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viernes, 18 de agosto de 2017

El núcleo del disturbio, de Samanta Schweblin






El núcleo del disturbio es el primer libro de cuentos de la argentina Samanta Schweblin. Al igual que muchos otros de su país, Schweblin es una excelente cuentista de lo neofantástico y goza de una gran fluidez en la expresión, así como de un fuerte y marcado carácter simbólico en los temas que trata. El núcleo del disturbio está compuesto por doce cuentos titulados:


  • Hacia la alegre civilización de la capital
  • Matar a un perro
  • Mujeres desesperadas
  • Adaliana
  • La pegajosa baba de un sueño de revolución
  • El destinatario
  • Agujeros negros
  • Mismo lugar
  • El momento
  • La verdad acerca del futuro
  • Más ratas que gatos
  • La pesada valija de Benavides



Cada uno se centra a su manera en explicar metafórica y literariamente qué es lo que da origen a los problemas, entendiéndolos en su faceta más general y humana. Comentaremos brevemente cada uno de ellos, centrándonos especialmente en su dimensión temática. 


Hacia la alegre civilización de la capital es un relato kafkiano sobre la familia y la independencia donde se habla sobre el miedo a dejar el nido y adentrarse en lo desconocido, contemplando al mismo tiempo el tedio de continuar en dicho nido y la coartación de la libertad que permanecer en la cuna implica. Schweblin nos pincela relaciones amor-odio con las figuras paternas y nos explica un posible origen del sentimiento de nostalgia. Al mismo tiempo se trabaja la complejidad de la dicotomía campo/ciudad.


Por su parte, Matar a un perro trata sobre la inhumanidad del acto de matar a un perro. En él el narrador va a someterse a una prueba de una mafia para poder ingresar en ella. Deberá matar a un perro, pero lo que puede parecer una tarea sencilla en teoría acaba resultando más complicado de lo que uno espera.


Si Matar a un perro es un relato más o menos realista, con Mujeres desesperadas vuelve la Schweblin onírica, kafkiana y mágica. En este relato se habla sobre el dolor de las mujeres al ser tratadas como objetos de usar y tirar por parte de los hombres. Es una clara denuncia a una sociedad patriarcal donde las mujeres parecen valer sólo si tienen a un hombre que las proteja. Mientras que entre hombres hay una clara camaradería, entre mujeres, el dolor provocado por el juego patriarcal las lleva a luchar por crear una nueva jerarquía entre ellas. Pronto, las mujeres descubrirán que la única forma de escapar de la situación es no aceptar el juego y actuar unidas.


Adaliana es otro relato contra la violencia machista en el que se muestra a las mujeres como víctimas y cómplices del patriarcado. Escudero tiene a su servicio a un edificio lleno de mujeres a las que violará hasta que alguna de ellas se quede embarazada. Adaliana deberá sentir con dolor como en ella germina esta semilla de la violencia.


La pegajosa baba de un sueño de revolución trata sobre la lucha por la libertad o por una ampliación de la libertad de un mismo. Se nos muestra como en un bar se produce diariamente una pelea cuando van a dar la hora del cierre. La lucha por la ampliación de la libertad se vuelve adictiva y lejos de darnos lo que tanto ansiamos parece sólo servir para extender el conflicto.


El destinatario es, por otro lado, un relato alegórico sobre un viaje sin retorno en el que un simple y extraño encargo se convierte en una trampa.


 Con Agujeros negros nos llega la pregunta de dónde nos ubicamos cada uno en esta sociedad posmoderna. Es uno de los relatos más enigmáticos. Una tríada de personajes se teletransporta porque sí a lugares en los que ya han estado. Estas teletransportaciones repentinas se tratan como una enfermedad, porque hasta cierto punto son incómodas y molestas y no nos permiten avanzar.


Mismo lugar es un extraño relato pesadillesco en el que el narrador revive una y otra vez las pérdidas de su hija y su amante, así como el error en lo que parece ser una importante misión de espionaje. Escoja la opción que escoja no puede evitar la asfixia. Tanto este relato como el anterior recuerdan mucho al Virgilio Piñera de Cuentos fríos


El momento es un lugar que le recomienda su médico a Ernesto para desestresarse. Este es dirigido por Dios, un tío por lo demás bastante humano. El Momento es una especie de atracción turística que sirve de símbolo para ese milagro de “te ibas a morir pero no”, que Dios utiliza para vender souvenirs, pero también para que las personas se traten mejor entre sí. El Momento es mantenido de noche por Boris Vian y de día por Jean Paul Sartre. Ya os podéis imaginar las altas dosis de humor que tiene esto. En mi opinión, es junto con el último relato el mejor elaborado de la recopilación. 


La verdad acerca del futuro trata sobre lo difícil que es dejar el pasado atrás y avanzar en medio de la incertidumbre. También trata de la complejidad de las relaciones humanas, que son movidas por el interés, el temor, el dolor y el amor.


En Más ratas que gatos se nos habla de cómo los conflictos nacen en el momento en que las personas creen que hacen lo correcto y chocan. Schweblin nos sitúa primero en un pasteloso escenario de bondad para luego mostrarnos la chispa que desencadena la catástrofe que nos lleva a la pregunta final: ¿mereció la pena? 


El último de los cuentos es La pesada valija de Benavides. Se construye como una crítica a la normalización de la violencia de género y a las ideas patriarcales que mal cimientan la industria cultural contemporánea. La mujer de Benavides es tratada como objeto por los personajes centrales masculinos. Mientras que Benavides le da un valor de uso (afectivo), Corrales y Donorio le dan valor de cambio (abuso económico). La economía, escusada en la estética rompe con la intimidad de la muerte de la mujer de Benavides. Por otro lado, se trata el tema de la culpa en Benavides, que quiere aliviar ese peso con la ayuda del doctor Corrales. Sin embargo, ésta abusa de confianza y contribuye a situarlo en el núcleo del disturbio. Este es uno de los mejores relatos del libro –en mi humilde opinión- y me ha recordado muchísimo tanto a Virgilio Piñera en su estilo como al Barbazul de Max Frisch.

En definitiva, El núcleo del disturbio, ya sea por los interesantes temas que trata o por la minuciosa forma en la que las historias están escritas, constituye un más que recomendable libro de cuentos. 

