Mostrando entradas con la etiqueta Literatura española. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura española. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de marzo de 2021

Caminaré entre las ratas, de David Pérez Vega

 


Los que frecuentan la blogosfera literaria conocerán a David Pérez Vega como ese profesor de economía de Móstoles apasionado por la literatura que sube sesudas reseñas de todo cuanto lee cada domingo a su espacio Desde la ciudad sin cines (y a también a su canal de YouTube). Yo conocía dicho blog mucho antes de compartir por aquí mis impresiones sobre cada lectura y ha sido para mí desde entonces un modelo de crítica literaria que siempre he admirado por la trabazón de su contenido, que, sin rozar la pesada erudición de la academia, daba todas y cada una de las claves interpretativas de las diferentes novelas y colecciones de relatos que iban apareciendo en el panorama editorial como novedades de este siglo XXI o como obras clásicas del XIX o del XX (principalmente narrativa hispanoamericana). Esta labor de Pérez Vega como crítico no es un fin en sí mismo, como él ha afirmado numerosas veces en sus redes sociales, sino un mecanismo para darse a conocer como escritor, para demostrar que su sensibilidad literaria le permite interpretar tanto textos complejos y representativos de la literatura contemporánea como incorporarlos a su imaginario particular y valerse de ellos, junto a su propia experiencia vital, para redactar una prosa de gran valor. A pesar de este extraordinario bagaje lector y hermeneuta que sitúa Desde la ciudad sin cines como uno de los espacios de la blogosfera literaria alejada del circuito del bestseller con más visitas, el propio Pérez Vega no destaca por ser un autor muy leído. Y esto se debe muy posiblemente a que aún no ha podido dar el salto a una editorial grande. Pérez Vega escapó, como su personaje Domingo, protagonista de esta novela que hoy reseño, de la autopublicación, pero se ha movido siempre en editoriales medianas y pequeñas, saltando de una a otra y con un pequeño séquito de lectores que le seguimos la pista. 

Previamente a Caminaré entre las ratas, Pérez Vega publicó en Sloper su novela Los insignes, que representa una radiografía brutal de los bajos mundos de la comidilla literaria (especialmente de esos círculos poéticos que viven del amiguismo y que son tan frecuentes desde que la poesía se concibió como género). Yo pude leer Los insignes a finales de 2015 y sigo pensando que es una novelas más divertidas que se han escrito jamás en español (a ver si este verano la releo y reseño). Aunque las novelas no están conectadas entre sí, se aprecia en ambas una progresión en el pensamiento de Pérez Vega, que viaja del desenfreno tragicómico de Los insignes al tono predominantemente serio, pero con pinceladas de un humor muy inesperado, en Caminaré entre las ratas. Los protagonistas de ambas obras tratan de abrirse camino en el mundo literario, pero mientras que en Los insignes parece solo importar dicho mundo literario y todo lo que escapa a él se siente sumido por un aire de parodia, en Caminaré entre las ratas Pérez Vega busca construir una novela río, una novela total en la que tocar todos los aspectos que puedan condicionar la vida de un hombre de mediana edad (a punto de cumplir los cuarenta años) y que se siente incapaz de alcanzar una estabilidad vital, económica, sentimental, sexual, etc. Domingo, muy posiblemente al igual que el propio Pérez Vega, sabe que quizás es algo tarde para él dar ese salto a una editorial más grande que le garantice vivir únicamente de la escritura, como soñaba de pequeño. Caminaré entre las ratas es, pues, el relato de un desengaño que resulta no solo doloroso para todos los que hemos fantaseado con la idea de redactar los clásicos del mañana en nuestra adolescencia como estudiantes marginales, como empollones abatidos por las collejas de los más grandes que terminaron trabajando en una obra o en el campo, es la historia de una eterna crisis que nos impide vivir como han vivido nuestros padres, que alcanzaron la estabilidad antes que nosotros y con muchos menos estudios. Es el desengaño del éxito prometido

Domingo es forzado durante su juventud para convertirse en ingeniero como sus primos, pero es incapaz de seguir al tercer año y opta por una decisión intermedia entre sus verdaderos deseos de estudiar Filología Hispánica o Literaturas Comparadas y ese ideal de sus padres, inculcado socialmente de manera tácita acerca del éxito de las carreras de ciencias. Se decide por estudiar Economía como el propio Pérez Vega y asume que la literatura puede ser esa luz que le guíe de forma paralela. Asume que renunciar a su vocación de manera temporal por timidez y falta de garbo le garantizará un trabajo digno y estable tras el cual disponer de horas de sobra para cultivar sus sueños y su afición. Sin embargo, Domingo acaba siendo un infeliz, un hombre explotado en un ambiente que lo rechaza por no formar parte de ese linaje aristócrata-burgués de auditores que veranean en Boston y se han educado en las universidades privadas más caras y conservadoras dentro y fuera del país y que creen que todo lo que han conseguido (incluidos muchos de sus puestos por enchufe) se debe a sus dotes innegables para los negocios, que los pobres como Domingo no tienen, por supuesto. 

De un trabajo, Domingo rebotará a otro cada vez peor. Y lo mismo sucederá con sus relaciones sentimentales. Su formación estoica en resolver problemas de matemáticas en la mesa del comedor de su casa lo han convertido en un ser asocial, un hombre que solo ha sido capaz de establecer lazos con mujeres (más allá de su madre y sus hermanas) en su adultez. El tabú cuasireligioso del sexo y el aislamiento en los libros le han llevado a vivir francamente mal los diversos encuentros amorosos en una juventud tardía, en la que ha tenido que fingir muchas veces ser quien no era para granjearse el interés y el amor de sus parejas y compañeras de una noche.

Domingo vive en una crisis perpetua, pero es un disparo el que le hace despertar. Nada más comenzar la novela, se nos revela que uno de sus amigos de la infancia, muy cercano a él, se ha abierto la tapa de los sesos con una escopeta en la tranquilidad de su casa. A partir de aquí, Domingo tendrá que sumar un duelo más a la lista de duelos pendientes y de los que nos iremos enterando a medida que vaya transcurriendo la trama. A pesar de este aura de pesimismo que envuelve toda la obra, el final servirá para redimir en parte al personaje y hacerlo aprender de sus experiencias y errores.

Como ya he ido comentado, hay mucho del propio escritor en la obra. Pérez Vega es un lector entusiasta de autores como Rodrigo Rey Rosa, Horacio Castellanos Moya o Eduado Halfon, que también vierten mucho de sus vidas en sus historias. Por su parte, hay una herencia indudable aquí con La senda del perdedor de Bukowski, novela que yo no he leído, pero cuya trama y planteamientos conozco. A través de Bukowski, Pérez Vega entronca con Fante y con los personajes propios de Dostoievski: seres marginales que tienen grandes aspiraciones, pero cuyo encontronazo con la realidad resulta en fracaso. De igual forma, el capítulo Tarde bajo el volcán recuerda poderosamente a La uruguaya de Pedro Mairal, que pude leer hace poco, aunque sigo considerando que el escritor mostoleño se muestra aquí muy superior al argentino. Y así puedo ir dando una larga lista de referencias que se aprecian en la novela de manera directa o indirecta y que se hacen evidentes para aquel que, como yo, ha leído algo sin ser mucho. En cualquier caso, no se cae en ningún momento en la pedantería, lo que es de agradecer.

Pérez Vega se muestra constante en la frase larga, donde suele predominar la yuxtaposición y un ritmo muy fluido que hace que, a pesar de contar con párrafos particularmente densos, estos no se hagan pesados en exceso. El narrador es en primera persona y viaja al recuerdo constantemente, a pesar de que los capítulos, largos por extensión, transcurren en períodos de tiempo muy breves, normalmente de días. Como única pega cabría señalar la presencia de erratas diseminadas a lo largo del texto, que indican una corrección incompleta, pero que no son suficientes como para que este no deje de ser disfrutable.

He visto varios comentarios señalando que la novela refleja el sentimiento colectivo de la generación del autor. Esto es como mínimo cuestionable, ya que no me resulta difícil reconocer comportamientos y actitudes mías del pasado en el protagonista. Y Pérez Vega y yo nos llevamos más de 20 años, lo que se dice poco. Sin ser el público objetivo de la novela no me es nada difícil empatizar con el desgraciado personaje de Domingo y sus tribulaciones de proto-adulto de pueblo-ciudad-aldea, así como con su desengaño. En definitiva, que recomiendo la obra plenamente.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



martes, 16 de marzo de 2021

Niebla, de Miguel de Unamuno

 


Niebla constituye uno de los mejores textos sobre la humanidad jamás escrito por Miguel de Unamuno. En ella asistimos al camino hacia la desesperación de un hombre cualquiera, Augusto Pérez, que se enamora caprichosamente de una mujer que no le corresponde, tratando de forzarla para que abandone a su pareja, un gandul de cuidado, a cambio de una supuesta vida llena de lujos a su lado. Al ser rechazado repetidas veces, Augusto busca un segundo plato en otra moza planchadora de ropa, que se enamora de él y blablablá. Sí, blablablá. Porque la obra es en su mayor parte una novela sentimental llena de clichés y de personajes sin profundidad ni sustancia, aunque con el aura tan extraña y característica de las novelas de Unamuno. Se trata de una pieza de escasa acción, lo que es defendido por el propio Unamuno cuando interviene en la misma, que queda vertida casi al completo en densos monólogos e inverosímiles diálogos, que buscan específicamente la artificiosidad.

Todos los personajes de Niebla no son más que peones de una partida de ajedrez que se deslizan por el tablero devorándose los unos a los otros, hasta que Augusto incapaz de devorar o ser devorado es aconsejado por su amigo Víctor, una suerte de escritor y alter ego de Unamuno en la obra, para que se devore a sí mismo. Quien le introduce esta idea en la cabeza no es más que el propio Unamuno, que como su escritor tiene capacidad para hacer y deshacer el sino de su personaje. Siendo el promotor de su desgracia, Niebla tiene la curiosa particularidad de hacer coincidir en una misma persona al antagonista y al escritor, o mejor dicho, al personaje que hace de escritor en la obra y que Unamuno trata de hacer lo más fiel a su persona. 

