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viernes, 17 de abril de 2020

La estación de las mujeres, de Carla Guelfenbein



Si tuviera que elegir a alguien con un alma verdaderamente renacentista a día de hoy, posiblemente elegiría a Carla Guelfenbein. Además de una narradora de talla, como lo demuestra en esta novela que hoy reseñamos, la autora es bióloga y ha trabajado, entre otras cuestiones, como directora de arte, diseñadora y editora de moda para importantes marcas. Esto no tiene por qué representar nada en su narrativa, pero el dato no es excluyente y aporta mucha información de peso a la pequeña delicia que es La estación de las mujeres.

Estamos ante un texto polifónico, como polifónica es también su autora. La historia se nos narra desde diferentes puntos de vista con narradores a veces en primera persona y a veces en tercera, saltando de un personaje a otro con fluidez y buen hacer, aportando la dosis justa de emoción e intriga para dejar al lector en el asiento deseoso de más. Las perspectivas adoptadas no son elegidas al azar, hay una búsqueda de la identificación, bastante inteligente por parte de la autora, con un público femenino de mediana edad y con un alto nivel de estudios (ya sean estos oficiales o autodidactas). Sin embargo, no por ello, el detalle de que yo no soy el lector implícito que la autora desearía me impide disfrutar del texto y esto solo lo logra la buena literatura. 

Como digo, en La estación de las mujeres se tergiversan historias que parecen remotas e inconexas, pero que poco a poco se van hilando hasta dar una visión plural de lo implicó ser mujer en los 1950s y de lo que implica serlo hoy en día. Además, toda la trama (o casi toda) está ambientada en Nueva York y todas las protagonistas gozan de un matiz que las hace vulnerables y fuertes en unos sentidos u otros. Guelfenbein elige bien los momentos frágiles, expone pesares y miedos que vienen derivados de una sociedad que relega a la mujer a un segundo plano y que la ningunea aún más si cabe si dicha mujer es extranjera. No olvidemos que la autora es chilena y que no va a ignorar su experiencia vital de cara a construir la narración.

La cultura chilena se funde con la neoyorkina y esto lo vemos en dos figuras de mujeres emblemáticas a todas luces y tan importantes en la novela como las propias protagonistas, a pesar de su aparición solo en las más absolutas de las sombras. Hablamos de la artista abstracta Jenny Holzer, representante de la mercantilización del arte y de toda la industria americana, frente a la poeta chilena galardonada con el Premio Nobel Gabriela Mistral. Aunque no aparece esta última más que en un milisegundo, está siempre presente en la que será su albacea durante los cincuenta años que le seguirán a su muerte. Véase la estadounidense Doris Dana. Lo cierto es que esta incursión me gustó. Me esperaba más "salseo" con lo que viene siendo la supuesta relación lésbica que Mistral siempre rechazó y, aunque Doris aparece como un personaje bisexual, las relaciones entre ella y la chilena se pintan sobre un eje de admiración/desprecio. Recordemos que Doris también soñaba con ser escritora y vivió toda su historia opacada por la lengua de su protectora. Ni siquiera después de la muerte de Mistral, Doris pudo escapar de su influencia. Y no sería porque no lo intentara.

Por otro lado, a las tramas del pasado, que implican a la ya citada Doris Dana, a una joven de familia burguesa adinera que acaba escapando de sus padres y a la pequeña Juanita, una puertorriqueña que limpia habitaciones con su madre y que por casualidad atisba un suceso que le cambia la vida, hay que sumar la trama del presente. Esta recae sobre los hombros de Margarita, una mujer de cincuenta y siete años que sabe que su marido la engaña, pero que sigue con él por costumbre. Ha cogido la tradición de ir a un banco frente a la facultad para espiarlo. Sin embargo, la extraña desaparición de la portera (Anne) y la búsqueda de una mujer en el pasado de su amiga Juanita hacen que sus días de tedio y conspiraciones en torno al inútil de su marido se conviertan en una nueva aventura. 