Reseñas de otras obras de Samanta Schweblin en esta esquina: Pájaros en la boca, Siete casas vacías, Kentukis




viernes, 11 de agosto de 2017

La muerte de la Pitia, de Friedrich Dürrenmatt



Tusquets reunió hace unos años algunos de los relatos más conocidos de Friedrich Dürrenmatt en una antología titulada La muerte de la Pitia, la cual se compone de:
  • El perro (1951)
  • El túnel (1952; aunque la que se traduce aquí es la versión final de 1978)
  • La avería (1955)
  • La caída (1971)
  • La muerte de la Pitia (1976)
Hablemos de cada uno de ellos por separado antes de dar una visión de conjunto.

En primer lugar, El perro es un relato con bastante magia en el que un escéptico persigue a un predicador religioso -de estos que van con las barbas por los suelos y creen que vienen los marcianos a salvarnos- hasta su casa, donde conoce a su hija y, sin venir mucho a cuento, se convierten en amantes. El viejo cree haber sido llamado por una voz celestial para la predicación y después de haber abandonado su vida pasada llena de éxitos se habría topado con un perro de carácter agresivo que se habría convertido en su mascota, siguiéndolo a todas partes. La hija tratará de convencer a su deslucido amante para que mate al perro. 

A este relato le sigue El túnel, en el que se narra un suceso de corte kafkiana. Un joven que toma siempre el mismo tren se percata de que en esta ocasión el vehículo tarda demasiado en abandonar un túnel. Esto le hace darse cuenta de que algo no anda como debería y que hay que sacar de allí el tren cuanto antes. 

El tercero de los relatos (La avería) parte de una avería literal mecánica que hace que Alfredo Traps tenga que pasar la noche en casa de un juez jubilado en un pequeño poblado suizo. Por casualidades del destino el ex-juez había invitado a cenar a sus amigos, retirados también como él. Juntos le proponen a Traps revivir un juicio a modo de juego teniéndole a él como acusado, lo que acabará sacando a la luz todos sus trapos sucios. Es el único de los relatos en el que Dürrenmatt utiliza estrategias sacadas de la novela policíaca.

Por otro lado, La caída es un relato más bien político y satírico, en el que se narra la última reunión llevada a cabo en el seno de un partido comunista ubicado en el poder al más puro estilo soviético. Me ha encantado, como detalle, la impersonalidad y la frialdad en el trato de Dürrenmatt con estos personajes, que se sienten como guiñoles movidos por los resortes del poder y del miedo.

El último relato le da nombre a la antología. La muerte de la Pitia constituye una reelaboración cómica, partiendo siempre desde el respeto, del mito de Edipo Rey, un clásico imprescindible. Nos coloca en el punto de vista de Pániques IX, la pitonisa de Delfos que le cuenta a Edipo cuál será su cruel destino. Lo cierto es que lo hace un poco a voleo, pues ni ella misma cree un ápice en los oráculos, pero lo que dice tendrá consecuencias desastrosas. En mi opinión, es éste el mejor relato, pero cuenta con la cortapisa de que para poder disfrutarlo te es necesario haber leído previamente la tragedia de Sófocles. 

En todos los relatos podemos apreciar en mayor o en menor medida los mismos temas: el miedo, la muerte, la fe y su pérdida, la delgada línea interpretativa que separa el destino de la casualidad, las historias verdaderas como aquellas que nunca terminan de aflorar, el descenso a los infiernos, la mentira,... Si bien algunos son más cómicos y otros más dramáticos la ironía persiste en todos ellos. Del mismo modo Dürrenmatt demuestra aquí un gran dominio de la sutileza, la metáfora y el símbolo. Sin embargo, estos cuentos no se sienten tan poderosos como las novelas que ya hemos reseñado aquí y hay momentos que nos pueden resultar redundantes. De la misma forma algunos acontecimientos pueden parecernos algo forzados, sobre todo en los tres primeros relatos.

Más reseñas de obras de Dürrenmatt en esta esquina: El juez y su verdugo, Griego busca griega, La promesa, El valle del caos, La vista de la vieja dama, El encargo,


domingo, 16 de agosto de 2015

Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, de Bohumil Hrabal




Ya lo comentábamos en la reseña de Trenes rigurosamente vigilados, un libro genial de un escritor no garantiza que otro del mismo llegue a su altura. Los siete cuentos aquí recogidos se quedan bastante por debajo de las expectativas despertadas, lo cual no quiere decir que sean malos del todo. Nada de eso; de esos siete, al menos dos, me han parecido especialmente buenos, casi perfectos. En todos ellos se sigue manteniendo algunos elementos de la escritura de Hrabal que ya vimos en Trenes rigurosamente vigilados: el erotismo, el onirismo, el humor negro, el barroquismo con frases largas llenas de imágenes y la capacidad increíble para detener el tiempo y matizar detalles que tanto me había asombrado. Si hay una mayor inconsistencia en estos cuentos que en Trenes rigurosamente vigilados se debe sobre todo a una mayor experimentación formal. Experimentar conlleva riesgos y aquí triunfa dos veces, consigue medianamente salir del paso en otras cuatro y no llega a rematar la faena en el último cuento. 

Buhomil Hrabal nos propone en Anuncio una casa donde ya no quiero vivir un microuniverso devastado por la Segunda Guerra Mundial donde las historias que se narran comparten personajes tan cotidianos como extravagantes (un obrero que trabaja, una anciana que llora por la orden soviética de derribar una iglesia, una presa política que mira lúbricamente a violador con la condicional, un guardia que encuentra una estampa con un ángel entre la basura y se queda embelesado, un filósofo que busca chatarra, un escultor que se muere de hambre, un músico que mata a otro porque le molesta para tocar bien, un voluntario de las Fuerzas del Orden Público, un hombre apellidado Kafka que describe todo lo que ve,…). En este marco espacio-temporal (alguna ciudad checa en el año 1950), cuando Checoslovaquia se halla ya bajo indirecto dominio soviético, Hrabal despliega una honda crítica que destapa todos los males provocados por el nuevo régimen y que sufren las distintas clases sociales de su país: se puede respirar en sus páginas el miedo a la muerte de los personajes y la crítica al absurdo supremo de la vida misma. Basta con leer el título del primer cuento (Kafkiana) y su inicio para entender bien esto:

“Cada mañana mi casero entra de puntillas en mi habitación; oigo sus pasos. Y mi habitación es tan larga que podría ir de la puerta a mi cama en bicicleta y merecería la pena. Mi casero se inclina sobre mí, se gira, hace señales a alguien que está en la puerta y dice: 
-El señor Kafka está aquí. 
Y por tres veces apunta al aire con el dedo y vuelve a salir, y lentamente se dirige a la puerta donde sin duda la casera le entrega una bandeja metálica con un bollo y una taza de té, y mi casero me lo trae, y como le tiemblan las manos la taza da saltitos en la bandeja. A veces, tras un despertar semejante, pienso qué sucedería si mi casero, cuando así se despierta, dijese que no estoy ahí. Me asustaría muchísimo, porque llevan ya varios años practicando este modo de anunciarse, en recuerdo de aquella primera semana en que cada día me traían el desayuno y yo no estaba en la cama.”

