en total: 63
  • Libros escritos por hombres: 37
  • Libros escritos por mujeres: 27

Las cuentas pueden no salir porque he contado doblemente la novela Camino de sangre al estar firmada tanto por un autor como por una autora: Bianca Garufi y Cesare Pavese. Además sería interesante añadir que seis de los libros escritos por hombres son textos dramáticos que tuve que leer para mi trabajo final de máster y que, por ello, están aquí más como producto de una obligación académica que como fruto de una elección por el mero placer de leer. 

 2.

Por otro lado, el género de los textos también puede ser un dato importante a tener en cuenta. Quienes me conocen saben de mi devoción por la narrativa en detrimento de otras esferas del arte literario. No es que odie la poesía; muy al contrario, le tengo un fuerte respeto, pero no disfruto leyéndola. No conozco del todo sus reglas y tardo una gran cantidad de tiempo en pasar de una página a otra. Quiero sacarle todo el jugo a cada texto y en la lírica la ambigüedad, la sonoridad y el ritmo marcan las pautas de todo (o casi todo) lo que se crea. Por ello el marcador de textos poéticos leídos entre esos 63 es nulo. Por otro lado, aunque el teatro me gusta, especialmente el más clásico (por sus similitudes con la narrativa), mi situación vital me lleva a no acudir demasiado a las puestas en escena y a que mi interés por el texto en sí se debilite. Prefiero ver puestas en escena grabadas y subidas a Youtube antes que leer guiones teatrales. (Salvo si los escribe Dürrenmatt o Valle Inclán, que ahí sí caigo.). De esta forma, el reparto de libros leídos desglosados en géneros literarios sería el siguiente:

  • Libros leídos totales: 63
  • Novelas: 42
  • Libros de cuentos: 11
  • Textos teatrales: 7
  • Libros de no ficción: 3
  • Poesía: 0

Aunque dude si colocar o no El niño se cuece en la polenta de Aglaja Veteranyi, Duelo de Eduardo Halfon y El asco de Horacio Castellanos Moya dentro de la categoría novelas, voy a permitirme dejar el desglose como está y simplemente mencionarlo. Como habéis podido comprobar, tampoco soy un forofo de los libros de no ficción. No me suelen agradar las biografías (o autobiografías). Primero, porque me cuesta considerarlas géneros dentro de la no ficción. Y segundo, porque me resulta inverosímil y absurdo resumir toda la vida de una persona en un texto, ya ocupe este novencientas páginas. Los ensayos tienen que tocar temas que me interesen mucho o estar muy bien redactados, de lo contrario soy incapaz de leerlos. Y me da igual su trascendencia y todo lo que ello conlleve.

3.

Pasemos ahora al tema de las nacionalidades y de las diferentes representaciones de la cultura imperantes en mi proceso de lectura de este año. Desglosar los 63 títulos por la nacionalidad de origen de sus escritores o escritoras se torna algo complejo, sobre todo si tenemos en cuenta a autores como Vladimir Nabokov, Helen Oyeyemi o Kazuo Ishiguro. Autores emigrantes o de padres emigrantes en cuyos procesos de escritura se mezclan tradiciones muy diversas. ¿Podemos decir que La verdadera vida de Sebastian Knight es una novela rusa o estadounidense si está escrita en inglés para un público británico y desde una perspectiva mixta donde no solo aparece el germen de lo ruso, sino de todo lo británico y lo europeo, sin una marca del Nabokov estadounidense que veremos posteriormente? ¿Podemos desligar una novela como Boy, Snow Bird de las experiencias del pueblo paterno de su autora cuando, situado en un contexto ajeno a lo británico (su nacionalidad), estas experiencias se convierten en el principal soporte de la obra y motor de la trama? Ya os lo digo yo, no. No. No podemos. O podemos, pero sería una mentira a medias. Sin embargo, y aunque la cultura desde la que se escribe tiene una importancia fundamental, las grandes obras de la literatura trascienden, ¿verdad?. ¿Verdad? ¿Verdad o depende? Esta sería cuestión para entrar en un extenso debate; el cual voy a evitar, al menos aquí, porque aún le queda mucho a esta entrada y no es necesario explayarse demasiado en cuál es mi punto de vista en este asunto.

4.

Y ya, sin más dilación, (¡esta vez sí que sí!) los títulos que más he disfrutado leyendo este 2018.

