jueves, 2 de noviembre de 2017

El encargo, de Friedrich Dürrenmatt



El reconocido psiquiatra danés Otto Von Lambert le encarga a una periodista suiza, la F., el esclarecimiento de algunos detalles que han tenido que ver con la mediática muerte de su esposa Tina, brutalmente asesinada y abandonada a su suerte junto a las ruinas religiosas de un país árabe. No sin vacilar, la F. acepta un encargo que le llevará a los secretos más profundos del exótico país y a de ella misma, convirtiéndose la búsqueda del otro en un encuentro con uno mismo con consecuencias irreversibles. El encargo trata de sacar lo más oculto que hay en cada ser humano, entendiendo a este como un animal movido por el interés y la egolatría, cuyo corazón está lleno de fango, dolor y ansias de herir al prójimo. 

Esta novela de Dürrenmatt es bastante diferente de la mayor parte de las que he leído y se siente más madura y lúdica. Consta sólo de veinticuatro frases, que como las horas de un día, nos va hundiendo lentamente en la incertidumbre de la noche. La historia está en tercera persona -focalizando en el personaje de F.-, pero Dürrenmatt se balancea con gran soltura dentro del estilo indirecto libre, entrando y saliendo de los pensamientos de los personajes a su antojo y, sin cerrar las frases, es capaz de dar una unidad, generar intriga, conseguir que el lector se recree en los detalles y en la musicalidad de las palabras (dentro de lo cual tiene también muchísimo mérito aquí el traductor, que, sin duda, se luce como nadie), sienta preocupación por el sino de la periodista y curiosidad por los extraños comportamientos de los hombres y mujeres que desfilan por las arenas cálidas del desierto que conformarán la atmósfera principal, magistral y esencial de la novela. 

El tema central de la historia no es común en Dürrenmatt (que yo sepa sólo había esbozado al respecto algunas ideas en El valle del caos), pero está expresado con la suficiente profundidad como para que tenga muchísimo peso por sí  mismo. El suizo pasa a exponernos una visión del mundo en el cual todo se basa en la observación y en hacer de policía del vecino, pues solo si nos ven somos y en el planeta Tierra al menos, con las cámaras de fotos y los satélites localizadores, es imposible que nadie no nos vea en algún momento haciendo cualquier cosa. Esta idea de la supervigilancia está ya bastante vista (Person of Interest, El show de Truman, etc.), pero la forma en la que está planteada y la época -aún en los años ochenta- le da un toque característico. Hay, al mismo tiempo en la visión de Dürrenmatt mucha metafísica, pues un mundo en el que se permiten atrocidades como las que van  a suceder en El encargo debe de haber sido necesariamente abandonado por Dios, quien observa más allá de la observación, tanto a observadores como a observados, entreteniéndose vacuamente, pudiendo intervenir, pero al mismo tiempo negándose a ello por no perder su cómoda cualidad de observador de observadores observados. Dios, si se confirma su existencia, se convertiría en el único observador que no sería observado y cuyos actos quedarían completamente al margen de la vida en el mundo. A lo largo de la novela, F. se siente observada por hombres que a su vez se observan los unos a los otros y, desde la sombra, mascan la tensión, tejen las redes necesarias y se mueven, perfectamente conscientes de saber donde están y qué hacen para imponer su supervivencia y sacar un beneficio, en la mayoría de los casos económico. 

Como ya hemos dicho, El encargo es un viaje de autoencuentro y en ese sentido puede comprenderse la gran cantidad de referencias que utiliza para rendir homenaje a la Odisea. La F. quiere encontrar en Tina a su Penélope, una chica que en el fondo es sumamente parecida a sí misma, y se tropieza con obstáculos que parecían estar allí sólo para cruzarse con ella dado el momento. Uno de los personajes llamado Polifemo encerrará a nuestra F. en su búnker, como si este fuera la famosa cueva del cíclope antropófago. La F. es uno de los pocos personajes que carece de un nombre claro y quizás se debe a que esta supresión intente emparentarla de alguna forma con Ulises, más conocido por Nemo ("nadie") que supo esquivar los ardides de Polifemo, quien trataba de devorarlo a él y a sus camaradas. Dürrenmatt también rinde culto a  la Ilíada, al mostrarnos de una forma voraz las artes de la guerra y el monótono canto de la muerte que se siente como una sentencia de la que nadie puede escapar.  Hay que decir que este interés por la cultura griega no es nuevo en Dürrenmatt, que ya habría recurrido a ella en su novela Griego busca griega y su relato La muerte de la Pitia.

Por otro lado, hay que señalar que la novela empieza con una cita de Kierkegaard, cuya enseñanza es vital para la comprensión de la misma:

"¿Qué ocurrirá? ¿Qué traerá el futuro? No lo sé ni intuyo nada. Cuando, desde un punto fijo, una araña se precipita hacia sus consecuencias, ve siempre ante sí un vacío en el que no encuentra lugar donde apoyarse, por más que patalee. A mí me ocurre lo mismo; ante mí hay siempre un espacio vacío; lo que me impulsa hacia delante es una consecuencia detrás de mí."
En El encargo, así como en la vida cotidiana, somos presas de nuestro pasado, del cual intentamos escapar muchas veces a toda costa, y, como una araña que se desliza hacia el vacío, nos movemos hacia la incertidumbre del futuro que nadie ha visto y del cual no podemos esperarnos nada. Son nuestras inquietudes las que nos mueven del pasado al futuro, en una carrera de fondo en la que no nos podemos parar a descansar y eso lo tienen muy claro los personajes de esta novela, que corren con el alma llena de balazos y el doble miedo de la vida, el del ayer y el del mañana. Una vez más, un trabajo altamente recomendable de este gran escritor suizo.

1 comentario:

  1. Como recién convencido/convertido a la obra de Dürrenmatt, tomo MUY buena nota de tu recomendación.

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