El Kafka que habla es un Kafka ficticio, el auténtico Kafka muere muchos años antes que la fecha en la que sitúa Hrabal sus historias. ¿Por qué aparece como personaje? ¿Por qué dice que desaparece una semana para luego volver a aparecer? ¿Por qué durante este cuento se limita a describir todo lo que ve y a espantarse? ¿Por qué en cierto momento una tabernera le dice que ella también es hija de un tal Kafka y un puñado de personas más tienen el mismo apellido?  Hrabal emplea este cuento-puerta para poner de manifiesto el absurdo de la época, pero no será hasta los cuentos siguientes cuando comience la sarta de críticas mordaces contra la opresión soviética.

Los que siguen a Kafkiana son Qué gente tan rara y El ángel, que tienen un poco más de calidad narrativa y que se sitúan ambos en la fábrica de una cárcel de mujeres de esa misma ciudad. Allí Hrabal muestra las condiciones en las que trabajan las presas y los obreros, que son pésimas, tanto laborales como humanas. En Qué gente tan rara un grupo de técnicos se niega a trabajar porque aspira a un aumento, esperando que el sindicato comunista se ponga de su parte, al mismo tiempo que una compañía cinematográfica de propaganda acude a la fábrica para grabar un falso documental en el que los trabajadores deben de animar a los norcoreanos en su guerra civil, algo que a todos los que allí trabajan les trae sin cuidado. El contraste irónico de no tener para vivir medianamente en la dignidad y trabajar horas y horas construyendo armas que serán usadas en países extranjeros y encima tener que alegrarse uno de esto por imposición esta bastante bien hecho, a pesar de que hay en el relato diversos elementos que parecen estorbar demasiado y nos alejan de esta idea central. En El ángel se crítica el abandono de EEUU de Checoslovaquia y las consecuencias que ello trajo. En él se trata el tema de la esperanza y la fe que no se pierde y de cómo llegar a ser feliz en la adversidad.

Lingote y lingotes es el cuento principal, donde se pronuncia la frase que da título al libro y hace crecer el contexto de forma que al acabar llegamos a comprender perfectamente su significado. Y aunque en él hay giros argumentales asombrosos e intentar explicarlo sería revelar demasiada información sólo diré que comienza con el encuentro de un ex presidiario (violador) con una borracha. La cuestión crítica cobra aquí una dimensión enorme: se critica la industrialización tóxica de la Checoslovaquia de posguerra, la degradación de los intelectuales que han pasado a recoger chatarra, la brutalidad de un tiempo donde la ley no cuenta con efectivos para hacer cumplir las múltiples normas nuevas, el trato dado por los nazis y los reclusos durante la Segunda Guerra Mundial a los presos políticos, la pasividad de los ricos  para ayudar a otras personas y mejorar el mundo, la automutilación del capital material para hacer lingotes,… En Lingote y lingotes también se aprecia el miedo a una posible guerra atómica entre superpotencias y se habla sutilmente de la revalorización de la figura del judío en Chequia tras la guerra. 

Los dos cuentos siguientes tratan del mismo tema, el arte, aunque La traición de los espejos me parece mucho más consistente que la fanfarria de El tambor roto. En la primera, mediante composiciones en paralelo se critica la situación penosa de los artistas y el poco valor que tiene éste para la élite comunista. Se nos muestra por un lado el derrumbe de una antiquísima iglesia delante de sus escasos fieles y el almacenamiento de cuadros en el sótano de una galería tras el duro trabajo de sus pintores. Hrabal recurre aquí a imágenes demoledoras como obreros sosteniendo los ojos de santos o esculturas de artistas que se ahorcan. De El tambor roto, por el contrario, lo más destacable quizás sea su especie de búsqueda de la oralidad. Trata de la gente que se mata por el arte porque ya no les queda otra cosa por que matarse. Es profundamente satírico.

El último cuento (Hermosa Poldi) es el que conecta el primero con todos los demás, siendo también el más experimental y el más difícil de todos. Sirve de resumen de todas las ideas principales y es con diferencia el que menos me ha gustado.

Podéis encontrar más reseñas de Anuncio una casa donde ya no quiero vivir en Un libro al día (donde la reseñista destaca por no decir absolutamente nada interesante y demostrar que muy bien no se ha leído el libro) y La Biblioteca del Asterión (donde Guillermo casi me hace una apología de Marx, Nietzche y Kundera y se olvida del todo del libro). Lamento no haber encontrado nada mejor esta vez.