Os recuerdo que esto no es ranking. No considero a ninguno mejor que el anterior. Todos han sido, a su modo, espectaculares.



La hermandad de la uva, de John Fante


Uno de los descubrimientos personales de este año ha sido John Fante. De él he leído un par de novelas. La primera, 'Llenos de vida' me la recomendó Cities en los comentarios de una entrada muy parecida a esta hace un año. A pesar de que a él le parece mucho mejor la que recomendó, esta 'Hermandad de la uva' se me hizo más amena y con un universo (y un final) mucho más poderoso. Los temas aquí parecen ser los típicos de Fante: las peculiares familias arquetípicas italoamericanas (con su arquetípico padre borracho, gruñón y fanfarrón y su arquetípica madre que hace un drama de lo que sea con tal de que sus hijos la cuiden), la lucha de un protagonista por convertirse en escritor en un entorno hostil y, sobre todo, la batalla campal, titánica y generacional entre padres e hijos.





Compañía, de Cristina Cerrada

Os digo ya que este, junto con el título que aparecerá debajo, es uno de los mejores libros de relatos con los que me he topado. Y eso que no tenía muchas esperanzas en él, la verdad. Firmado por una autora española medio desconocida que hará unos diez años ganó un premio regional. Lo admito, lo cogí por la imagen de portada y me sorprendió con creces, mucho más que otros títulos escritos por figuras de mucho más renombre. Dentro de esta joya destacan narraciones como 'Tatuaje', 'Cerdos', 'Amnesia' o 'La laguna interior'. Todos brutalmente críticos y bellos. Muy en la línea de los trabajos de Schweblin aquí reseñados, pero con una mayor crueldad y quizás mejor medidos.




El nervio óptico, de María Gainza

De este volumen de relatos sobre el arte y las relaciones y emociones humanas no vais a poder encontrar una reseña aquí, puesto que aún tengo pendiente la tarea de hacerla. Y llevo con ella a cuestas desde mediados del mes pasado, pero, creedme, no es una tarea fácil. Por otro lado, el libro merece muchísimo la pena. Nos va mostrando diferentes historias con personajes actuales que interrelacionan sus experiencias con la vida y la obra de numerosos artistas, la mayoría pintores, por lo que, además de gozar de una extraordinaria calidad, uno siente que aprende algo al tiempo que disfruta. Tanto si te gusta la historia del arte, como si tu conocimiento de esta es cero patatero, este libro es para ti.






 Ygdrasil, de Jorge Baradit

Otra de las acertadas recomendaciones de Cities. En este caso estamos ante una novela de ciencia ficción muy particular, pues en ella vemos la evolución del posciberpunk hasta sus últimas consecuencias y una confusa, aunque lírica y bella, mezcla de la clásica novela de espionaje con ¿tecnogore y chamanismo? Lo cierto es que 'Ygdrasil' es difícilmente clasificable y, aunque tiene todos los componentes para ser un churrasco, coge vuelo con la suficiente fuerza como para convertirse en un thriller épico.  Además, cuenta con un montón de referencias a los mangas de los 1980s y 1990s y a la animación japonesa como dato para los amantes del género.






Camino de sangre, de Cesare Pavese y Bianca Garufi

'Camino de sangre' es la última obra publicada de Pavese y escrita a cuatro manos con quien se consideró su amante. Lo curioso de este título es que, aunque había leído otros textos del italiano, hasta el momento ninguno de ellos me había parecido nada del otro mundo. Quiero decir, Pavese es un gran escritor y tiene textos de una indiscutible calidad. Sin embargo, siempre le encontraba algo que le faltaba para entusiasmarse. Ese hueco es el que llena Garufi. En la novela ambos escritores se repartieron los capítulos: los impares eran narrados por Pavese desde la perspectiva de un personaje y los pares por Garufi desde la de otro. Y, aunque suene raro decirlo (porque Pavese es Pavese todo lo que queráis) disfruté mucho más con la parte de ella. Me pareció más inteligente, sutil, cruda y bella. Y es por Garufi por lo que 'Camino de sangre' está en esta lista.


