sábado, 19 de julio de 2014

El rodaballo, de Günter Grass

Rodaballos parlantes, viajeros en el tiempo y cocineras cachubas, sobre todo eso, cocineras a tutiplén...




Después de leer "El tambor de hojalata" en septiembre y releerlo en enebro, me quedé con muchas ganas de leer más cosas de Günter Grass, de quien es, quizás, uno de los más grandes escritores, no ya sólamente en lengua germana sino, posiblemente, de la historia de a literatura. Dos semanas y media le he dedicado a la que dicen que es su mejor obra, junto con el Tambor, a dejar vagar mi mente por el mundo que crea en sus casi seiscientas páginas de letra apretada y miniaturizada, con un ritmo de lectura lento, pero preciso, intentando comprender todo lo que tiene el texto y sabiendo que esto en autores de gran nivel como Grass en imposible, sin perder la esperanza y disfrutando cada frase. Es, sin lugar a dudas, lo que mejor he leído este verano, de momento, y digo "de momento" porque aún tengo pensado zamparme otros dos novelones reconocidos como "Los Buddenbrook" de Mann y "Crimen y castigo" del maestro Dostoievski. Pero todo llegará. Hoy toca reseña de una excelente obra de Günter Grass.

En "El rodaballo" Grass nos muestra su afición a la cuentística tradicional de su país porque la novela que escribe no es más, en principio, que una reinterpretación del cuento de la isla de Rungen que los hermanos Grimm recogieron para una de sus famosas antologías titulado "El pescador y su mujer". En dicho cuento un pescador vive con su esposa, que cocina y cuida del hogar. Un día el pescador captura un buen día un pez mágico (que en muchas representaciones pictóricas ha sido un pez plano y bizco como el que da nombre a la novela de la que hoy nos ocupamos) que es capaz de hablar y le dice que, si no tiene inconveniente, le gustaría que le soltasen en medio, acto por el que recompensaría al pescador con un deseo, lo que él pidiese. El hombre lo desengancha del anzuelo con respeto y amabilidad y lo lanza al mar diciéndole que no desea nada en especial, pero que está muy agradecido por su oferta. A continuación el rodaballo le da una de sus escamas y le dice que lo llame siempre que desee verlo. Cuando al regresar a su casa le cuenta la historia a su esposa, ésta se enfurece con su marido tildándolo de estúpido y demás cosas desagradables en el dialecto alemán de la costa. El viajero, para hacer feliz a su mujer (tradicionalmente llamada Ilsebill), vuelve al mar Báltico, llama al rodaballo mágico y le encarga una granja. Pronto Ilsebill se harta de lo que tiene y querrá más. El marido, como buen calzonazos, irá al rodaballo y le exigirá un palacio. Pero pronto volverá a aburrirse de lo que tiene y querrá tener un palacio y ser reina. Su ambición crece y crece por momentos hasta que el rodaballo se niega a concederle sus deseos y la pobre Ilsebill llora como una cría por lo que no puede tener. La moraleja: la ambición mata. Pero, ¿qué entresaca Grass de este cuento? Que la protagonista en la que se personifica la avidez sea una mujer no es casualidad y da pie a multitud de reflexiones en el cuento. ¿Son las mujeres así por naturaleza? ¿Siempre quieren más? ¿Hay otra versión para este cuento? ¿No es el hombre el auténtico avaricioso camuflado, ese sujeto histórico cuya ambición ha promovido cientos de guerras el que verdaderamente se aprovecha del rodaballo cuando su mujer insiste en que pare, en que ya es suficiente, en que ya no se necesita más? ¿Quién debería dirigir la historia: el hombre, la mujer, ninguno de los dos?