Reseñas de otras obras de Hrabal en esta esquina: Trenes rigurosamente vigilados, Clases de baile para mayores,







 

domingo, 12 de julio de 2015

Cuentos fríos, de Virgilio Piñera

Un poco de humor absurdista y literatura neofantástica para refrescar en estas fechas…


Dice Virgilio Piñera en su brevísimo prólogo a la edición de Losada de 1956 de su libro Cuentos fríos que estos mismos cuentos han sido escritos para combatir las altas temperaturas de la época y bien es verdad que por una serie de motivos ayudan a sobrellevar el calor de la mejor forma posible, pues la gran mayoría de ellos dan pie al despertar de la carcajada, a la reflexión sobre la naturaleza del hombre (sus hábitos nocivos, sus actos de adecuación a una realidad que no es siempre cuestionada como debería, su forma de relacionarse con el mundo social que lo rodea); también deja Piñera lugar para el asombro, un hueco para lo extraño, partiendo unas veces de lo extraño mismo y otras de lo cotidiano, manipulando el tema en relación con el tiempo o recurriendo a la mera descripción (En este sentido se me vienen a la mente los cuentos de El parque y La tienda), aunque este último tipo de cuento no esté, en mi opinión, ni mucho menos a la altura de los demás que la obra recoge. Dentro del volumen lo más destacable son, sin duda, los cuentos más largos (Proyecto de un sueño, El álbum, El baile, El gran Baro, El muñeco, Conflicto, La cara), a pesar de que algunos microcuentos quizás sean de lo mejor que he leído nunca jamás en este género de la miniatura narrativa (El infierno y En el insomnio). Piñera demuestra en este libro de relatos la habilidad extraordinaria que posee para concentrar mucho contenido en un espacio, en ocasiones, demasiado reducido, incorporando, además, elementos irónicos y escribiendo con cierta elegancia muy llamativa.

La temática de la mayoría de los cuentos es la crítica mordaz al funcionamiento del ser humano inserto en la sociedad moderna, cuyas reglas no suele cuestiona y que asimila y sigue aún cuando estas puedan llegar a resultar absurdas y puedan provocarle algún perjuicio que no llega a ver. Esto se ve muy bien en cuentos como La caída, donde dos alpinistas sufren un accidente y caen montaña abajo y antes de temer por sus vidas temen por sus cuidadas barbas y sus bonitos ojos, o El álbum, donde los vecinos de un bloque de pisos se reúnen durante meses en una sala, sin salir de allí (¡ojo!), para ver cómo una mujer, ya famosa, describe una fotografía al azar de su álbum de fotos privado. En este último relato, el protagonista, recién mudado al edificio, perderá su empleo al asistir a este prolongada écfrasis del momento de la vida de otra persona, dejándose llevar por la presión de grupo y la curiosidad que le ha sido inculcada. La oportunidad de salir de una sociedad nociva a través del cuestionamiento de ésta y entrar en otra, o crearla, se le suele ofrecer a los personajes de los cuentos de Piñera, así como a los de Cortázar, pero, a diferencia de los del argentino, los del cubano no siempre fracasan, aunque, a veces, el cambio puede llegar a empeorar la situación, como en La carne o El muñeco, ambos presupuestalmente distópicos. En resumen, se distinguen cuatro tipos de cuentos en la colección: los que tienen por protagonistas a personajes que no cuestionan la realidad siendo la autenticidad de ésta puesta en quiebra por la voz narrativa (La caída), los que tienen por protagonistas a personajes a los que se les ofrece una oportunidad de escapar  que desaprovechan (El álbum, Conflicto, El infierno) los que tienen por protagonistas a personajes a los que se les ofrece una oportunidad de escapar de la realidad que no dudan en tomar ocasionando males, ya sea a ellos mismos o a los demás, (La carne, El muñeco, Las partes, En el insomnio, El gran Baro) y los que la aprovechan y salen bien parados (El viaje).

Piñera hace una especie de división interior temática, en la que encontramos al inicio una sucesión de cuentos con un marcado humor negro y un tinte gore que queda definido por el gusto que guarda a las descripciones de mutilaciones de extremidades y órganos, descripciones que realiza como si cortarse una pierna fuera lo que solemos hacer todos la mañana del lunes antes de tomarnos el café. Este choque entre la forma de describir, fría y seca, y lo que describe, profundamente temible y desagradable, crea un efecto que perturba al lector, que lo deja descolocado frente a lo que es el hombre en sí mismo, un cúmulo de carne y huesos, frágil y débil, y una voluntad pensante, llena de fisuras y de la cual no nos podemos fiar.

 La dudosa capacidad del hombre para conocer y llegar a una verdad ya está en Borges. Piñera siendo su coetáneo, también es su continuador en algún que otro cuento suelto. En El álbum el protagonista llega a saberlo todo acerca de la foto de la señora que parte su tarta de boda tras ocho meses escuchándola sentado, pero: ¿quién nos asegura que a la señora no se le ha olvidado algún detalle? ¿De qué nos sirve saberlo todo acerca de una única foto si no podemos relacionarla con nada más limítrofe, si no conocemos el continuo desarrollo de la vida de la señora a través del resto de fotografías? ¿A cuántas sesiones más tendrá que asistir el protagonista para escuchar toda la verdad, que no es más que la verdad sobre la vida de esa mujer y su ámbito en fotos? ¿De qué le servirá la verdad una vez que la tenga? Son preguntas a las que Piñera no ha querido dejar respuesta alguna. Ni falta tampoco que le hacía.

Así mismo, en estos Cuentos fríos destaca el profundo carácter irónico y cómico que toma la narración, a veces con tintes oníricos, surrealistas (Proyecto de un sueño, El baile, Conflicto). El humor de Piñera recalca los absurdos de la vida para que nos detengamos a pensar en ellos, pero también para que nos riamos mientras pensamos en ellos. Piñera no es Kafka, tampoco Cortázar; no pretende serlo. Podríamos decir que su humor innato se lo impide. Pero dentro de los escritores absurdistas cómicos (que no absurdos) tampoco se acerca a la órbita del siempre recomendable japonés Yasutaka Tsutsui. Y mucho menos nos puede recordar su escritura al suizo Max Frisch, a pesar del hecho de que guarde más puntos en común con él que con Chéjov, por ejemplo. No, me atrevo a decir que la forma de escribir de Piñera en estos cuentos es bastante independiente de estos grandes, es, por así decirlo, sumamente personal y basada en: la exquisita elegancia en la selección de las palabras, la precisión de las mismas y el dominio de lo irónico.

La única reseña que he podido encontrar en mi blogosfera habitual es la que hace David P. Vega en Desde la ciudad sin cines (La reseña habla de una antología que reúne sus volúmenes de cuentos completos y que editó Alfaguara en 1999, incluyendo, por supuesto, esta obra de la que hablamos hoy).

Reseñas de otras obras que te podrían interesar:


miércoles, 29 de abril de 2015

Relatos, de Henryk Sienkiewicz (II)

Sobre el niño y la educación en Polonia y el relato "Bartek el vencedor"...