La verdadera vida de Sebastian Knight, de Vladimir Nabokov

'La verdadera vida de Sebastian Knight' son muchas novelas dentro de una misma. Se presenta como un libro biográfico que el hermano biológico de Sebastian Knight escribe a su memoria. Mr. Knight, que de nacimiento era ruso aunque intentara ocultarlo, era un enrevesado escritor de vanguardias con una calidad y un reconocimiento, según podemos entrever, similar a James Joyce. Nuestro protagonista escribe este texto para defender a su hermano, o al menos eso dice, pues hacia él se ve impulsado tanto por sentimientos de amor como de odio. La envidia y la admiración se entretejen confeccionando una extraña relación fraternal a la que el narrador quiere poner fin después del entierro y no sabe cómo. La narración toca géneros como la biografía, la crónica periodística, el relato de viajes o la crítica literaria con excelente éxito. Me sorprende que sea una de las obras menos conocidas del autor. De las que he leído suyas es mi favorita, sin duda.



Boy, Snow, Bird, de Helen Oyeyemi

Siendo un drama familiar en dos generaciones de mujeres a mediados de siglo XX en mitad de algún lugar de Estados Unidos, 'Boy, Snow, Bird' destaca por los juegos mentales y el tremendo plot twist sucedido a mitad de narración. Oyeyemi no solo nos descubre a nuestro 'yo' prejuicioso, sino que, además, nos lo lanza a la cara. Esta es una de esas novelas que uno comienza leyendo sin mucho interés y que se crece poco a poco para acabar dándonos una lección sobre nosotros mismos. En su momento me gustó, pero ha sido el paso de los meses, la reflexión en torno a 'Boy, Snow, Bird', y su diálogo con otros textos posteriores, lo que le ha asegurado un puesto en este listado.







El desayuno de los Campeones, de Kurt Vonnegut

Es considerada por muchos aficionados y entendidos en el autor su mejor novela. 'El desayuno de los campeones' es pura dinamita. Cada página es un ataque contra todo sistema. Cada diálogo, una radiografía del ser humano. Su final es uno de los mejores que jamás habré leído. ¡Y viene acompañado de ilustraciones superpunkys realizadas por el propio Vonnegut! ¿Qué más se puede pedir?










EXTRA: Tiempos de Swing, de Zadie Smith

Aunque aún me quedan algunas páginas y a riesgo de arrepentirme después, creo poder afirmar que 'Tiempos de Swing' está siendo una de las mejores lecturas del año. Aún no sé bien cómo lo hace, pero Smith me tiene enganchado al libro de una forma en la que no estaba desde hace meses. Y eso se lo tengo que agradecer. 'Tiempos de Swing' toca muchos temas de valor. Habla de la amistad, de las relaciones de pareja, de las relaciones entre padres e hijos, de los conflictos étnicos de pertenencia o procedencia, de los sueños en pugna con la vida, del poder del dinero y de la influencia y, sobre todo, de la realidad de que vivimos en varios mundo más allá del que conocemos.








5.

Hablemos de propósitos:

  • Leer equilibradamente textos tanto de hombres como de mujeres.
  • Superar la marca personal de los 67 títulos.
  • Proseguir con los autores descubiertos (Banana Yoshimoto, Penelope Fitzgerald, Pilar Pedraza, Cristina Cerrada, Eduardo Halfon, John Fante, etc.) y con los que se van encumbrando como mis favoritos (Kazuo Ishiguro, Adolfo Bioy Casares, Kurt Vonnegut, Samanta Schweblin, etc.)
  • Reducir la lista de pendientes (Coetzee, Atwood, Bernhard, Murdoch, Kerangal, etc.)
  • Introducirme en tradiciones literarias poco conocidas.
  • Leer a autores indie o publicados por pequeñas editoriales.

6.

Espero que la entrada no haya resultado excesivamente densa. Había mucho que comentar y me apetecía hacerlo. ¿Cómo ha sido vuestro año lector? ¿Hay algún texto que os haya impactado? ¿Qué pensáis de todo esto? Me despido desde esta Esquina, deseándoos lo mejor para este nuevo año en el cual entramos. Abrazos y namasté.


miércoles, 26 de diciembre de 2018

Mis lecturas favoritas del año 2017




Aunque pueda parecerlo, no. NO ME HE EQUIVOCADO DE AÑO. Conozco el momento temporal en el cual vivo inserto. Sin embargo, esta, que debería haber sido una de las entradas más importantes hace doce meses, se quedó sin realizar y fue sustituida por cuatro libros que recomiendo (y sigo recomendando) vivamente a pesar de no haber sido reseñados en esta Esquina. Pensando en que nunca es tarde para dar a conocer buenos títulos y siendo conscientes de que para los lectores el tiempo es oro y siempre es más agradecido leer algo bueno que algo regulero (o mediocre), pensando también en que el tiempo reposado tras la lectura de muchos de estos títulos ha contribuido a filtrar el grano y a mejorar esta selección, damos paso a aquellos libros que leí en 2017 y que son, a mi parecer, auténticas joyas de la narrativa.