La estación de las mujeres pretende representar a diversos tipos de mujeres que buscan escapar de una realidad terrible que se les ha sido asignada. Se contempla la huida física, como en el caso de Anne, pero también la huida en el amor o en el éxito artístico y social. Igualmente, no se descuida la huida en el sexo. Este punto es tratado con muchísima naturalidad y se siente sincero y no forzoso, como suele suceder en muchas otras novelas, que lo utilizan como mero reclamo. Todas las protagonistas presentan irregularidades en sus vidas, todas proceden de estratos y de condiciones diferentes. Esto se debe a que la autora busca con la obra hacer un homenaje a todas las mujeres. Si bien hay que decir que como idea es ciertamente pretenciosa, más teniendo en cuenta la corta duración del texto y su recorrido, el cómputo total de líneas y, más importante, los sentimientos y vicisitudes que se desarrollan en ella dejan a la obra y a la autora en muy buen lugar. Una lectura, como digo, muy disfrutable.

Eso es todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté.


miércoles, 6 de junio de 2018

Ygdrasil, de Jorge Baradit



Mariana es una asesina chilena a sueldo de mediana edad, adicta al maíz (una de las peores drogas de un mundo comido de vacío, destrucción y conflictos de intereses), contratada por un poderoso partido político mexicano para robar una información que podría cambiar el devenir histórico. Su misión se sitúa en un espacio con evidentes tintes de postcyberpunk, pero en el cual se integra de una forma naturalizada y bastante original todo un espectro de elementos sobrenaturales, psíquicos e incluso chamánicos. Lo que parecía una sencilla operación, acaba con la vida de la torturada Mariana, descuartizada y echada al río como un trozo de carne más, inservible. Sin embargo, por extrañas razones que se nos irán revelando poco a poco, Reche, un selkman, ente espiritual de un inmenso poder (prácticamente comparable a un dios), la trae de vuelta de la muerte. El selkman tiene como propósito corregir los desórdenes situados en el devenir de los acontecimientos, curar las anomalías de consecuencias catastróficas a las que tendemos los humanos en nuestras ansias de poder sin medida y por lo visto Mariana se encuentra de alguna forma en medio de la secuanciación que debe efectuar Reche para salvar el cosmos. Con un nuevo protector, la yonkie chilena buscará conservar su vida libre a cualquier precio, incluso si este implica tener que volver a trabajar con quienes le han traicionado. 

Ygdrasil  mezcla maravillosamente una increíble amalgama de géneros literarios. Parte de la ciencia ficción, pero en ella podemos encontrar muchos mecanismos propios de la narrativa de espionaje, la novela splatterpunk (con un alto nivel de violencia pulp; una muestra implícita de la misma), una novela que alterna un gore desmedido y de retórica sadomasoquista con hermosísimos pasajes líricos, oníricos e incluso piscodélicos. Pretende contar una historia particular, pero al mismo tiempo no deja escapar la posibilidad de exponer problemáticas mucho mayores. ¡De índoles cósmicas! Consigue elevar a un plano trascendental auténticos dilemas éticos, políticos y religiosos sin aburrir ni sentirse en ningún momento forzado a ello. La cuestión de espiritualidad y la asimilación de la misma a través de la ciencia tecnológica es una propuesta convincente y llena de originalidad. En el mundo de Mariana, los seres humanos no solo han demostrado la dualidad platónica alma/cuerpo, sino que la han informatizado, convirtiendo a la primera en un software con diferentes capas y a la segunda en un hardware cada vez más prescindible. El dolor del cuerpo es tratado como una alerta de antivirus que nos advierte de los intentos de las más terribles amenazas de penetrar en nuestro software espiritual. 

Como si fueran sistemas informáticos, las almas pueden transitar de un cuerpo a otro. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la de Günther Diethardt, un joven soldado alemán abatido en la batalla de Stalingrado y que muchos siglos después trabaja codo con codo para los jefes de la operación, bajo la promesa de estos de entregarle un cuerpo. Günther puede penetrar en la mente de Mariana y será usado como un disco duro externo que conecte rápidamente con el Directorio, al tiempo que se convierte en el único amigo de verdad de la chilena. 