Hace algunos días salió por aquí la primera parte de esta reseña, donde hablamos sobre todo de los cuentos de Sienkiewicz recogidos en este volumen de Cátedra que tocan el tema americano, aunque siempre esté presente Polonia. Hoy le dedicaremos unas líneas a comentar aquellos que ambientan su acción en la propia Polonia (De las memorias de un maestro de Poznań, Janko el músico, El ángel y Bartek el vencedor).

Dentro de estas cuatro obras podemos agrupar tres (Janko el músico, De las memorias de un maestro de Poznań y El ángel) según los temas que tratan: la educación y la infancia. En las tres historias el protagonista es un niño o una niña, una mente que se desaprovecha, una frágil alma que sufre los estragos de una organización catastrofista, que nacen en la más ínfima pobreza para luego morir en ella. Comentémoslos poco a poco.

Janko el músico es el primer cuento de la antología y ya desde la primera línea parece anunciarte no sólo el final de ese cuento en concreto, sino el de todos, porque Janko empieza con un “Vino al mundo enclenque, raquítico.” y no podrá dejar el mundo si no es enclenque y raquítico. La mayor parte de los cuentos tienden a terminar mal para sus protagonistas; lo que subyace en las historias son críticas sociales crudas. Los personajes se enfrentan muchas veces, sobre todo en este ciclo de tres cuentos, a condiciones adversas que les es imposible vencer. Janko es un niño que, a pesar de su miseria y su débil condición, incapaz para todo lo útil en esta vida, desarrolla un oído para la música extraordinario que es desaprovechado, al no brindársele la oportunidad de ir a la escuela a aprender cómo mejorar su talento innato y dedicarse a lo que ama: el mundo de los sonidos. Frente al sueño imposible de la escuela, Janko encontrará su propia escuela en la taberna del pueblo. Allí escucha el violín y se deleita con su melodía. Entonces aparecerá en él la necesidad de tener uno. Se lo fabricará con chatarra, pero bien es verdad que no suena igual. Sabe dónde conseguir uno de verdad, pero para ello tendrá que robarlo. Especialmente destacable y triste es el final del cuento, donde Sienkiewicz juega con los contrastes mostrándonos el talento desaprovechado de Janko frente a cómo miran los aristócratas hacia el extranjero buscando artistas, ignorando a las joyas nacionales.

El ángel al igual que Janko trata del tema del niño desatendido que, no pudiendo valerse, obviamente, por sí mismo, camina hacia su fin. Hay personas que podrían haberse ocupado de la protagonista, Marysia, pero están corrompidas por el alcohol, negocio que dirige la nobleza, la cual no quiere reparar en sus consecuencias nefastas. Este, si cabe, casi te da más pena que el anterior. El determinismo que hay en Janko desde la primera línea se repite en El ángel que comienza con: “En la aldea de Lupiskory [literalmente en polaco: en la que te desellan]...” Ese es otro punto interesante de la narrativa de Sienkiewicz: el uso de nombres propios con significado para designar lugares inventados. Tenemos otros ejemplos como Borowina (En busca del pan), que significa “lodazal” y Pognẹbin (Bartek el vencedor) que sería algo así como “deprimido”. 

El último de los relatos que toca este tema es De las memorias de un maestro de Poznań donde Sienkiewicz juega al contraste. Mientras que en Orso el contraste entre Orso y Jenny resulta enriquecedor porque de la fuerza, la inteligencia y el amor nace la energía necesaria para superar la opresión, en De las memorias de un maestro de Poznań el contraste no resulta sino destructivo. Por un lado, el pequeño Michas debe aprender alemán en el colegio por orden legal, pero por otro no puede olvidar su tradición como polaco. El pobre sólo quiere alegrar a su mamá, pero no puede desdoblarse como le piden. El choque tan fuerte termina por destrozar al niño. Se dibuja al alemán como alguien que quiere imponer su cultura sobre la frágil Polonia, representada por el pequeño Michas, que tiene un trágico fin. Hasta su preceptor, nuestro narrador polaco, está por morir al final del cuento.

Y el último cuento por comentar es el de Bartek el vencedor, que refleja, por un lado, la incultura del campesino polaco, y, por otro, cómo los alemanes se aprovecharon de dicha incultura para ganar la Guerra Franco-prusiana de 1870. Es uno de los relatos más largos, cuya longitud permite el desarrollo del personaje que vuelve de la guerra con el pensamiento enajenado, creyendo en su importancia al derrotar en las filas a tantos y tantos enemigos. Bartek regresa como un alemán más y así lo muestra Sienkiewicz: fumando en pipa “como un Bismark” y tratando como un tirano a su mujer. Pero él no es alemán y tras un altercado con uno de ellos, que golpeó a su hijo sin razón, ninguna de las medallas que consiguió en la guerra le servirá para escapar de prisión. Una nueva oportunidad se le abrirá después, pero quizás ya esté para entonces demasiado alienado. El final, por su contraste, recuerda mucho al de Janko.

En general tengo que decir que es muy buena selección. Hay algunos cuentos más flojos que otros, pero eso siempre ocurre. También hay alguna que otra perla. Sin embargo, como digo, la experiencia de lectura ha sido muy positiva y satisfactoria. Diría que es una colección más que recomendable.

Otra reseña que te podría interesar:

Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos

Confesiones del estafador Félix Krull, de Thomas Mann


lunes, 27 de abril de 2015

Relatos, de Henryk Sienkiewicz (I)

Polonia a través del prisma americano...



Buenos días, lo primero que quisiera hacer antes de escribir esta reseña sería pedir perdón a todos los que me leéis, ya que, por diversas razones, me ha sido imposible avanzar en mis lecturas hasta hace relativamente poco, por lo que obviamente tampoco me ha surgido nada que haya podido comentar aquí. En la Esquina hemos estado leyendo a varios cuentistas últimamente, quizás no lo detalladamente que merecían ser leídos. El caso es que, siendo Sienkiewicz un autor relativamente poco conocido en la actualidad en España, me parece oportuno que, si a alguien debo dedicarle una reseña, es, sin duda, a él. Dicho esto, comencemos.