No es la primera vez que un escritor se presenta a sí mismo en una narración. De hecho, no es infrecuente en los novelistas de la Generación del 98. Tanto Azorín en La voluntad como el propio Unamuno en Amor y pedagogía ya habían hecho que trasuntos de ellos mismos interactuaran con los protagonistas de sus novelas. De hecho, en Niebla dicha interacción, que se producirá en los momentos finales de la obra, queda anunciada de diferentes formas y con cierta sutileza por el propio Unamuno a través de personajes que aparecen (como Avito Carrascal, protagonista de Amor y pedagogía) o de palabras puestas en determinados diálogos, especialmente aquellos en los que interviene Víctor

El ambiente neblinoso, propio del Romanticismo, por otra parte, contribuye también a la formación del misterio y permite la incursión del suceso extraordinario que hace famosa la novela. De hecho, la propia escusa de la novela, esa trama sentimental de escasa acción y sin mucha credibilidad que se come tres cuartas partes del texto, no es más que una parodia de las típicas obras de esta índole que se popularizaron en el Romanticismo. El modelo de amor cortés heredado de la poesía más clásica en lengua española es el practicado por el propio Augusto, quien decide cometer locuras de amor por la bella Eugenia, a pesar de que esta no le corresponda en primer lugar y se aproveche de su estupidez después. A todo este entramado romántico-amoroso hay que sumarle el tema de la burla, que nos remite al mito del don Juan. Augusto tratará de convertirse en don Juan para disfrutar del amor de tres mujeres en una fantasía que solo tiene cabida en su cabeza. Evidentemente y a modo de chiste, será él el burlado, cayendo en un estado realmente patético.

Pero Augusto no solo resultará ridículo por este acontecimiento. Ya de partida se nos muestra como un pusilánime, un seguidor de modas sin un ápice de personalidad propia y con una escasa dignidad que no obtiene sino en los tramos finales de la novela, cuando opta por rebelarse contra su creador. Augusto busca en la ciencia positivista los signos que le permitan resolver sus cómicas dudas metafísicas en torno a la naturaleza del amor y de las mujeres, llegando muchas veces a un discurso misógino propio del hombre que no ha intercambiado con una mujer más que tres palabras. Para Augusto las mujeres son ángeles o demonios, una de dos, pero con sus máscaras reside el misterio. Augusto se encierra en todo lo teórico y acepta sin razonar cualquier consejo que le den; no se detiene a analizar las posibles consecuencias, que, por otro lado, son totalmente previsibles y deseables para el lector. Desde la primera página, se hace imposible empatizar con Augusto, pues presenta la naturaleza de un hombre asocial sacado de una novela de Dostoievski. Reconocemos en su crimen la estupidez y la falta de criterio con la que obra, y esperamos un castigo ejemplar. Finalmente, nos sorprendemos por su dignidad, por su lucha contra sí mismo y por la miseria que pasa y que él mismo exagera como personaje puramente novelesco. ¿O debería decir nivolesco?

Con Niebla, Unamuno transgrede una serie de normas propias de la novela y se enfrenta a las tendencias de su tiempo. En 1914, cuando se publicó la primera edición de este texto, autores como Benito Pérez Galdós, José María Pereda o Vicente Blasco Ibáñez se caracterizaban por ser muy populares entre el público lector. A pesar de existir una tendencia dentro de la prosa que buscaba la superación del viejo realismo decimonónico, y su variante naturalista, que partía de ese narrador omnisciente, aunque subjetivo (en el caso español), esta tendencia no cobraría peso hasta momentos cercanos a la Guerra Civil. La nivola que propone Unamuno desafía la gran caracterización de espacios y de personajes y reformula la novela de tesis galdosiana. Todo se construye a partir del diálogo. Cuando se presenta el monólogo este lo hace en forma de falso diálogo: Augusto se dirige a su amado perro Orfeo. Un perro que, por cierto, acabará por ridiculizar a su amo y a toda la raza humana en su epílogo final.

Puesto que el diálogo, que parte muchas veces del hablar por hablar, está muy presente en toda la obra, no es extraño un fuerte uso de los conceptos de dialogismo, en una anticipación por parte de Unamuno al propio Bajtín. Hay dialogismo interno cuando Augusto debate consigo mismo por el amor de diversas mujeres sin llegar a término, pero también dialogismo externo en la búsqueda de un casamiento favorable para Eugenia por parte de sus tíos. Y con ello un uso magistral de todo el aparato de la cortesía como herramienta retórica al servicio de la seducción entre personajes. Predomina la idea sobre el sentimiento y la Razón, con cierto afán didáctico, vence a la sinrazón del mundo literario. La nivola se construye como un artefacto donde se incide profundamente en el pesimismo de vivir y en la sobredimensión que le otorgamos a los problemas que nos aquejan. 

Al mismo tiempo, Niebla trata de reflejar las continuas dudas existenciales y crisis de fe de su autor. Augusto busca respuestas y llega a toparse con su Dios, el propio Unamuno, cuyo pesimismo es aún mayor que el del propio Augusto al no tener la certeza de un Dios escritor al que dirigirse como su personaje. Sin embargo, en mitad de la duda, que se desprende de la metáfora de la niebla siempre presente de una forma u otra en la novela, ambos tienen una certeza: todo hombre es mortal sean cuales sean sus convicciones. Augusto señala incluso que también los lectores de su historia, lo que eleva a la novela, o nivola, un escalón por encima de lo estrictamente metaliterario. Esta intervención sorprende y sobrelleva el peso de toda la obra detrás. Por ello, es una lástima que se recree en el prólogo fuera del contexto de la misma.

En definitiva, Niebla es un texto muy ambicioso y con una gran fuerza, que se limita principalmente a sus tramos finales y que no impresiona tanto por las expectativas que se han despertado previamente. A pesar de contar con tramos sumamente tediosos y con un protagonista aborrecible, no deja a nadie indiferente. Concentra dentro de sí las máximas esenciales del pensamiento de Unamuno que son desglosadas y explicadas en detalle en otras tantas obras de su autoría. Por ello, se puede afirmar que constituye una pieza deliciosa para quienes disfrutamos de las novelas españolas de este período tan turbulento como fue el inicio del siglo XX.

Lean mucho, coman con moderación y namasté. 

Reseñas de otras obras de Miguel de Unamuno: Abel Sánchez, Amor y pedagogía



viernes, 19 de febrero de 2021

Primera memoria, de Ana María Matute

 


Primera memoria es una novela que leí hace algunos años en uno de los varios parones de mi actividad en esta esquina. Como me gustó mucho y, aprovechando que quiero empaparme de literatura española para mis oposiciones, he decidido volver a ella. 

Tenemos una obra ambientada durante la Guerra Civil Española cuando la literatura dentro del país comenzaba a hablar sin demasiados tapujos sobre este atroz capítulo de nuestra historia. La protagonista es una adolescente llamada Matia, que nos narra su confinamiento en una isla balear durante el conflicto bélico. Allí reside junto a su todopoderosa abuela, que manda más en el pequeño pueblo que la alcaldesa; su tía Emilia, casada con un general franquista; y su primo Borja, hijo de Emilia y del general. Matia tiene a su padre en el frente, pero en el bando republicano, lo que le ocasiona un conflicto interno que aprovecha su primo para martirizarla y controlarla. Matia admira a Borja, pero también le teme. Sabe que es un hipócrita capaz de aprovechar su situación para cumplir sus deseos, un ser ambicioso, pero frustrado ante lo imposible, porque Borja no quiere ser hijo de su padre. Quiere serlo de un viejo enigmático que vive junto al despeñadero y que una vez fue famoso por surcar mil islas griegas y cosechar el mismo número de amantes.

En el pueblito de Matia y Borja viven también los Taronjí, una familia enfrentada cuyas dimensiones míticas recuerdan remotamente a los Buendía de García Márquez. José Taronjí fue administrador del viajero y se casó con una de las amantes de este. Puede que fruto de esa unión surgiera Manuel Taronjí y sus hermanos o puede que estos fueran hijos de Jorge, el mítico navegante. El caso es que son tratados como enemigos por los habitantes del pueblo. Todos les vuelven la espalda, salvo un debilitado Jorge, cuyas intenciones de cara a su ¿hijo? Manuel no están del todo claras. Sin embargo, Matia queda ensimismada de la fuerza y del carácter de Manuel Taronjí y poco a poco se va enamorando de su enigmática figura como Borja lo hace del viejo capitán.

Primera memoria es una novela de aprendizaje durante un momento tan turbulento como lo es la guerra, donde todo parecía estar permitido y donde se retrata la doblez de las acciones de quienes adquirieron el poder gracias al levantamiento. Los personajes sufren tensiones internas y mantienen continuos debates psicológicos consigo mismos, tomando decisiones duras y confiando en quienes no deben para sobrevivir en momentos difíciles. Todos ocultan secretos y estos son usados por el terrible Borja para obtener sus intereses y cobrarse sus venganzas, amparándose en todo el poder que le conceden las figuras de su neblinoso padre y de su inflexible abuela. Solo Matia actúa por piedad y cae en desengaño. Su impotencia, tan humana, se mezcla con su cobardía, comprensible por la edad que tiene y la situación en la que se ve inmersa. Primera memoria es la constatación de un miserable hecho. Los que cayeron en el bando vencedor se apropiaron del momento para quitarse a sus enemigos, más débiles que ellos, de en medio, tuvieran la ideología política que tuvieran, incluso si no tenían ninguna formada.

La familia de Manuel sufre las consecuencias de la desaprobación popular ante la relación de Jorge de Son Major con Sa Malene. Como defiende Matia, no son culpables de dichos actos, de llegar estos a ser tan verdaderamente despreciables, claro. El pueblo entero justifica la muerte y el ostracismo por una aventura amorosa acaecida años atrás y lo justifica por el mero placer de liberar estrés, de tener un enemigo al que golpear. Primera memoria es una novela sobre la desesperanza, sobre la pérdida de la inocencia, sobre las maldades del mundo y los límites a los que llegamos los seres humanos cuando perdemos todo ápice de ciudadanía y sensatez, actuando por miedo y rencor.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



martes, 9 de febrero de 2021

Las 13 lunas de Berhert, de VV.AA.