Al igual que en muchas novelas (post)cyberpunk la visión que se tiene aquí del cuerpo como hardware es también tratada en extremo. Mariana cuenta con una serie de implantes de última tecnología en su cuerpo que la convierten en toda una cyborg, reviviendo ese mito de Donna Haraway. Gracias a este poderoso hardware Mariana, con la ayuda de Günther y de Reche, se infiltrará en un poderoso ordenador, buscando primero el acceso a un extraño programa, el Empalme Rodríguez, y luego a un constructo mucho mayor y por ende más peligroso, el Ygdrasil, el sistema más potente del universo encerrado dentro de las fronteras del nuevo país de la Chrysler. Lo verdaderamente emocionante de esto son los viajes más que variopintos a unos mundos cibernéticos plagados de acertijos mortales, mares de códigos y personajes alegóricos capaces de amedrentar y confundir a cualquiera como los buenos firewalls que son. De repente uno tiene la sensación de encontrarse perdido dentro de un videoclip del rock influido por el LSD de los 1970s y sin previo aviso salta desde allí a un ambiente totalmente compatible con el típico anime japonés cyberpunk de los 1990s. Las referencias en Ygdrasil, como digo, son enormes. En ella tenemos Ghost in the shell, pero también los Evangelios de Jesús de Nazareth. El Popol Vuh y los guiños a autores como Clive Barker. Tenemos sangre y lágrimas. Incluso incómodos momentos cómicos. Todo un delirio de creatividad bien llevado. Una obra maestra absorvente de principio a fin. Sencillamente única.

Tenéis otra reseña en Das Bücherregal, donde el entusiasmo despertado es más o menos similar. Allí se han tomado la molestia de seleccionar otras visiones de la obra, linkeadas a los blogs de sus respectivos autores, donde el libro no ha salido tan bien parado. Para no repetir, no voy a dejar por aquí nada más. Os deseo como siempre felices lecturas y os recomiendo esta encarecidamente. Agur.



martes, 1 de julio de 2014

Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda

Un viaje breve e interesante a la selva ecuatoriana...



"Un viejo que leía novelas de amor" es una novela bastante breve (no sé si llega a las cien páginas) perfecta para leértela una tarde en la playa, por lo que no me voy a extender mucho con la reseña. Lo primero decir que ha sido una acertada recomendación de mi amigo Antoni Soto. Lo segundo, es hablar de la novela. La acción nos sitúa en una remota estación fluvial en uno de los afluentes ecuatorianos que van a parar al gigantesco Amazonas llamada El Idilio, donde vive nuestro personaje, un viejo que, dos veces al año, con la llegada del Sucre, un barco lleno de provisiones con el que el pueblo hace trueques, recibe, de parte del dentista de a bordo, un tal Loachamín, un par de novelas. Pero estas novelas no son cualquier tipo de novelas. Antonio José Bolívar Proaño (así se llama el viejo) sólo lee novelas de amor donde ocurren muchas desgracias, quien sabe si porque éstas le recuerdan a su difunta esposa, la cual, por alguna razón que me es desconocida, tiene un nombre más largo que la duquesa de Alba. El autor se vale de catalepsis (flashbacks en inglés) para explicar el arribar del viejo a aquel punto perdido de la selva en constante disputa con el estado vecino del Perú. Antonio José Bolívar llega allí con su mujer y la promesa de que el gobierno les ayudará económicamente, cosa que, como es típica, no ocurre nunca. Tras un acceso de fiebres y agotada por el hambre, la mujer muere. Bolívar se echa a la selva y entra en contacto con los habitantes autóctonos de la selva: los indios shuar. Al más puro estilo Álvar Núñez Cabeza de Vaca se convierte en uno más de esa sociedad primitiva, pero muy sabia. Como historia "Un viejo que leía novelas de amor" no aporta muchas cosas. Da algunos datos curiosos sobre estos indios y sus costumbres y sobre el descontrol que el gobierno tenía en una región donde todo se soluciona con violencia. Está bien escrita y es fácil de leer. Y el personaje es sumamente entrañable. Pero eso es todo. Sin embargo, como digo, ha sido una buena recomendación y me ha gustado mucho. Tengo por aquí la película y no dudaré en verla pronto.