Sienkiewicz, más conocido por su novela Quo Vadis? es, además, un interesante cultivador del relato corto. Escribió en este tipo de género tanto al inicio de su carrera como al final, siendo sus últimas producciones, según el polonista Fernando Presa González, de bastante peor calidad que las primeras. Quizás sea esta una forma de justificar por qué selecciona sólo estas y no las siguientes. No lo sé. El caso es que Sienkiewicz ya en sus inicios literarios apuntaba maneras. Su labor como periodista nacional e internacional le llevaron al cultivo de una literatura muy política en estos cuentos, una línea que no continuaría después, sino en sutilísimos guiños, cuando comenzara a escribir sus grandes novelas históricas. Especial importancia tiene para el volumen que reúne los relatos de este primer Sienkiewicz el haber estado el autor de los mismos como corresponsal en América, concretamente en Norteamérica, donde se ambientan gran parte de los nueve cuentos (Orso, En busca del pan, El farero, Recuerdos de mariposa, Sachem). Aún estando estos cuentos escritos en el ambiente del Nuevo Continente, subyace siempre el tema de Polonia, repartida en tres imperios a finales del s. XIX y sometida a abusos varios que pretendían mermar la cultura autóctona en favor de la de las naciones ocupantes: alemanización, rusificación,… Aquí es donde compara al indio norteamericano (Orso, Sachem) con el pobre polaco, del cual se mofan los imperios alemanes y rusos del momento al considerarlos como poco civilizados con respecto a ellos. Tanto en Orso como en Sachem los indios sufren la imposición cultural del hombre blanco extranjero, pero mientras que Orso reacciona de una forma, Sachem lo hace de otra. Ambos sufren burlas al ser exhibidos como espectáculos de un circo ambulante. Mientras que Orso escapa de la violencia y huye con su amada a la naturaleza de la que procede, Sachem recibe todo el impacto de la burla, la ignora y luego camina, como si nada, a la taberna para echarse una cerveza al gaznate con el dinero del sueldo del dueño del circo. Si en Orso es más difícil ver la alegoría que dibuja Sienkiewicz sobre la ocupación cultural de Polonia, en Sachem todo está mucho más claro. Sachem perteneció a una tribu cuyo poblado fue arrasado por todos los colonos alemanes de la zona y del que sólo quedó él como único superviviente. Tras la ocupación física viene la ocupación cultural. Sachem en un cierto momento del espectáculo se dispone a cantar en alemán “una especie de canción salvaje y ronca teñida de profundos gritos de dolor". Hay un cierto momento en el que parece que Sachem va a vengar a sus antepasados de la muerte y las burlas de los alemanes. Es un instante que nos retrotrae al Hop Frog de Edgar Allan Poe. Sin embargo, es sólo un truco. Lo triste de la historia es que ya está demasiado influido por la cultura extranjera como para presentar algún tipo de resistencia. Quizás sea porque ya no tiene a dónde ir. En su huida del circo Orso, el indio del otro cuento, y su bella novia Jenny casi perecen de inanición en el desierto. Orso, que se ha criado entre hombres blancos, no sabe nada acerca de cómo cazar o qué plantas debe recolectar, lo cual era imprescindible saber para ser un buen indio. Orso sólo sabe hacer su show porque es lo único que le han enseñado. Su cultura le es para él desconocida. De la misma forma sucede con la educación en Polonia en aquella época como comentaremos próximamente cuando hablemos de De las memorias de un maestro de Poznań

El otro tipo de cuentos de tema americano se centra en la figura del emigrante polaco, que viajando con unas expectativas choca con la dura realidad y desea regresar a su patria, siendo ya esto muy difícil. De entre los relatos que integran este tríptico (En busca del pan, El farero, Recuerdos de Mariposa) me gustaría destacar como el relato que a mi juicio tiene mayor calidad el titulado En busca del pan, en el cual se narra el viaje de dos campesinos, un padre y su hija, al corazón de Arkansas con el propósito de fundar una colonia polaca, que será uno de los muchos engaños que tendrán que soportar. La ilusión, el desengaño y el dolor que provoca ese desengaño serán temas constantes en la narración estructurada en tres partes: el viaje en barcos, la paupérrima estancia en un barrio marginal de Nueva York y la vida en la colonia. Podemos añadir una cuarta parte: la salida de la hija de la colonia y su regreso a Nueva York, pero quizás sería marear mucho la perdiz. Llama especialmente la atención con relación a esto una fórmula de diálogo que el autor repite varias veces, primero en el barco, cuando se ve el océano inmenso, luego cuando llegan a Nueva York y luego cuando viajan en tren destino a Borowina, la ciudad en las que les han prometido una porción de tierra:

“-¡Maryś!

-¿Qué?

-¿Lo ves?
-Lo veo.
-¿Y no te asombra?
-Sí, me asombra.”

Ambos personajes, Marysia, la hija, y Wawrzon, el padre, caminan juntos a la perdición, acompañados de su ingenuidad y buena voluntad, de la que se aprovechan hasta en dos ocasiones. Vagabundos, errantes, buscadores de un futuro que les prometieron y que no existe. Marysia mira al mar soñando con el regreso de su enamorado Jasko, el cual no tendrá, según nos da a entender el narrador, ninguna intención de aparecer por allí para rescatarles. Mientras que la segunda parte, donde malviven en la ciudad bien puede recordar a algún fragmento de alguna novela de Dickens, la tercera, cambia  tan radicalmente de escenario que parece que lo que tenemos entre manos es una típica novela de la selva latinoamericana. En cualquiera de los tres casos (mar, ciudad, selva) el escenario no deja de cobrar un importante papel, estableciendo nuevas claves para una supervivencia cada vez más y más salvaje. 

Ambos personajes no quieren olvidar su patria. Lo mismo sucede con los protagonistas de El farero y Recuerdos de Mariposa, literariamente mucho mejor el primer cuento que el segundo. El farero representa la figura del polaco zarandeado de un sitio a otro, el cual tiene que esforzarse por sobrevivir. Tiendo a pensar que quizás es el personaje ideal de Sienkiewicz: bondadoso, valiente, patriota, que no pierde la fe, etc. En su faro panameño puede ver más que los demás, lo cual nos lleva a preguntarnos qué nos quiere decir con esto Sienkiewicz, porque bien es verdad que se aísla él mismo, evitando el más mínimo contacto con los lugareños. ¿Es porque es un místico o porque quiere conservar intacta su condición de polaco? ¿O ambas cosas? El caso es que es un personaje que mira constantemente por la baranda de la cima del faro, en dirección al mar, en dirección a su remota tierra. Cuando le regalen un libro en polaco todo para él será jolgorio, lo que le llevará a cometer un descuido y a perder el empleo… y a seguir vagando errante. Más suave es Recuerdos de Mariposa donde se cuenta la historia de un viejo polaco que viviendo en un pueblo de California, y no habiéndose encontrado con nadie de su tierra en decenios, ha leído profusamente la Biblia en una edición antigua para no olvidar su lengua y ahora no sabe hablar más que con arcaísmos. Además de ser el cuento más flojo de la colección a Sienkiewicz se le escapa algún que otro comentario racista no muy agradable.