En "El rodaballo" de Günter Grass la acción comienza cuando un pescador neolítico llamado Edek atrapa por casualidad a un pez parlante y sabio como el del cuento que acabamos de comentar recogido por los hermanos Grimm, un rodaballo. El pescador, al ver que habla, cree que es un dios y lo devuelve con prisas al mar. Entonces el rodaballo le suelta un sermón que demuestra lo calzonazos que es, mucho antes de que existiera ese concepto. Según Grass, y yo no sé si esto es o no verdad y sólo puedo, por lo tanto, fiarme medianamente de su palabra, en la región de la desembocadura del Vístula, y quién sabe si en otras también, reinaba un sistema matriarcal, frente al debilitado sistema patriarcal actual, que ha aguantado más de dos milenios. En la cueva de Edek todas las mujeres se llaman Aya y tienen tres pechos por una extraña razón, pero de entre todas destaca una SuperAya, más gorda y mejor dotada intelectual y sexualmente que el resto, que le robó, según la lógica de la novela el fuego al Lobo del Cielo, como podíamos leer en el fragmento que colgué hace unas semanas. Estas Ayas tienen dominados a los Edeks, a los que amamantan como si fueran bebés. Cualquier intento de rebelión lleva a la negación del pecho, y los Edeks, que lo saben, no quieren eso. Por estos detalles locales y por las comparaciones que establece el rodaballo a partir de su sabiduría infinita entre la horda de Edek y lo que sucedía -y había sucedido ya- al mismo tiempo en auténticas civilizaciones mediterráneas florecientes como la minoica, la egipcia o la mesopotámica incluso es por lo que nuestro pescador se gana una bronca de campeonato bastante cómica. Es entonces, cuando el rodaballo se compromete a liberarlo, a él y a todos los hombres, del opresivo matriarcado, le cueste el tiempo y las vidas que le cueste. El rodaballo se vuelve en el padrino de la causa masculina y con su ayuda, no recogida en ningún escrito que consideremos serio, coloca al hombre, indirectamente, a partir de consejos, como el sujeto de la historia, desplazando a un segundo plano a la mujer. 

Pero, ¿qué ocurre? Que el hombre es torpe por naturaleza y de su gobierno derivan las mayores catástrofes de la humanidad. Es por eso que el rodaballo, harto ya de Edek, de sus reencarnaciones históricas -porque como hablaremos de ello ahora, se reencarna continuamente para poder influir a través del consejo del pez mágico en la historia- que de nada han servido para un progreso social pacífico y digno de admiración, se deja capturar de nuevo en los años 70s por tres mujeres, amigas, lesbianas, que vienen a representar todo lo opuesto a su antiguo protegido. A ellas les explica su caso sin demasiado detenimiento y les habla de la posibilidad de aconsejar a partir de ese momento a la causa femenina, pero las tres chicas, Sieglinde Hunstcha, Fränki y el Maxi, sólo escuchan la primera parte de su discurso, se niegan a devolverlo al mar de donde vino y se lo llevan a sus casas, planteándose que hacer con él, hasta que finalmente acude a ellas la idea de celebrar un juicio en el que se evaluaran y se analizaran los crímenes que el acusado rodaballo pudiera haber cometido contra las mujeres del planeta con su intervención indirecta en la historia a través de las palabras. Se forma un tribunal feminista que decidirá el destino del acusado en un juicio que durará nueve meses y repasará las vidas de once mujeres, todas ellas grandes cocineras, que, directa o indirectamente, tuvieron un papel histórico importante. Al mismo tiempo que se celebra el juicio, la última mujer de Edek en su tempotránsito de los años 70s, llamada como la esposa del pescador (Ilsebill) en homenaje al cuento de los hermanos Grimm, vive un inesperado embarazo.