 


Repaso la lista de obras reseñadas en esta esquina y me doy cuenta de que esta es la primera antología de relatos que traigo en los numerosos años de actividad de este espacio. Normalmente, soy reacio a comentar obras donde intervienen muchos autores, pero, como en este caso, los textos llegan de la mano de un amigo al que le he prometido reseñar la obra, no puedo negarme. Las 13 lunas de Berhert se trata de un libro de salida reciente al mercado, editado y redactado por escritores con una carrera bastante breve a sus espaldas, por lo que es lógico pensar que no estamos ante una obra maestra ni mucho menos. El librillo está maquetado con materiales más bien pobres e incluso carece de ISBN, lo cual tampoco es de extrañar, pues cada vez más y más libros de pequeñas editoriales o autopublicaciones están ignorándolo. Darle ISBN a tu libro cuesta en España alrededor de 45 euros, y teniendo en cuenta los gastos de impresión y los derechos de autor para cada uno de los escritores, lo más probable en este caso concreto es que el libro sufriera más pérdidas que ganancias. Gracias a estos sacrificios de edición, el precio a la venta, eso sí, es más barato y ligeramente competitivo.

Pero ya me estoy andando por las ramas. ¿Qué contiene Las 13 lunas de Berhert? La respuesta con ver la portada debería ser bastante obvia: 13 relatos de ciencia ficción por distintas plumas españolas, más un decimocuarto, que viene a modo de extra. Debido a la desigualdad entre la calidad y la temática de los relatos, conviene hablar de ellos uno por uno para dar posteriormente una valoración general:

  • Seis mil millones de mundos, de Jorge J. Coello: Relato cosmológico sobre un universo paralelo y una extraña especie que contribuye a su propia destrucción. Es con diferencia el que menos me ha gustado por varios motivos. Ya desde el inicio se nota que el escritor fuerza la máquina y acaba abusando y reiterando en los mismos adjetivos. Solo el párrafo inicial ya es capaz de enfurecer a cualquiera que haya leído un poco. Si a este intento malogrado de parecer Lovecraft le añadimos el rollo trascendentaloide, nos queda lo que es: un texto muy pobre.
  • Regreso a Mona, de Guillermo Fiscer: Por el contrario, el relato de Fiscer sí me parece realmente bien escrito. Se nos narra la vida de un hombre que, agotado por el estrés de la urbe, se traslada al campo como un nuevo Walden. Desde allí comienza su obsesión con una isla en las costas galesas, que de alguna forma lo llama. Fiscer maneja esencialmente bien las referencias e inserta elementos propios tanto de la ciencia ficción como de la novela de fantasmas en una historia que me recordó mucho a otros relatos de Fernando Codina que ya había leído, especialmente La última trinchera y La isla de los frailes.
  • El cuadro Bellafonte, de Astrid Antuña: También se compagina de una manera espectacular las tradiciones del terror y de la ciencia ficción en este relato de Antuña, que destaca por su giro de guion final. En él, se nos cuenta la historia de un misterioso cuadro maldito que lleva a la desgracia a sus poseedores. Una trama simple con una narradora sencilla, pero que demuestra funcionar bien.
  • Luz que se apaga, de César Ruiz: Un escritor es acosado por extraños seres venidos de otro mundo en un relato con momentos de mucha tensión. Ruiz consigue que sintamos rápidamente empatía por su personaje, que mantiene profundas reflexiones sobre su identidad y sobre la de quienes le rodean. Más allá de los extraterrestres y sus misteriosas intenciones, este relato habla del camino vital de cada uno, siendo la metáfora del final y la del propio título una señal del fin de la vida y de la idea de un más allá.
  • Smilodon, de Aldo López: Con López se pierde el tono adulto que se venía manteniendo en el resto de las piezas y pasamos a un narrador un tanto más juvenil e ingenuo. Lo cierto es que, si no fuera por la acción trepidante de sus páginas, este relato no lo habría acabado. Solo esa acción y una estructura bien llevada (y que recuerda algo a las viejas películas de espías) hace que me pueda medio olvidar de ciertos detalles de los personajes como la contradicción que representa que el antagonista le entregue sus poderes a Vladimir para luego proseguir a arrebatárselos en un sinsentido de manual.
  • Luces de aniversario, de Julián Romero: Interesante historia que mezcla la ficción zombi y la de extraterrestres. Será que he visto mucho The Walking Dead, pero este relato me ha resultado muy coherente y bien llevado. Mantiene la tensión de principio a fin y se nutre de personajes tipo con una gran atención a los diálogos. Tiene también momentos de absoluto escalofrío y hace que el lector tema por sus personajes. Además, el final es redondo.
  • La rebelión de los Hombres Rana, de Esther Pina: Un ser semi incorpóreo viaja sobre la estratosfera y tiene una visión que le lleva a acabar dialogando con una Polaroid y con un vinilo sobre cómo recuperar algo de ¿Humanidad? mientras que se narra la historia de la mítica civilización de los Hombres Rana. La verdad es que este relato me ha resultado el más soporífero de todos con mucha diferencia. Insufrible de principio a fin gracias a un tono metafísico que nadie le ha pedido mezclado con unos personajes absolutamente inverosímiles, incluso dentro de la ciencia ficción o la fantasía.
  • El resurgir de Teseo, de Beatrice Golden: Un hombre acude a su psicóloga alarmado por la repetición de un misterioso sueño en el cual es un héroe mitológico que enfrenta en el Coliseo romano a una bestia con cabeza de toro y cuerpo de titán. El protagonista poco a poco irá adentrándose en el sueño hasta descubrir que se le ha seleccionado para viajar entre dos mundos y traer la paz a ambos. Se trata de una historia entretenida y que mantiene bien el interés del lector, le atraiga o no la cultura clásica. El relato destaca por la sencillez de su expresión y por lo bien descritas que están las escenas de combate, así como por sus diálogos.
  • Destellos de otra realidad, de Danae Moreno: Dos mundos paralelos y uno que se destruye; dos mujeres a punto de hacer el viaje de su vida. Una historia sin mucho fondo, pero que cumple: entretiene.
  • Un nuevo día, de Jesús Muga: Este relato es el más oscuro de todos. Destaca por su inicio y la confusión del mundo que se crea. En él gobierna la esclavitud y la falta de derechos. Los trabajadores mantienen la ilusión de la falsa libertad mientras los poderosos se dedican a reducirlos y una guerrilla de proletarios disconformes se enfrentan a los perros de un gobierno corrupto. Con tintes kafkianos, el relato recuerda remotamente al expresionismo alemán. Mantiene también ciertas similitudes con La institución de Jorge P. López, particularmente en su escena inicial.
  • Más allá de las puertas de Tannhäuser, de Fernando Codina: Fernando Codina no es ningún extraño para los seguidores de esta esquina. No solo se han reseñado aquí algunas de sus obras, sino también tuve la oportunidad de hacerle una entrevista con motivo del mes de la ciencia ficción. En este caso, estamos ante un relato que narra la historia de la posible última mujer humana con vida, que viaja a bordo de una nave espacial junto a un androide. El texto habla desde la sencillez y plantea situaciones originales con un final satisfactorio para los lectores y los personajes. Las relaciones entre el androide y la mujer son el núcleo del relato, que es narrado desde la perspectiva del primero, que, por primera vez, llega a dudar de si siente lo que los hombres llaman en sus novelas "amor".
  • La fuga, de Javiera Vercelotti: Los terrícolas son engañados por hombres procedentes de otra dimensión y confinados a naves submarinas desde las que trabajan remando para suministrar energía a los incursores. La fuga se trata de un relato camuflado sobre la colonización de tantos otros territorios en el mundo y una crítica hacia los poderosos que explotan la mano de obra de los más pobres mientras sus familias permanecen en la inopia. Es un canto a la revolución narrado en forma de carta de una joven a su hermano pequeño.
  • Entre mil billones, de Pilar Rodríguez: Una asesina a sueldo para el Santo Pontificado deambula por las galaxias colindantes en busca de seres que se han reencarnado recientemente y que deben eliminarse antes de crecer y hacer el mal. Lo que no sabe, por supuesto, es que todo es una estratagema de la Iglesia para mantener su poder por el cosmos. Rodríguez nos ofrece una historia de abusos, poder e intrigas donde critica la doble moral de los sectores sociales que pueden permitírsela. Muy recomendable.
  • Mira atrás, de Jandra Dubois: Una joven vive en una ciudad de la que no puede escapar, solo transitar de un distrito a otro cuando acumule los puntos de ciudadano necesarios para dicho fin. El control del gobierno es total y un grupo revolucionario pretende dilapidarlo. De este texto, destaca sobre todo el carisma de la protagonista y cómo se introducen los distintos elementos de la trama. Consta con un final, eso sí, no demasiado sólido.
Y hasta aquí los catorce relatos. Como habéis podido comprobar, se trata de una colección bastante irregular. La mayoría de textos son buenos, otros tantos correctos y algunos detestables. La falta de conexión total entre los temas y el tono de cada uno de los relatos hace que parezca más una revista que una antología. Ciertas piezas encajan mejor que otras dentro de la ciencia ficción, que ya de por sí es una etiqueta muy amplia y que aglutina una gran cantidad de subgéneros que muchas veces no tienen nada que ver los unos con los otros. Aún así, se trata de un libro recomendable para aquellos que disfruten de este tipo de piezas breves. Yo lo he usado como descanso de lecturas más densas y estoy contento con el resultado.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



viernes, 5 de febrero de 2021

Las ratas, de Miguel Delibes

 


Vuelvo a Delibes unos meses después con la que ha sido para mí la mejor lectura de este comienzo de año. Las ratas no se aparta de lo que viene siendo habitual en el autor. Véase: entorno rural empobrecido, gentes arraigadas a la tierra que viven de ella y dependen de los continuos cambios climáticos, lenguaje basado en la oralidad, inserción de pequeñas historias dentro de una trama más extensa, gran importancia de los personajes secundarios, etc. Por su forma de estar contada y el hecho de que el protagonista vuelva a ser un niño que rechaza ir a la escuela porque cree que en ella no puede acabar aprendiendo nada de provecho, la obra recuerda de manera importante a El camino. Si a esto se le añade la localización (pueblo perdido en mitad de Castilla) y que cada personaje tiene su particular mote dentro de la comunidad (algunos muy obvios, pero otros muy chistosos), podríamos decir que estamos ante una segunda visión de la misma problemática ya presentada en El camino. No obstante, hay que dejar algo en claro. Las ratas se trata de una obra mucho más oscura y con tramos verdaderamente desagradables, lo que en cierto modo tiene sentido si se tiene en cuenta que se publica en los sesenta, casi diez años después. El camino podía y debía ser una novela que reflejase las duras vidas de aquellos que vivían en el campo, pero la situación en España tampoco permitía un texto que se recrease en lo grotesco. Delibes trataba de separarse del tremendismo de Camilo José Cela, pero una vez que este toma otros caminos literarios y su obra empieza a perder relevancia, Delibes se sienta y escribe Las ratas, una pieza con la que trata de reflejar la oscura realidad del campo español.