Bueno, viendo lo que llevamos ya escrito, quizás sea mejor dejar lo que queda para una segunda parte, y así se genera expectación y esas cosillas. Sí, quizás sea mejor así. Lo dicho, volvemos a la carga con la segunda parte de la reseña en unos pocos días.

Segunda parte:

Relatos, de Henryk Sienkiewicz (II)



Otra reseña que te podría interesar:

Cuentos de Galitzia, de Andrzej Stasiuk


lunes, 15 de diciembre de 2014

La voluntad de ser feliz y otros relatos, de Thomas Mann

¡Casi que Mann vuelve a casa por Navidad!...


¡Ya tocaba, ya! Muchas semanas llevaba anunciada la reseña; algún día tendría que caer. Pues, bueno. ¡El día ha llegado! Aquí está una reseña/análisis de cada uno de los cuentos que la editorial Alba publicó en su día y que, según cuentan, escribió el Premio Nobel Thomas Mann. Todas las historias guardan algo en común: protagonistas que quieren ser felices y que por algún motivo u otro no pueden serlo. Algunos lo consiguen, otros no, otros ni siquiera lo intentan. Es la felicidad el tema central de la mayor parte de los relatos, como siempre, de gran calidad y especial interés.

La caída (1894)


El primero de los relatos constituye una historia inmersa dentro de un marco narrativo. Se intercalan, pues, dos planos de narración. El marco es el siguiente: cuatro amigos: el narrador, el abogado Laube, el doctor Selten y un cuarto se reúnen en casa de este último todas las tardes para conversar de los temas más diversos y, en definitiva, echar el rato. Un buen día el tema del diálogo son las mujeres y el amor. Se mantiene la opinión de que las mujeres se enamoran con mucha más pasión que los hombres. El doctor Selten se dispone a desmentir esto contando a sus amigos una historia, un cuento sobre un joven estudiante de Medicina que acude a la gran ciudad para asistir a las clases y, yendo una vez al teatro, se enamora perdidamente de una actriz mayor que él. Un vendaval de pasiones mueve a los personajes. Mientras que el estudiante cree ingenuamente en el amor, la actriz se mueve por intereses propios como el dinero y su carrera y, aunque comenzará a amarle, este sentimiento nunca será del todo sincero. En el relato se aprecia la herencia de Dostoievski claramente, sobre todo en la descripción psicológica de los personajes, así como de los escritores románticos.

La voluntad de ser feliz (1896)


El segundo de los relatos de esta antología trata sobre Paolo, hijo del señor Hofmann y de una mujer sudamericana. Paolo es un chico enfermizo, delicado del corazón. Su afición es desde pequeño la pintura. O eso nos cuenta el narrador, un amigo suyo. Un buen día Paolo se muda a la gran ciudad y deja el pueblo en el que hasta entonces había estado viviendo, perdiendo poco a poco el contacto con el narrador. Luego se encuentran en Múnich, donde la carrera de Paolo como pintor está en unos inicios un tanto humildes, pero positivos en cualquier caso. Paolo le debe parte de su incipiente fama a la familia Von Stein. Paolo ama a la hija del barón Von Stein, pero éste no le concede la mano cuando le pide el permiso. El protagonista, queriendo olvidar que nunca podrá alcanzar a la chica que le haría el hombre más feliz del mundo, huye de Alemania sin decirle a nadie su paradero. Especialmente destacable es el final, que deja un muy buen sabor de boca.

La muerte (1897)


Es el relato más breve de la antología y está escrito en forma de diario. También cuenta con un estilo más directo que los anteriores. Narra la historia en primera persona de un hombre que quiere morir en un determinado día por una razón concreta que no se clarifica.

El pequeño señor Friedeman (1897)


Narra la historia de un deforme despreciado por el mundo e incapacitado para muchos aspectos de la vida, como pueden ser el deporte o el amor, que se cultiva intelectualmente para ignorar sus deficiencias y ser feliz. Sin embargo, un día conocerá a una dama, la mujer del teniente coronel Von Rimlingen, de la que caerá terriblemente enamorado. La imposibilidad de tenerla le llevará a la infelicidad y desembocará en  un final en el que se percibe mucho la influencia romántica de este primer Mann.

El payaso (1897)


Cuenta la historia de un artista cuyo padre le obliga a convertirse en comerciante. Sólo cuando éste muere, y gracias a la herencia que deja, puede nuestro protagonista dedicarse por completo a lo que le gusta. Pero, ¿esto le da la felicidad? Por vivir como quiere, lleno de cultura, se aísla socialmente y comienza a sentir envidia por los demás. Resulta muy interesante la contraposición que hace aquí Mann entre los ricos y los pobres. Es otro relato más en el que apreciamos su profunda influencia romántica en la elección y el desarrollo de los temas.

Tobías Mindernickel (1898)


Tobías es un infeliz del cual todos se burlan. Un día compra un perro y lo llama Esaú, que en hebreo significa peludo, con el que pretende compartir su sufrimiento. Es, sin duda, uno de los relatos más brutales. Las imágenes que proyectan aquí las palabras de Mann se quedan grabadas en la memoria con tinta indeleble.

El armario (1899)


Albrecht van der Qualen es un viajero solitario que acaba de arribar en la estación de tren de una ciudad desconocida en algún punto del trayecto ferroviario Berlín-Roma. Es un hombre al que le agrada vivir la aventura. Le alegra no saber dónde está, en qué día vive o qué hora es; vaga sin objetivos de aquí para allá. Al bajar de la estación busca un alojamiento barato. Obtiene una pequeña habitación con un armario muy particular. De nuevo vemos en el cuento la influencia de escritores como Poe o Gogol. El cuento constituye un anticipo de surrealismo que recuerda un poco también a las Mil y una noches, con un magnífico final.