Antes que nada debo aclararos que los títulos no están ordenados de mejores a peores, pues disfruté enormente con todos ellos.

El núcleo del disturbio, de Samanta Schweblin

 

Comenzamos con la única escritora de esta entrada. En junio del año pasado descubrí la prosa de esta mujer a partir de su primer libro de cuentos. Tras la lectura de otros dos más y pendiente aún de sus dos 'novelas' ('Distancia de rescate' y la recientemente publicada 'Kentakis') debo deciros que este es el mejor libro que he podido disfrutar de Schweblin. El núcleo del disturbio, el conflicto entre los seres humanos y las fuerzas egoístas que los mueven es el origen creativo de una de las mejores cuentistas actuales en castellano. Relatos como 'La pesada valija de Benavides', 'El momento', 'Hacia la alegre civilización de la capital' o 'Mujeres desesperadas' (varios de ellos incluidos posteriormente en 'Pájaros en la boca') hacen aquí su primera aparición. Después de 80 títulos estas historias siguen presente con mucha fuerza en mi memoria. 





 Cuna de gato, de Kurt Vonnegut


Quienes hayan leído previamente a Kurt Vonnegut coincidirán conmigo en que 'Cuna de gato' no destaca por ser una de sus mejores novelas en cuanto a calidad literaria se refiere. El texto se siente acelerado. Los capítulos son extraordinariamente breves y el final parece asomarse demasiado pronto. Sin embargo, tiene elementos verdaderamente memorables e imágenes potentísimas. La crítica al ser humano con su particular tono humorístico ya estaba presente en la primera novela del estadounidense. La crisis de la república bananera donde se ambienta la novela y las conspiraciones para controlar el Hielo9, junto con la fiebre local por esa extraña religión autoasumida como mentira que es el bokononismo hacen de esta novela una de las historias más originales, hilarantes y crudas que he leído en mi vida. ¡Narices! ¡El bokononismo debería existir!




El rey de amarillo, de R. W. Chambers



'El rey de amarillo' es una recopilación de relatos inusual que me hizo disfrutar del viejo terror gótico como hacía mucho tiempo que no lo hacía. La mayoría de los textos giran en torno a un supuesto libro maldito que da título a la colección y que hace enloquecer a quien lo lee. Casi todos ellos se sitúan en el espacio temporal de Chambers, pero uno, quizás el mejor de ellos, lo hace desde una distopía futura donde el libro ha sido prohibido y censurado y donde dos amigos sospechan que el otro lo ha leído en secreto. 'El rey de amarillo' retoma el universo de Carcosa creado por Ambroise Bierce y anuncia en cierta forma la llegada de un pilar para este nuevo género de terror cósmico: H. P. Lovecraft. También sirvió como referencia para la primera temporada de la popular serie de televisión True Detective, la cual espero poder ver pronto.





Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco



Todo un clásico de las letras mexicanas desgraciadamente desconocido en mi país, pero con una prosa apabullante. Leí 'Las batallas en el desierto' en una sola tarde, pero me emocionó para todo el resto del año. Su reseña fue una de la más entusiastas de la historia de esta Esquina y sigo manteniéndola como el recuerdo del bello acontecimiento de encontrar esta pequeña joya literaria. 'Las batallas en el desierto' junto a la poesía de Cernuda posiblemente sea uno de los mejores ejemplos de discursos sobre la lucha perdida del deseo frente a los míseros muros de la realidad del mundo y sus normas encorsetantes.







La promesa, de Friedich Dürrenmatt



¿Alguno de vosotros había pensado en serio que no iba a meter a Dürrenmatt en esta entrada? Después de leer siete libros suyos en el breve período de cuatro meses, he de reconocerlo, me he vuelto un gran apasionado de su prosa. No por nada es el escritor más reseñado hasta la fecha en este espacio. De entre todas sus obras, la que más disfruté, aunque seguramente no sea la mejor, es, sin duda, 'La promesa'. En ella hay un juego metaficcional bestial que prosigue y trata de dar una vuelta de tuerca al guión de 'El cebo', película medio española medio alemana dirigida por un polaco (el gran Ladislao Wajda) a mediados de los 1950s y que era uno de mis filmes favortios mucho antes de conocer la existencia de este libro. Dürrenmatt mantiene la intriga característica de una novela policíaca, pero el objetivo es otro: volvernos conscientes de la maldad humana y de la imposibilidad de hacerla frente sin corrompernos. 







