viernes, 22 de septiembre de 2017

El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima



Noboru es un chico de unos trece años que vive con su madre Fusako cerca de un muelle de Yokohama. Noboru lleva toda su vida viendo atracar y zarpar todo tipo de navíos en el cercano puerto, actividad que incrementó tras la muerte de su padre hará unos cinco años aproximadamente. Es un chico bastante extraño e inteligente, pero que se siente limitado por como lo trata su madre y, como todos los adolescentes, quiere comerse el mundo. En su cabeza contrapone su vida en tierra, fuertemente marcada por todo el constructo de normas sociales, con la libertad que debería proporcionarle la amplitud de la alta mar. A bordo de un buque podría ver países exóticos y vivir extraordinarias aventuras, mientras que en tierra está condenado a la mediocridad, lo cual no deja de ser una visión bastante extrema y romántica. En medio de todo este devenir mental de Noboru su madre consigue a un nuevo amante, un tal Ruyji que una vez tuvo ideas parecidas a las del pobre Noboru y se acabó embarcando como marino. Sin embargo, la mar no le habría traído la gloria a Ruyji, sino más bien soledad y él, al sentir que Fusako le quiere de veras y que económicamente se lo puede permitir, decide buscar trabajo en tierra cerca de su amada. Esta decisión decepcionará a Noboru, quien le perderá el respeto y el cariño "para siempre". 

Yukio Mishima construye una novela con tintes eróticos y sentimentales, próximos a la narrativa de Tanizaki, pero cuya profunda filosofía visceral acaba llevando la historia por unos derroteros inesperados -al menos para mí, que es la primera vez que leo algo del autor- que acaba en un final crudísimo y que no creo que deje indiferente a nadie. No es que el inicio de la novela no sea de por sí bastante fuerte (un adolescente que espía como su madre desnuda se acuesta con un hombre que no es su padre), sino que en comparación con el final esta escena nos va a parecer hasta "soft". La verdad es que no veo el afán ni la necesidad de tantos elementos repulsivos concatenados y soy de los que han sentido como insoportables los momentos en los que Noboru se reunía con sus "amigos", los infelices que se dedican a matar gatos porque otro más infeliz que ellos les dice que eso es la auténtica expresión de la libertad humana: el jugar con lo que es moralmente prohibido como la vida y la muerte de lo que nos rodea. Como crítica contra el fanatismo El marino que perdió la gracia del mar podría servir si no fuera porque da la impresión de que el escritor está pretendiendo justo lo contrario, hacer una justificación del odio y del sacrificio de Ruyji por traicionar a los valores en los que como adolescente decidió cimentar su vida. ¿Uno no puede madurar y cambiar de opinión? ¿Estamos tan atados a las decisiones que tomamos que nuestra vida debe ser juzgada constantemente en base a ellas? 

Toda esta evolución de la trama me ha llevado a pensar en la novela como un producto de mal gusto (en un sentido ideológico), pero a pesar de esto no puedo negar lo obvio: El marino que perdió la gracia del mar está increíblemente bien escrita. Mishima redacta su historia con una prosa llena de lirismo, símbolos y metáforas y, aunque no esté de acuerdo con el mensaje que intenta transmitir, he de decir que éste se siente claro y poderoso. Los personajes están muy bien construidos emocionalmente hablando y se aprecian muy vivos, aunque quizás, por el tipo de historia, nos cueste mucho empatizar con ellos. Viven en una época de transición y esto se aprecia en lo occidentalizado que se muestra el país nipón y la casa de los Kuroda. 

Esta novela plantea para mí un dilema, pues si bien soy consciente de la gran calidad de su prosa, también lo soy de la aberrante ideología, aunque cuántas historias como esta habremos leído, que nos deje un sabor tan agridulce en los labios. Yukio Mishima se incorpará desde ya a mi lista de escritores de doble filo -esos con cuyos textos no paras de saltar del amor al odio a cada momento- donde ya había dejado a nombres tan sonados como Louis Ferdinand Céline, Knut Hamsun y Camilo José Cela. Si puede salir de aquí o no será cuestión de tiempo. Os dejo más reseñas de esta obra en Das Bücherregal, Un libro al día y Letras en tinta. Parece que a todos les ha encantado y que el único que pongo pegas soy yo. Quizás no he sabido (o no he querido) ver dobles mensajes o lo qué sea. Tentado de cambiar algo lo dejo así y ya; una visión algo distinta de vez en cuando nunca viene mal.




3 comentarios:

  1. No te gusta la "ideologia" del Mishima (tal vez porque era homosexual) pero en cambio seguro que te gusta la de Neruda o la de Sartre o la otros escritores de la extrema izquierda que promocionaron la peor ideologia del siglo 20, más criminal incluso que nacionalsocialismo de Hitler: el comunismo. Es delirante juzgar a un escritor por sus ideas. Sartre era un gran escfritor a pesar de su infame ideologia, como Neruda o Celine ...

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  2. Estoy con el anómimo del primer comentario. Hay que tratar de abstraerse del personaje público que es un escritor y mirar su obra. Sé que es complicado, a mi por ejemplo no me convence demasiado lo poco que he leído de Vargas Llosa, sin embargo es Nobel y tal así que le he dado varias oportunidades a pesar de su perfil conservador, reaccionario, taurófilo, etc. Picasso por lo visto era un misógino y un maltratador (y bisexual, ya que se menciona la homosexualidad de Mishima). Sin embargo nadie cuestiona que fue crucial en el desarrollo del arte del S. XX. No veo por qué con una obra literaria debería ser diferente. Al fin y al cabo cosas tan repugnantes como "matar gatos por el gusto de experimentar" son solo palabras, y te lo dice un activista animalista vegano. El verdadero problema es hacerlas en el mundo real, y si aparecen en el libro, es porque hay personas que las llevan a cabo (y no al contrario).

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  3. Queridos anónimo y Cities. Me sorprende mucho encontrarme este tipo de comentarios y quizás sea porque no he explicado del todo claro en mi reseña. En ese caso me disculpo. Yo no puedo hablar -y en ningún momento lo hago- de la figura pública de Mishima. De hecho, comento que es la primera vez que lo leo. Ni siquiera sabía que era homosexual y tampoco es que sea un dato relevante, al menos para mí. Precisamente lo que más suelo hacer es mirar las obras, pero no puedo omitir que éstas son mensajes que se lanzan al mundo de los que están dispuestos a leerlos. Un mensaje tiene tanto una forma como un contenido que, siendo inseparables, actúan de forma dinámica aportando una sensación de unidad. Por supuesto que lo que se describe en una obra de ficción es falso, pero posible (o verosímil al menos), y aunque empíricamente sean sólamente palabras, éstas pueden tener una repercusión en los comportamientos humanos y replantearnos nuestra forma de pensar. Como lector busco libros cuyos mensajes me aporten. Los libros son mucho más que palabras, Cties, sino tú y yo no nos molestaríamos en subir reseñas. La cuestión en "El marino que perdió la gracia del mar" no es la muestra transparente de maltrato animal, sino la sensación que deja ese maltrato como un acto justificado. Es esa justificación, injustificable en la vida real que legitima la vida y la muerte ajena, lo que me parece enfermizo y de mal gusto. Un saludo a ambos y gracias por los comentarios.

    PD. Muchas gracias, anónimo, por las recomendaciones. La verdad es que no he leído nada de ninguno de los dos. Supongo que si me gustan ya volverás por aquí para llamarme homófobo comunista.

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