Los momentos de esperanza de El camino se ven dinamitados. El Nini es muy diferente del Mochuelo. Su vida se nutre de los elementos. Hijo de dos hermanos, vive en una cueva y duerme sobre un montón de paja. Su trabajo desde pequeño es azuzar a su perra, mutilada y medio ciega, para que rastree la vera del río en busca de ratas para venderlas en el pueblo. Sí, en el pueblo comen ratas. Y de ellas, el Nini lo sabe todo. Cuenta con las enseñanzas de su padre, y a la vez tío, el Ratero. La caza se convierte en sustento, pero este año no hay apenas. Un despreocupado muchacho de la ciudad vecina, por mero ocio, se acerca también a cazarlas. Si sumamos esto a que el alcalde del pueblo quiere echarlos, al Ratero y al Nini, de su preciada cueva a cualquier precio, tenemos un clima de tensión que anticipa lo inevitable: el crimen.

Toda la novela se construye con dicho fin. El enfrentamiento entre el Tío Ratero y el cazarratas furtivo, así como el abandono de la cueva, debe producirse. Este abandono no solo debe ser únicamente literal, sino también simbólico. La forma de vida de los protagonistas y su particular vivienda nos remite al mito de la caverna de Platón. El tío Ratero piensa que no tiene ratas porque el otro se las roba y que cuando lo mate aparecerán por arte de magia. El Nini sabe que esto no es así y, aunque advierte al intruso reiteradas veces para que no se acerque, sabe que es imposible que un chico de "buena familia" se tome en serio las palabras de un niño mal vestido y que lleva sin lavarse un año. El Ratero y el Nini tienen la oportunidad de vivir en una casa normal en el pueblo y cambiar sus tradiciones por otras que generen más ingresos. El Nini podría estudiar. Todo parece un negocio redondo, pero... el Ratero solo entiende de ratas. No sabría cómo vivir fuera de la caverna, porque la caverna es su vida. Y todo aquel que trata sacarle a él o a su hijo es un malnacido. 

Como digo, la trama se va construyendo con pequeñas historias que nos van mostrando la realidad de ambos personajes y del resto de habitantes del pueblo. Se destaca la sabiduría y la prudencia del Nini, pero también su incapacidad para operar, debido a la edad que tiene, así como su tremendo cariño y amor hacia el Ratero, aún cuando sabe que este está equivocado y que le acarreará problemas más pronto que tarde. Uno conoce el final antes de leerlo, de una forma un tanto similar a como sucede en El camino, pero desconoce quién ganará la lucha. Puede sospecharlo. Sin embargo, a pesar de las más profundas y acertadas sospechas, Las ratas tiene la capacidad de erizar los bellos del lector en sus páginas finales. Y esa es su magia. Una estrategia literaria extraordinariamente bien hilada y que deja muy buen sabor de boca. 

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Miguel Delibes en esta esquina: El camino, El disputado voto del señor Cayo, Cinco horas con Mario,



viernes, 22 de enero de 2021

Insolación, de Emilia Pardo Bazán



Francisca Asís de Taboada es una joven que lleva ya dos años de luto por la muerte de su esposo y tío, el marqués de Andrade. Con la idea de que ya va siendo hora de vivir un poco, acude a un pequeño cóctel de una de sus amigas cercanas, la marquesa o condesa de Sahagún. En dicho evento, conoce a un burgués gaditano, apellidado Pacheco. Algunos días después, ambos se encuentran a la salida de una misa y deciden ir juntos a la romería de San Isidro. Lo que para el mundo que la rodea supone un escándalo, para Asís consiste en una diminuta aventura donde Pacheco no es más que su acompañante y amigo. Sin embargo, durante dicha romería, ambos acaban enamorándose el uno del otro. Asís, presa del vino y del fuerte sol madrileño termina sufriendo un mareo que la incapacita y que será en cierto modo responsable de los sucesos posteriores.

Estamos ante una novela romántico-sentimental, de trama sencilla, pues solo intervienen los dos responsables de una relación que se desarrolla en el "ahora sí y ahora no" tan característico de este tipo de obras. Pacheco destaca por ser todo un truhan, una suerte de burlador de mujeres que parece que ha encontrado definitivamente a su media naranja. O eso debemos suponer los lectores por el final feliz de la novela, aunque lo cierto es que ciertas intervenciones del chico dan a entender todo lo contrario, que a Asís le espera un matrimonio de todo menos alegre y llevadero. La relación se forja en solo cinco días, por lo que los personajes ni siquiera tienen tiempo de conocerse entre sí por muy bien que trate de pintárnoslos la autora. La prontitud con la que se desarrollan estos amores y la actitud de Asís y Pacheco para consigo mismos me ha recordado, al menos, a los relatos característicos de María de Zayas y Sotomayor. Asís trata de frenar sus sentimientos por Pacheco, que a fin de cuentas es un mindundi, pero no lo consigue. El desenlace es optimista y le resta realismo al relato, siendo esta falta de realismo una de sus mayores fallas.

Sin embargo, esta no fue la principal queja de la crítica de su tiempo. Pardo Bazán fue tachada de indecente en esta obra, y eso que se esfuerza en censurar, hasta el punto que resulta tedioso para los lectores modernos, el comportamiento que podría tildarse de despreocupado de su protagonista. Eso de que una noble viuda se fuera de romería con un cualquiera, pues, como que no estaba muy bien visto. Se ha llegado a decir que Insolación es una novela erótica. Así lo afirma Marina Mayoral en el prólogo que yo he leído, al menos (que no es la de la edición de la portada, sino una de Espasa Calpe que tenía por casa). Y yo, iluso de mí, esperando ese momento de encuentro sexual, o la sugerencia quizás de dicho encuentro. Pero, oye, nada de nada. Seguramente se deba a que en el siglo XIX la amplitud de miras era mucho más cerrada, pero desde mi prisma como lector actual debo decir que Insolación es de todo menos una novela erótica. De hecho, diría que es diametralmente lo opuesto a este género. Se prima el alma sobre el cuerpo, o, por lo menos, Asís lo prima. Y el narrador omnisciente que la acompaña y no para de atacarla, también.

Es evidente que este ataque a metralla es una estratagema de la señorita de Pardo Bazán para que le publicasen una novela con una trama controvertida escrita, para más inri, por una mujer, pues en la época todas debían ser lo más respetables posible. Pardo Bazán oculta su ideología a través de la exposición de una opuesta en un nivel superior: la voz del narrador. Insolación no podría haberse escrito con un narrador neutro. La hubieran crucificado aún más de lo que ya la crucificaron. Y eso que, como digo, se trata de una novela sin muchas subidas de tono.

Lo principal es el personaje de Asís y la reflexión en torno a la libertad de las mujeres y la diferencia abismal entre esta y la de los hombres. Asís dialoga de vez en cuando con el Comandante Pardo (que, según tengo entendido, aparece en otras e importantes novelas de la autora) sobre esta cuestión. Lo que es censurable para las mujeres es motivo de halago para los hombres. El mismo Pacheco señala en algún momento que él ha vivido mil veces más que cualquier mujer por la simple libertad que dispone para moverse. Asís ha perdido dos años de su juventud mirando las musarañas y dejando que la pérdida de su esposo la consumiera. Pacheco ha burlado (o dice haber burlado a infinidad de mujeres) y así lo expresa como algo de lo que enorgullecerse. Y ambos son invitados a las mismas fiestas y gozan del mismo respeto y prestigio social. Se trata de una situación injusta que Pardo Bazán coloca sobre la mesa y deja una verdad incómoda que a muchos autores varones de la época les molestaba hasta el punto de dinamitar la obra desde su salida con duras críticas, sacándose de la chistera situaciones que ni siquiera aparecen en el libro.

Insolación es una obra valiosa por su denuncia social, pero tampoco por ello debemos obviar sus errores. Para empezar, el cambio de narrador, totalmente arbitrario, indica indecisión a la hora de narrar el texto por parte de su autora. Después de unos capítulos iniciales usando la tercera persona, pasa a la primera otros tantos y luego regresa a la tercera. Mareo absoluto e inexplicable. Otra cuestión que me fatiga es el laísmo de la obra. Todos los personajes son un poco laístas. Hasta el burguesito gaditano comete laísmo ciertas veces. Y a este personaje hay que sumarle el seseo inexplicable y que entra en contradicción con el supuesto "ceceo" que le atribuye el narrador. No me queda claro, ¿sesea, cecea o qué hace con su vida? Yo soy de la provincia de Cádiz y debo decir que, por norma general, se cecea en toda la región, salvo en ciertos barrios de la capital y parte de la sierra, regiones en las que se sesea. Pero eso no explica que la autora transcriba los diálogos del personaje con eses donde debería haber ces y luego nos diga que su ceceo maravillaba a Asís. A todo esto hay que sumarle la cadena de tópicos que hay sobre Pacheco por el simple hecho de andaluz y que son de haber pisado Andalucía poco y nada. 