Eso es todo. O, al menos, lo es de momento. Quiero decir; en unos días tendréis el listado de este 2018. No volveré a haceros esperar un año más. No estaría bonito. Además de la lista de lecturas,  haremos un repaso del año y del blog que creo que pueden resultar muy interesantes. También haremos las típicas propuestas de siempre que luego cumplimos a medias, pero que siempre hay que hacer porque si no, ni las medias se cumplen. Dicho esto. Felices fiestas, coman con moderación y aprovechen el tiempo para leer mucho. Namasté. 




viernes, 21 de diciembre de 2018

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq



Un ingeniero informático de mediana edad trabaja para una de las mayores empresas de toda Francia y gana un buen jornal por ello. A pesar de esto, es un tipo sumamente infeliz. Su vida social y sexual es más bien escasa (por no decir casi nula) debido a su problemático carácter. Hace ya dos años que rompió con su histérica novia y desde entonces no es capaz de encontrar a nadie que se atreva a escucharle más de dos minutos. Viviendo en un régimen de completa soledad ha desarrollado un miedo y un odio hacia el conjunto global de los seres humanos, especialmente agudo con las mujeres de su entorno, a las cuales tilda sin tapujos de guarras y zorras. Su misoginia, derivada de la falta de aceptación femenina y la nulidad de relaciones sexuales, le han convertido en un absoluto amargado. Un repelente ansioso de quitarle las ganas de vivir a los demás. En definitiva, un personaje magníficamente escogido para esta comedia depresiva de Houellebecq.

Toda la obra gira en torno al narrador y sus teorías sobre la capitalización del sexo, la hipocresía social y la aplicación exhaustiva de los conceptos empresariales en el ámbito diario pervirtiendo, en su opinión, las bellezas que podríamos encontrar en este. Hay que destacar que el tipo es sumamente elitista y desagradable, pero intenta dar la impresión de ser fruto de un sistema corrupto. Un sentimiento que, por otro lado, podríamos llegar a tener todos de nosostros mismos o haberlo tenido en algún punto de nuestras vidas. Su soledad y su visión crítica del mundo, así como sus "desgracias" nos permiten empatizar con él en ciertos momentos. Incluso podríamos decir que hay fragmentos en los cuales su discurso genera auténtico patetismo. Nos inspira compasión y ternura. Pero solo de forma temporal. 

La versión del narrador sobre sí mismo nos trae a la mente las tesis de los grandes naturalistas franceses. Rápidamente pensamos, a pesar de la clara diferencia entre estilos, en Zola y en Maupassant. Pensamos también en Céline y en esa figura de antihéroe. Y quizás también en el Pascual Duarte de Camilo José Cela. Estas tesis se repiten aquí, pero funcionan a modo de justificación del personaje para consigo mismo, lo cual lo deja inserto, por supuesto, en todo ese amalgama de hipocresía social en el cual nos vemos inmiscuidos queramos o no. Y aquí el narrador, claramente, no quiere; pero de una forma u otra entra en el juego. La idea de ser un monstruo "porque el mundo te hizo así" entra en confrontación con el libre albedrío humano y con la capacidad de decisión del individuo a partir de sus circunstancias siendo hasta cierto punto falaz, pesimista e hiriente.

Esa visión del narrador de sí mismo dentro de un sistema de balanzas, donde describe su situación económica como muy buena y su situación social y sexual como una basura no le hace ningún bien desde luego, pero en ella reside la gracia de la novela. Este narrador no deja de ser la parodia del autoconcepto cerrado de un hombre occidental y heterosexual solitario que se muerde el ombligo. Sin embargo, en lo que a humor respecta, salvo momentos muy hilarantes puntuales, Ampliación del campo de batalla cojea muchísimo. Es necesario saber leer entre líneas con mucha concentración y calma. Bueno, eso y tener un buen estómago. Porque la novela es una serie de sacudidas tras otra y a mí, en lo personal, me ha dejado muy mal cuerpo. Si bien creo que el objetivo era precisamente ese, agitar al lector contra sí mismo y hacerlo consciente y partícipe de sus miserias y sus no-miserias. Quien tenga una situación parecida a la del narrador tendrá problemas, además, para identificar en todo el relato esa sátira que pretende Houellebecq. Y, claro, eso es un aspecto problemático para depende qué lector. Ampliación del campo de batalla puede acabar cultivando la misoginia y el autodesprecio en este lector, que puede encontrar las respuestas a sus problemas en las resentidas y desquiciadas teorías del narrador. 