Una mujer tras otra, una vida tras otra. En el juicio se nos narra cada mes la historia de una mujer -salvo en el primero, en el que hay nada menos que tres historias- siendo siempre la siguiente más interesante que la anterior, en un maravilloso crescendo. El primer mes está dedicado a Aya, Vigga y Mestuina, tres mujeres que lideraban a su pueblo porque eran esos tiempos en los que persistía el matriarcado. Las dos primeras son mujeres anteriores al nacimiento de Cristo. Con Vigga asistimos a la desaparición del mítico tercer pecho y a las migraciones bárbaras hacia el sur, los primeros ataques godos a la línea fronteriza del Imperio Romano y con Mestuina llegan ya los primeros clérigos con su nueva religión católica a la desembocadura del Vístula para bautizar a los primeros pomorscos y emplearlos como carne de cañón contra sus violentos vecinos, los pruzzos. En este caso, nuestro protagonista es, cómo no, un obispo, Adalberto de Praga. En el segundo mes, viajamos varios siglos adelante y llegamos a la vida de la goticoflamígera santa Dorotea de Montovia. Danzig ya es una realidad en la que viven los personajes. Tras el mes de Dorotea llega el de la monja cachonda Margareta Rusch, también conocida como Greta la Gorda, que es, sin duda, el más aburrido de todo el libro y a partir del cual comienza ese crescendo que hemos comentado antes. El cuarto mes está dedicado a Agnes Kurbiella, al mismo tiempo criada y musa de los dos artistas más importantes de Danzig de su época: el poeta Opitz y el pintor Möller. En este caso, los dos hombres son reencarnaciones de Edek, lo que hace del capítulo algo muy dinámico e interesante. El quinto mes trata sobre Amanda Woyke, la principal introductora del cultivo de la patata en la región de Cachubia. El sexto mes queda dedicado a la siempre virgen Sophie Rotzoll, luchadora por los derechos que defendió en sus inicios la Revolución Francesa y por la independencia de Polonia. En el año en el que muere Sophie nace Lena Stubbe, de primer apellido Pipka, el revolucionario año de 1842. Sobre Lena y su larga vida trata el séptimo mes, sobre la vida de una mujer que sobrevivió a dos maridos maltratadores, a dos grandes guerras (la Guerra Prusiano-Francesa del 1870 y la Primera Guerra Mundial), al hambre y a sus continuos intentos fracasados de hacer algo grande. Siempre revolucionaria y tempranocomunista, Lena no consigue publicar su "Libro sobre la cocina proletaria" y muere tristemente. En el octavo mes se narra la mejor historia de todas, la de Sylbille Miehlau, que casi se puede leer de forma independiente del resto del libro y que nos demuestra que las mujeres no son necesariamente mejor que los hombres para dirigir la historia. No importa si eres hombre o mujer, lo que tienes que ser es una persona sensata en esta vida, parece querer decir. Eso y que los inocentes siempre acaban pagando el pato de los demás. El libro cierra el noveno mes con el caso de Maria Kuczorra, que perdió a su marido Jan en una huelga sindicalista por el encarecimiento de los precios de los alimentos y otros enseres básicos cuando la policía abrió fuego contra los manifestantes.

"El rodaballo"es una obra cumbre, una obra genial. Loca y divertida. Triste y compleja. Teatral e histórica. "El rodaballo" es un paseo por la vida y el pensamiento hombre y de la mujer, y su evolución histórica. Es una ventana al pasado, un intento de reformular la historia a través de nuevos principios del tipo "Y si..." que crea Grass con sus cocineras y sus amantes. Una historia para reflexionar. Que no deja indiferente a nadie. Magnífica. Potente. Un derroche de creatividad bien encauzada.

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Snuff, de Chuck Palahniuk


2 comentarios:

  1. Estupenda reseña, solo puedo decir que me han entrado ganas de leerlo. El único problema que veo es que ya tengo un montón de libros pendientes de más de 500 páginas. Así que aunque me lo apunto, tendrá que esperar.

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    1. Muchas gracias.

      Suele pasar. Mi lista de libros pendientes supera ya la cuarentena y muchos son bastante largos. Algunos hay que superan las mil páginas y que, de verdad, no sé cuando podré empezar.

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