También es cierto que ha influido en que no me haya gustado el hecho de que la novela romántico-sentimental nunca ha sido fruto de mi devoción. Las tramas siempre lentas con conflictos previsibles y personajes que no suelen tener mucho más trasfondo ni preocupaciones en la vida más que quererse o no quererse. Probaré suerte pronto con otras novelas de la autora, ya que siempre me ha llamado la atención como personalidad de la época y sus vínculos con las postrimerías del realismo decimonónico en España, así como en la difusión del naturalismo francés.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



domingo, 10 de enero de 2021

La voluntad, de José Martínez Ruiz "Azorín"

 


En los últimos años hemos visto que la autoficción se ha puesto de moda, pero lo que no muchos saben es que en España, al menos, contamos con precedentes claros de hace más de un siglo. Hoy nos toca hablar de José Martínez Ruiz, y la que es, tal vez, su obra más famosa: La voluntad (1902). Se trata de una novela estructurada en tres partes y que narra el paso de la juventud a la adultez del mítico personaje de Azorín. La ideología del autor va de la mano con el personaje, que al igual que Yevguéni Bazárov en Padres e hijos, pretende ser una figura representativa de la juventud intelectual de una generación, en este caso, la que vivió el Desastre del 98 como punto culminante de las continuas crisis que asolaron España a finales del siglo XIX y que la dejaron tocada durante el primer tercio, al menos, del siglo XX.

Azorín es un joven enamorado, caricatura de la vieja novela sentimental del siglo XV. La relación que mantiene con Justina es clandestina, pero imposible. El padre de la muchacha no es rey como en Cárcel de Amor o Grisel y Mirabella, pero tiene el poder suficiente para separarlos. Convence a su hija adolescente de ingresar a un convento y alejarse de la perversa influencia del pensamiento revolucionario de su amante. Azorín cree en el progreso, pero ve su futuro truncado. Al menos, dice, el pueblo de Yecla no le es totalmente hostil.

Tiene la suerte de contar con un maestro, un hombre llamado Yuste, que destaca por ser un filósofo fracasado y mayor, gran promesa en sus años mozos, pero complemente incapaz de redactar una gran obra que lo encumbre. Todo lo que hace son apreciaciones, comentarios inconexos incapaces de ser hilados en un discurso unitario. Pero esto no le importa a Azorín; su mera presencia y el cariño que le ha agarrado al chaval es para él suficiente para ser admirado y colocado entre sus pensadores predilectos.

La primera parte versará sobre las relaciones entre estos tres personajes. La definitiva muerte de Yuste y Justina, obligarán a Azorín a escapar del pueblo. Cree que en Madrid encontrará a intelectuales como él con los que intercambiar opiniones, con los que filosofar y comentar lecturas de la más pura tradición española. Se lanza a la bohemia, pero su corazón ya está dolido. Él ya lo sabe, su experiencia vital le ha arrebatado, como a su maestro, toda voluntad.

Estamos ante una novela determinista. Azorín se vuelve un ser abúlico porque sus esperanzas se han visto dinamitadas con el devenir social. Su pueblo, Yecla, es un trasunto de la abulia misma. La obra se inicia con el levantamiento de una catedral en la localidad al más puro estilo escolástico: cada ciudadano en sus ratos libres acude para acarrear piedras arriba y abajo. Y lo hacen en pleno siglo XX. Evidentemente, la obra se deja a la mitad. Los yeclanos quieren ser salvados, pero son incapaces de tener la constancia para completar tal fin y, por ello, viven de la excusa, de la frustración y del hastío vital. Justina sabe que su conversión es incapaz de redimirla de cualquier acto, sospecha que todo es una mentira y pierde la fe a medio camino. Yuste se desquita de su carrera truncada por la pereza atacando a otros que han encontrado mejor suerte. Y Azorín... bueno, termina por rendirse. Pasa las noches en Madrid de un lado para otro, frecuenta cafés, escribe para importantes diarios, pero sabe que para ser respetado en el mundillo de la literatura necesita una novela que lo avale. Prueba una y otra vez... Todo cuanto escribe se encuentra tan lejos de lo que considera sus grandes referentes... No hay nada del Arcipreste de Hita en su obra, nada de Mariano José de Larra, nada de Fray Luis de León, nada de nada.

Por estas fechas, José Martínez Ruiz, que acabaría adoptando el pseudónimo de Azorín y que nació y se crio en Monávar (localidad cercana a Yecla), también ejercía de crítico artístico y literario para diversos periódicos y revistas culturales. Era famoso, como lo es el Azorín del libro, por su amistad con Baroja, un autor muy atacado en esas fechas por su estilo plagado de incorrecciones. Las opiniones y vivencias del Azorín del libro son, hasta cierto punto, las mismas que las del Azorín de carne y hueso. Incluso los comentarios de diversa índole que se trasladan a sus páginas pertenecen a textos auténticos que firmó el propio Martínez Ruiz. De la misma forma, también formó parte de los eventos literarios y sociales en los que participa el Azorín ficticio. Sin embargo, Martínez Ruiz, a pesar de su tremendo pesimismo, corrió mejor suerte. No es que La voluntad fuera un éxito, pero no tuvo mala acogida y a raíz de su publicación, comenzó a ser respetado.

Esta es una novela que forma parte de una trilogía, completada por Antonio Azorín y Confesiones de un pequeño filósofo y que, según tengo entendido, continúan con las aventuras del protagonista, en las que quizás se reponga de alguna forma u otra. Lo cierto es que el final de la obrita no puede ser más desalentador. Azorín es un muerto viviente. Un ser privado de toda capacidad para tomar cualquier decisión. Como él mismo comenta, hay quienes viven cien vidas y a otros les toca vivir solo media o, a lo sumo, una cuarta. Él es uno de ellos, espera pacientemente a que su cuerpo se desgaste y disfruta del tormento de un suicidio lento y angustioso, que ya ha sabido aceptar con calma. Es consciente de que no volverá a reunirse con sus seres queridos. Es consciente de que no escribirá su gran obra, de que quedarán las ruinas de esta, como las de la catedral de Yecla, para que otro las concluya.

Como podéis apreciar, se trata de una obra rematadamente triste y que va muy en consonancia con el pensamiento de la Generación del 98. La abulia de Azorín es la abulia de España, una nación incapaz de actuar, donde cada vez que se comienza una revolución, la mayoría desiste y la pervierte a medio camino. En sus tramos finales, sorprende por la honradez y la actualidad de dichas premisas. Parecen opiniones sacadas de cualquier artículo que pudiera haber aparecido en el periódico antes de ayer, solo que formuladas hace más de cien años.

El resto de la novela ya es otro cantar. Se dice que el escritor español que interioriza mejor la corriente pictórica conocida como el impresionismo es, precisamente, José Martínez Ruiz. El texto está plagado de écfrasis muy detalladas sobre espacios y objetos, así como de reflexiones anecdóticas que le dan a la novela un carácter próximo al dietario. Por otro lado, la obra puede resultar pesada por la profusión de referencias culturales a personajes, obras de arte y textos jurídicos, religiosos y literarios. Da la casualidad de que he podido leer la edición de Cátedra, donde abundan notas al pie que te resuelven a grandes rasgos las principales dudas que un texto de esta índole pueda generar, pero aún así, no se hace una lectura accesible al lector contemporáneo. Muchas veces, la necesidad de detenerse a leer dichas notas (casi doscientas) cortan el ritmo de la narración en más ocasiones de las que le gustará a un lector que sencillamente busque relajarse. También hay que añadir que se trata de una obra con un comienzo demasiado abrupto y que no termina de arrancar del todo hasta que no acaba la primera parte. De hecho, esta me parece de lejos la más floja e insulsa. 

Por ello, dejo esta lectura a vuestra elección. A pesar de estos contratiempos, he de decir que he podido disfrutarla, aunque no se puede decir que me haya entusiasmado ningún momento, salvo las tras cartas que componen el epílogo y que me parecen lo mejorcito de toda la obra.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



viernes, 11 de diciembre de 2020

La cruz y el cerdo, de Nieves Guijarro Briones



Ya hablé de Nieves Guijarro Briones hace unos meses a propósito de su primera novela Orquídeas para Perséfone. Hoy lo haré sobre la segunda: La cruz y el cerdo. Se trata del tercer volumen de la colección Puño Sucio de Ediciones Vernacci, la cual estoy siguiendo detenidamente, puesto que está dedicada a publicar la ficción más visceral dentro del horror y la fantasía que llegue a sus manos (lo cual me interesa especialmente para mi futuro doctorado). La propia Guijarro Briones es directora de la colección, lo cual podría indicarnos que ha colado su novela con calzador como estoy seguro de que hacen otros tantos editores que se valen de sus propios sellos editoriales para publicar sus creaciones. No obstante, La cruz y el cerdo, a pesar de que juega con la ventaja de no tener que haber soportado miles de noes de parte de terceros que se leen la obras de los demás por encima, si es que se las leen, para decidir si algo definitivamente se publica o no, no se trata, en absoluto, de una novela menor o inacabada. Y el hecho de que se publique aquí, en esta colección, es porque está en una sintonía perfecta con los otros dos títulos previos de la misma (Zombi de Juan Díaz Olmedo, novela de la que no me canso de hablar y que algún día reseñaré por aquí, y la antología splatterpunk Gritos sucios). El mundo que nos trae la imaginación de Guijarro Briones es tanto o más cruel que el del resto de escritores que ella misma ha editado y no se aprecia la mínima distancia de calidad entre ellos. A pesar de que esta es la segunda novela publicada por la autora, ya cuenta con una trayectoria previa de libros descartados por ella misma, lo que nos sugiere una autoexigencia que solo nos puede asegurar una cierta calidad.

Nieves Guijarro Briones no es Amélie Nothomb, que escribe cuatro veces el mismo libro al año. Un libro que, por cierto, ya había escrito el año pasado y el anterior. Es una escritora que sabe darle el mimo a cada texto y guardar la distancia entre estos y, aunque hay una cierta recurrencia entre Orquídeas para Perséfone y La cruz y el cerdo en lo que respecta al tema del mundo astrológico, se trata de dos productos completamente diferentes. Orquídeas para Perséfone es un trabajo muy personal, que sugiere un mundo interior vasto. La cruz y el cerdo se construye en la colectividad de las grandes civilizaciones que empiezan desde cero y se apropian del pasado para tergiversarlo, para corromperlo, para corromperse a sí mismas. Orquídeas para Perséfone pertenecería a ese género poco explorado de la fantasía onírica (que ni yo sabía que existía hasta que la leí), mientras que La cruz y el cerdo es definida por la propia autora como fantasía esotérica, aunque yo sostengo que es un revoltijo de muchos géneros donde tiene cabida también el horror más bruto, la ciencia ficción y la crítica social.