Más allá de esto tengo que decir que la obra no presenta la estructura más sólida del mundo. Centra la mayor parte de la trama en la mitad. Tiene un inicio difícil por la naturaleza del personaje y un final que se desintegra gradualmente sin golpes de efecto. Lo más destacable, a mi parecer, es la relación que establece el narrador con Tisserand, un compañero de trabajo extraordinariamente feo, pesado y virgen. ¡El estereotipo del informático nerd, vaya! Tisserand es lo más parecido a una amistad para el protagonista, pero no se librará de todo el odio regurgitado de este. Acabará pasándole factura dejarse guiar y sucumbirá a ese entusiasmo adolescente por la autodestrucción. Marchito como si la ponzoña lo hubiera fagocitado, Tisserand no volverá a ser el mismo. El protagonista, tampoco.

"Siempre serás huérfano de esos amores adolescentes que no tuviste. En ti la herida ya es muy dolorosa; pero lo será cada vez más. Una amargura atroz, sin remisión, que terminará inundándote el corazón. Para ti no habrá ni redención ni liberación. Así son las cosas. Pero esto no quiere decir que no tengas ninguna posibilidad de revancha. Tú también puedes poseer a esas mujeres que tanto deseas. Incluso puedes poseer lo más valioso que hay en ellas. ¿Qué es lo más valioso que hay en ellas, Raphäel?"

Para resumir, una novela peculiar, pero no disfrutable para cualquiera. Incluso yo mismo si hubiera leído esto en otro momento de mi vida lo habría entendido en una dirección opuesta. Estructuralmente es algo floja y con un personaje que a ratos da pena, a ratos lo entiendes y a ratos quieres acribillar a balazos. Si bien como crítica puede funcionar, no digo que no; es necesario un lector inteligente, analítico y dispuesto a meterse en estos berenjenales. No sé, aunque sea un libro disfrutable en cierta medida, esperaba mucho más de un autor tan venerado en Das Bücherregal por Cities. (¡Se lee hasta la poesía el tío! ¿Quién tiene huevos de hacer eso hoy? ¡Nadie! ¡Solo los masoquistas y los espíritus libres!) Como no me suelen fallar sus recomendaciones, estoy ante una situación atípica. Si bien es verdad que Ampliación del campo de batalla no lo tiene reseñado y creo recordar que en alguna ocasión (un top de lecturas del año, ¿puede ser?) dijo algo así como que resulta una decepción enorme. Lo ha sido, Cities. Lo ha sido. Por el contario, tenéis reseñas superentusiastas por ahí, como la de Francesc Bon en Un libro al día o la de Keren Verna en su blog personal. En ellas se destacan todos los aspectos buenos de la obra, los cuales son muchos, desde luego. Sin embargo, creo necesario resaltar también lo malo, lo mejorable y lo poco convincente.
 

PD. Aprovecho para comunicar que esta será la última reseña del año. La próxima entrada que podréis leer por aquí será una recopilación de libros recomendados por un servidor. O lo que es lo mismo, una selección de mis libros favoritos del año. Eso será la semana próxima. Hasta entonces cuídense, coman con moderación y lean mucho. Namasté. 


lunes, 17 de diciembre de 2018

Pobres gentes, de Fiodor Dostoievski



Siempre me ha entusiasmado mucho la maestría y la figura del clásico del Realismo Ruso. Fiodor Dostoievski es un autor que no necesita presentación. Es conocido a nivel mundial por obras como Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov, aunque muy posiblemente, y a pesar del éxito en la fecha de su publicación, esta que es su primera novela sea de las menos conocidas. Y, sin embargo, tiene una importancia capital en la historia de la literatura. Pobres gentes (o Pobre gente, según la traducción) fue escrita a comienzos de los años 1840s y nada más salir a la luz fue reconocida por la crítica de su país como la primera novela social contemporánea. 