Luisita (1900)


Este es el relato más potente. Lleno de una ironía trágica, Mann nos cuenta la historia de Amra y Jacoby, un matrimonio imposible. Ella es demasiado joven y bella para él, que es obeso, dócil e inseguro, y por eso le engaña con un tal Alfred Läutner, compositor muy popular, a pesar de tener tan sólo 27 años. Toda la ciudad sabe de la infidelidad menos el abogado, que hace todo lo que le exige su mujer para complacerla. Jacoby se siente como un monstruo desgraciado, ¡eso sin saber de los cuernos! Sus proporciones elefantiásicas son consideradas algo más grave que un pecado por él mismo. Es el relato en el que más se aprecia la influencia de Dostoievski. La psicología de los personajes nos lleva a escenas brutales. Vemos también un arquetipo de mujer fatal que recuerda mucho a la Alexandra Alexandrovna de El Jugador

El camino al cementerio (1900)


Lobgott Piepsam, un hombre que lo ha perdido todo y se ha dado a la bebida, visita el cementerio, el lugar donde descansan todos sus seres queridos. De pronto aparece la vida en bicicleta y adelanta al bebedor, que dice que va a denunciarla. En comparación con el resto de relatos deja mucho que desear en su resolución.

Gladius Dei (1902)


En un Múnich rebosante de cultura, un joven profundamente creyente en la palabra de los Evangelios camina por la calle y se topa con que una tienda de cuadros expone en sus escaparates una fotografía de una atractiva mujer desnuda de ojos negros que representa a la Virgen. A pesar de que intenta ignorar este hecho, el hombre devoto se planta a los pocos días dentro de la misma tienda y habla con el artista, que es el mismo dueño del comercio, para retirar la obra del lugar en el que ahora mismo está exhibida. Hay varias reflexiones interesantes de Mann en el relato: ¿la belleza y la moral pueden ir de la mano? ¿Es la adquisición de conocimiento una tortura o un placer?

Los hambrientos: un estudio


En una ópera Detlef sufre al ver a la chica que ama secretamente coqueteando con un joven pintor de ojos azules. Considerándose a sí mismo artista, se debaten las limitaciones de los de su ralea, la de los hambrientos de amor y vida que sólo pueden contemplarla sin acceder a ella. Es un texto interesante, que guarda mucha relación con el que sigue en la antología, donde Mann mezcla el narrador omnisciente en tercera persona con otro en primera que refleja los pensamientos de Detlef. Es un cuento muy chejoviano, que empieza en la mitad de la narración.

Un instante de felicidad (1904)


La orquesta femenina de Las Golondrinas va a Hohendamm, donde un regimiento de húsares las espera impacientes para celebrar una fiesta a la que asistirán también las esposas de todos los capitanes y suboficiales casados. De nuevo se comienza el texto sin planteamiento; éste ha de venir después. Es el primer relato en el que apreciamos que Mann da una importancia mayor a sus personajes femeninos, en el sentido de que, por primera vez, casi son ellas las protagonistas. Es un relato en el que se retrata la paradoja de que nadie quiere estar donde está, pero aún así no hace ningún esfuerzo por moverse.

En casa del profeta (1904)


Una noche de Viernes Santo, Daniel invita a un grupo de artistas amigos para los que leerá las proclamaciones del profeta que lleva su nombre. Así pues, en la casa de este tal Daniel, que parece, por su decoración, una capilla barroca, el personaje, de entre todos los asistentes, que destaca Mann y que, como él, es novelista, se pregunta si aún mantiene su persona relación con la vida. ¿La extravagante velada a la que asistirá lo sacará de dudas? Esa es la pregunta. Yo sólo os dejo como advertencia que este relato contiene reflexiones sobre la genialidad, en el sentido kantiano, y sobre la espiritualidad, en un ámbito más general.

Hora difícil (1905)


Narra la historia de un intelectual (las notas de mi edición quieren  que este personaje sea Schiller) que, a pesar de haber trabajado mucho y de convertirse en un gran sabio, siente que no es todo lo genial que puede llegar a ser, que no es tan importante para la historia del saber como lo será su rival, Goethe. Todo su esfuerzo ha ido dedicado a obtener el reconocimiento de sus semejantes. Ahora, en esta hora difícil, una enfermedad corroe sus huesos y no le permite continuar con sus estudios y con su obra, lo único que puede hacerle feliz algún día. El relato mantiene el estilo de un extenso monólogo interior de Schiller que intercala la primera y la tercera persona. Es este monólogo el que le incita a seguir luchando y a terminar su mayor obra.

Sangre de Welsungos (1906)


Narra la historia de dos hermanos gemelos (Siegmund y Sieglinde) de una familia aristocrática muy poderosa de Alemania, los Aarenhold, que se aman locamente, pero que están a punto de separarse debido al compromiso de matrimonio que ha contraído Sieglinde con Von Beckerath, un funcionario que ha nadie caería en gracia si no fuera por su buena posición social y por su dinero. Es el relato de mayor extensión de la recopilación y contiene referencias claras a la mitología nórdica, de la que me declaro un gran desconocedor. También se hace referencia a la mitológica ópera de Wagner La Valquiria, que ambos protagonistas van a ver la noche antes de despedirse.

Anécdota (1908)


Anécdota es un cuento breve, fácil de olvidar, en el que se nos narra la historia del matrimonio aparentemente feliz de los Becker y de cómo una noche dejó de serlo. No hay mucho más que decir.

El accidente ferroviario (1909)


Cuento que consiste en la simple narración de un accidente de tren desde el punto de vista de un pasajero. Nada que destacar a parte del cambio de narrador con relación a sus cuentos anteriores, que emplea otro tipo de registro más propio de escritores del siglo XX.


Y con esto ya hemos hecho un repaso a todos los cuentos. En general no gozan de la calidad de las novelas suyas que he tenido ocasión de leer, pero están bastante bien. Más recomendables.


Otras reseñas que te podrían interesar:

Barba azul, de Max Frisch

Confesiones del estafador Félix Krull, de Thomas Mann

Las ciudades invisibles, de Italo Calvino