La trama parece sacada de un George Orwell alucinado. En un momento determinado, los animales en los mataderos cobran conciencia de que están siendo ejecutados, exterminados masivamente para servir de alimento a una especie más débil que ellos. Se levantan sobre sus patas traseras y se rebelan. Acaban con toda la raza humana al tiempo que procrean con ella, dando lugar a nuevos seres con características de ambos. El primero en alzarse es el carnero, el segundo será el cerdo. Juntos unen a todos los animales rebelados en torno a una Iglesia que ora a divinidades estelares y, un poco también, a una leyenda algo distinta de Jesucristo. Es la Iglesia de la Cruz y el Cerdo. Desde ella el Papa Cerdo, un ser sin ningún tipo de escrúpulos y que tiene enroscado en su columna vertebral a la serpiente de la sabiduría, ordena todo tipo de limpiezas étnicas y demás brutalidades. La necesidad de poder de Papa Cerdo, antagonista absoluto de la novela, le lleva a la paranoia del dictador y hace que se granjee la enemistad de sus seguidores y de hasta su propio hijo, quien durante años había sido torturado con la historia sobre la violación y la muerte sangrienta de su madre por adulterio. John, el cerdo-humano, hijo del bestialismo de Papa Cerdo es llamado por las estrellas, al tiempo que estas castigan con plagas lo que queda del mundo. Debe cometer parricidio y devolver el equilibrio al cosmos y el culto a los astros.

Papa Cerdo se corrompe porque es débil. O esa es la tesis que se mantiene en toda la novela. No puede evitar caer en la tentación, no es capaz de ceder un palmo, aunque esto ayude a la "consagración de la paz". Papa Cerdo es un tirano asustado porque sabe que puede caer en cualquier momento y para evitar que esto ocurra no le queda otra más que atacar una y otra vez e ignorar las decisiones de sus dioses. Papa Cerdo es un líder débil para una civilización débil, incipiente. Es el dictador que nace en las repúblicas remotas recién creadas ante el vacío de poder que deja una ocupación demasiado prolongada en el tiempo. Su represión y su fanatismo es síntoma de su condición y la de su pueblo, obligado a creer en algo, en lo que sea. Y en este sentido, La cruz y el cerdo se puede tomar como una radiografía histórica. 

Lejos de lo que pueda parecer, no se trata propiamente de un discurso antirreligioso. Papa Cerdo se nutre de toda una cosmovisión para sus intereses, pero la religión es un mero telón de fondo en la obra. Lo que es verdaderamente relevante es ese uso del discurso capaz de conmover a las masas y volcarlas en una dirección. Y el enorme poder del Caos como fuerza que ajusticia y proporciona ciertas luces en las tinieblas.

Al mismo tiempo, que los protagonistas sean animales humanizados nos viene a hablar de la animalización del hombre, de su impiedad. El ser humano se alza como explotador de todos los demás seres debido a la condición que le brinda la estructura de colmena de su organización social y su intelecto. Ante el vacío que dejan, los animales, los oprimidos, se convierten en nuevos hombres, en los opresores. La Historia se repite, pero no en círculo, sino en espiral. El nuevo mundo requiere nuevos héroes y nuevas dialécticas que luchen entre sí, pero que siempre recuerdan a las viejas, a las de toda la vida.

Como digo, La cruz y el cerdo es una excelente novela. Si no os he convencido ya, solo tengo que deciros que, además, la edición viene ilustrada y con una tipografía gótica que nos recuerda a esos libros antiguos de alquimia tan populares para tantos escritores entusiastas de todo lo macabro. Por ello, es una pieza de orfebrería única y originalísima. 

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Nieves Guijarro Briones en esta esquina: Orquídeas para Perséfone,



martes, 1 de diciembre de 2020

Okulto, de Samir Karimo

 


Uno de mis placeres culpables es la narrativa vanguardista de Samir Karimo. Se trata de un autor portugués de origen indio que, debido a su formación como traductor, suele publicar su obra en castellano, pues encuentra un mayor público en nuestra lengua. Sus relatos suelen ser muy breves y en ellos predomina el horror y lo grotesco, con pinceladas muy bien llevadas de un humor que entronca con el Teatro del Absurdo y el dadaísmo. Su obra es leer en clave dadaísta, y en menor medida surrealista, la larga tradición gótica. Y esto da lugar a textos donde se desafía todo: el espacio-tiempo, la figura de los monstruos, el sentimiento mismo de pánico, la improvisación como herramienta creativa, la sexualidad, etc. Por desafiar, Karimo desafía incluso la misma sintaxis española. Crea palabras, con un especial sentido lírico, y personajes únicos para un universo también único, plagado de dimensiones, de líneas temporales, de entes bizarrísimos con comportamientos que no terminamos de entender, etc. Además, como los novísimos en España, hace un uso muy interesante de las referencias culturales, cimentando muchas veces sus textos sobre ellas y sobre las experiencias que estas les provocan. Es una literatura cercana al pulp por su carácter experimental, su aura de cine ochentero y su distancia deliberada con la narrativa de terror convencional.

Okulto es una muestra más de su prosa. En ella tenemos veinte relatos, más un extraño guion para un extraño cortometraje que jamás se rodaría y que, a mi juicio, es de lo mejorcito del volumen. Aunque la mayoría de estos textos ya aparecen en antologías, revistas digitales y libros de relatos posteriores, se puede decir que la lectura de Okulto es una experiencia interesante por la novedad que aporta a quienes no están familiarizados con el horror experimental y satisfactoria para los que disfrutamos con él. 

Otro texto muy destacable y que no he reseñado aquí es la colaboración con el español Teodomiro de Moraleda en Sangre más allá del matadero, otro autor muy anclado en el pulp. Juntos también tienen dos novelas experimentales totalmente disparatadas y escritas a ocho manos, con otros dos autores, tituladas Ouija infernal y Ouija infernal 2. Estas son de las mayores locuras que he leído en mi vida hasta el punto de que no sabría ni cómo clasificarlas, especialmente la primera. Eso sí, son unas risas aseguradas. Actualmente me encuentro leyendo Macabruo, una reciente novela publicada por Karimo, pero exclusivamente en portugués. En ella explora lo que ha venido a llamarse splatterpunk, una corriente de la narrativa gótica que en España ha sido trabajada por autores como Juan Díaz Olmedo, Lou Wild o José Ángel Conde, por citar solo a algunos de los autores que se han reseñado aquí, y que supone una transgresión del horror a través de la violencia explícita y la descripción de elementos de repulsión vinculables a lo monstruoso, utilizando estéticamente para ello los fluidos corporales.

Y eso sería todo por hoy. Lean mucho, coman con moderación y namasté.

PD. Ruego que me disculpen por la coincidencia del color de la portada y del fondo de esta esquina. Es una casualidad sin precedentes. He tratado de echar alguna foto, pero el resultado es todavía peor. Gracias por su comprensión, gente bella.



viernes, 13 de noviembre de 2020

Historia de un idiota contada por él mismo, de Félix de Azúa

 


¿Qué es la felicidad? Esta es una pregunta compleja y de difícil respuesta porque cada quien puede definirla de manera diferente. Depende mucho de la circunstancia histórica, del contexto cultural, social y de la identidad que tengamos asumida nosotros mismos, así como de la forma en la que nos perciben las personas de nuestro entorno, las apreciemos o no. Es una gran pregunta que ha tratado de abordar las distintas corrientes filosóficas en multitud de ocasiones y que ha dado una exagerada cantidad de ensayos que especulan alrededor de ella, pero que también ha degenerado en pretenciosos libros de autoayuda, que, sin mala intención la mayoría, han resultado casi siempre una completa estafa. Y esto se debe a que la felicidad plena es difícil o cuasi imposible de lograr, pues el ser humano tras alcanzar un logro no suele conformarse. Necesita nuevas metas para crecer. Siempre hay metas máximas y sueños incapaces de alcanzar por resultar demasiado pretenciosos para nuestras aspiraciones. La felicidad no dura porque la vida tampoco lo hace. Todo tiene fecha de caducidad. Nuestro cuerpo cárnico la tiene. Nuestra juventud. Nuestra salud. Nuestra fortuna. Nuestros amores. Y también nuestra felicidad.

La felicidad suele estar ligada a múltiples aspectos que los seres humanos consideramos positivos. Aquí entra el criterio subjetivo. Y el mito de que se puede ser feliz con poco, siempre que no se pasen necesidades, no está tan lejos de la realidad. Se puede ser infeliz con mucho, si lo que lo que se posee se considera insuficiente. Por ello remarco la subjetividad de la pregunta. ¿Qué es ser feliz? Estoy seguro de que desde la ciencia se pueden dar algunas respuestas a raíz de distintas hormonas que segregan nuestras glándulas, pero no van por ahí las inquietudes del protagonista de esta novela: el idiota.

Historia de un idiota contada por él mismo no puede reflejar mejor en su título el contenido de sus páginas. El protagonista es un hombre que renuncia a vivir para investigar. Quiere asir científicamente desde todos los prismas del conocimiento al que puede llegar con sus limitaciones como mortal el contenido indescifrable y críptico de la felicidad. Prueba en la ciencia, pero entiende que la frialdad requiere de alma. Piensa en el cuerpo y en el deseo carnal, pero esto le lleva a una serie de problemas. Se refugia en la lectura del existencialista más citado del siglo XIX: Dostoievski. Y también fracasa. Pasa por jaranas, por juergas sin control y solo logra ser tachado por los demás, perder su empleo y no ser feliz ni un ápice. Lo intenta en el amor. Busca en la filosofía. Y finalmente en el arte. Y así pierde su vida lastimosamente. Se vuelve una mezcla entre héroe romántico y cínico positivista.