Trata sobre la relación de amistad entre Makar A. y Varvara D., dos peterburgueses que sobreviven como pueden a las inclemencias de la vida, que aprieta pero no ahoga. Aunque reside el uno al lado del otro, se sinceran, o tratan de sincerarse, a través del intercambio de cartas, pues andan (sobre todo el desconfiado Makar) constantemente preocupados por el qué dirán los demás si los llegan a ver juntos. Makar es un anciano destrozado por los continuos embates del frío peterburgués, su escasa educación  y el fracaso de las numerosas aspiraciones de su vida. Es, además, un borracho triste que cree haber encontrado un motivo para redimirse en la figura luminosa de Varinka (diminutivo cariñoso de Varvara), a quien idolatra y colma con todo tipo de regalos que no se puede permitir con su mísero salario de copista. Duerme en una habitación acondicionada en la cocina de un pequeño y lúgubre apartamento atestado de almas igual de desgraciadas que él, entre las cuales la enfermedad, el ninguneo y la muerte son los platos principales del día a día. Sin embargo, persigue en todo momento mantener intacto su honor y de darle a Varinka una imagen positiva, mintiéndole tanto a ella como a sí mismo cuando considera oportuno, hasta el punto de resultar tristemente cómico y ridículo. Uno de los mejores ejemplos de esto podríamos encontrarlo cuando describe su habitación:

"Yo vivo en una cocina, o, mejor dicho..., ya se lo figurará usted: contiguo a la cocina hay un cuarto (debo decirle a usted que la tal cocina está muy limpia y es muy clara y apañadita), un cuartito muy chico, un rinconcito muy discreto... o, mejor dicho, que lo será, la cocina es grande y tiene tres ventanas, y paralelo al tabique me han colocado un biombo, de modo que resulta así un cuartito, un número supernumerario, como suele decirse. Todo muy espacioso y cómodo, y tengo hasta una ventana, y lo principal, que..., como le digo, todo está muy bien y muy confortable. Este es mi rinconcito. Pero no vaya usted a imaginarse, hija mía, que yo lo diga con segunda intención, porque, al fin y al cabo, ¡esto no es más que una cocina! Es decir, hablando con exactitud, yo vivo en la misma cocina, solo que con un biombo por medio, pero esto no significa nada. ¡Yo me encuentro aquí muy contento y a gusto, en completa modestia y placidez!"

Makar está obsesionado por darle a Varvara una buena imagen de sí mismo y eso es porque, a pesar de la diferencia de edad, la ama secretamente y eso es algo que no puede camuflar por más que se empeñe en ello, por más que quiera disimular su interés romántico como un cariño paternal. Esto, por supuesto, lo sabe Varinka, quien recrimina una y otra vez a Makar por el exceso de atenciones hacia ella, aunque al mismo tiempo podríamos decir que se aprovecha, a todas luces, de él y su necedad, pues continúa carteándose con el viejo y pidiéndole de vez en cuando dinero y objetos de valor, a sabiendas que el copista no sería capaz de negarse. Vemos, como digo, en Varvara a una chica con una infancia dura y con pocas satisfacciones; que ella misma relata, y durante la cual no le quedó más remedio que espabilar y desarrollar su ingenio para sobrevivir, acercándose su personalidad hasta cierto punto al de esa femme fatale tan característica de otras novelas de Dostoievski. Con fuerza me viene a la mente la Polina de El jugador, aunque, por supuesto, hay muchas otras. Esta astucia no la hace Dostoievski innata, sino producto necesario del sistema feudal capitalista en el que estaba inmersa la Rusia de su tiempo y en el cual las mujeres pintaban muy poco y eran constantemente atacadas tanto por ellas mismas como por los hombres. La limitación de derechos, el hambre, el frío y el desvalimiento legal volvían necesario el brotar de esa astucia, la cual venía muchas veces acompañada por la infelicidad, la impotencia, el trabajo hasta el agotamiento e, incluso, un doloroso sentimiento de culpabilidad. 

"¡La desdicha es una enfermedad contagiosa, amigo mío! A los pobres y a los desgraciados deberían tenerlos lejos los unos de los otros para que no se agravasen mutuamente sus miserias. Yo le he proporcionado a usted un contratiempo cual nunca lo experimentó tan grave en toda su vida. Esto me atormenta y me quita todo brío."

