martes, 3 de octubre de 2017

Si viviéramos en un lugar normal, de Juan Pablo Villalobos



En Lagos de Moreno (México, 1980s) la vida no se presenta como un desafío sencillo para la humilde y estrambótica familia de Orestes, el segundo de los hijos del profesor de civismo helénico de un instituto de provincias. Mientras que su padre se dedica a achacarle su pobreza a los políticos del momento, gritándole improperios a la televisión como si esta pudiera transmitirles su indignación de alguna forma, su madre cocina quesadillas, muchas quesadillas, quesadillas por encima por encima de sus posibilidades, tantas y tan bien clasificadas que gracias a ellas el joven Orestes puede extraer lecciones vitales de economía en función de la cantidad de relleno. Por otro lado sus hermanos cuentan con múltiples reminiscencias a los héroes cuyos nombres toman: Aristóteles, Calímaco, Electra, Cástor y Pólux. Lo curioso es que con estos nombres y un padre, en teoría, tan bien formado los chicos no van a la escuela y tienen que buscarse la vida como buenamente pueden. La novela narra el paso a la adultez del joven Orestes y de lo que le ocurre a él y a su familia durante este proceso plagado de experiencias inverosímiles y divertidísimas. 

Villalobos emplea un estilo coloquial que me ha llamado muchísimo la atención. En la casa de un chico como Orestes el insulto parece ser el deporte nacional. Es verdad que en México especialmente hay una amplia variedad de adjetivos y expresiones para ejercer esta práctica verbal y son muy bien aprovechados aquí por Villalobos para introducir un aire cómico y dinámico a su obra. Lo cierto es que empezar a leer una historia con una frase como "vas y te chingas a tu reputísima madre, cabrón, ¡vete a la chingada!" es lo último que espera el lector y puede llegar a encontrarlo inapropiado y de mal gusto, pero no deja de ser una oración posible y creíble en los personajes que se van a ir desarrollando en las páginas de Si viviéramos en un lugar normal. Es rompedor y aporta vitalidad a la familia de Orestes; la vuelve cercana, humana. Pero si bien este tipo de claves lingüísticas estarán llenas de realismo, los sucesos narrados serán completamente alucinados, superando el "realismo mágico" de autores como García Márquez -no quiero decir con esto que sea mejor escitor Villalobos, por supuesto-, pues un personaje como Orestes, con su lógica fría y su gran inteligencia es incapaz de legitimar toda validez del mito aún cuando este se presente en carne y hueso frente a sus ojos, y se negará a aceptar lo que le ocurre a él y a su familia hasta que todo sea tan absurdo que no le quede más remedio. Entre las locas aventuras de la familia de Lagos hay desapariciones dobles, abducciones extraterrestres, conflictos de clase, batallas campales, políticos fantasmas, instrucciones para cocinar buenas quesadillas, inseminaciones de vacas, artefactos fantásticos y mucho más. 

La explicación a todo esto es sencilla, Orestes no vive en un lugar "normal" como Europa o los Estados Unidos y por eso su vida está llena de bizarradas. Villalobos escribe con mucha sorna para los lectores de fuera de México y expone su país de una forma grotesca, exagerándolo descaradamente hasta que su discurso queda convertido en una parodia de los textos literarios reconocidos de la región -especialmente del Pedro Páramo de Juan Rulfo- a partir de los cuales el resto del mundo se imagina como es México. En ese sentido, Si viviéramos en un lugar normal se convierte en una sana gamberrada con la que podemos reírnos mucho y que nos sirve para cuestionarnos la visión que tenemos a partir de lo que leemos. Como novela no es que sea brillante, pero sí que resulta muy entrenida y debido a su brevedad, se puede decir que merece bastante la pena leerla. 



4 comentarios:

  1. Está tan bien escrita tu análisis que me dan ganas de leerla ya. Gracias por el aporte, veré si la consigo en alguna libreria cercana

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    1. Gracias a ti, Scabbers, por confiar en este sitio. ¡Te va a encantar!

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  2. Ultimamente llevas un ritmo de lecturas demoledor. Esta me la apunto para buscar en mi biblioteca pública habitual, que tiene un catálogo que no deja de sorprenderme.

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    1. Tampoco te creas, Cities. No ésta, pero varias de las reseñas que he ido subiendo desde que volví las tenía escritas desde hace meses. Intento no tirar de ellas y dejarlas sólo para cuando no me dé tiempo real a escribir sobre lo que toque. Cuando quise volver sabía que necesitaría un colchón para que no me ocurriera lo de hace un par de años. Esa es una de las razones por la que estuve tanto tiempo inactivo, porque quería volver con seguridad.

      Es muy posible que encuentres esta novela o la otra -no recuerdo cómo se llama- del autor en la biblioteca, ya que ha ganado recientemente el premio Herralde y se le empieza a tener por un escritor consagrado.

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