Sin embargo, no pierde su sentido del humor.  Su gracia. Esa que le da un toque especial a este libro y que no lo termina de volver tedioso. Porque, no voy a engañar a nadie, se trata de una novela breve, pero con un estilo excesivamente pedante, aún cuando este es empleado por Azúa para satirizar los círculos sociales y culturales más elevados, con sus jergas neologísticas y sus costumbres de elite castiza y, en ocasiones, demasiado rancia. Y este es un elemento que puede echar para atrás a los lectores. La evolución de la obra va de la pura comedia a la tragedia exagerada del Romanticismo. Los sucesos son escasos, pero hay mucha reflexión y algunas ideas que ni se me habían ocurrido jamás. Por poner un ejemplo, Azúa dedica una página a reflexionar sobre la estima del enemigo en la literatura occidental. Con enemigo se refiere a aquel personaje o institución que en una obra representa la ideología opuesta a la que defiende el autor de la misma. Pues no olvidemos que todas las obras están plagadas de ideología, sea cual sea. Los grandes escritores siempre se han mostrado respetuosos, aunque no comulgaran con los principios de sus oponentes, dándoles dignidad a sus antagonistas. Pues ideas así tenemos unas cuantas en la novela. Por ello, aunque tengo mis reticencias con ella, considero que su lectura ha sido de provecho.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.



martes, 3 de noviembre de 2020

El festival de la matanza, de Lou W. Morrison

 


Hace unos meses reseñé aquí Jóvenes guerreros, del escritor español Lou Wild. Hoy vuelvo a la carga con su recientemente publicada colección de relatos de horror, titulada El festival de la matanza. Se trata de una pieza con dieciocho relatos muy breves donde se aprecia la diferencia profunda entre el terror y el horror. Algunos de los mismos podrían incluso considerarse de horror extremo o splatterpunk por su violencia gráfica y la descripción sin tapujos de evisceraciones y muertes sangrientas de todo tipo. 

Pero antes de hablar de los textos conviene hacer una distinción clara entre terror y horror. Ann Radcliffe distingue terror de horror, aunque admite que suelen ir de la mano. El terror se centra en la construcción de una atmósfera espeluznante, que advierte al lector o espectador de que puede esperarse lo peor. Se trata de los momentos de tensión previos a la aparición del monstruo, ya sea este humano (asesinos, violadores, psicópatas, etc.) o humanizado (vampiros, hombres lobo, zombis, etc.). Por su parte, el horror deviene del momento de pánico que genera el encuentro con el monstruo, independientemente de que se haya dedicado un gran espacio a la construcción de dicha atmósfera. Por ello, la autora inglesa determina que el horror es una sensación imperiosa que se sucede tanto en el susto como en la persecución y ejecución (cuando la hay) de los personajes. El horror suele ir de la mano con la repulsión, la cual se suele evitar en buena parte de las obras de este género por considerarse un salvoconducto fácil con una finalidad de escandalizar. Puesto que la atmósfera de El festival de la matanza es solo sugerida y se pasa de diálogos de lo más cotidiano a situaciones bizarras y escalofriantes, donde lo monstruoso se presenta desdibujado y acomete contra los protagonistas, podemos afirmar que estamos ante una obra netamente de horror. 

Cabe destacar, además, que la gracia de El festival de la matanza reside en la interconexión de los relatos. Estos se presentan bajo el mismo escenario: una casa deshabitada donde se está rodando una extraña película de serie B de horror erótico, donde hay vísceras por el piso y pechos femeninos a partes iguales. A medida que se van sucediendo los asesinatos en cada relato (durante las diez simbólicas jornadas del rodaje), el miedo va creciendo entre los que permanecen en la casa y que acabarán enloqueciendo tarde o temprano por el influjo de un poderoso ente sediento de sangre. No obstante, la autoridad de Joe, productor y director del filme, impedirá que se cancele el periodo de grabación y que todos permanezcan callados para disimular lo que verdaderamente ocurre dentro de la vieja mansión.

Los relatos están plagados de referencias a asesinos en serie reales o imaginarios y hay en ellos un uso estético de la antropofagia y del sexo lésbico, lo cual, por otra parte, es habitual en el autor si analizamos sus obras previas. También vuelve a aparecer el recurso musical del universo del rock and roll, como ocurría en Jóvenes guerreros. Sin embargo, aquí los temas son solo sugeridos y parte de la letra no es calcada en el relato, lo que considero un acierto, puesto que podía llegar a hartar y detener el ritmo. Y con esto llego al tema del ritmo mismo. El festival de la matanza es una obra rápida de leer, por su acción ágil y trepidante. Sus historias son las pequeñas dosis del horror que los entusiastas del género necesitamos.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Lou Wild en esta esquina: Jóvenes guerreros


viernes, 30 de octubre de 2020

Código binario, de Fernando Codina

 


Luis Rodríguez Márquez, ese es el nombre del último hombre vivo sobre la Tierra. O, al menos, que él sepa. Una serie de sucesos han arrasado con toda la vida sobre el planeta desde el año 2034. La Tierra, hasta ese momento reivindicaba su existencia, era un 1 en una cadena de códigos binarios. Un 1 frente a los otros ceros del sistema solar, frente a los otros tantísimos ceros del universo, que negaban la vida sobre su superficie y bajo esta. Hasta que un día todo cambia. Las distintas especies de animales comienzan a extinguirse. Primero es el plancton y a raíz de él, los peces más pequeños y los grandes cetáceos. Las bestias marinas comienzan a atacar a los bañistas de las playas de medio mundo como si de una secuela de Tiburón se tratase. Lo que sigue es verdaderamente aterrador. Ante la prohibición del baño, los peces comienzan a devorarse los unos a los otros hasta consumirse. Tras ellos, vienen las aves piscívoras. Muchas gaviotas enloquecen. Pasamos de Tiburón a Los pájaros de Hitchcock. Y una extinción llevará a la otra, salvo cuando los animales optan directamente por morir, por dejar de existir, por convertirse en un cero. Todos, además, de golpe y porrazo. La vida cambia, el mundo es distinto sin perros, sin cerdos, sin gatos, sin palomas. Es un mundo vegano, pero estable. No obstante, con la voluntad de la Tierra va todo lo que en esta habita y con ello quiero decir también la humanidad.

Estamos ante una novela de ciencia ficción apocalíptica que tiene lo mejor de las películas de catástrofes, con todo ese aroma a desesperación y situaciones límite, donde la muerte está siempre presente. No hay una explicación razonada para este latido final de la Tierra, pero no es necesaria. Su ausencia aporta mucho más que su aparición y esto lo sabe Codina. Aporta miedo, pánico e incomprensión. Además, es imposible que el narrador tenga los datos necesarios para desentrañar el porqué del apocalipsis. Solo es un periodista que vivía tranquilamente con su familia en un kibutz en Azuaga (un pueblito de Badajoz, España) cuando atisba que el mundo está cambiando y sospecha que las grandes ciudades ya no son seguras. Lo interesante de la historia es la visión de la hecatombe desde un doble prisma, pues mientras que Luis narra cómo vivió él y su familia los cambios en Azuaga, aprovecha también para relatar la experiencia de su amigo Gerardo, quien con su mujer y sus dos hijas, se vio obligado a escapar de una caótica Madrid, controlada por terroristas de extrema derecha.

Pero Luis alberga una esperanza, que es la de toda la humanidad y esa es el regreso de los hijos de las estrellas, de aquellos seres humanos que fueron enviados a Marte unos años antes. Luis espera que la Tierra pueda ser repoblada y que no permanezca como un planeta muerto. Y para ellos, para los marcianos, escribe, detallando minuciosamente cada suceso y explicando ciertas referencias a la cultura pop para que los viajeros del futuro puedan comprender mejor la riqueza cultural que se ha perdido. Para ellos adjunta tanto deuvedés de películas y series estadounidenses y españolas, como libros y revistas de diversa índole. Quiere que el legado humano, a pesar de la negligencia de otros, no se pierda y esto lo convierte en un héroe. Y es en esa heroicidad donde encuentra un motivo para vivir tras la muerte de todos sus seres queridos. Luis es el historiador, el cronista de una guerra contra la naturaleza y contra el propio ser humano, que trata de describir con toda la imparcialidad posible sucesos realmente espeluznantes y que llora y sufre, pero que es ante todo consciente de su misión, la cual parte de un misterioso sueño que considera premonitorio.

En Código binario, Codina retoma elementos que tanto caracterizan sus relatos de ciencia ficción de Hijos de la oscuridad, como lo son ese énfasis en que el apocalipsis puede llegar en cualquier momento y que su progresión puede responder a modelos inexplicables. Mi relato favorito de Hijos de la oscuridad y que tiene mucho que ver con Código binario es "Documentos para la memoria de la especie", posiblemente el texto más original de todos los que aparecen en el libro de relatos. En él, cada mes, en un día concreto, todas las personas de cierta edad empiezan a morir inexplicablemente empezando por los nonatos. De esta forma, la humanidad va llegando a su fin poco a poco, envejeciéndose la población, por un motivo imposible de deducir y con una esperanza que se presenta en las últimas páginas del relato. Al igual que en Código binario están presentes en la mente de Luis los marcianos, en "Documentos para la memoria de la especie" aparecen personas jóvenes mucho tiempo después de haber superado el día señalado para su muerte. Los últimos supervivientes logran crear bebés in vitro y depositan en ellos la responsabilidad de reconstruir el mundo, con la ayuda, eso sí, de androides programados para la crianza. Por ello, aunque Código binario  es una obra muy diferente tanto en concepto como en ejecución, se puede trazar una evolución de las premisas de Codina de un texto a otro. También nos sirve para valorar la evolución del estilo del autor. En cualquier caso, tanto Hijos de la oscuridad como Código binario son dos obras narrativas muy interesantes y que despliegan una excelente combinación de horror y ciencia ficción.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.