Pobres gentes fue una obra muy querida durante el período soviético de Rusia porque ponía sobre relieve las inconsistencias del sistema anterior, donde quien nacía pobre moría pobre y donde los intercambios de miembros entre las distintas clases sociales eran más bien escasos. De esta forma, no es de extrañar que sirviera como modelo para buena parte de la narrativa del Realismo Soviético, desde el cual se quiso defender a Dostoievski en todo momento como uno de los primeros revolucionarios comunistas. Si bien habría que destacar que Fiodor, por regla general, normalmente se limitaba a bosquejar el problema y a ponerlo sobre la mesa, no decantándose por ninguna solución, y haciéndolo derivar de una serie de fallas dentro del sistema sociocultural en el cual se halla inserto, sí que había simpatizado con el comunismo en su juventud, antes de renunciar a él y previamente a la redacción de su extensa obra. La corrección dolorosa del pobre, la encuentra Dostoievski en el desinterés con el que el rico hace rechinar sus rublos. La única salvación posible es la esperanza en un acto estrafalario del gran burgués y terrateniente que acude a los barrios más pudientes de San Petersburgo para buscar una bella esposa, para encontrar un florero elegante que acceda a renunciar a su honor.

"Al contestarle yo que usted había hecho por mí cosas que no se pagan con dinero, díjome que eso era absurdo; que esas cosas están bien en las novelas; que yo soy joven todavía y miro la vida a través de los libros; pero que las novelas solo sirven para inculcarles a las muchachas ideas extravagantes, y en general, según él, los libros solo conducían a corromper las costumbres, por lo que él no podía sufrirlos. "

Aunque creo haberlo comentado ya previamente, el teórico de la literatura posformalista Mijail Bajtín sentía un especial interés por la obra de Dostoievski y trabajó durante muchísimos años para reivindicarla, pues durante las primeras décadas del siglo XX la crítica tenía la impresión de que Fiodor era un mal escritor debido a las continuas contradicciones en las que incurrían sus personajes. Y es que, pensándolo bien, solo en esta novela hay lo que puede parecer una barbaridad: Varinka recrimina a Makar sus atenciones, pero le pide continuamente más y más; Makar detesta a su "amigo" escritor, que se burla de él y su incultura una y otra vez, pero al mismo tiempo lo admira y sigue asistiendo a sus veladas; Makar le recrimina a Varinka el montón de regalos que le está haciendo y que le están dejando paupérrimo, pero prosigue con ellos, a pesar de las numerosas deudas, el frío y el hambre, y las negativas de ella; ella se siente culpable por aprovecharse de la estupidez del viejo, pero continuará con su juego hasta encontrar a alguien más rico; él habla también de cariño paternal hacia la joven, pero el lector no es tonto y conoce del interés sentimental del anciano, quien ve realmente esos regalos como una inversión; etc. Numerosas fuerzas se entretejen dentro de los personajes, numerosas voces que dialogan y luchan por sobreponerse, lo cual consigue vertebrar a personajes con caracteres muy humanos.

El primer párrafo destacado puede servirnos de perfecto ejemplo. De hecho, era uno de los que empleábamos en la universidad para explicar la idea bajtiniana de "dialogismo interno", que vendría a poner un nombre a ese concepto de lucha de voces dentro de los mismos personajes. Lo curioso y lo poderoso de Dostoievski no es solo la lucha permanente de las voces de sus personajes y de su indecisión, sino el diálogo que los mismos personajes establecen con sus pares a través de la anticipación. Cuando Makar describe su cuarto, nos es imposible imaginar un espacio más incómodo, sucio y diminuto. Makar es consciente de su destinatario y, tratando de no mentir y al mismo tiempo quedar bien con su Varinka, rápidamente se anticipa a esa sensación de sordidez que la descripción del lugar, tal cual él lo ve, va a despertar e intenta, entonces, venderlo como un espacio agradable eligiendo muy bien adjetivos y expresiones completamente opuestos a los dictados por toda lógica: clara, limpia, apañadita, cómodo, espacioso, contento, plena modestia y placidez,...  Son estos detalles los que hacen que Dostoievski sea un clásico de la literatura y todo un maestro a la hora de redactar historias. Hay un gran respeto aquí por los personajes y por el tipo de discruso escogido. El escritor se introduce en la piel de sus personajes y desde ella selecciona hasta la última palabra, entendiendo en cada ella un engranaje capaz de propulsar el texto. El trampantojo del realismo está construído con total minuciosidad y el nivel al cual podríamos profundizar en la prosa de este señor parece no conocer límites.