Reseñas de otras obras de Fernando Codina en esta esquina: Hijos de la oscuridad,

PD. Por si alguien no lo ha visto, dejo también la entrevista que tuve la oportunidad de hacerle al autor a propósito de esta novela.


martes, 27 de octubre de 2020

Entrevista a Fernando Codina, autor de "Código binario"





Ya casi concluyendo el mes de la ciencia ficción, me complace enormemente tener como invitado al español Fernando Codina Rodríguez. Fernando es escritor de narrativa de terror, horror y ciencia ficción (e incluso tiene una novela romántica). Periodista de formación, también ha destacado escribiendo poesía. Entre su obra narrativa cabe destacar dos libros de relatos breves de terror y horror titulados Te veo: y otras miradas sin vida (Wave Books) y Entre mis tinieblas (Editorial Maluma), así como el libro de relatos largos Hijos de la oscuridad (Célebre editorial), que ya fue reseñado en esta esquina. También ha participado en numerosas antologías como Tras el umbral (Palabras de Agua), Gritos sucios: una antología splatterpunk (Ediciones Vernacci) y Proyecto Shelley (Editorial Círculo Rojo), con un relato sobre el aislamiento y la soledad. Pero, lo que hoy nos interesa es debatir sobre su novela más reciente, una pieza de ciencia ficción apocalíptica que lleva por título Código binario.

LUCAS DESPADAS: En primer lugar, Fernando, quería darte la enhorabuena por una novela tan lograda como Código binario. Aunque toca temas que son muy actuales, soy consciente de que llevabas años trabajando en esta obra, así que me alegra que haya salido a la luz. Por eso, quería preguntarte cómo había sido el proyecto de revisión de la obra, qué tipo de detalles has descartado y cuáles han sido los añadidos de última hora.

FERNANDO CODINA: Código binario es una historia bastante peculiar, al menos por su forma y tiempo de ser escrita. La idea inicial la tuve en el año 2010, pero me quedé atascado al tratar de redactarla del tirón primero, y por capítulos sueltos más tarde. No terminaba de convencerme ni el personaje protagonista, ni la manera de imbricar todas las demás historias, así que me resigné a dejarla en el cajón de novelas pendientes. Pero hace un par de años, retomé el proyecto con ganas mientras estaba cursando un Máster en técnicas de novela, con la Escuela de Escritores: se convirtió en mi proyecto final. Es cierto que podría haberla alargado incluso un centenar de páginas, dando más detalles por ejemplo sobre algunos aspectos secundarios, como el propio Karnifex, o centrar la historia en Madrid en vez de ser un foco compartido. Quizás más adelante, si se realizase una segunda edición… Pero de momento estoy feliz con el resultado.

LUCAS DESPADAS: Código binario lleva el subtítulo de Memorias de un hijo de la luz. Un lector que se dejase guiar por el título podría esperar una obra de ciencia ficción totalmente distinta. Tanto la alusión al lenguaje informático como a la luz pueden invitar al lector a pensar en una novela de androides o de viajes estelares. Sin embargo, la novela en el fondo es muy humana y, a pesar de que se habla de que parte de la humanidad reside en el planeta rojo, los marcianos no son el foco de la misma. El centro de toda la acción se desarrolla en una imagen de España de dentro de unos 17 años. El título queda justificado en los primeros compases de la obra, así como el subtítulo en los momentos finales de la misma. No obstante, me gustaría preguntarte por la elección de una metáfora tan llamativa como la del código binario para explicar la relación que existe entre lo que quiere vivir y lo que no.

FERNANDO CODINA: En el fondo, estamos muriendo continuamente, al menos a nivel celular. Por lo que la muerte y la vida no nos son extrañas, en todo caso el momento. Pero es una elección inconsciente, una obra de la naturaleza. Y la base de la novela es plantearse: ¿y si todos los organismos vivos, empezando por los más pequeños, optasen por morirse a la vez? ¿Hasta qué punto cambiaría nuestro mundo? Porque, como dicen en El Rey León, todos formamos parte del ciclo de la vida, y por lo tanto, de la muerte. Y son las Memorias de un hijo de la Luz, porque en el momento de detenerse la rotación de la Tierra (vale, sé que es imposible que suceda de esa manera, con tal brusquedad… pero esto no es ciencia), España se queda fijada en una luz perpetua al ser de día… También me apetecía mucho ubicar la acción en dos lugares muy distintos, la ciudad de Madrid (aunque se hace referencia a otras localidades españolas), y un pequeño pueblo de Extremadura, a través de dos protagonistas: Gerardo Golden García, en la capital; y Luis Rodríguez Márquez, en Azuaga.

LUCAS DESPADAS: En Código binario el lector asistirá al fin del mundo relatado por el último hombre en pie, en un relato que recuerda remotamente a Soy leyenda. La extinción de una especie dará lugar al fin de otras tantas. De esta forma, todos los seres vivos trataran de sobrevivir, aunque están abocados a su fin. El protagonista, autodenominado hijo de la luz, dosificará cada acontecimiento en distintos capítulos. De esta forma, el lector puede comprobar cómo el fin del mundo llega paso a paso y cómo esto lleva a una oleada de indignación y a sublevaciones en contra de los gobiernos. Frente a esto, sobreviven los que llevan un estilo de vida ajeno a lo habitual y con respeto por la naturaleza. ¿Código binario es una advertencia de que el estilo de vida que llevamos en las grandes ciudades es insostenible, así como una reivindicación de la vida rural?

FERNANDO CODINA: Aunque soy un urbanita, desde pequeño me ha atraído el tipo de vida rural, el de los pequeños y medianos pueblos. Primero por casualidad, gracias a un campamento de primavera en el pueblo cántabro de Bárcena Mayor, donde descubrí tantas cosas importantes para un chaval de trece años. Y mucho más tarde, cuando empecé a pasar las vacaciones y muchos días libres en el pueblo de Azuaga, una hermosa población extremeña. Era el ritmo de vida lo que me enamoraba de esta localidad: me acostumbré a sus tradiciones, sus gentes, y sobre todo a su arquitectura (es un bellísimo pueblo blanco). Si en algún momento decido desaparecer del mapa, tendrán que buscarme en un pueblo, a ser posible pequeño, en medio del secarral, o al borde del mar… Creo que la vida en los pueblos es diferente, más sana, y más satisfactoria. Ahora mismo tengo que conformarme con pequeñas escapadas al pueblo de mi cuñado…

LUCAS DESPADAS: Al mismo tiempo que prolifera la extinción de las especies, comienza el auge de movimientos de extrema derecha en todos los países europeos. En la España de 2034 de Código binario surge el polémico personaje de Karnifex. De naturaleza atrayente y carismática, pasa de ser un ídolo de masas por sus canciones antisistema a convertirse en el líder de un ejército de caníbales. ¿Cómo ha sido la construcción de este personaje? ¿Planeas en algún futuro relato narrar su final?

FERNANDO CODINA: El auge del fascismo, y de sus productos residuales, siempre me ha preocupado; sobre todo porque con el paso del tiempo se ha convertido en una triste realidad. Basta con leer un poco sobre la situación europea para darse cuenta de que están resurgiendo desde las cloacas de la historia distintos movimientos de este tipo. En España tenemos a Vox, pero les falta mucho para alcanzar los niveles de perfección y de adoctrinamiento del partido nazi en los años treinta y cuarenta del siglo pasado (afortunadamente), y tampoco tienen un líder carismático. Pero ya han conseguido algo que parecía imposible: obtener una amplia representación en el Congreso y el Senado. En cuanto a Karnifex, podría haber dado más datos sobre el personaje, pero me gusta que sea poco más que una sombra. Y su final, suponemos que se ha producido como el de toda la humanidad. Aunque uno de mis lectores cero ha sugerido la posibilidad de un primer y último enfrentamiento con el narrador… Quizás en la segunda edición, si se llega a producir…

LUCAS DESPADAS: Al igual que varios de tus relatos de ciencia ficción de Hijos de la oscuridad, cuando parece que toda esperanza está perdida, siempre te decides a darle una mínima oportunidad a la humanidad. Durante los sucesos de la Tierra en Código binario, los humanos de Marte permanecen totalmente ajenos y es en ellos donde está la posibilidad de repoblar en planeta azul. Para ellos, el protagonista cuenta su historia y quiere dejar constancia de lo que pasó, así como de la memoria de sus amigos fallecidos. Y no dudo que el protagonista necesita y se merece esa esperanza, ¿pero consideras que la humanidad también la necesita y la merece?

FERNANDO CODINA: ¿Y si en el fondo, el sueño profético no es más que eso, un simple sueño? ¿Una manera de que el protagonista mantenga la cordura, la ilusión? Pero al mismo tiempo, me apetecía darle alguna esperanza al ser humano: una raza capaz de construir Notre Dame y el Taj Majal; de pintar El nacimiento de Venus de Boticelli o la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci; de esculpir el David de Miguel Ángel o el Pensador de Rodin; de escribir Las mil y una noches o La Divina Comedia… en el fondo, se merecía un poquito de esperanza, algo de ilusión, aunque sea en el último momento. Si el hombre como colectivo puede ser destructor, es posible hallar individuos realmente excepcionales.

LUCAS DESPADAS: Por último, me gustaría preguntarte por otras obras de ciencia ficción que estés planeado en un futuro, así como alguna que yo haya podido obviar.

FERNANDO CODINAEn la actualidad, estoy dándole vueltas a un relato largo que presenté para una antología, porque tengo la impresión de que puede servir para otras cosas, crecer y convertirse incluso en una novela. Solo es cuestión de vencer el miedo a la página en blanco, y a la misma pereza. Pero la historia vale la pena, y el enfoque me parece interesante. No deja de ser curioso que ahora abandone el territorio conocido de los relatos de terror, y que me lance a escribir ciencia ficción, cuando es un género del que apenas leo nada (lo último fue El mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin), pero es cierto que soy devorador compulsivo de películas de catástrofes, y tampoco le hago ascos a una cinta de ciencia ficción…

LUCAS DESPADAS: Y eso es todo. Muchísimas gracias por aceptar esta entrevista, Fernando. Es un placer tenerte en esta esquina. Desde aquí esperaré tus futuras obras. Recordad que Código binario lo podéis adquirir en físico o en digital en la página de Bohodón Ediciones en el siguiente enlace: https://www.bohodon.es/libro/1243/codigo-binario.html

El viernes 30 tendrán reseña con mi análisis de la obra.

Lean mucho, coman con moderación y namasté.